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11 cosas que ver y que hacer en Kurokawa Onsen - Kyushu



Kurokawa Onsen es un pequeño pueblecito termal en mitad de las montañas de Kumamoto, en la isla japonesa de Kyushu. Su principal atractivo son los onsen que hay repartidos por los ryokan de la zona, que ofrecen baños en aguas naturales a más de 40º, ricas en sulfuro y sodio, lo que hacen que sean extremadamente buenas para aliviar dolores y enfermedades como la hipertensión, la diabetes y el reumatismo. Hay varios tipos de baños: interiores, exteriores (rotenburo), semi-exteriores, en cuevas…

Pero Kurokawa Onsen es mucho más que ir de baño en baño. El pueblecito es precioso para disfrutar de la naturaleza y de cómo la arquitectura tradicional japonesa queda inmersa en ella. Aquí dejo algunas ideas para sacarle el máximo provecho a tu visita:

1. Probar distintos tipos de baños: en la oficina de turismo puedes comprar el Onsen-Hopping Pass, un pase que cuesta 1300 yenes y que te permite acceder a tres rotenburo a elegir de los veinte hoteles adheridos a la promoción. El pase consiste en un colgante de madera que después te puedes quedar de souvenir.


2. Disfrutar de la estancia en un ryokan: los ryokan son los hoteles tradicionales japoneses. Habitaciones tan amplias que parecen pisos, suelos de tatami, mesitas pequeñas, atención personalizada, futones para dormir en el suelo… Todo lo que te esperas típicamente del Japón antiguo, en un precioso alojamiento.


3. Probar el típico desayuno Kaiseki: la cocina Kaiseki se caracteriza por contener muchos platos pequeñitos en el que el detalle está cuidado al extremo para que visualmente la presentación sea perfecta. Los ingredientes que se utilizan son de temporada y de proximidad. Todo natural. Quizá un poco sorprendente para los paladares occidentales, pero si te gusta el pescado y probar cosas nuevas, no lo dudes.

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4. Pasear en yukata por sus calles: los ryokan ofrecen a sus clientes un yukata y unas chanclas seeta que pueden usar durante su estancia en el hotel y, también, para pasear por el pueblo. Las calles son preciosas y la tranquilidad junto al río lo inunda todo.


5. Comer los dulces típicos en su pastelería tradicional: el aroma que sale de la Patisserie Roku inunda el centro de Kurokawa Onsen. Su especialidad: Shuukuriimu (シュウクリーム), un bollo relleno de crema que puedes comprar recién hecho en su horno. Su precio son 220 yenes y merece mucho la pena.


6. Rezar en su templo: en Shimokawabata Dori hay un pequeño templo llamado Jizodon  (黒川地蔵尊). En él muchos visitantes cuelgan sus Onsen-Hopping Pass a modo de ema, para pedir buena suerte.


7. Hacerse una limpieza de cara en sus calles: una de las cosas más curiosas que te puedes encontrar en la calle es esta especie de caja en la que metes la cara para que te dé un baño de vapor. Totalmente recomendable.


8. Comer en un restaurante tradicional: Kurokawa Onsen está lleno de restaurantes de cocina tradicional en los que podrás disfrutar de los ingredientes de Kumamoto.


9. Darse un calentito baño de pies: hay baños de pies en varios lugares del pueblecito, para relajarte más aún.


10. Subir hasta Lovers Hill: existen tres rutas distintas que llevan a esta preciosa colina (Hitotsu-ya, Maruba y Warabi Nobori). Están todas señalizadas y se puede coger un mapa especializado en senderismo en la oficina de turismo. A esta espectacular colina también se la conoce como Hiranodai Plateau Viewing Point y desde allí se pueden ver los cinco picos de Aso (Nehanzo) que parecen un Buda acostado.

11. Reservar un baño privado: si te da pudor bañarte desnudo rodeado de japoneses también desnudos, en varios hoteles existe la posibilidad de reservar un baño sólo para ti y tu familia.


¿Por qué las aguas de Kurokawa Onsen son tan buenas?

En Kurokawa Onsen existen ocho tipos distintos de aguas termales:

💧 Tanjyunsen: con un PH 3-6 son recomendables para cualquier tipo de piel y alivian la fatiga y el insomnio.

💧 Tanjyunsen arukari-sei: un poco alcalinas y con un PH 7’5-8’5, se recomiendan para la limpieza de la piel.

💧 Aguas sulfurosas: con un olor característico y emanando nubes de vapor, son buenas para el acné y los problemas derivados de éste.

💧 Aguas con ácido carbónico: refrescantes, ayudan a aliviar las quemaduras y a curar las cicatrices.

💧 Aguas con cloruro de sodio y aguas con sulfatos: estos manantiales salinos ayudan a mantener el calor del cuerpo y la humedad.

💧 Aguas ferruginosas: buenas para tratar la anemia, los eccemas y el reumatismo.

💧 Aguas acídicas: con un PH 2-3 sirve como agentes antibacterianos y son buenas para tratar el pie de atleta y ciertas enfermedades cutáneas, aunque generalmente no son recomendables para las pieles sensibles.

La manera más sencilla de subir a la cima de Hallasan - Jeju



Para ascender a Hallasan hay cuatro rutas distintas. Sin embargo, sólo dos de ellas llegan hasta la cima de la montaña.

1. Gwaneumsa Trail:

🌄 Distancia: 8’7 km (ida).

🌄 Duración: unas 9 – 10 horas.

🌄 Llega a la cima.

🌄 Parking: al norte de Hallasan, a un kilómetro del Templo Gwaneumsa.

2. Seongpanak Trail:

🌄 Distancia: 9’6 km (ida).

🌄 Duración: 9 horas.

🌄 Llega a la cima.

🌄 Parking: Seongpanak Carpark

🌄 Los autobuses 781, 781-1, 782, 782-1, 782-2 llegan al inicio de ruta.

3. Eorimok Trail:

Distancia: 4’7 km (ida).

Duración: 3 horas.

No lleva hasta la cima.

4. Yeongsil Trail:

Distancia: 3’7 km (ida)

Duración: 2 horas.

No lleva a la cima.

La manera más sencilla de subir a la cima de Hallasan

Aunque, a priori, te puedan asustar los 9’6 kilómetros que dura la ruta Seongpanak, es la más sencilla para llegar al punto más alto de Corea del Sur. El otro camino que lleva allí, Gwaneumsa, dice que es algo más pintoresco, pero es más estrecho, no hay transporte público que lleve allí y es más fácil que cuando llegues esté cerrado de improviso debido al tiempo.

Una vez en la entrada, que está justo delante del parking gratuito (al menos cuando yo fui), tienes que mirar muy bien el horario y si te da tiempo a hacer el camino. Puede ser que vayas justo de tiempo y no te dejen subir a la cima:

Horario del Seongpanak Trail

De noviembre a febrero:
★ Abre a las 6’00.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 12’00.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 12’00. Si no has llegado a este punto de la ruta a esa hora, te harán volver y no podrás seguir subiendo.

Mayo y agosto:
 Abre a las 5’00.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 13’00.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 13’00.

Marzo, abril, septiembre, octubre:
 Abre a las 5’30.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 12’30.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 12’30.


El sendero se divide en tres tramos: fácil al principio, normal en medio y difícil los últimos 2’3 km, en el que hay que salvar un desnivel muy grande en poca distancia.

De vez en cuando es posible ver mapas que dicen en qué kilómetro estás de la cuesta y cuánto te queda para llegar. Pueden ser muy alentadores y que te den ánimo para seguir subiendo, o todo lo contrario.


El camino comienza con desnivel pequeño por un ancho sendero rodeado de naturaleza, incluso hay alfombras en el suelo para que el leve ascenso sea más llevadero. Aunque eso es sólo al principio. Después de atravesar este tramo, viene uno lleno de pasarelas y escaleras de madera, que también es muy sencillo. 


Cuando hayas llegado a Sokbat, ya llevarás hechos los primeros 4’1 km. Allí hay una zona de descanso protegida de la lluvia y del sol, y unos aseos con fosa séptica. Los más sucios que he visto en este país.


El ascenso continúa por escaleras de madera y senderos, hasta que comienzan las escaleras de piedra. Allí empieza lo jodido. Tanto para subir, como para bajar. Las rocas se escurren con tanta humedad y mucha gente se tuerce el tobillo y se cae en este tramo. Hay que ir con mil ojos. Es el camino llamado “normal”.



Con esfuerzo llegarás a Jindallaebat. Aquí está el checkpoint en el que comprueban que vas a buen ritmo. Si no llegas a este punto en la hora marcada, te cerrarán la valla y tendrás que dar media vuelta. Aquí hay otra zona de descanso y la última oportunidad de ir al baño. Comienza el tramo duro.




Los últimos 2’3 kilómetros los harás por caminos llenos de rocas deslizantes hasta que llegues a las pasarelas. Desde allí el paisaje es increíble. Te dará ánimo para seguir subiendo.



Parece que las escaleras no acaban nunca, pero antes de que te des cuenta llegarás a la cima: el Lago Baeknok. Habrás conseguido subir a 1.950 metros de altura. Si tienes suerte, podrás disfrutar de las vistas del lago, pero lo normal es que esté inundado por la niebla.


Una vez arriba, no te olvides hacerte una foto con la roca. En la entrada del camino, junto al parking, hay una taquilla en la que puedes adquirir un certificado de tu hazaña para llevártelo de recuerdo a casa. Pero para eso, hay que demostrar que lo has hecho. Si no enseñas esta foto, no lo podrás comprar. Son muy estrictos.


En el Lago Baeknok no acaba la ruta, ésta sigue hasta unirse con el Gwanneumsa Trail. Si no quieres darte media vuelta y volver al parking, puedes seguir caminando cuesta abajo los 8’7 km que tiene este camino. Para hacer esto, tienes que haber empezado el descenso por él antes de las 14’30, pero puede que esté cerrado.


No obstante, si quieres y puedes continuar andando, ten en cuenta que en Gwanneumsa tendrías que coger un taxi de vuelta al parking de Seongpanak para coger tu coche o el autobús, coger un taxi hasta tu hotel o ir andando un kilómetro más hacia el parking y rezar porque pase algún autobús, porque por allí no son frecuentes.



Cosas a tener en cuenta para subir a Hallasan

🌄 Trae comida y bebida de sobra: no hay nada para comprar allí. Tan sólo hay una tienda, pero está a la entrada. Se supone que hay dos fuentes a lo largo de los 9 km, pero yo no las encontré.

🌄 Al haber tantísima humedad, se pierde mucha agua. No está de más que te eches bebidas tipo Aquarius para reponer las sales minerales e hidratarte.

🌄 Lleva calzado adecuado: el camino es de montaña, es rocoso y, además, se escurre.  Nada de chanclas.

🌄 Lleva crema solar.

🌄 En la cima, hace viento y fresquito en verano. Un chubasquero fino no te vendrá mal.

🌄 Ten en cuenta que el tiempo aquí es imprevisible. Puede cambiar de un momento a otro.




Lugares imprescindibles que ver en Udo Island, la Isla de la Isla



Udo es una islita a 3’5 km de la costa de Jeju, que se formó como resultado de una erupción volcánica en la era del Cenozoico. El nombre de Udo proviene de su forma, que dicen que se asemeja a la cabeza de un búbalo o una vaca acostada. También se la conoce como La isla de la isla, por se la isla más grande que tiene Jeju.

Durante la dinastía Joseon, los coreanos empezaron a visitar la isla para cuidar los caballos del rancho real que el gobierno construyó allí en 1697. Hasta 1842, no se permitió la entrada a la gente que no trabajaba en la isla. Año en el que el intelectual Kim Seok Rin se estableció en ella con su familia.


Hoy es una gran atracción turística y recibe miles de visitantes al año. La isla es pequeña. Tan sólo tiene 6 km² y se puede recorrer en coche, alquilando allí mismo una moto o cualquier otro vehículo eléctrico, comprando un ticket para el autobús turístico con viajes ilimitados o andando. El Udo Olle Trail recorre el islote a lo largo de 16’1 km. Escasean las sombras, así que ve preparado. Algunos de los sitios más famosos que se recorren son: 

1. Ju-Gan-Myeong-Weol: en esta cueva marina, todos los días, desde las 10’00 hasta las 11’00, el reflejo del sol crea la ilusión de una luna llena sobre el agua y su techo. Esto hace que tenga unas connotaciones muy místicas.

2. Dog-An-Gyeong-Gul: una leyenda local cuenta que aquí habitaba una enorme ballena. Se puede entrar a la cueva cuando está la marea baja.

3. Ji-Du-Cheong-Sa: un paisaje lleno de verde hierba que se funde con el azul del cielo y que se puede ver desde la cima del pico Udobong.


4. Cima del pico Udobong: durante su sencillo ascenso, obtendremos vistas impresionantes del mar y de Jeju. Es uno de los paisajes más bonitos de la isla. El camino también llega al faro y al observatorio.


5. Hu-Hae-Seok-Byeok: un gran acantilado de 20 metros altura que también forma parte del pico Udobong. 

6. Keomeole Beach: una playa de arena negra rodeada por rocosos acantilados. Es el lugar donde se alquilan motos de agua y botes para llegar a la cueva de Dog-An-Gyeong-Gul.


7. Biyangdo: una especie de isla pequeñita negra, con un faro amarillo y negro, que está conectada a Udo por medio de una estrecha carretera.

8. Hagosudong Beach: pequeña playa de arena entre rocas y acantilados. Es de poca profundidad y en ella hay restaurantes y sitios donde hacer barbacoas.   

9. Seo-Bin-Baek-Sa: excepcional playa de arena blanca junto a un mar azul esmeralda, que se encuentra en la costa oeste de la isla.


En todas las paradas del autobús, hay puestos en los que comprar el producto estrella de Udo: el helado de cacahuete.  Los cacahuetes se plantan allí mismo y hay toda una ruta diseñada para que pruebes todas las variedades de los helados de esta isla.



➤ Cómo llegar a la isla de Udo y cuánto nos cuesta

Día 11: Corea – Subiendo al Monte Hallasan (Jeju)



El día había amanecido muy nublado, así que tuve que cambiar de planes. Mi idea inicial era subir a la montaña más alta de Corea del Sur siguiendo el Gwaneumsa Trail, un sendero de 8’7 Km que llevaba a la cima. Se lo comenté a los dueños del hostal y me dijeron que podía estar cerrado. Que no me arriesgara y que subiera por el sendero del Seongpanak Trail, que casi siempre estaba abierto.

Les hice caso y subí por una carretera muy pintoresca hasta la base. Allí había un amplio parking gratuito, un conbini, unos aseos y las taquillas. Pero, sorprendentemente, la entrada era gratuita.

Me dispuse a iniciar el ascenso, pero en la entrada me avisaron de que, si no estaba en Jindallaebat Checkpoint antes de las 13’00 h, que no me iban a dejar subir a la cima y que me harían dar media vuelta. Miré mi reloj y empecé a caminar.

El paisaje era impresionante. No parecía estar en Jeju. Ya me había acostumbrado al sol, a las playas, a la arena… Nada de eso. Bosque muy frondoso y humedad a tope. No he sudado más en mi vida. Se suponía que a lo largo del sendero había dos fuentes, pero no las encontré. Y la gente a la que le preguntaba, tampoco. Menos mal que llevaba bastante agua.


El inicio fue bastante llevadero, un paseo. Pronto llegué a Sokbat, una zona de descanso con baño. Un ascazo. Los aseos estaban realmente sucios y olían fatal.

El resto del camino no fue tan llevadero. Algunos tramos tenían pasarelas y escaleras de madera, y otros estaban llenos de piedras escurridizas que te hacían los tobillos polvo.

A las 12’00 llegué a Jindallaebat, había conseguido estar en el checkpoint una hora antes de que lo cerraran. Perfecto. Me senté un poco en el área de descanso, pero no me atreví a ir al servicio. Total, con tanto sudar, no hacía ni falta.

Desde allí el camino se fue complicando cada vez más por culpa de las piedras mojadas, hasta que por fin llegué a las pasarelas que llegaban a la cima.


En la cima se encuentra el lago Baeknok, pero es muy difícil verlo porque casi siempre está cubierto por la niebla. En mi caso, también fue así.


Después de comer allí mismo, empecé mi descenso. Cuando llegué a la entrada, un señor me dijo que fuera a la taquilla señalándome una especie de diploma que había conseguido. Fui y me dijeron que, si había logrado ir hasta el pico, que podían venderme un certificado con mi nombre por 1.000W. Les dije que sí y me insistieron en que, si no les enseñaba una foto de mi hazaña para que pudieran comprobarlo, no me lo podían dar. Menos mal que tenía. Aquí tienes  más información sobre la manera más sencilla de subir a la cima del Hallasan.


Desde allí, volví al hotel. Me duché, descansé un poco y me fui al aeropuerto para devolver el coche. Mi vuelo salía por la mañana muy temprano y no estaba abierta la oficina.

Lo entregué y cogí el Airport Limousine Bus 600, que me llevó a Seogwipo en una hora y media. Llegué con tiempo suficiente para darme una vuelta por el pueblo, visitar su mercado, cenar y ver por última vez su puente iluminado.



Quedé con la dueña del hostal en que me reservaría un taxi para la mañana siguiente a las 5’00. En el aeropuerto cogería el avión que me llevaría a Fukuoka, en el país vecino.


Día 10: Corea – Visitando Seongsan Ilchulbong, el tubo de lava de Manjanggul y Seongeup Folk Village (Jeju)



Después de mi visita agridulce por la isla de Udo, me dirigí al cono volcánico de Seongsan Ilchulbong. Está a muy poca distancia de Seongsan Port y tiene un gran aparcamiento en su base.

Uno de los monumentos naturales más impresionantes de Jeju es este monte en forma de cono que está unido a la tierra formando una curiosa península. El ascenso no es fácil, pues hay que salvar sus 90 metros de altura en muy poco recorrido. Su origen es fruto de una enorme erupción volcánica ocurrida hace miles de años. Arriba no esperes encontrar el cráter de un volcán. Lo que hay es una gran extensión de tierra toda cubierta de hierba y desde las que hay unas bonitas vistas al mar. Precio: 2.000 W.


Tras la visita, me dirigí hacia el túnel de lava más visitado de la isla y uno de los más delgados del mundo: el de Manjanggul. Me fue muy difícil encontrar aparcamiento allí por la cantidad de turistas que había. En sus alrededores hay un restaurante y muchas zonas verdes para descansar.


Después de comprar la entrada y de bajar las escaleras, me adentré en un impresionante pasillo subterráneo de 1 km de largo. La cueva entera mide más de ocho.


Estalactitas, estalagmitas, la columna de lava más grande del mundo (7’6 m)… Es impresionante pasear por allí. En su interior vive una gran colonia de murciélagos (la más grande de Corea) y un tipo de araña endémica de Jeju.




Hacía frío, como para llevar una camiseta fina de manga larga y una humedad del 99’9%. Precio: 2.000 W.


Mi última parada del día fue el Seongeup Folk Village, un poblado tradicional que está rodeado por una gran muralla y que su interior muestra la arquitectura tradicional de sus antiguos habitantes. 



Casas hechas con roca volcánica y paja, templos, una escuela confucionista, antiguas oficinas gubernamentales, un enorme árbol de más de mil años (zelcoba), talleres de tintado…  La entrada es gratuita.





De vuelta al hotel, volví a cenar barbacoa 😋