A orillas del
río Nervión aparece este singular pueblo de la provincia de
Vizcaya. Su gran pasado industrial de principios del siglo XX, que vino
acompañado de un gran aumento demográfico, aún se puede ver a las afueras. Aunque
ahora su número de habitantes no llegue a 800. El municipio está formado por
trece núcleos, estando su capital en el de Arene.
Para aprovechar las aguas del río que lo atraviesan, en sus
orillas se construyeron ferrerías, molinos y varios puentes, destacando los de
Iberlanda y Arbide.
El puente de Iberlanda se construyó a principios del siglo
XIX. Tiene tres arcos y une dos barrios de Arrancudiaga. El de Arbide es algo más antiguo: de 1638.
Cruzando alguno de sus puentes puedes llegar a una preciosa
área recreativa a orillas del Nervión. Allí hay aseos, un campo de fútbol,
columpios y una taberna. Todo ello rodeado de naturaleza.
Dejando esta zona atrás y volviendo a cruzar el río, pronto
llegarás a un bonito núcleo rodeado de casas de arquitectura tradicional. Entre
ellas se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. De estilo austero
barroco vasco, pertenece al siglo XVIII.
Mi visita a Arrancudiaga fue bastante corta. Tan sólo una parada rápida para descansar durante mi camino a Guernica. Sin embargo, me sorprendió mucho la belleza y la tranquilidad que se respiraban en sus tierras.