Japón - Día 3: Shinjuku

Levantándonos muy temprano y con unas agujetas impresionantes, tened en cuenta que hacíamos más de 2 km todos los días para ir a la estación y otros tantos de vuelta al hotel, más lo que andábamos durante el día viendo cosas… hicimos nuestra parada ya habitual en el Lawson Store para desayunar barato. Los dulces merecen la pena y por 100¥ tienes mucha variedad.

Desde la estación de Ueno nos dirigimos a Shinjuku. Y aquí sí que me dio a mí el maldito jet lag. Parecía un zombie y con un dolor de cabeza penoso. Aún así, ¿cuántas veces más en mi vida iba a tener oportunidad de estar aquí? Así que saqué fuerzas y palante.


Shinjuku, junto con Roppongi es donde Bill Murray tomó contacto con Japón en Lost in Translation. Cómo comprendíamos a Bill perdido entre una cultura, gente e idioma tan desconocidos y sin enterarte de nada...

Lo que más llama la atención de este barrio es su estación, la segunda mayor del mundo. Hay que tener muy bien aprendido por dónde se quiere salir, si no, se estima que puedes tirarte 40 minutos dando vueltas. Se jacta de ser la estación más concurrida del mundo. La razón principal de venir aquí tan temprano fue para visitar el edificio del Gobierno Metropolitano, el Tocho, uno de los edificios más altos de Japón. Es una oportunidad perfecta para poder observar Tokyo desde las alturas, ya que subir a otras torres a hacer lo mismo, como en Roppongi, cuesta dinero, mientras que aquí es gratis. El problema es que las colas son enormes, como siempre en Japón, así que hay que llegar con tiempo.


Nosotros preguntamos a la entrada si eran allí las visitas, como siempre, nos miraron con cara de susto, ni papa de inglés, mi poco japonés sirvió de eso, poco.

Como no nos enterábamos, al final salieron los guardias y nos llevaron escoltados para ponernos en cola. Éramos los primeros y había que hacer que cola los dos, de uno en uno. L  El mirador se encuentra en la planta 45, a 202 metros de altura. El ascensor es rapidísimo pero nos metieron a todos enlatados. Arriba a hay una cafetería y tiendas de recuerdos, y los famosos sellos gratuitos de souvenirs que están por todo Japón.

Las vistas son imponentes, parece un mar de edificios infinito.
Miradores 9.30-23.00, mirador norte cerrado 2º y 4º lunes del mes, mirador su cerrado primer y tercer martes del mes. Línea Toei Oedo a Tochomae, salida A3.




Cuando salimos del Tocho nos dimos una vuelta por Shinjuku Koen, pero nos desalentó la gran cantidad de mendigos que había durmiendo en sus tiendas de plástico improvisadas, por lo que decidimos dar un paseo sin rumbo disfrutando de los grandes rascacielos del barrio. Así llegamos al famoso Love Monument. Se encuentra situado en el Edificio I Land Tower. Y, aunque en sí no es gran cosa, se ha vuelto famoso por las fotos subidas por miles de viajeros a google earth. Y, como buenos envidiosos, también quisimos nuestra foto.


El este de Shinjuku es el barrio rojo de Tokyo, aquí encontrarás soaplands, casas de baños con final feliz, love hotels, cabinas pornográficas, uno de los centros gays más importantes de Asia… El barrio de noche es un poco inseguro, todo lo inseguro que puede ser Japón. La Yakuza está por todas partes y los pachinco inundan las calles.

Lo que más nos llamó la atención fue Electric Street. Una versión más moderna de la esencia de Akihabara, antes de que se convirtiera en el centro mundial del manga. Numerosas tiendas de electrónica, de pisos y pisos, se extienden por esta calle cuyos comerciantes salen a la calle con sus megáfonos en plan tómbola, te ponen la cabeza como un bombo, con tal de llamar la atención para vender sus ofertas. Las luces de colores inundan la calle, aunque sea de día, carteles por todos lados, neones, gente corriendo…

Deslumbrados por tantas lucecitas y por el jet lag nos metimos en uno de los famosos salones de máquinas recreativas, fui a hacer una foto y antes de que reaccionara apareció un yakuza con los tatuajes que los identifican que nos hizo la señal del no rotundo, con los brazos en cruz, mientras esbozaba un sumimasen, eso sí, muy educado. Pedimos perdón asombrados por su amabilidad y nos fuimos. 

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