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Día 12: Argentina – Opinión de la excursión a Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes con Turisur (II)



Desde el Bosque de los Arrayanes, único bosque de arrayanes del mundo, embarcamos en el Modesta Victoria y atravesamos nuevamente el Lago Nahuel Huapi durante 40 minutos hasta llegar a Isla Victoria. Las vistas desde Puerto Anchorena eran maravillosas.  


La isla tiene una superficie de 31 km² y está dividida en tres áreas, de las que sólo una está abierta al turismo. Su descubridor fue Juan Fernández, quien en 1620 llegó a ella mientras buscaba la mítica Ciudad de los Césares. Cuando llegó, vio que la isla estaba habitada por grupos indígenas, pero no se sabe más de ellos a lo largo de la historia. El siguiente en hablar de la isla es el misionero Francisco Menéndez, que llegó allí a finales del XVIII y la encontró deshabitada.


Nuestro guía de Parques Nacionales nos acompañó durante un paseo muy ameno en el que nos contó la historia de Isla Victoria y las plantas que estábamos viendo. Un guía dedicado y que transmitía mucho interés por el tema.




Los primeros turistas de la isla fueron los Anchorena, quienes quedaron encantados con ella y la quisieron comprar. De hecho, en 1907, el Congreso le otorgó su usufructo de por vida. Y construyó una estancia en la que vivió su guardés, el ingeniero Otto Mühlenpfort. Este se encargó de introducir plantas de todo mundo dando lugar a lo que se ve ahora, que parece más un bosque americano con todas las secuoyas que hay, que un bosque autóctono.




La cosa le duró poco. No iban mucho por allí y el acceso y tanta tranquilidad hicieron que renunciara a ella y la devolviera. La historia de la isla no fue mucho mejor. Incluso llegaron a hacer una especie de zoológico en ella, un coto de caza, un telesilla y un camping. Bueno, la idea del camping aún sigue en pie y actualmente hay un hotel funcionando. 

Acabado nuestro paseo por este Jardín Botánico, con especies de todo el mundo, nuestro guía se despide de nosotros y tenemos tiempo libre para comer en el restaurante que hay allí o caminar por la isla para ver las pinturas rupestres por nuestra cuenta.

Obviamente, elegí lo segundo. Un pequeño camino me llevó hacia unas rocas en las que se ven dibujos Tehuelches.



El camino es bonito y acaba en Playa del Toro, en forma de media luna y de arena volcánica, desde donde se ve el lago, los bosques y los montes nevados.



Llegada la hora, vino nuestro barco para llevarnos de nuevo a Puerto Pañuelo donde nos estaba esperando el autobús de vuelta a Bariloche



Era mi última noche en la ciudad. No pude evitar darme una vuelta más por las chocolaterías y acabar comprando un montón de bombones.



➤ Día 12: Argentina – Cómo es la excursión a Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes (I)

Cosas a tener en cuenta:

🌲 Dile a tu agencia en qué barco te quieres montar cuando contrates la excursión, para evitar sorpresas. En el Modesta Victoria o en el Cau Cau.

🌲 Para ahorrarte dinero, puedes llegar a Puerto Pañuelo por tu cuenta en el autobús 20 y con tu Tarjeta SUBE. Consulta sus horarios y no tendrás que pagar el traslado al hotel. Aunque tendrás que estar pendiente de los autobuses y puede que pierdas tiempo. www.mibus.com.ar/bariloche/

🌲 Precio de la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi: 

🌲 Llévate tu propia comida. En Puerto Pañuelo hay una tienda-restaurante cara y en Isla Victoria hay un restaurante aún más caro. Además, se llena y perderás tiempo de visitar la isla mientras esperar para comer.


Día 12: Argentina – Cómo es la excursión a Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes (I)



En la agencia Viajes Lippi de Bariloche compré la excursión a la Isla Victoria y al Bosque de los Arrayanes, uno de los pocos que se podían hacer debido al temporal.

El autobús salía a las 8:30 desde la sede de la empresa Turisur, al lado del Centro Cívico. El camino de los 25 km hacia la península de Llao Llao lo hicimos aún de noche. Al llegar a Puerto Pañuelo tuvimos que hacer cola para pagar las tasas de embarque (90 AR$) y la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi (400AR$).


Con nuestra entrada en la mano, embarcamos en el Modesta Victoria, un barco antiguo totalmente remodelado. Ten en cuenta que, depende de la hora que elijas, te tendrás que montar en éste o en el Cau Cau, un catamarán moderno, sin tanto encanto.


El Modesta Victoria es un barco con historia. En él han viajado presidentes, príncipes y personalidades importantes de todo el mundo. Fue construido en 1937 en un astillero holandés por encargo especial de la Dirección de Parques Nacionales, durante la presidencia de Exequiel Bustillo. 




La embarcación tiene tres cubiertas de piso de teca, herrajes de bronce y tulipas de alabastro. También cuenta con una pequeña cafetería y los precios no eran muy caros. En él recorrimos el Lago Nahuel Huapi alrededor del cual se estructura el primer Parque Nacional del país.




La primera parada del día fue el Bosque de los Arrayanes. Éste se encuentra en la parte sur de la Península Quetrihué, la misma en la que está Villa Angostura (por eso, también se puede llegar al bosque desde este pueblo caminando) y cuyo nombre proviene del mapuche, lengua en la que significa “donde hay arrayanes”.

Desde el embarcadero sale un sendero de 600 metros a través del cual se pueden ver numerosas especies arbóreas como secuoyas, abedules, abetos, aromos, pinos… Aunque la estrella de todo es el arrayán, un árbol enorme de color canela. Este es el único lugar del mundo en el que los arrayanes han llegado a formar un bosque de unas mil hectáreas y han alcanzado el tamaño de grandes árboles, porque el arrayán suele ser como un arbusto en todas partes, menos aquí.





Al acabar el sendero está la casita de té. Una hermosa cabaña de madera que tiene aspecto de cuento entre tanto árbol. Antiguamente se decía que esta cabaña había inspirado a Walt Disney cuando produjo la película Bambi y durante muchos años se la conocía como la Casita de Bambi. Sin embargo, una querella de Disney (quien ni siquiera había visitado estas tierras) acabó con estas pretensiones.




No pude evitar tomarme un chocolate allí (120 AR$), junto a la chimenea, mientras esperaba la hora de montarme en el barco de nuevo.

➤ Día 12: Argentina – Cómo es la excursión a Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes (II)

Cosas a tener en cuenta:

🌲 Dile a tu agencia en qué barco te quieres montar cuando contrates la excursión, para evitar sorpresas. En el Modesta Victoria o en el Cau Cau.

🌲 Para ahorrarte dinero, puedes llegar a Puerto Pañuelo por tu cuenta en el autobús 20 y con tu Tarjeta SUBE. Consulta sus horarios y no tendrás que pagar el traslado al hotel. Aunque tendrás que estar pendiente de los autobuses y puede que pierdas tiempo. www.mibus.com.ar/bariloche/

🌲 Precio de la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi: 

🌲Llévate tu propia comida. En Puerto Pañuelo hay una tienda-restaurante cara y en Isla Victoria hay un restaurante aún más caro. Además, se llena y perderás tiempo de visitar la isla mientras esperar para comer.

Día 12: Argentina – Senderismo hacia el mirador del Cerro Llao Llao de Bariloche


Por la mañana cogí el autobús 20 para llegar al Hotel Llao Llao. Uno de los resorts más lujosos de Argentina, situado en una pequeña colina sobre la península Llao Llao, entre los lagos Nahuel Huapi y Moreno. Es una construcción de principios del siglo XX de estilo canadiense, realizada en madera, piedra y tejas normandas y que se considera Monumento Histórico Nacional. Se puede visitar por dentro poniéndote en contacto a través de su página web.


Villa Llao Llao fue fundada en 1937 a 25 km de San Carlos de Bariloche por Exequiel Bustillo, presidente de Parques nacionales y hermano del arquitecto Alejandro Bustillo, constructor del hotel Llao Llao, y hoy se encuentran unidas por una avenida costera que lleva el nombre del primer director de Parques Nacionales: Exequiel Bustillo.

Me bajé en la parada del hotel y caminé cuesta abajo hasta Puerto Pañuelo. Opté por ir por un camino que rodeaba un campo de golf y llegaba a la Capilla de San Eduardo, hecha por el arquitecto Alejandro Bustillo.




Prontó enlacé con la carretera y llegué a Puerto Pañuelo. Desde allí salen los barcos hacia isla Victoria, al Bosque de Arrayanes en la península de Quetrihue, y a Puerto Blest, lago Frías y Cascada los Cántaros.


Dejando el puerto a un lado, continué andando por la carretera hasta la Entrada al Parque Municipal Llao Llao. Allí, a mano izquierda, está el Cristo Verde y el puesto de información turística desde la que parten visitas guiadas al Sendero de los Arrayanes. La garita estaba cerrada, pero había un guardabosques por allí que me indicó donde estaba el inicio de la ruta al mirador del Cerro Llao Llao. Y fue muy claro: por ahí, no es.


Para iniciar este sendero hay que continuar por la misma carretera hasta que salga una señal de madera que indique el inicio de la ruta hacia Cerro Llao Llao y Villa Tacul.




Cuando llegué, ya pintaba mal. Al principio, sólo vi un poco de nieve y seguí caminando. Había algunos excursionistas más andando y eso me dio confianza. El sendero estaba señalizado e incluso indicaba el nombre las plantas que me encontraba.


Pero, al rato, todo cambió. El temporal que había arrasado Bariloche también había hecho mella en este monte. Para continuar mi camino tuve que saltar y trepar por troncos de árboles caídos, arrastrarme bajo ellos y escurrirme varias veces.


A veces el sendero se convertía en una verdadera laguna y era imposible saltar por ella. Gracias a varios excursionistas que nos juntamos por allí, hicimos un pequeño puentecito con palos e íbamos intentando cruzar sin mojarnos hasta las rodillas.


Otras veces, el camino se perdía en la nieve. No había nada señalizado y sólo nos hacía seguir el hecho de ver a otros excursionistas que venían ya de vuelta y que nos indicaban por dónde habían ido ellos.

Por fin llegamos a una bifurcación en la que se indicaba el ascenso al mirador. Una faena. Se escurría todo y el hielo no te dejaba andar bien. Pero ya que habíamos llegado hasta allí, nadie abandonó.


Nada más subir, el cartel no impresionaba mucho. No había nada que indicara dónde estábamos. Ni quitamiedos, ni indicaciones, ni nada. Tan sólo esto:


Allí, a la derecha, había una gran roca desde donde se podían observar unas vistas impresionantes. Había merecido la pena tanto esfuerzo.

Después de descansar un rato admirando el paisaje y comer, empecé a bajar la cuesta. Muchísimo más lento y difícil que la subida, con todo el hielo. Además, ya era consciente de lo alto que estaba eso…



En la bifurcación, seguí la señal que indicaba Villa Tacul. Mi idea era hacer el camino entero. Pero, tras unos cuarenta minutos andando sin encontrarme otra puñetera señal, me dio miedo perderme y que se me hiciera de noche en mitad de un bosque patagónico y sin cobertura.


Tardé un poco en encontrar el camino de vuelta. Ya no había nadie a quien preguntar. Cuando llegué a la parte del sendero que se había convertido en laguna, me alegré mucho, porque supe que iba por el buen camino.

Llegué de nuevo a la carretera y volví a Puerto Pañuelo para coger allí el autobús. Sin embargo, no había ninguna señal que indicara dónde paraba. Pregunté a un hombre que me encontré y me dijo que era en frente de la entrada al puerto. No había nada que lo indicara, pero media hora después, vino el bus.

Se me había hecho tardísimo. Lo que iba a ser en principio una ruta sencilla de unos 3’6 km hasta el mirador, se había convertido en un trekking duro en el que había echado medio día.

Mapas de las rutas por el Cerro Llao Llao