Cómo es la visita a los Refugios de Almería


Durante la Guerra Civil, Almería sufrió 52 bombardeos. Por eso decidieron construir unos refugios subterráneos en el centro de la ciudad para albergar a sus habitantes, diseñado por el arquitecto Guillermo Langle y construidos por miles de voluntarios almerienses.

Hoy se pueden visitar desde la entrada que hay en la Puerta de Purchena. Hay que reservar antes, porque a mí me costó mucho entrar. Hacen grupos de unas cuantas personas y son visitas limitadas. La entrada cuesta 3€ y dura más de una hora.

Los refugios miden más de 4 km y la visita se hace durante 800 metros, parándose de vez en cuando para atender a las explicaciones del guía. Eran tan grandes que podían albergar a 40.000 personas, que entraban por el centenar de aperturas que había escondidas por la ciudad (bajo quioscos, en sótanos de particulares, iglesias…).

Mientras esperas a que llegue la hora de entrar puedes tomarte algo en las cafeterías de alrededor y disfrutar de la plaza más emblemática de Almería.

Al principio, la visita se realiza en la superficie donde ponen un vídeo con testimonios de almerienses que estuvieron refugiados allí. Son muy emotivos y algunos te ponen los pelos de punta.

Después bajamos por unas escaleritas y empezamos a recorrerlos. Lo que más impresionó fueron los garabatos que se pueden ver en las paredes de un tramo con dibujos de niños. En ellos se pueden ver las bombas cayendo desde el cielo.



También se puede ver una despensa, que estaba conectada con el Mercado Central, y la habitación privada del arquitecto, que estaba comunicada con su casa; ahora en ella hay muestras de juguetes de la época.



La visita termina en el hospital. En el pasillo se hizo una especie de sala de espera, con un banco. Aquí las paredes y el suelo son distintos, con mármol de Macael y con azulejos, para aislarlas mejor. Hay un botiquín y dos lavabos; y también un quirófano, que da mal rollo.


El guía contó que en una de las visitas que hizo, una mujer le dijo que había nacido en ese quirófano. Su madre venía huyendo por la costa, se refugió allí y dio a luz.


Fue una visita muy emocionante. La labor del guía fue muy buena y estaba muy documentado, se notaba que le gustaba lo que hacía.

Tras ver los de Cartagena y los de Berlín, os recomiendo que visitéis éstos porque son los mejores conservados de Europa, sin menospreciar a los de Berlín, de los que guardo un gran recuerdo también.

Más información:

Reservas:  950 268 696


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