Senderismo: Cómo llegar al Mirador de las Canchas



A unos 68 km de Madrid se encuentra este increíble enclave inmerso en el Valle de La Barranca, en Navacerrada. El coche lo tienes que dejar en el aparcamiento del hotel de La Barranca, antaño abierto, pero hoy cerrado.

Desde allí parte un camino señalizado que deja a mano derecha el embalse de Navacerrada y el del Ejército del Aire. Si tienes suerte, el pico de La Maliciosa se puede ver reflejado en estas aguas dando lugar a una imagen preciosa. Sin embargo, las nubes en su cima son muy comunes.

Siguiendo un poco hasta la primera curva cerrada que te encuentres, dejarás a un lado el área recreativa de Las Vueltas, en la que se encuentra el parque de aventura De pino a pino. Continuando el camino, dando algunas curvas más, llegarás a un poste metálico azul con las siglas SL y una flecha que indica el comienzo del Camino Ortiz.


Aquí hay que desviarse siguiendo esta indicación para realizar una suave subida por la ladera de Canto Gordo, iniciándose en un cerrado pinar y cruzando, más adelante, la pequeña garganta formada por el arroyo del Chiquillo.


Continuando por un corto camino empinado, atraviesas la ladera y tomas el ramal de la derecha hasta llegar a una gran pradera desde la que se llega al Mirador del Real Sanatorio de Guadarrama, donde se localizaba un escalofriante hospital en el que se intentaba curar a los enfermos pulmonares, sobre todo a los afectados por tuberculosis. En su época, era lujoso, contaba con los mejores avances y fue uno de los mejores de Europa. Por él pasaron personajes como Cela o Alberti. Sin embargo, su cierre y posterior abandono lo convirtieron en lugar tétrico, que acabó siendo demolido a finales del siglo XX.


El camino continúa cruzando la pradera hasta llegar a una pista forestal. A la derecha sale la carretera del puerto de Navacerrada, que se sigue unos 700 metros para alcanzar los tres paneles explicativos (en estado ruinoso) que marcan el Mirador de Las Canchas. Desde éste se observa el barranco del Infierno, La maliciosa y el Alto de Las Guarramillas.


Dejando ya atrás el mirador, si sigues por la misma senda hacia delante, vuelves al aparcamiento de La Barranca por una larga bajada llena de pinares.

Si quieres alargar un poco más tu visita al valle, en la bajada puedes desviarte un poco hasta la Fuente de la Campanilla, siguiendo el sendero que sale a mano izquierda PR 26-17. Situada a 1620 metros de altitud, recibe las aguas del arroyo Regajo del Pez que baja desde las cumbres de La Bola del Mundo. Allí puedes tocar la campana que cuelga de su pared de piedra. Merece la pena, pues no perderás más de diez minutos en este ascenso. Luego sigues bajando por la carretera, atraviesas dos puentes de piedra y llegas de nuevo al aparcamiento.



Ruta: La Barranca – Camino Ortiz – Mirador de las Canchas

                                                      🌲  Distancia: 10.160 m

                                                      🌲  Desnivel positivo: 390 m

                                                      🌲  Altura máxima: 1.768 m

                                                      🌲  Altura mínima:  1.386 m

                                                      🌲  Duración aproximada:  3 horas

                                                      🌲  Dificultad: fácil

Dónde esta el Mirador de Toledo que inspiró a El Greco



El Mirador del Valle es una de las vistas más conocidas de Toledo. Se construyó en el siglo XVII y ha servido de fuente de inspiración a importantes personajes. Sorolla, Picasso, El Greco o Alphonse De Launay, uno de los primeros fotógrafos que la inmortalizó en 1854, quedaron maravillados con ellas.

Situado en la Ronda del Valle, desde él se pueden contemplar monumentos como la Catedral, el Alcázar, la iglesia de San Juan, el monasterio de San Juan de los Reyes, las murallas y la Puerta de la Bisagra. Todo ello rodeado por el majestuoso Tajo.

Cómo llegar al Mirador del Valle en Toledo

🚘 En coche: tienes que salir por el Paseo de la Rosa, dejando a un lado el Hospital Provincial para entrar en la Ronda del Valle. Se encuentra en la carretera de circunvalación que une la CM-401 con la N-400.

🚍 En autobús: autobús turístico, o la línea L71.

🚂 En tren turístico: todos los días desde la Plaza de Zocodover. Horario: desde las 10:00 con una frecuencia de de 30 min. Compra de tickets.

Visitando La Grajera, un paraíso natural en Logroño



El Embalse de La Grajera se encuentra a menos de 6 km del centro de Logroño. Hasta él se puede llegar en coche o caminando a través de una vía verde que forma parte del Camino de Santiago.


Junto a este embalse de 1883, que recoge las aguas del río Iregua, se halla un gran parque con barbacoas, mesas de picnics, puntos de observación de aves y restaurantes. Incluso hay una imagen de la Virgen del Rocío.


Además de servir como espacio de ocio y deporte, el entorno ofrece grandes tesoros, en cuanto a flora y fauna se refiere. Con suerte, se pueden ver ardillas, patos, cisnes, gamos, somormujos… La vegetación está dominada por pinares, encinares, olivares, choperas y zarzamoras.




Hay muchas sendas señalizadas que parten de la entrada del parque. Los dos más famosos son el que rodea al embalse y el que utilizan los peregrinos durante su salida de la ciudad, camino de Navarrete. Éste último está marcado con las famosas señales amarillas del Camino de Santiago. El Camino entra en el Parque de la Grajera desde el Noroeste y lo atraviesa por uno de los márgenes del embalse, abandonándolo a la altura de una gran antena de radio, para adentrarse ya en el término municipal de Navarrete.

www.caminoignaciano.org

A andar por este singular camino se le llama seguir la senda del colesterol porque, cuando los logroñeses van al médico y éste les recomienda hacer ejercicio, normalmente acaban yendo andando hasta La Grajera. Aunque a la vuelta, siempre es posible caer en la tentación y acabar de pinchos en las famosas calles San Juan y Laurel.


Cómo llegar al Parque de La Grajera de Logroño

🏃 Andando: siguiendo la senda del Camino de Santiago (6 km)

🚍 En autobús: la línea 8 hace cuatro trayectos diarios. Horarios

🚴 En bici: se puede coger una bici gratis en la Oficina de Turismo de Logroño.

🚙 En coche: el aparcamiento es gratuito.


Un paseo por Pradillo y su puente medieval – La Rioja



El pequeño núcleo de Pradillo fue propiedad de los condes de Nieva hasta 1811, fecha en la que desaparecen los señoríos. En el siglo XVIII acabó perteneciendo a Soria hasta que España quedó divida en provincias en 1833, cuando pasó a formar parte del territorio de Logroño. Hoy se encuentra en La Rioja, dentro del partido judicial de Torrecillas de Cameros.

Pradillo se sitúa en pleno corazón del Camero Nuevo, atravesado por la N-111, que comunica Logroño con Soria, lo que lo hace una parada muy asequible durante tu viaje.


A pesar de tener menos de 70 cucharones (gentilicio de Pradillo), el pueblo se llena de visitantes en fechas señaladas, como:

🎉Junio: el domingo anterior a San Antonio de Padua, cuando los jóvenes confeccionan el Arco del Santo con flores y adornan sus andas. El domingo se rifa un rosco hecho por una casada y con el dinero que se saca de la rifa, se pagan las fiestas.

🎉Finales de agosto: Jornadas Turísticas de Cameros en la que se celebran conferencias y visitas guiadas a recursos turísticos de la comarca.

🎉8 de septiembre: Fiestas de la Virgen del Villar en las que unos danzadores bailan acompañando a la imagen de la Virgen hasta la ermita que hay a la entrada del pueblo.

🎉Fin de semana anterior a San Miguel: cuando el Ayuntamiento repartía antiguamente una caridad de sardina y vino a los asistentes.


Yo hice una breve visita para ver el pueblo e ir andando hasta su puente medieval y me paré en el Restaurante Los Cucharones. No me decepcionó para nada. Un sitio muy acogedor y muy pintoresco en el que disfrutar de una buena chimenea cuando aprieta el invierno riojano.


Qué ver en Pradillo de Cameros

1. El Hórreo: en este edificio junto a la iglesia se encuentra la Oficina de Turismo de Cameros.

2. Iglesia de San Martín: edificio de mampostería y sillería construido en el siglo XVIII en estilo barroco tardío. En su interior, además del Retablo Mayor, se pueden ver 8 retablos pequeños de diferentes épocas y una talla barroca de San Juan Bautista del siglo XVII.

3. Ermitas: el pueblo cuenta con tres ermitas. La de San Miguel y la de San Jorge están muy cerca del núcleo. La de la Virgen del Villar está algo más alejada, en dirección a Logroño.

4. Roble Gordo de las Palomas: uno de los árboles singulares de La Rioja. Se supone que es el quejigo más antiguo de esta Comunidad. Su nombre se debe a que antiguamente había allí un puesto de caza de paloma torcaz.

sierracameros.es

5. Almazuelas: el pueblo cuenta con una gran tradición de este tipo de tapices que es común ver colgados de los balcones y ventanas cuando hace buen tiempo. En verano se suele celebrar la Fiesta de las Almazuelas Colgadas, en la que se realizan talleres y se pueden ver artesanías de otros pueblos.

Eldiario.es

6. Antiguos hornos: en algunas de sus viviendas (muchas de ellas abandonadas) aún se pueden ver hornos adosados a las fachadas en los que se cocía el pan.

7. Puente Medieval: muy cerca de la carretera sale un caminito de unos pocos metros, que lleva a este singular puente sobre el río Iregua. Merece la pena acercarse a él y no tiene pérdida, porque está muy bien señalizado.



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Qué ver en San Vicente de la Sonsierra, el pueblo de los Picaos



Esta villa de la Rioja Alta, en la ladera de la Sonsierra, está a tan sólo 35 km de Logroño. Con unos mil habitantes, se alza sobre un cerro desde el que se ven las hermosas tierras que riega el Ebro.

Aunque se sabe que estuvo habitada desde el Neolítico, San Vicente de la Sonsierra como tal nace como fortaleza militar en el siglo X, sirviendo como frontera entre Navarra y Castilla y como defensa contra las tropas musulmanas.


Sin embargo, en el siglo XI, el núcleo fue donado por Sancho Gascés III al monasterio de Leire, al que perteneció hasta el XIV. Su periodo de más prosperidad fue cuando los Reyes Católicos se anexionaron al reino de Navarra, en 1512. El periodo de estabilidad como villa se rompió con la ocupación por parte de las tropas francesas y con las posteriores Guerras Carlistas.

Hoy es un pueblo lleno de encanto, famoso por su patrimonio artístico-cultural y por sus célebres picaos, en el que no es raro que el viento frío y fuerte acompañe tu visita por la villa.


Qué ver en San Vicente de la Sonsierra

1. Plaza Mayor: presidida por una fuente con cisnes, en ella está el edificio del Ayuntamiento y el palacio de los Gil Aguiriano, del siglo XVIII. Un pasadizo une la Casa Consistorial con un Frontón. En ella también hay varios bares en los que degustar el vino de las múltiples bodegas del pueblo, a un precio excepcional, así como ricos pinchos riojanos.


2. Palacios: los alrededores de la calle Mayor están llenos de casonas de piedras decoradas con los escudos de las familias importantes que las habitaron, como el Palacio de los Agüero, el Palacio de los Ramírez de la Piscina, el Palacio de los López Cano o la Casa de los Davalillo.

3. Subida de los Disciplinantes: la Cofradía de la Vera Cruz organiza desde el siglo XVI las tradicionales cuaresmales, procesiones y flagelaciones rituales en Semana Santa, Jueves Santo y Viernes Santo, Cruz de Mayo y septiembre. La tradición más importante es la de los picaos, que consiste en una flagelación pública: con la espalda desnuda comienzan a azotarse con un látigo de cuerdas de algodón. Después los miembros de la cofradía les pinchan la espalda con vidrios para que salga la sangre. Carlos III la prohibió en el siglo XVIII, pero el pueblo hizo oídos sordos y la siguió celebrando de manera privada. Hoy su Semana Santa está declarada de Interés Turístico Nacional.


4. Mirador del Ebro: punto privilegiado para observar el puente medieval del siglo XIII.



5. Basílica de Nuestra Señora de los Remedios: en la calle El Remedio se encuentra esta edificación barroca del XVIII. En una hornacina es posible ver la imagen de Santa María de la Piscina.

6. Ermita de San Roque: es una pequeña construcción barroca de comienzos del siglo XVII y reconstruida en 1775.



7. Recinto amurallado:

A) Torre del Reloj: se trata de la torre del homenaje del castillo, una torre vigía del siglo XII. A su alrededor hay un espacio amurallado conocido como Recinto Superior. Embutidas en las murallas quedan algunas lápidas y una inscripción en el dintel de la puerta occidental que demuestra su uso como cementerio. Bajo el patio se ubica un aljibe del siglo XIV, conocido como Cuarto de los moros.


B) Ermita de San Juan de Arriba o de la Vera Cruz: junto a la Iglesia de Santa María la Mayor, se trata de un edificio pequeño que probablemente sirviera como capilla del castillo. Como la iglesia fue construida por Castilla y la gente de San Vicente se sentía navarra, ellos se casaban debajo del escudo y fuera de ella ya que en él se ve reflejado que la villa siempre defendió a Navarra. Su construcción data de los siglos XIII-XIV. Desde la mitad del siglo XVII es la sede de la Cofradía de Santa Vera-Cruz de los Disciplinantes.

C) Iglesia parroquial de Santa María la Mayor: de estilo gótico tardío, se construyó en el siglo XVI en el patio de armas del castillo, por lo que está dentro del antiguo recinto amurallado de la villa, junto con la ermita de la Vera Cruz. En su interior alberga un magnífico retablo mayor renacentista.



D) Castillo de San Vicente: castillo fortaleza medieval militar construido en el siglo XII por el reino de Navarra para la defensa de su frontera sur con Castilla, en el valle del Ebro. Formaba parte de la línea defensiva de Laguardia a Labastida, siendo la mayor fortaleza de Navarra en el Ebro.


➤ Plano turístico de San Vicente de la Sonsierra: 




Cómo es la visita guiada a Numancia, la ciudad que resistió a Roma hasta la muerte



Al principio, Numancia no se encontraba en guerra con Roma. Sin embargo, el cercano pueblo de Segeda sí que lo estaba. Éstos les pidieron ayuda a los numantinos lo que dio lugar a tres años de intensos enfrentamientos. Desgraciadamente, el gran Escipión fue enviado a Numancia para acabar con ella. Construyó un cerco y la aisló durante once meses en los que sus habitantes acabaron con todas sus existencias de comida y de otros bienes necesarios para subsistir.

Finalmente, la mayoría de los numantinos acabaron suicidándose y los pocos que se quedaron con vida fueron vendidos como esclavos.

Recomiendo que reserves tu entrada online para visitar Numancia y puedas asistir a una de las completas visitas guiadas que ofrece el personal del yacimiento. La visita dura un poco más de una hora y merece mucho la pena, porque se aprende bastante de lo que aquí ocurrió y de cómo vivían los numantinos. A lo largo de ella se hacen distintas paradas para conocer más de este increíble núcleo que resistió a Roma hasta la muerte.



Qué se ve durante la visita a Numancia

1. Muralla y puerta norte: Numancia estaba fortificada con una gran muralla que tenía cuatro puertas en cada punto cardinal. Hoy se ha reconstruido un tramo en la puerta norte para que el visitante tenga referencia de los límites fronterizos que tenía.

2. Cerco de Escipión: cansados de los veinte años que llevaban en guerra con Numancia, los romanos mandaron a Escipión (quien había asolado Cartago), para acabar definitivamente con ella. Con una tropa de 60.000 soldados, cercaron la ciudad en la que quedaron aislados durante once meses 4.000 numantinos. En la visita se pueden ver las marcas donde los romanos pusieron sus campamentos, que estaban unidos por un muro de 9 kilómetros, y sus fortines.

3. Baños romanos: en el año 1842 se empezó a construir un monumento a los héroes de Numancia, que nunca se llegó a acabar. Este monumento está erigido sobre los restos de unas pequeñas termas romanas, de las que aún se pueden intuir algunas de sus partes más representativas.


4. Edificio público y desagüe: esta gran construcción romana ocupaba toda una manzana, tenía dos alturas y un patio central porticado del que se pueden ver las bases de sus columnas. A la derecha del edificio queda el desagüe que sacaba los vertidos de la ciudad.

5. Aljibe y encrucijada de calles: este aljibe de forma redonda se construyó en un cruce de caminos y era de uso comunitario. La disposición de las calles y de las casas estaba pensada para evitar el duro viento del norte. Si vas en otoño-invierno, lo sufrirás.

6. Aljibe con escaleras: este aljibe rectangular era de uso privado y se encontraba en el patio de una casa.


7. Casa romana: en esta reconstrucción se puede entrar a una casa de la época imperial de Roma. Delante tiene un patio con aljibe y un horno de pan. Dentro hay un vestíbulo con molinos manuales y un telar, una cocina, las habitaciones y un granero-almacén. También tiene un pequeño corral.



8. Muralla celtibérica: se puede subir a esta reconstrucción de un muro de la original muralla.

9. Casa celtibérica: para ver las dos etapas en las que estuvo dividida y superpuesta Numancia, la celtíbera y la romana, se han reconstruido la casa romana ya visitada, y ésta otra en la que se también se puede entrar para ver cómo vivían sus habitantes originales. Ésta es mucho más pequeña y sólo tiene tres habitaciones. Una con molino y telar, una familiar organizada en torno a un fuego central, y otra usada como almacén. También tiene un pequeño corral y una trampilla en el suelo que daba acceso a la bodega.


10. Barrio sur: era el barrio rico romano, que construyeron en el siglo I sobre uno celtíbero anterior. Hoy se pueden ver restos de estas dos etapas superpuestos.


11. Casa del médico: como ejemplo de caserón del rico barrio sur, esta casa muestra los restos de un patio porticado del que aún quedan algunas columnas y las escaleras que daban acceso a la vivienda. Posiblemente perteneció a un médico, por todos los utensilios quirúrgicos que se encontraron en ella.



➤ Si vas en invierno, abrígate tanto como puedas para protegerte del viento y del frío. Si vas en verano, gorra y crema para protegerte del abrasador sol, porque no hay sombras.

➤ A la entrada hay una gran tienda de souvenirs donde puedes comprar cualquier recuerdo de la ciudad.

➤ Precio de la entrada a Numancia: 5€

➤ La entrada incluye la visita guiada o un servicio de audioguía. Se puede reservar en esta web. http://numanciaonline.es/

➤ Duración de la visita: un poco más de una hora.

Qué ver en Calatañazor, pueblo pintoresco donde Almanzor perdió su tambor



Calatañazor no tiene ni sesenta habitantes. Sin embargo, es uno de los pueblos más visitados de la provincia en temporada alta y la oferta turística es bastante amplia.

Su nombre cuenta con reminiscencias árabes, significando “Castillo de la Águilas”. Sus orígenes podrían encontrarse en el asentamiento celtibérico arévaco de Voluce, situado en un cerro a un kilómetro del actual pueblo, ahora conocido como Los Castejones. Desde el siglo III a.C. hasta el siglo V el emplazamiento estuvo habitado, fecha en la que sus moradores optaron por abandonarlo y trasladarse al lugar en el que se encuentra ahora: la cima de una roca que domina la vega del río Abión.


Hasta la época musulmana, los visigodos habitaron este enclave, como muestran las tumbas excavadas en la base del castillo. La leyenda cuenta que aquí se libró una gran batalla entre las tropas de Almanzor y las de Sancho García, el Conde de Castilla. Batalla en la que Almanzor quedó derrotado reflejándose en el dicho popular “En la Calatañazor perdió Almanzor su tambor”. No obstante, no hay documentos que hablen de dicho acontecimiento.

Sus edificaciones son las propias de la Edad Media, con casas de dos plantas, con adobe, vigas de madera de sabina y chimeneas cónicas que se ubicaban en las cocinas. Todo ello flanqueando las calles empedradas.




Hoy sus calles medievales y su encanto lo convierten en uno de los pueblos más pintorescos de la provincia, así como en uno de los mejores lugares en el que disfrutar de unas buenas migas sorianas al calor de la lumbre.


Restaurante El Sabinar

Qué ver en Calatañazor

1. Ermita de la Soledad: a la entrada del pueblo, justo antes de emprender la cuesta , esta ermita románica saluda al visitante. Su construcción es del siglo XII y conserva de esta época el ábside y la portada norte. Aquí es donde tienes la primera oportunidad de dejar el coche. Dejarlo en el pueblo, con las calles estrechas y empedradas, no lo recomiendo mucho.


2. Ermita de San Juan Bautista: justo en frente de la Ermita de la Soledad, aparecen las ruinas de esta otra ermita de la que sólo quedan los muros y la portada. Sus alrededores se utilizan como aparcamiento también.


3. Iglesia de Santa María del Castillo: de origen románico, del que queda poco, la actual iglesia parroquial conserva más de la remodelación gótica-tardía que sufrió en el siglo XVI. En esta época se construyó su capilla mayor, aunque la nave y el coro son del XVIII. En su interior se pueden ver una pila bautismal románica, una talla del Cristo de Calatañazor del XV y un museo en el que se exhibe los privilegios que le fueron otorgados a la villa con Enrique IV, los Reyes Católicos y Carlos V.


4. Plaza Mayor: en ella destaca la picota, un rollo del siglo XV en el que se exponían los criminales a la vergüenza pública y conmemoraba el hecho de ser villa. A su lado se encuentra la Piedra del Abanico, donde se ven las huellas fosilizadas de troncos y hojas de palmera.


5. Castillo de Calatañazor: se edificó durante la época de Alfonso I el Batallador (siglo XII) remodelándose en el XIV. Hoy sólo quedan sus ruinas, algunos lienzos y parte de su torre del homenaje, a la que se puede subir para disfrutar de unas excelentes vistas del Valle de la Sangre. Precio: Gratis.





6. Muralla: Catalañazor se amuralló también en el siglo XII. El acceso se realizaba a través de dos puertas y dos portillos, del que sólo queda el arco del postigo de la fuente. Actualmente se conserva gran parte de su perímetro, que rodeaba toda la villa adaptándose al cerro en el que se asienta. Originalmente contaba con ocho torres.



7. Necrópolis Altomedieval: está bajo el castillo. Allí se encontraron tres tumbas del siglo X a las que se accede por la parte de atrás de la Ermita de la Soledad.

Para bajar el atracón de migas, puedes completar la visita con la del Sabinar de Calatañazor o llegar en coche hasta Muriel de la Sierra y emprender el corto camino hacia el Monumento Natural de La Fuentona.