Camelus y Gérgal

Aunque os digan que Almería sólo tiene el Cabo de Gata, el desierto y las playas, es mentira. Es una provincia bastante rica donde puedes disfrutar de la playa, pero también de la nieve (Puerto de la Ragua), donde hay desierto, cuevas (Sorbas), reservas de animales (Oasys), excursiones multiaventura o visitar las Alpujarras Almerienses.

Una de las actividades más curiosas es la visita en camello. En Pechina en invierno, y en Mojácar en verano, se puede ir a una granja donde una alemana tiene un montón de camellos y dromedarios en los que te puedes montar, ver cómo los alimentan, cómo los cuidan. Había visto camellos, pero hasta que no me monté en uno no me di cuenta de lo grande que eran. Además, tuve la oportunidad de ver a un recién nacido. Tenía tan sólo unas horas de vida.


La visita se realiza normalmente los fines de semana, aunque se adaptan a tus peticiones, pues yo insistí en que sólo podía ir un jueves y no hubo ningún problema. Llegar a la granja es difícil porque, aunque está señalizado, el camino no es muy bueno, ni el asfalto tampoco y es fácil perderse y empezar a dar vueltas con el coche. Lo mejor es quedar con ellos en un punto conocido porque te van guiando en su todoterreno.

La ruta se realiza por las ramblas mientras se puede ver todo el paisaje típico del desierto. Dura unos 45 minutos o así y el precio es de 12€.

Desde allí mi visita continuó hacia la provincia de Granada, pero aún en Almería. A media horilla está Gérgal, un pueblo que en sí no es gran cosa, pero tiene un castillo bonito. Justo en lo alto de la villa, ya en la Sierra de los Filabres, podemos ver este castillo del s.XVI, famoso por ser foco de insurrección en la Rebelión de los Moriscos. El Conde de la Puebla tenía como alcaide al morisco Francisco de Puerto carrero y cuando ocurrió la rebelión, éste y su hijo degollaron a los cristianos y propagaron la sublevación por Almería hasta que fue descuartizado en Granada por el Marqués de Mondéjar.

El coche se puede dejar junto a la Iglesia de Ntra. Sra. Del Carmen. Hay que subir varias cuestas, pero no es difícil llegar. Y, desde aquí, se pueden hacer fotos bonitas del castillo.


El castillo no se puede visitar porque es privado. El actual propietario lo compró por 576000 pesetas en 1972 en la subasta pública y hoy es su vivienda particular. Es muy difícil visitarlo, aunque si encontráis al hombre (bastante peculiar, por lo que nos han contado) puede que os lo enseñe.

De hecho, desde 1996 está dispensado por el Director General de Bienes Culturales de la obligación de visita pública gratuita de al menos cuatro días al mes y cuatro horas cada día, ya que es Bien de Interés Cultural. Por llamar no perdemos nada, pero ya me había avisado de que es muy difícil. Yo ni lo intenté. Me conformé con sus vistas por fuera.

Y, con buscar la calle de Sebastián Pérez. Bueno, después de haber visitado ya las Casas de Sebastián Pérez, en Ávila, ahora ya sabemos que además de pueblo, tenemos calle   :) 



Compártelo

Entradas relacionadas