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Opinión de la excursión a Belfast, Carrick-a-Rede y La Calzada del Gigante (IV)


Después de haber visitado Belfast, el puente de Carrick-a-Rede y la Calzada del Gigante, ya no quedaba tiempo para mucho más.

Continuamos nuestro camino en autobús por la Antrim Coastral Drive y nos detuvimos un momento delante del Castillo de Dunluce. No nos pudimos bajar del autobús, porque ya era demasiado tarde y los avisos por temporal eran fuertes. Aún así, nos dejaron un poco de tiempo para hacer unas cuantas fotos mientras nuestro guía explicaba su historia.

El castillo está enclavado encima de unos acantilados de basalto, por lo que su acceso se hace bastante peligroso. Para llegar a él hay que caminar por un pequeño puente. Hoy es Patrimonio Nacional de Irlanda del norte y está cerca del pueblecillo de Bushmills, donde hay una importante destilería de whiskey.



Su construcción comenzó en el siglo XIII convirtiéndose en la principal fortaleza de los jefes del Condado de Antrim, los MacDonnel. Posteriormente, pasó de mano en mano, incluso llegando a formar parte del patrimonio de un escocés.  Los primeros escritos que hablan de su existencia se remontan a 1513, periodo en el que perteneció a los MacQuillan.

Con el paso de los siglos, el castillo quedó abandonado y en ruinas. Hasta que, en el siglo XVI, un barco de la armada española (el Girona) se hundió en las rocas que lo rodean durante una fuerte tormenta. Con el choque, los cimientos del edificio se tambalearon y parte de las cocinas cayeron al mar (se dice que sólo sobrevivió un pinche, pero esto es sólo una leyenda).

Otra leyenda cuenta que consiguieron vender la carga que se había caído al mar durante el naufragio y, con el dinero que consiguieron, los dueños lo pudieron remodelar. Aun así, años más tarde la cocina acabó cayéndose al mar igualmente y los dueños acabaron mudándose.

El castillo de Dunluce en Juego de Tronos

En la serie, este castillo aparece como el Castillo de Pyke, propiedad de los Greyjoy en las Islas del Hierro.

Las olas y el paso del tiempo han deteriorado muchas de las rocas sobre las que se asienta el castillo, llevándose la mayoría de la fortaleza al fondo de la bahía. Todo lo que queda está repartido sobre las tres islas y protegido por un muro.


El castillo de Dunluce, muy retocado por ordenador, aparece sobre todo en el segundo capítulo de la segunda temporada de la serie.


El castillo de Dunluce en la serie

Hoy sus ruinas se pueden visitar. Abre de 10’00 a 17’00 y la entrada cuesta 5’50 libras.

Nuestro viaje nos llevó de vuelta a Dublín escuchando canciones de música tradicional irlandesa mientras ya estábamos de lleno en plena tormenta. El tiempo fue muy bien aprovechado y nos dieron tiempo suficiente para disfrutar de cada lugar visitado. Fue una muy buena experiencia.



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La visita continuó por la Antrim Coastral Drive, cuyos paisajes no tenían ningún desperdicio. Desde Belfast hasta Carrick-a-Rede tardamos un poco más de una hora.

Un paisaje de ensueño, la típica estampa nos viene a la mente cuando pensamos en Irlanda, con todo su verdor y el viento azotando las olas y los acantilados.


No se sabe cuándo se construyó, aunque se tiene evidencias de que el puente ha existido desde hace generaciones uniendo la isla de Carrick con el resto del condado de Antrim. Se tiene conocimiento de que ya estaba allí, al menos, en 1755.

Los pescadores de la zona lo usaban para pescar salmones. A partir del 2002, la actividad pesquera desapareció por los cambios en los patrones migratorios de estos peces.

Tras ser un puente destartalado y casi abandonado, hoy se ha convertido en una de las grandes atracciones de la zona. Y, más aún, después de Juego de Tronos. En el puesto de información hay un montón de carteles y cuadros que recuerdan el paso de la serie por estas tierras. De hecho, su importancia es tal, que está incluido en el National Trust británico.


Desde allí, junto al aparcamiento, parte un sendero que lleva a la entrada. El ticket cuesta 7 libras. Una vez atravesada, el camino va paralelo a la costa atlántica con unas maravillosas vistas de los acantilados.


El camino continúa cuesta abajo por unos escalones resbaladizos, que cuesta bajar en los días lluviosos y subir a la vuelta. Por eso hay varios apeaderos para que la gente descanse si lo necesita.


Al final de los escalones está el control de tickets. Hasta aquí se puede llegar sin pagar. Pero si queremos atravesar el puente y llegar a la isla, tendremos que enseñar el ticket.

Caminar por el puente, de 20 metros de longitud y a una altura de 25 metros, mientras está siendo movido por los fuertes vientos, puede convertirse en todo un reto. Y, cuando yo fui, había algunos pasándolo verdaderamente mal.



La isla de Carrick no es más que un islote con una pequeña casetilla, the fiserman’s cottage, que recuerda el pasado de los pescadores de salmón. El camino está muy marcado y sólo a veces dejan llegar a ella. Yo no pude llegar porque el viento era muy fuerte y se esperaba un gran temporal.


Cruzado de nuevo el puente, la vuelta se hace por otro camino distinto, en el que hay un mirador, y llega otra vez a los escalones… que ahora hay que subir.

Fue una experiencia inolvidable.

* En la visita que yo contraté, el precio de la entrada estaba incluido. Lo tenéis que mirar muy bien porque no en todas las excursiones es así.

El puente de Carrick-a-Rede en Juego de Tronos.

 Muy cerca del puente, en una cantera de caliza, se rodaron las escenas del campamento de Renly Baratheon, en Stormlands. Este escenario aparece en los capítulos de la segunda temporada:

                                                          2. The Night Lands.
                                                 3. What Is Dead May Never Die
                                                          4. Garden of Bones

Si queréis ir por vuestra cuenta, basta con seguir la carretera cortada que hay al lado del aparcamiento principal del puente.




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Esta fue la excursión que contraté

Hay muchas empresas que se dedican a organizar visitas por los alrededores de Dublín. Yo contraté una con Viator, que incluía el viaje a Belfast, la subida al puente de Carrick-a-Rede y la excursión a La Calzada del gigante. Lo hice por internet para asegurarme la reserva el día que yo quería, pues sólo disponía de un día en concreto. De todas maneras, en Dublín veréis un montón de ofertas, unos 10 -15€ más baratas, que supongo que será el dinero que se lleve este turoperador. A mí me costó 75€, con entradas, guías en inglés y transporte incluidos. 

Al poco de hacer la reserva, me mandaron un correo con los datos exactos de la hora y el lugar de recogida: a las 7’00 en el Gresham Hotel, en la calle O’Connell. Cuando llegué ya había mucha gente esperando a nuestro autobús. Nos fueron nombrando y sentando. El tour fue entero en inglés y los guías, estupendos. Mientras salíamos de Dublín, fueron haciéndonos un tour en el autobús explicándonos todos los monumentos que íbamos atravesando.

Nuestra primera parada: Belfast

Tras dos horas o así de trayecto, llegamos a Belfast. El autobús paró en unos almacenes y allí nos dividieron en dos grupos: los que querían visitar los barrios de Falls y Shankill en taxi, y los que querían ver el museo del Titanic.

Yo había escogido lo primero y, por lo que pude escuchar después de las opiniones de los demás, acerté. El conductor era alguien que había vivido de primera mano el conflicto entre unionistas y republicanos. Sus raíces eran católicas y había visto como su familia había estado envuelta en mil y una anécdota durante la guerra.


Desde 1968 hasta 1998, Irlanda del Norte vivía la época de “The Troubles”, un virulento conflicto entre republicanos católicos, que pretendían la independencia de Reino Unido y su pertenencia a Irlanda, y los unionistas protestantes, que querían seguir perteneciendo a la Corona Británica.

El barrio protestante: Shankill

La ruta comenzó por Shankill Road, zona que divide ambos bandos. Entre sus murales destaca “La Mona Lisa del Ulster”, con un francotirador pintado, que te sigue con la mirada. Aún sigue habiendo referencias a grupos paramilitares, como la UDA y la UVF.


Las calles que recorrimos eran aún fiel reflejo de lo que allí había acontecido unas décadas antes. Por mucho que la tele y los periódicos digan, el conflicto no está resuelto. De hecho, cuando yo fui estaba todo lleno de carteles y pintadas a favor y en contra de que los carteles en la zona sean bilingües, así como la educación: en inglés y en irlandés. Las reuniones se habían sucedido entre los gobernantes de ambos bandos, sin llegar a ningún acuerdo. Y los tratados avisan: si no hay acuerdo entre ellos, la voz cantante pasa a manos del Parlamento Británico.

El Muro de la Paz

La siguiente parada fue el Muro de la Paz. Parece increíble, pero el muro de 20 km y 7 metros de altura en alguno de sus tramos, aún está en pie y dividiendo a los dos barrios. En lo alto hay alambre de espino, cámaras y vallas que se siguen cerrando por la noche. ¡Y yo que pensaba que todo esto estaba más que superado! Como me dijo el guía, las únicas noticias que os llegan del conflicto son las que la BBC quiere que veáis y exporta al mundo entero.


El guía nos paró en un tramo del muro y nos dio rotuladores para que pusiéramos nuestro mensaje de paz al mundo.

Ahora los muros ya no sólo hablan de “The Troubles” se han convertido en lienzos gigantes dedicados a los movimientos independentistas del mundo entero, y a mensajes y personajes relacionados con la paz.

En estos murales podéis ver referencias a España. La primera es una pintura que hay al lado de la de Martin Luther King y la de Mandela. Es una pintura de una bandera republica con una placa en recuerdo de Dick y Williams, dos vecinos de Falls que murieron en la Guerra Civil española. La segunda es un enorme mural sobre Cataluña. Hubo un tiempo en el que también había una gran pintura pidiendo la liberación de Otegui, pero ya no está.





El barrio católico: Falls

Paramos en el Clonard Martys Memorial Garden, un pequeño lugar donde se recuerdan a algunas de las víctimas católicas.



El guía nos dio un montón de fotos antiguas para que viéramos cómo estaba ese barrio durante el conflicto, con bombas y balas cayendo de un barrio a otro, por encima de la alambrada.

Pasamos por la sede del Sinn Fein y llegamos al mural de Bobby Sands, un miembro del IRA que murió en la cárcel durante su huelga de hambre.


Un conflicto que comenzó con la invasión normanda con autorización de enrique II de Inglaterra en 1169 y que aún persiste, aunque a un modo más callado y discreto, en nuestros días, con su valla levantada cada noche. Sin duda, la visita no tiene ningún desperdicio y se aprende mucho de lo pasado y lo presente en Belfast.

Al acabar la visita, que duró algo más de una hora, nuestro guía nos llevó al Museo del Titanic, en el que pudimos darnos una vuelta mientras esperábamos nuestro autobús que nos llevaría a nuestro próximo destino: el puente de Carrick-a-Rede.


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Viajar a Dublín: Enchufes




En Irlanda el voltaje es de 230 V y la frecuencia de 50 Hz. Los enchufes que utilicemos necesitan tener una clavija tipo G.

El tipo de voltaje es igual que el que hay en España (entre 220V y 240V), por lo que nuestros aparatos funcionarán bien, pero necesitarán un adaptador de clavija.


Los enchufes se componen de tres clavijas de forma rectangular; dos alineadas (fase y neutro) y una tercer clavija en el centro de ambos (parte superior o inferior) que sería la toma de tierra, para evitar posibles descargas al usuario.