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Senderismo: Cómo llegar a Los Pilones de la Garganta de los Infiernos



La mejor época para visitar la Garganta de los Infiernos es la primavera, cuando los cerezos del Valle del Jerte están en flor y puedes disfrutar de una maravillosa vista que te acompañará durante toda la carretera. Aunque si lo que quieres es bañarte en Los Pilones, sin duda, el verano es tu estación.

A unos 3 km de Cabezuela del Valle, siguiendo la N-110 que recorre el Valle del Jerte, se encuentra el Centro de Interpretación de la Garganta de los Infiernos. Planifica bien tu visita, porque en temporada alta los parkings se llenan de momento y no dejan pasar a nadie más. Por cierto, su precio no es nada desdeñable: 5€ por vehículo (aunque aparques en la carretera).

Ruta de Los Pilones

Es la más sencilla y la más visitada dentro de la Reserva Natural. Su acceso está señalizado junto a la carretera principal. No tienes que desviarte al Centro de Interpretación, sino seguirla atravesando el puente y estando atento a las señales que aparecen a la derecha. De todos modos, no tendrás pérdida. Si ves a un montón de gente subiendo unos escalones a la derecha, vas por buen camino.


El primer tramo consiste en una subida de escalones de madera y de piedra, rodeados de robles y castaños.

Cuando se acaban los escalones, el bosque se abre dando lugar a un bonito mirador del valle.

A continuación, el camino se estrecha de nuevo y se llena de helechos y sombras más adelante.


Una vez arriba, se llega a una amplia carretera (sendero forestal) utilizada por los transportes autorizados que, previa contratación de una excursión, llevan a los turistas que no quieren o pueden andar tanto, desde el Centro de Interpretación hasta allí.

El problema es que el camino acaba en una fuerte pendiente empedrada, que hace los tobillos polvo, tanto en la bajada, como en la subida.


Al final de la cuesta, te encontrarás con tu destino: Los Pilones. El granito se ha ido erosionando con el paso de los años, dando lugar a estas magníficas pozas que embellecen el paisaje. A estas pozas de forma circular las llaman las Marmitas del Gigante.




Camino de vuelta por el sendero forestal

La vuelta se puede realizar por donde has venido, o volviendo a la carretera en la que paraban los coches de las excursiones y continuando por ella cuesta abajo. Eso sí, da igual el camino que escojas: la cuesta arriba empedrada no te la quita nadie.

En mi caso, elegí esta última por hacer la ruta circular y ver un nuevo paisaje. Además, como casi todo el mundo sube por el mismo sitio, es más incordio bajar por allí encontrándote a tanta gente de cara.


Este camino es más tranquilo y muchísimo más amplio. Es un poco más largo (300 metros). Pero como es más sencillo, todo cuesta abajo y con el firme en buen estado, al final tardas lo mismo en llegar abajo.

Cuando lleves un poco menos de la mitad andado, verás el Chorrero de la Virgen, un espectacular mirador desde el que observar Riscoencinoso, así como la Cascada del Manto de la Virgen.



🌳 Longitud: aproximadamente unos 6 km (ida y vuelta)

🌳 Duración:  un poco más de dos horas (ida y vuelta)

🌳 Llevad protección solar y agua.

🌳 Dificultad: fácil.

🌳 Indicaciones:

                ⬤ Subida: señales verdes
                ⬤ Bajada por el sendero forestal: señales rojas.

🌳 Precio del parking de la Garganta de los Infiernos: 5€

Día 5: Kyushu – Visitando la Cascada de Nabegataki y su siniestro pueblo



Después de ver el cráter del volcán Aso, aún me quedaba algo de tiempo para devolver el coche de alquiler. Así que, decidí visitar la Nabegataki, a una hora de camino.

El paisaje volvió a cambiar radicalmente y me encontré atravesando grandes bosques mientras subía una gran montaña. Dejé atrás el centro de la ciudad de Oguni y tomé el desvío hacia la cascada. Tenía poco tiempo, porque iban a cerrar pronto.  Mi idea era dejar el coche en el parking que hay justo en frente, cruzar la carretera y entrar directamente en el complejo. Pero, no pudo ser.


Cuando me estaba aproximando al desvío, me pararon unos guardias y me indicaron que tenía que dejar el coche en el aparcamiento 2, que estaba casi vacío. El parking estaba delante de un edificio medio derruido, que daba bastante miedo y que parecía un antiguo instituto. En un edificio anexo, estaban los servicios y la parada de autobús. Resulta que el parking era gratis, pero el autobús que llevaba hasta la cascada no. Uno de los guardias insistió para que me montara, porque no me iba a dar tiempo a llegar. Pero, quería disfrutar del paseo. Además, que me imaginaba que el aparcamiento 1 estaba vacío, pero que estaban forzando a la gente a usar el autobús.

Empecé a andar por el arcén de una carretera, junto al río y grandes arrozales. Parecía un camino fantasma. No había nadie. Creí vislumbrar a lo lejos la figura de gente, pero… cuando me acerqué, vi que eran estatuas. Había maniquíes por todos lados. En las casas, en el río, en la calle…



Hasta había algunos muy siniestros, que parecía que te estaban acechando detrás de una planta...


Empecé a caminar más rápido mientras no me quitaba de la cabeza la película de “Soy leyenda”. Y en unos 20 minutos llegué a la taquilla de la cascada. Justo en frente estaba el parking y, tal y como me había imaginado, estaba vacío.


Pagué la entrada y comencé a bajar por unos escalones rodeados de grandes árboles. Abajo del todo está la cascada. Su formación se debió a la erupción del Monte Abe, cerca de la ciudad de Oguni. Cuando los ríos de magma se enfriaron y se endurecieron, apareció la cascada. Una capa sólida de lava se quedó en la parte de arriba y debajo, una blanda capa de barro. El barro se fue erosionando con el paso del tiempo y se creó la cueva que hay justo detrás de la cascada.



Se puede acceder a la cueva para tener mejores vistas de la cortina de agua que produce  ésta al caer. También se puede cruzar el río hacia el otro lado, saltando de roca en roca para tener una perspectiva distinta de este estupendo paisaje.



Durante la vuelta a la entrada, muchas parejas se dedican a buscar los corazones de piedra que hay escondidos a lo largo del camino. Dicen que, si encuentras los seis que hay, te traerán felicidad.


Yo no tuve tiempo de encontrarlos. Iba a empezar a anochecer rápido y no quería atravesar el siniestro poblado de las estatuas de noche. Así que emprendí mi camino de vuelta al aparcamiento.

Antes de volver a Aso a entregar el coche, paré en el enorme Mirador de Torupa, desde el que se pueden obtener unas vistas privilegiadas de todo el valle.



Entregué el coche, cené de nuevo en el restaurante Coffee Plaza East y pasé mi última noche en el hostal. A la mañana siguiente tenía que coger uno de los trenes de edición especial más queridos de Japón: el Aso Boy Train, que me llevaría a Beppu


➤ Precio del acceso a la Cascada de Nabegataki: 300 yenes

➤ Acceso en transporte público: a día de hoy sólo es posible llegar en tren hasta Yu Station y desde allí, coger un taxi que te lleve en 15 minutos a la cascada.

Mapa de la zona de Nabegatake Fall





Día 5: Kyushu – Comiendo Nagashi Somen en Takachiho Gorge



Tras estudiar los mapas y ver lo que quería visitar de la zona en la que me encontraba, opté por alquilar un coche. Y es que los accesos en autobús son complicados, se pierde mucho tiempo en los transbordos y hay pocos horarios disponibles.

Después de recoger el coche en el pueblo de Aso, comencé la ruta para ese día:


Elegí comenzar visitando la garganta, aunque estuviera más retirada, porque me habían avisado de que los aparcamientos se llenaban desde muy temprano y cerraban el acceso. Además, en el cráter del volcán no hay mucho que hacer después de la visita y el tráfico es más fluido. Sin embargo, en Takachiho hay un montón de actividades para hacer, por lo que la gente aparca y se queda allí a comer, a pescar, a hacer senderismo…

También es un lugar de peregrinaje típico del turismo nacional, debido a su vinculación con la mitología japonesa. Cerca de la garganta se encuentra la cueva Ame no Uzume. Según la leyenda, en ella se escondió la diosa del sol, Amateraso, una de las deidades sintoístas más importantes. Y su nieto plantó en ella la semilla a través de la cual se creó la familia imperial japonesa. 

En poco más de una hora, llegué a Takachiho, ya en la prefectura de Miyazaki. Atravesé el pueblo, continué dejando atrás su famoso templo y viajé por la serpenteante carretera que lleva a la garganta. El primer aparcamiento estaba lleno y ya me temía lo peor, pero en el segundo aún quedaba hueco.

En el aparcamiento había unos aseos gratuitos, varias tiendas y una parada de autobús que, por 100 yenes, te llevaba a la garganta. Lo cogí, fui de pie y espachurrada, pero me ahorré la cuesta. Y me bajé justo delante del Acuario.

Allí fui preguntando a los vigilantes que me encontraba, que dónde podía comer lo famosos Nagashi Somen (流しそうめん)  de Takachiho. Todos me miraban sorprendidos y luego se echaban a reír. Al final los encontré. Hay varios restaurantes que los venden justo delante de la zona de los estanques de peces.

Y es que Takachiho no sólo es famosa por su garganta, sino también por ser el lugar en el que se inventó esta curiosa manera de comer fideos y que ahora se ha convertido en algo muy típico de los veranos japoneses. Los fideos, hechos con harina de trigo, van flotando por un río de agua helada a través de un canal hecho de bambú.


El restaurante en el que los probé fue el famoso 千穂の家 (Chiho no Ie). Me senté y esperé a que acabaran de comer los que ya estaban sentados. Cuando acabaron, la cocinera me avisó de que me preparara porque era mi turno. Gritó: “Ikuyo!” Y empezaron a poner los somen en el canal desde la cocina. Lo curioso era que había que atraparlos con los palillos para podértelos comer mojándolos antes en un cuenco lleno de salsa. La salsa típica está hecha con soja, sopa de pescado (caldo dashi) y mirin.



Si no lo consigues, no pasa nada. Los que no consigas coger, los recogen con un colador y te los sirven al final. Es la manera más divertida de comer fideos que he visto nunca. Nada más que por la experiencia, merece la pena probarlo. El precio del plato fue de 500 yenes.


Después de hartarme a fideos, me puse a pasear por la zona. Delante de los restaurantes había unos estanques llenos de peces a los que podías echar comida que vendían allí mismo, o alquilar cañas para pescarlos. También había puestos de kakigori, buenísimos, pero muy caros.



Siguiendo el camino marcado, llegué a los escalones de piedra que llevan hacia la garganta propiamente dicha. Un estrecho cañón por el que discurre el río Gokase. Y en el que te puedes dar un paseo en barca por 2000 yenes / 30 minutos.



Desde los miradores se puede tener una magnífica visión de los acantilados, llenos de vegetación, por los que se va filtrando la luz, contribuyendo a crear una atmósfera mágica acrecentada por las columnas basálticas creadas por la lava de las erupciones del volcán Aso. Las aguas azuladas fluyen bajo la garganta, entre rocas hexagonales.  La joya de la garganta es la Cascada Minai no taki, con 17 metros de altura.






El camino se adentra en el bosque, cruza el río y continúa hasta hacer un recorrido circular de 10 km. En la Oficina de Turismo te pueden dar mapas de senderismo gratuitos.

Como empezó a llover bastante, decidí dar media vuelta, coger el autobús hacia el aparcamiento y emprender mi camino al Cráter del volcán Aso.


   RESTAURANTE CHIHO NO LE  千穂の家    
Nishiusuki-gun, Takachiho-machi, Mitai 965-2 西臼杵郡高千穂町三田井965-2
Teléfono: 0982-72-2115


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Día 9: Corea – Mi primer día en la isla de Jeju



Después de la extraña noche que había pasado durmiendo en un Love Hotel en Busan  , cogí un avión de Jeju Air que había contratado a través de su página web y que me costó 96.400 Won. Conseguí una oferta para ir en Premium por el mismo precio, pero la diferencia tampoco fue tanta. Tan sólo que pude entrar antes al avión.

En una hora, llegué al Aeropuerto Internacional de Jeju . Allí tuve que esperar dando vueltas, hasta que fuera la hora de recogida del coche que había alquilado, porque era muy temprano.

El coche lo reservé a través de la web de AVIS y me salió por 196$, tres días y con seguro incluido. Conducir en Jeju es bastante seguro. Sólo es liosa la parte que está más cercana al aeropuerto y a Jeju City, el resto es muy tranquila. Aquí dejo información sobre qué tienes que hacer cuando alquiles un coche en Jeju. 

Después de practicar un poco con el GPS coreano, que no es igual que los nuestros, me fui directamente al hostal que había contratado. Había elegido la ciudad de Seogwipo para alojarme, en la parte sur de la isla, porque estaba cercana a muchos sitios turísticos, era barata y se escapaba del barullo de Jeju City y de los mamotréticos resorts de Jungmun Complex.

Bajando la calle del hotel llegué al puerto de Seogwipo. Desde el Puente de Chilsipnigyo se pueden ver un montón de peces voladores dando saltos.


En el aparcamiento del puerto había varias tiendas de comida y de souvenirs y estaban montando un escenario para hacer un espectáculo de música coreana por la noche. 


Justo al lado del parking, está la entrada de Cheonjiyeon. El ticket cuesta 2.000 W y, antes de entrar, hay un área de descanso preciosa, con un montón de sombras, un puesto de helados y snacks, máquinas expendedoras y baños.

Una vez dentro, el camino transcurre entre árboles, siguiendo el curso de un río y atravesando unos bonitos puentes.

Los famosos dolharubang, los abuelos de Jeju, custodian la entrada. Son las estatuas más famosas de la isla y representan a los dioses de la fertilidad y de la protección. Se solían poner a la entrada de los pueblos para proteger a la gente de los demonios. Están esculpidos en roca volcánica y su nombre significa abuelo de piedra en el dialecto de Jeju.


Siguiendo recto, pronto se llega a la famosa cascada de Cheonjiyeon. Su nombre significa La cascada que une el cielo con la tierra. El agua del río Sombancheon cae sobre una poza y continúa su camino hasta un estanque artificial. Aunque el agua siempre cae en un área en particular, dependiendo de la cantidad de lluvia reciente, el agua puede extenderse. En la parte inferior de la cascada se construyó este estanque artificial de 20 metros de profundidad. Dos pequeñas presas ayudan a mantener el agua a un nivel específico.


Saliendo del complejo de la cascada, de vuelta al parking, continué andando por unas escaleras que aparecieron justo al lado del edificio de los restaurantes, a mano izquierda.

Estas escaleras me llevaron a un pequeño templo y acababan en la carretera. Seguí andando por la acera cuesta arriba. El camino estaba lleno de miradores, pequeños parkings y hoteles escondidos en medio de la naturaleza. Los miradores estaban conectados a través de pequeños senderos que llevaban a playas, bajando la montaña, y a pequeñas cafeterías-chiringuito.


Desde la mayoría de ellos, había vistas preciosas de Oedolgae, una impresionante roca que se eleva 20 metros en medio del mar.


El calor y la humedad eran abrasadores. Durante mi camino de vuelta a Seogwipo, me paré en un conbini a refrescarme y a comer algo rápido. Unos noodles que sabían a risquetos y que me estaba aficionando a ellos:


Bajé de nuevo las escaleras y, en vez de desviarme, seguí recto hasta llegar andando a la otra cascada famosa del pueblo: la de Jeongban. Su forma es mundialmente famosa por ser la única cascada cuyo caudal cae directamente al mar. Después de bajar los escalones hasta el acantilado, puedes bañarte debajo de ella, o simplemente mojarte los pies para refrescarte en verano. Su precio es de 2.000 W.



La tarde la pasé durmiendo en el hostal, porque llevaba levantada desde las 4’30 de la mañana y estaba reventada.

Al anochecer fui en coche a Jungmun Resort. Dejé el coche donde pude, no había muchas opciones y paseé por el lugar sin mucho entusiasmo. Hoteles enormes y lujosos, museos extraños y restaurantes caros. Nada del otro mundo.


Me volví a Seogwipo, porque allí no tenía mucho que hacer. Quería buscar algún sitio allí para cenar y lo encontré pronto. La calle en la que acababa la de mi hotel estaba llena de restaurantes de barbacoas. La calle estaba abarrotada de gente y salía un olorcillo increíble de las terrazas. Allí acabé la noche, con una enorme barbacoa de cerdo negro (la gran especialidad de Jeju), que viene acompañada de un montón de platitos con salsas, ensaladas, arroz… Al mejor estilo coreano. Acabaría repitiendo.