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9 cosas imprescindibles que hacer y que ver en la ciudad de Bariloche




Con sus 110.000 habitantes, San Carlos de Bariloche se ha convertido en un punto turístico de referencia. Sus increíbles paisajes suizos la han convertido en el segundo punto del país más visitado por los extranjeros, y en el primero más visitado por los argentinos. Está considerada la puerta de acceso a la región de los lagos andinos patagónicos y se sitúa en el margen sudeste del Lago Nahuel Huapi, cerca de la frontera de la Argentina con Chile.


La ciudad se puede recorrer andando fácilmente. Si quieres llegar a otros sitios cercanos, como a la estación de esquí o a Llao Llao, puedes hacerlo fácilmente en transporte público.
La vida de la ciudad gira en torno al Centro Cívico y la calle Mitre. Cuando camines por ella, te parecerá que estás en Centroeuropa. Por la mañana, las calles están medio vacías. Por la tarde, cuando la gente viene de las excursiones, todo el centro se llena de movimiento.

Qué hacer en la ciudad de Bariloche

1. Hacer turismo de degustaciones: si por algo es conocido el centro de Bariloche es por su excelente chocolate. La calle Mitre y alrededores están llenos de chocolaterías de renombre internacional. Cuando la gente vuelve de sus excursiones, se va directamente a comprar chocolates. Las filas para entrar a algunas de ellas son extensísimas, la gente hace cola para comprar las últimas novedades de bombones de esa temporada e incluso ofrecen créditos para pagar la burrada que se gastan en ellas. Abren hasta la madrugada. Lo mejor son las degustaciones. Puedes ir de tienda en tienda probando lo que ofrezcan (siempre hay algo) y luego lanzarte a comprar (porque acabarás comprando, como todos). Del Turista, el Reino de los Chocolates, Rapa Nui, Mamuschka… son ejemplos de marcas bien conocidas en Argentina.


2. Ir de compras por el centro: además de chocolate, hay infinidad de tiendas donde comprar souvenirs de la región (ropa, artesanía, duendes…). También puedes entrar en la bonita Galería El Sol.


3. Hacerte una foto con el cartel de la ciudad: frente al lago se encuentra el cartel en el que todo el mundo quiere hacerse la foto de rigor. Aguanta la larga fila y no dejes que se te cuelen.


4. Dar un paseo por la costanera: paralela a la Avenida 12 de Octubre, separa la ciudad de Bariloche del lago Nahuel Huapi.


5. Visitar la Iglesia Nuestra Señora del Nahuel Huapi: construida en 1946 es considerada Monumento Histórico Nacional. En su interior se pueden ver 45 vitrales con temas religiosos e históricos vinculados a la historia de la Patagonia. Las imágenes de este templo católico muestran las raíces indigenistas de la evangelización de la región. Entrada gratuita.


6. Ver las figuras del reloj en el Centro Cívico: en esta plaza inspirada en el medievo centroeuropeo está la Municipalidad, la Oficina de Turismo y el Museo de la Patagonia. La torre ubicada sobre el edificio de la Municipalidad tiene un gran reloj que, cuando da las 12’00 y las 18’00, saca cuatro figuras: un indígena, un misionero, un conquistador y un labrador.


7. Entrar al Museo de la Patagonia: en el Centro Cívico está este museo dedicado a las ciencias naturales y a la antropología cultural de esta región. Hace unos años se inició una gran controversia porque el museo tenía en exposición el cráneo del cacique aborigen Cipriano Catriel, adquirido por Perito Moreno. Finalmente, la Administración de Parque Nacionales ha resuelto su entrega a sus descendientes. https://www.museodelapatagonia.nahuelhuapi.gov.ar/


8. Curiosear por la Feria Artesanal Municipal: existen diversos paseos de artesanos en la ciudad, pero ésta es la más antigua. Se encuentra en un pasaje techado ubicado en la intersección de las calles Moreno y Villegas. Abre de lunes a sábado, de 10’00 a 20’00. Otra importante es la Feria Municipal, que abre todos los días de 10’00 a 20’00 y está en la Plaza Derechos de la Mujer.  


9. Hacerte una foto con un San Bernardo: es todo un icono de la ciudad desde los años 60. Por suerte, ya están pensando en regular esta actividad para dar garantías a estos animales. Lee este artículo para saber su increíble historia. 
  


Algunas excursiones cercanas desde Bariloche son:

➤ Estación de esquí Cerro Catedral
➤ Cerro Tronador
➤ Confitería Cerro Otto
➤ Llao Llao
➤ Colonia Suiza

Algunas excursiones algo más alejadas:

➤ Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes
➤ San Martín de los Andes – Circuito Los 7 lagos
➤ El Bolsón
➤ Villa Angostura
➤ Puerto Blest

Ruta de senderismo – Desde la Piscifactoría hasta la Laguna de Valdeazores


No es porque sea mi tierra, pero las fotos hablan por sí solas. Esta es una de las rutas más emblemáticas de la provincia de Jaén. Durante su recorrido te adentrarás en un paisaje de cuento de una belleza extraordinaria y que tendrá como premio final la espectacular Laguna de Valdeazores, la única laguna natural que hay dentro del Parque Natural de Cazorla.


Existen dos itinerarios distintos para llegar hasta la laguna. El más conocido es el que parte de la pista de las Navas, a la altura de Collado Bermejo. Pero para un coche bajo, el acceso al punto de inicio de ruta es un poco difícil. El otro, más sencillo, es el que comienza en la Piscifactoría del Río Borosa. Allí se encuentra la cafetería Borosa Entrepeces y hay un amplio aparcamiento y una fuente.



Tramo I: Piscifactoría – Cerrada de Elías – Central Hidroeléctrica (7’2 km)

Una vez dejado el coche, a unos cien metros verás la piscifactoría, que cuenta con varias piscinas para la cría de la trucha. Un poco más adelante tienes el puente que cruza el río, un quiosquillo y el cruce con la señal de inicio de ruta a la derecha. A partir de aquí ya no puede pasar ningún coche.



Esta primera parte del camino consiste en una pista ancha que sigue el curso del río y el trazado del GR7. No tiene ninguna dificultad, porque es prácticamente llana. Al poco de empezar, verás la Fuente de los Astilleros, otra gran fuente de dos caños cuya agua te sabrá a gloria, sobre todo a la vuelta.


Si estás atento al río, cuando lleves algo más de un kilómetro andado, a tu derecha aparecerá un pequeño salto de agua. Se trata del caudal del Arroyo de las Truchas, que aquí se une a río Borosa. La visión es increíblemente bella.  


El amplio camino acaba en otro puente de piedra: el Puente de los Caracolillos. Hay que cruzarlo, dejando a la derecha el GR que va hacia Vadillo. Detente un poco para observar los grandes pliegues de la Sierra del Pozo. En este punto es donde se encuentra el más espectacular.



Continuando por una senda más estrecha (Vado Rosales) llena de madroños, pronto cruzarás el río de nuevo y llegarás a la increíble Cerrada de Elías, una senda con algunas barandillas que sigue por otro puente hasta llegar a la zona de pasarelas.



Justo cuando cruzas el puente tienes dos fuentes y comienza el recorrido por la zona más estrecha de la cerrada. Fíjate en las paredes de la roca. Están llenas de pinguicula vallisneriifolia, una planta carnívora conocida como grasilla y que es endémica de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas.




Para mí, ésta es la parte del recorrido más espectacular. Y sí, aunque no lo parezca, sigues en Jaén.

Dejando la cerrada atrás, cuando lleves unos 6 km andados desde el inicio, te podrás refrescar en la Fuente de Huelga Nidillo antes de continuar hasta la Central Hidroeléctrica.

La central se construyó en los años treinta para suministrar electricidad a varios pueblos de la comarca utilizando una conducción de agua que lleva desde el Embalse de Aguas Negras hasta sus turbinas. Aquí puedes ver unas cuantas casillas que antiguamente servían de alojamiento turístico, pero ahora están prácticamente abandonadas. Justo en frente tienes la última fuente del recorrido. Ya no vas a encontrar más. Descansa un poco junto a ella y llena tu botella de agua antes de enfrentarte a la parte más dura del recorrido: la subida hacia los Túneles del Borosa.



Tramo II: Central Hidroeléctrica – Túneles del Picón del Haza de Abajo

Aquí el camino empieza poco a poco a tener más desnivel. No pierdas de vista el río, porque pronto te encontrarás con una de las cascadas más bonitas del recorrido: la Cascada de la Calavera. Aparece a la derecha, detrás de un pino solitario que llama la atención por su belleza y su emplazamiento. Sólo te tienes que desviar del camino principal medio minuto y allí tendrás la cascada.



De vuelta al sendero pedregoso, la subida empieza ya a hacer un poco de daño. Sobre todo, si vas en verano. No hay ni una sombra hasta que llegues a los túneles.


A medio camino, podrás descasar en el otro gran reclamo de esta parte de la ruta: el Salto de los Órganos, la última gran cascada del recorrido. Un impresionante salto de agua de unos 70 metros cuya fuerza aprovecha la central hidroeléctrica que has dejado atrás. En su poza se suele bañar la gente cuando hace buen tiempo.


La cuesta se acentúa hasta que por fin se ven los túneles. Y se agradece, porque has llegado de nuevo a una zona llana, fresquita y con sombra. Aunque, si vas en invierno… tráete unas buenas botas de agua, porque muchas veces se inundan y el barro te puede llegar hasta las rodillas.



Estos frescos túneles se excavaron en la roca para llevar el agua canalizada hasta la central eléctrica. Se dividen en dos tramos y, aunque tienen varios ventanales, hay zonas en las que la visibilidad es muy mala. Te recomiendo que te traigas una linterna.




Tramo III: Túneles - Nacimiento del Borosa – Embalse – Laguna de Valdeazores

Al salir del segundo túnel, siguiendo el canal de agua, llegarás al pantano. No cruces el puente aún. Continúa por la senda de la izquierda que lleva al mismo Nacimiento del río Borosa. Tan sólo tendrás que recorrer unos 300 metros para contemplar el lugar donde comienza el río cuyo curso has seguido durante toda esta jornada.


De vuelta al Embalse de Aguas Negras, cruza el puente que lo atraviesa mientras disfrutas de las maravillosas vistas del entorno. El río Borosa tiene un aprovechamiento hidroeléctrico compuesto por este minúsculo pantano, de 0,07 hm3, y la Central Eléctrica de Los Órganos, con una capacidad de producción de 1,9 Mw/hora. La cota máxima del agua está a 1250 m. de altitud.


Al final del puente, la senda se convierte de nuevo en una amplia pista que acompaña todo el rato al Arroyo de Valdeazores hasta llegar en un kilómetro escaso a la laguna que da nombre. La Laguna de Valdeazores es la única laguna natural permanente que hay en el Parque. Se formó por un gran deslizamiento de tierras que obturó el Arroyo de la Reina, siendo más tarde construido el muro de contención actual. 


🚽 Valdeazores y el retrete de Franco: Al lado de la laguna, en un recodo del camino, hay una gran explanada a la izquierda. Allí tenía Franco un váter. Sí, has leído bien. Era una caseta de madera en cuyo interior se instaló un inodoro para que lo utilizara el Generalísimo cuando venía a cazar por estos lares, a los que era muy asiduo. 

Después de imaginarte la situación del pobre Guardia Civil que tuviera que limpiar aquéllo, puedes iniciar el regreso por el mismo sitio que has venido para llegar de nuevo al aparcamiento. Antes de irte, puedes tomarte algo en la cafetería en la que también hay un centro de interpretación gratuito con varios acuarios interiores y exteriores o visitar la Torre del Vinagre, que se encuentra a menos de dos kilómetros. 

➽ Si quieres saber más sobre esta laguna, te recomiendo que leas esta leyenda: Origen e historia de la emblemática laguna de Valdeazores.


                            🏃  La ruta es sencilla, pero tiene un fuerte desnivel en cierto tramos.
                            🏃  Llévate agua, crema solar, una linterna y un buen calzado. 
                            🏃  En invierno o si ha llovido mucho: botas de agua en la mochila 
                                  para la zona de los túneles. 
                            🏃  Longitud: 24 km (ida y vuelta)
                            🏃  Dificultad: medio - baja
                            🏃  Duración: unas 7- 8 horas.
                            🏃  Hay varias fuentes.
                            🏃  Recorrido lineal.

Día 8: Argentina – Senderismo por el Parque Nacional Tierra del Fuego



Después de mi viaje en el Tren del Fin del Mundo, mi autobús me dejó en el aparcamiento de Puerto Arias. Desde allí, inicié mi camino por el Parque Nacional Tierra del Fuego. Creado en 1960, constituye el área protegida más austral de Argentina. Tiene una superficie de 68.909 hectáreas, aunque solamente 2.000 de su extremo meridional están abiertas al público. El resto del parque tiene la categoría de Reserva Natural Estricta. De todos modos, parece ser que (al igual que pasa en Bariloche) dentro del parque existen dos propiedades privadas.

Este aparcamiento es el final de la Ruta Nacional 3, cuyo punto de partida es la ciudad de Buenos Aires y que puedes seguir uniéndola con otros países hasta llegar a Alaska para recorrer todo el continente.


Desde allí, llegué a la Bahía Lapataia a través de un sendero lleno de pasarelas y miradores. Esta bahía es un fiordo en la margen del Canal de Beagle y se encuentra rodeada de bosques magallánicos. Su nombre proviene de los yámanas y significa Bahía del bosque o Bahía de la madera.




De vuelta al aparcamiento, inicié el sendero para llegar a la Castorera. Un pequeño camino al que se accede remontando el curso del Arroyo Los Castores por su margen derecha. Al final del sendero se puede ver el impacto que la introducción de esta especie no autóctona ha tenido en el parque.




Volviendo por el mismo camino, tomé el desvío hasta el Mirador Lapataia, desde donde se obtiene una vista panorámica preciosa de la bahía.



La vegetación más llamativa durante todo el camino que llevaba ya hecho era el Pan de Indio, un hongo que crece en los troncos de los árboles y las Barbas de Viejo, un liquen.



Desde el mirador, busqué el camino para llegar a la Laguna Negra. Sin embargo, una vez encontrado, cada vez se iba haciendo más peligroso por todo el hielo y la nieve que empezaba a haber en el camino.



Pronto llegué a la carretera y la cosa se suavizó un poco. Vi la señal que indicaba dónde estaba la laguna (incluso hay un aparcamiento delante del sendero) y lo seguí.

A unos pocos metros del aparcamiento apareció la Laguna Negra, que en realidad es un gran turbal formado en una depresión creada por los glaciares hace miles de años. El agua es de color negro debido a la cantidad de materia orgánica que hay en su interior.


De vuelta a la carretera, la seguí siguiendo el curso del río Ovando hasta llegar a la Laguna Verde. Aquí las aguas del río forman una especie de meandro tomando una coloración verdosa y rodeando varias islitas llamadas el Archipiélago Cormoranes.




La carretera me llevó a un gran puente, que atravesé para llegar a donde me recogería mi autobús: el Centro de Visitantes Alakush. Sin embargo, llegué un poco tarde y tuve que esperar al siguiente minibús para volver a Ushuaia.




Mientras tanto, aproveché el tiempo para disfrutar de las vistas tomándome un chocolate en su cafetería y viendo el museo que tienen allí, que curiosamente ha contado con la ayuda del Ministerio de Medio Ambiente de España 😉



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