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Cómo llegar a los infiernos de Beppu en autobús



Para ir de un infierno a otro, lo más interesante es comprar un pase de autobús de un día de la compañía Kamenoi Bus. Precio: 900 yenes

Estos autobuses salen de la estación Beppu JR. Dentro de la estación se encuentra la oficina de turismo en la que te venderán los pases y te darán información sobre la ruta. Hay muchísimos autobuses haciéndola, por lo que el tiempo de espera en una parada no suele ser mayor de media hora.

Desde la salida Oeste de la estación de tren, puedes coger los autobuses 2, 5 ó 24 y bajarte en Umi-Jigoku.mae. Allí hacer el recorrido de los infiernos más cercanos:

Umi Jigoku
Oniishibouzu Jigoku
Kamado Jigoku
Oniyama Jigoku
Shiraike Jigoku

Antes de continuar hacia los últimos dos infiernos, te recomiendo ir andando por la avenida de Miyuki zaka, hasta Ideyuzaka, donde se encuentran los tres sitios más famosos para disfrutar de una comida preparada por ti mismo con los vapores que emergen de la tierra.


Desde Shiraike Jigoku hasta los siguientes dos infiernos hay una distancia de 2’8 km. Los puedes hacer a pie o coger el autobús 16/16A en la parada de Kannawa Onsen, hasta Choike Jigoku/Shibaseki (5 minutos). El último infierno, Tatsumaki Jigoku, está justo al lado del de Chioke.


Desde allí, el autobús vuelve a la estación de Beppu vía Kamegawa Station (40 minutos). El número 26/26A hace el recorrido en sentido inverso al 16/16A.

➤ Precio del pase para visitar los 7 infiernos de Beppu: 2100 yenes (vale para dos días).

➤ Precio de visitar cada infierno por separado: 500 yenes.


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➤ Día 7: Kyushu– Cómo es la visita a los Infiernos de Beppu

Día 7: Kyushu – Cómo es la visita a los Infiernos de Beppu (II)


Después de comer en el curioso Jigokumushi Kobo Steam Cooking Center, 
 (地獄蒸し工房鉄輪, Jigokumushi Kōbō Kannawa), anduve un buen tramo hasta los dos infiernos que me quedaban por visitar. El camino no es difícil, pero sí peligroso. Transcurre por cuestas por mitad del bosque y por zonas con mucho tráfico en las que vas pegado a la carretera y no hay acera.

6. Chinoike Jigoku (血の池地獄) – El Infierno del estanque de sangre: el complejo tiene una tienda y un infierno de 30 metros de profundidad lleno de barro rojizo compuesto por magnesio, aluminio y óxidos de hierro a más de 78º. Con tanto subir cuestas, agradecí meter los pies en su ashiyu.



7. Tatsumaki Jikoku (龍巻地獄) – El Infierno del géiser: está justo al lado del infierno anterior. El recinto es muy pequeñito. Se atraviesa una pequeña tienda y se llega a una grada en la que la gente se sienta para esperar a que el chorro de agua del géiser emane de la tierra (cada 30 – 40 minutos). El agua sube a 20 metros de altura y está a 105º.  El espectáculo dura entre 5 y 10 minutos.





De vuelta al hotel y habiendo descansado un poco, caminé hasta el centro comercial You Me Town, que está junto al mar, pasando la Beppu Tower. Es un centro bastante grande y, en su planta baja, tiene una gran cantidad de recuerdos y productos típicos de toda la isla de Kyushu, y a precios bastante asequibles. En su supermercado se pueden encontrar un sinfín de chucherías y cosas raras.


Acabé cenando en su planta alta, que estaba llena de restaurantes muy baratos. 




➤ Cómo llegar a los infiernos de Beppu en autobús

Colección de sellos de los Infiernos de Beppu







Día 7: Kyushu – Cómo es la visita a los Infiernos de Beppu (I)




En el hotel en el que me hospedaba cogí un descuento para comprar el bono turístico de los Infiernos de Beppu. Y, aunque pillaba algo lejos, me fui andando hacia el primero de ellos para pasear un poco por la ciudad.


En el distrito de Kannawa se encuentra los siete infiernos jigoku: pozos volcánicos con agua a más de 50º, azufre y/o barro. Compré la entrada en el primero y me dieron un folio en el que ir poniendo los sellos de todos los que iba visitando. ¡Cómo les gusta a los japoneses los sellos!

1. Umi Jigoku 海地獄 – El infierno del mar: es el que tiene el complejo más grande. A la entrada hay un gran estanque y muchas plantas. Y, al fondo, hay un santuario sintoísta. Tras seguir andando un poco más, se llega al infierno cuya agua está a 98º y es de un azul cobalto que recuerda al mar. Tiene una profundidad de 200 metros y se creó por una erupción volcánica ocurrida hace más de 1200 años.




Además, hay varios ashiyu (baños calientes para pies), una tienda de recuerdos y una cafetería en la que comprar pudding y huevos cocidos al vapor de las aguas sulfurosas del infierno. También te puedes hacer una foto con sus mascotas.





2. Oniishibouzu Jigoku (鬼石坊主地獄): su nombre proviene de las burbujas de barro que emergen del infierno y que se asemejan (según los japoneses) a las cabezas afeitadas de los monjes. En él hay varias piscinas de barro, piedras de las que sale humo y otro ashiyu. Haciendo honor a su nombre, su mascota es un monje.





3. Kamado Jigoku  (かまど地獄) – El Infierno del horno: su mascota es un gran demonio cocinando. En su interior se encuentra el infierno azul y varios estanques de barro burbujeante.





También hay una zona a la que puedes acercarte para echarte vapor a 100º en la garganta y en la piel. En su cafetería es posible comprar huevos cocidos en este vapor, entre otros productos, y comértelos mientras están sentado remojándote los pies en agua hirviendo. Muy relajante.





4. Oniyama Jigoku  (鬼山地獄) – El Infierno del demonio de la montaña: la fuerza de la presión de su vapor es tan grande que puede empujar un vagón y medio de tren. Además, parece ser que presenta las condiciones ideales para criar cocodrilos. A mí no me gustó nada ver a los cocodrilos viviendo en unas pésimas condiciones y en unos espacios muy reducidos para su tamaño.




5. Shiraike Jigoku (白池地獄) – El Infierno del estanque blanco: es un infierno bastante más pequeño que los anteriores. Cuando yo fui no presentaba su característico color blanco y había carteles por todos lados disculpándose por ello. Según estos, el color verde que en ese momento tenía se debía a la propagación de las algas en su interior.


A estos cinco primeros infiernos se puede ir andando de uno a otro en poco tiempo. Los dos que quedan por visitar están a 2’8 km, que se pueden hacer andando o cogiendo un autobús. En mi caso, decidí parar a comer en Jigokumushi Kobo Steam Cooking Center,
, donde te puedes hacer tú mismo el almuerzo usando el vapor que emana de la tierra, y luego continuar andando para bajar la comida.




Día 5: Kyushu – Visitando la Cascada de Nabegataki y su siniestro pueblo



Después de ver el cráter del volcán Aso, aún me quedaba algo de tiempo para devolver el coche de alquiler. Así que, decidí visitar la Nabegataki, a una hora de camino.

El paisaje volvió a cambiar radicalmente y me encontré atravesando grandes bosques mientras subía una gran montaña. Dejé atrás el centro de la ciudad de Oguni y tomé el desvío hacia la cascada. Tenía poco tiempo, porque iban a cerrar pronto.  Mi idea era dejar el coche en el parking que hay justo en frente, cruzar la carretera y entrar directamente en el complejo. Pero, no pudo ser.


Cuando me estaba aproximando al desvío, me pararon unos guardias y me indicaron que tenía que dejar el coche en el aparcamiento 2, que estaba casi vacío. El parking estaba delante de un edificio medio derruido, que daba bastante miedo y que parecía un antiguo instituto. En un edificio anexo, estaban los servicios y la parada de autobús. Resulta que el parking era gratis, pero el autobús que llevaba hasta la cascada no. Uno de los guardias insistió para que me montara, porque no me iba a dar tiempo a llegar. Pero, quería disfrutar del paseo. Además, que me imaginaba que el aparcamiento 1 estaba vacío, pero que estaban forzando a la gente a usar el autobús.

Empecé a andar por el arcén de una carretera, junto al río y grandes arrozales. Parecía un camino fantasma. No había nadie. Creí vislumbrar a lo lejos la figura de gente, pero… cuando me acerqué, vi que eran estatuas. Había maniquíes por todos lados. En las casas, en el río, en la calle…



Hasta había algunos muy siniestros, que parecía que te estaban acechando detrás de una planta...


Empecé a caminar más rápido mientras no me quitaba de la cabeza la película de “Soy leyenda”. Y en unos 20 minutos llegué a la taquilla de la cascada. Justo en frente estaba el parking y, tal y como me había imaginado, estaba vacío.


Pagué la entrada y comencé a bajar por unos escalones rodeados de grandes árboles. Abajo del todo está la cascada. Su formación se debió a la erupción del Monte Abe, cerca de la ciudad de Oguni. Cuando los ríos de magma se enfriaron y se endurecieron, apareció la cascada. Una capa sólida de lava se quedó en la parte de arriba y debajo, una blanda capa de barro. El barro se fue erosionando con el paso del tiempo y se creó la cueva que hay justo detrás de la cascada.



Se puede acceder a la cueva para tener mejores vistas de la cortina de agua que produce  ésta al caer. También se puede cruzar el río hacia el otro lado, saltando de roca en roca para tener una perspectiva distinta de este estupendo paisaje.



Durante la vuelta a la entrada, muchas parejas se dedican a buscar los corazones de piedra que hay escondidos a lo largo del camino. Dicen que, si encuentras los seis que hay, te traerán felicidad.


Yo no tuve tiempo de encontrarlos. Iba a empezar a anochecer rápido y no quería atravesar el siniestro poblado de las estatuas de noche. Así que emprendí mi camino de vuelta al aparcamiento.

Antes de volver a Aso a entregar el coche, paré en el enorme Mirador de Torupa, desde el que se pueden obtener unas vistas privilegiadas de todo el valle.



Entregué el coche, cené de nuevo en el restaurante Coffee Plaza East y pasé mi última noche en el hostal. A la mañana siguiente tenía que coger uno de los trenes de edición especial más queridos de Japón: el Aso Boy Train, que me llevaría a Beppu


➤ Precio del acceso a la Cascada de Nabegataki: 300 yenes

➤ Acceso en transporte público: a día de hoy sólo es posible llegar en tren hasta Yu Station y desde allí, coger un taxi que te lleve en 15 minutos a la cascada.

Mapa de la zona de Nabegatake Fall





Día 5: Kyushu – Cómo es la visita al Volcán Aso


Desde Takachiho Gorge, emprendí mi camino hacia el Monte Aso, en cuya cima se halla uno de los cráteres más grandes del mundo. Tiene un diámetro de 600 metros y una profundidad de 130. Es el volcán activo más grande del país con una caldera que mide 25 km de norte a sur y 18 km de este a oeste. Sin duda, es una visita obligada si viajas a Kyushu. 

www.kyusanko.co.jp

La caldera se formó por varias erupciones que tuvieron lugar hace 270 millones de años. Fruto de erupciones posteriores son los cinco conos volcánicos que se encuentran en su interior:  Taka, Naka, Eboshi, Neko y Kashima (llamados Aso Gokaku). De todos ellos, Naka-dake es el más activo. Fuera de la caldera queda la montaña de Daikambo (900m) desde la que se ven los cinco y que a los locales les recuerda a un Buda Reclinado.

La carretera que lleva hasta allí es preciosa. Pasé de los bosques tupidos del paisaje de Takachiho, a las amplias praderas de Aso en poco tiempo. Había mirado la noche de antes el tiempo y las restricciones para subir, porque muchas veces las carretera está cortada, pero ese día hubo suerte. 



Cuando me acercaba a la zona del Cráter Nakadake pude ver la inmensa cola de coches que había frente a la barrera. No obstante, pasé poco tiempo allí esperando. Pagué el peaje de 800 yenes y dejé el coche en el aparcamiento. Allí hay unos aseos portátiles y unas vistas impresionantes.

Desde el parking sale un bonito paseo a través del cual se llega al borde del cráter. Está todo muy bien señalizado y dan mucha información sobre posibles peligros. No debes olvidar que es un volcán tremendamente activo, por lo que en cualquier momento puede entrar en erupción, o temblar la tierra. La última vez lo hizo en abril de 2016. Las carreteras quedaron destrozadas, así como el teleférico, que sigue sin funcionar.



Estar tan cerca de un cráter así impresiona mucho, echando continuamente humo y de un color azul sorprendente.






Delante del cráter había un señor vendiendo azufre y piedras. No me quise llevar tal recuerdo a casa y seguí mi camino de vuelta hacia el parking. El recorrido se puede hacer en unos veinte minutos.


En coche bajé la carretera dejando a un lado el Aso Museum, con su famoso Aso Super Ring, un programa que muestra cómo se creó esta montaña. Parecía interesante, pero su precio me echó para atrás: 500 yenes.

Seguí el camino hasta KusaSenri ga hama, una llanura que es todo un símbolo de Aso. Tiene un doble cráter: uno de 1 km de diámetro, que engloba a uno más pequeño de 400 metros. Y, en el centro, dos lagos sobreviven como vestigios de los volcanes que una vez hubo allí. La zona está llena de caballos, y es posible contratar una excursión para dar un paseo con ellos.



Por último, Komezuka se alzó en mitad de la carretera. Me bajé del coche para disfrutar de las vistas de esta grandiosa montaña con forma de cono. Es preciosa, pero muy inaccesible. Se puede ir andando hasta sus alrededores, pero no se puede subir hasta su cima. Además, tampoco hay ningún transporte público que lleve hasta ella. Así que, sólo me quedó embelesarme mirándola de lejos.  



Dejé atrás el monte y puse rumbo a la Cascada de Nabegataki.