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8 lugares imprescindibles que ver en Lequeitio en un día



El pasado de Lequeitio está unido a las ballenas, tal y como reza en su escudo “A los horrendos cetáceos sometió”, y en el que también aparece una ballenera tripulada y con arpones dando alcance a uno de estos animales con su cría. Aunque hace tiempo que en Lequeitio no se cazan ballenas, su puerto sigue siendo un lugar importante para los pescadores. La actividad pesquera fue tan grande que estaba regulada y controlada por la Cofradía de pescadores, en la que tenían derecho de elegir un alcalde que ejercía junto al alcalde elegido por el pueblo. Incluso tres de sus marineros acompañaron a Colón en su viaje al Nuevo Mundo.

Para comenzar tu visita, el coche lo puedes dejar en los aparcamientos que hay a la entrada del pueblo y seguir desde allí caminando hacia el centro dando un bonito paseo mientras disfrutas de las vistas de la arquitectura marinera vasca. Su casco urbano conserva aún la traza medieval y se organiza en torno a la calle Arranegi Kalea, que desemboca en la Plaza Arranegiko Zabala, donde se vende el pescado.


Qué ver en Lequeitio en un día

1. El puerto: sus estrechitas casas con coloridos balcones dan encanto al pueblo. Es una de las zonas más frecuentadas para irse de pintxos. Los de más fama: los de los bares Marina y Norai. Aunque el casco antiguo está también lleno de tabernas. Recuerda que el postre típico de Lekeitio es el Goxua, hecho con nata, bizcocho y crema pastelera. 



2. La Basílica de Santa María de la Asunción: un edificio imponente que se ve desde todo el puerto. Sorprende su envergadura para un pueblo de poco más de 7000 habitantes. Data del siglo XV y en su interior tiene el tercer mayor retablo gótico flamenco bañado en oro de España, por detrás del de las catedrales de Sevilla y de Toledo.


3. Edificios singulares: como el Ayuntamiento, construcción barroca del siglo XVIII, o la Torre Turpin, una de las residencias mejor conservadas de la época de los Reyes Católicos 



4. La Playa de Isuntza: la playa más famosa del municipio está junto al puerto. Desde ella sale el camino de cemento y piedra que te llevará a la isla de San Nicolás sólo cuando esté la marea baja.


5. La Playa de Karraspio: mucho más grande y menos frecuentada, desde ella también es posible acceder a la isla cuando haya bajamar, pero ahora andando directamente por la arena.


6. La isla de San Nicolás (Garraitz): el rincón más fotografiado de Lekeitio y lo que da lugar a su paisaje tan característico. El camino que lleva hasta ella desde la Playa de Isuntza es muy resbaladizo y hay que tener cuidado con controlar las horas a las que la marea empieza a subir. Allí puedes hacer una pequeña ruta de senderismo. Si la marea empieza a subir, sólo podrás esperar a que baje o volver a nado.



7. La desembocadura del río Lea: el río Lea divide las playas de Isuntza y Karraspio. Cuando la marea está baja, aparece la Playa Salvaje, un lugar más pequeño y rodeado de naturaleza.



8. El Faro de Santa Catalina: en él se encuentra el Centro de Interpretación de las Tecnologías de Navegación. Para llegar a él puedes hacerlo por un bonito paseo peatonal que hay junto a la carretera, encima de la Playa de Isuntza. El recorrido, de unos 1’5 km, ofrece unas vistas maravillosas del mar. Precio: 6€

Cuándo se puede ir a la Isla de San Nicolás (Isla de Garraitz)


A la isla sólo se puede acceder cuando esté la marea baja. Es entonces cuando aparece un camino resbaladizo que parte desde la Playa de Isuntza. La otra opción es esperar un poco más y hacerlo desde la Playa de Karraspio, donde el acceso es mucho más seguro.

Por lo general existen dos pleamares y dos bajamares cada 24 horas. Haz caso a los horarios de las mareas porque, una vez en la isla, la única manera que tienes de volver si está la mar alta es a nado.

🌅 Horario de las mareas en Lekeitio: https://tablademareas.com/es/vizcaya/lekeitio 



7 lugares imprescindibles que ver en Portugalete en una mañana


Sus más de 46.000 habitantes viviendo en 3’2 m², lo hacen uno de los pueblos con más densidad de población de España. La villa fue fundada en 1322 sobre una pequeña aldea marinera en una de las márgenes de la Ría de Bilbao y, desde finales de la Edad Media, su puerto se hizo famoso por ser el lugar de salida de la lana castellana hacia Flandes.

En el siglo XIX, la industrialización dinamizó su economía, que re vio reforzada por la llegada del ferrocarril, la construcción del Puente de Vizcaya y del muelle de hierro. Todo esto, unido a su playa y a su balneario, hizo que la nueva burguesía eligiera este enclave para establecer sus residencias veraniegas.



Qué ver en Portugalete en una mañana

1. El Puente de Vizcaya: Patrimonio de la Humanidad desde 2006, este puente transbordador une Las Arenas (Getxo) con Portugalete. Fue inaugurado en 1893, siendo el primero de su tipología en el mundo​ y uno de ocho que aún se conservan. Su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX. Puedes visitarlo subiendo en un ascensor panorámico a una pasarela peatonal que hay en la parte superior (8€) o montarte en el transbordador por 0’40€.


2. La Plaza del Solar: originariamente este era un asentamiento militar en el que se colocaban los cañones que defendían a sus habitantes. A finales del siglo XIX, pasó a ser una pequeña plaza coronada por un kiosco de música. Actualmente en ella también se encuentra el Ayuntamiento, ubicado en un edificio neoclásico de 1883. 



3. Monumento a Víctor Chávarri: próximo al Ayuntamiento se encuentra esta extraordinaria escultura de 1905 por la que su autor, Miguel Blay, obtuvo la medalla de oro en la Expo de París ese mismo año. 



4. La Basílica de Santa María de Portugalete: este templo del siglo XV, que ha sido reconstruido en numerosas ocasiones, se encuentra en la parte alta de Portugalete. En su fachada destacan dos gárgolas medievales y en su interior el mayor retablo renacentista realizado con madera de nogal del mundo.  Entrada gratuita.



5. La Torre Salazar: esta antigua casa de 1380 construida en mampostería, albergó una prisión en la planta baja y una vivienda en el primer piso. En su interior hay un museo dedicado a la historia de la ciudad y un lujoso restaurante.



6. El Museo Rialia: el Museo Rialia está dedicado al pasado industrial de Portugalete. Su muestra está basada en el fondo histórico de Altos Hornos de Vizcaya. Precio: 2€ 


7. El Mareómetro de Portugalete: data de 1883 y se encuentra ubicado al final del muelle de Churruca. Los datos que aporta se reflejan mediante una aguja, como si se tratara de un reloj. 


7 lugares imprescindibles que ver en Getxo en una mañana



En la margen derecha de la ría de Bilbao, Getxo se alza manteniendo aún el encanto de una de las zonas preferidas para vivir de las familias poderosas de principios del siglo XX. La burguesía industrial bilbaína de la época construyó aquí sus mansiones, en un entorno natural envidiable, de cuyas vistas aun puedes disfrutar hoy. 


Qué ver en Getxo en una mañana

1. El Fuerte de La Galea: conocido también como el Castillo del Príncipe, es una construcción militar del siglo XVIII. Desde su torre se podían vigilar las velas de los barcos que se acercaban y controlar el comercio marítimo. Allí mismo tienes una amplia zona de aparcamiento, donde dejar tu coche y aprovechar para caminar por el paseo de La Galea, desde el que disfrutarás de las vistas de los acantilados que recorren la Ría de Bilbao y del Molino de Aixerrota.


2. El Puente de Vizcaya: Patrimonio de la Humanidad desde 2006, este puente transbordador une Las Arenas (Getxo) con Portugalete. Fue inaugurado en 1893, siendo el primero de su tipología en el mundo​ y uno de ocho que aún se conservan. Su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX. Puedes visitarlo subiendo en un ascensor panorámico a una pasarela peatonal que hay en la parte superior (8€) o montarte en el transbordador por 0’40€.


3. Las Galerías de Punta Begoña: puedes ver este extraño edificio de 1919 en frente del Paseo Marítimo. Su diseño lo realizó Rafael Bastida para contener la ladera del muelle Arriluze, y formaban parte del desaparecido palacio de la familia Echevarrieta, quienes las usaban como lugar de recreo o para hacer negocios. Una familia de las más pudientes de la época, que fue impulsora de Iberia, del metro de Barcelona y de la urbanización de la Gran Vía de Madrid. Hoy sólo se puede ver su interior solicitando una visita guiada que organiza el Ayuntamiento de Getxo. 


4. El Puerto Viejo de Algorta: lugar pintoresco, que mantiene el encanto de los antiguos puertos pesqueros y donde algunos dicen que nació el kalimotxo. Para visitarlo, puedes ir en tu coche o coger el autobús de la Línea A3472. 


5. Palacio de Lezama: el edificio construido para la familia Lezama-Leguizamón, vinculada a la minería y al BBVA, data de 1902 y está inspirado en el Palacio Monterrey de Salamanca. Actualmente sigue siendo habitado por los integrantes de esta poderosa familia. 


6. El Paseo de las Grandes Villas: recorriendo este bello paseo junto al mar, podrás apreciar increíbles villas de finales del XIX y principios del XX, pertenecientes a la clase social que creó el barrio de Neguri en el que se encuentran. En la zona destacan palacios como el de Eguzkialde, también conocido como la Casa de la Alcaldesa por pertenecer a Pilar Careaga (la primera alcaldesa de Bilbao, el Palacio San Joseren, el Palacio Kai-Alde, el Itxas Begi, o el Palacio del Marqués de Olaso.



7. Monumento a Churruca: de estilo art-decó está compuesto por una torre-faro que representa el triunfo del hombre sobre el mar. Delante de esta especie de obelisco se encuentra una estatua que representa la Industria y otra que representa la Navegación. Sentado en la torre aparece la figura de Evaristo de Churruca, ingeniero navarro que canalizó la Ría y se encargó de las obras del puerto de Bilbao. El monumento es obra de Miguel García de Salazar, quien la esculpió en 1939. 


Dónde aparcar en Getxo

Getxo es uno de los enclaves elegidos por los que van a visitar Bilbao y quieren ahorrarse un parking, o el pago del OTA. De hecho, puedes aparcar en Getxo, visitarla por la mañana y coger el metro hacia el centro de Bilbao para seguir pasar el resto del día allí.

Para visitar la zona de la Galea y el Puerto Viejo de Algorta, es mejor que vayas en coche, veas estas zonas y aparques luego en un sitio más céntrico.

El coche lo puedes dejar gratis en el Muelle de Ereaga, cerca de la Oficina de Turismo, en el Puerto Deportivo, en la calle Arkotxa y frente al Palacio de Lezama.

Qué ver en Plasencia en un día, pueblo de entrada al Valle del Jerte



Plasencia es la ciudad que da entrada al Valle del Jerte y donde comienzan (o acaban) las rutas para ver sus famosos cerezos en flor, aunque oficialmente no pertenezca a éste porque reza como ciudad independiente, no está adscrita a ninguna comarca.

Su fundación se remonta al siglo XII, dentro de las campañas de Alfonso VIII para la Reconquista, teniendo al oeste la frontera del reino de León y la de los musulmanes al sur. La frontera leonesa estaba marcada en esta zona por la Vía de la Plata, una importante calzada romana que hoy se usa como ruta de senderismo.

Actualmente, con poco más de 40.000 habitantes, es el segundo núcleo más poblado de la provincia de Cáceres y el cuarto de Extremadura.


Qué ver en Plasencia en un día

1. Las Murallas: Plasencia estaba rodeada por una gran muralla construida en el siglo XIII. Contaba con siete puertas y dos postigos. La principal es la puerta de Trujillo o de la Salud. De 71 torres que vigilaban el acceso al interior hoy sólo quedan 21, siendo la más importante la Torre Lucía, que alberga actualmente el Centro de Interpretación Medieval de la ciudad.


2. La Plaza Mayor: plaza porticada, centro del casco histórico de Plasencia. Presidida por el edificio del Ayuntamiento (s. XVI) y por el de la antigua cárcel (s. XVII), de ella nacen las principales calles del casco antiguo, que estaban conectadas con las puertas de las murallas. Está llena de bares y restaurantes.

3. El abuelo Mayorga: si miras arriba, en el edificio del Ayuntamiento, verás al personaje más famoso de Plasencia. El abuelo Mayorga es un autómata relojero que da las horas en la plaza. Existen testimonios que hablan de él desde el siglo XV, aunque la pieza actual pertenece a principios del XX.


4. Las dos catedrales: 

⬢ La Catedral Vieja: la Catedral de Santa María data de los siglos XIII-XIV y refleja la transición del románico al gótico. Lo que más llama la atención de ella es la Torre del Melón, cuyo nombre se debe a la bola que tiene en su parte superior.


La Catedral Nueva: en el siglo XVI la antigua catedral se quedó pequeña y construyeron esta ampliación con portadas platerescas. En su interior está la tumba de Ponce de León. Las dos catedrales están unidas por medio del claustro.


5. La Casa del Deán: justo en frente de la catedral, se levanta este palacio del siglo XVII, cuyo balcón corintio neoclásico llama la atención de todos los visitantes. Hoy es una sala de exposiciones.



6. El Palacio de los Monroy: se trata de la mansión más antigua de Plasencia (s. XIII). Se la conoce como la Casa de las Dos Torres por las dos torres que tenía antiguamente y en ella se hospedaron personajes como el rey Fernando o San Pedro de Alcántara. Una de sus torres se derribó por el mal estado que quedó tras el Terremoto de Lisboa (s. XVIII), que también se sintió en la ciudad.

7. La Casa de las Argollas: casa palaciega que debe su nombre al conjunto de argollas que muestra en su fachada y que simbolizan la especial jurisdicción que ésta tenía (derecho de asilo, derecho de portazgos…). En esta famosa casa se llevó a cabo la boda entre la reina Juana de Castilla, con Alfonso V de Portugal.

8. El Palacio del Marqués de Mirabel: la edificación civil más importante de Plasencia fue mandada construir en el XV por Álvaro de Zúñiga, Duque de Plasencia. el palacio está conectado con la iglesia y el convento de San Vicente Ferrer a través de un jardín colgante, y en su interior se encuentra el Museo de Caza.

9. La Capilla de las Claras: la Oficina de Turismo de Plasencia se encuentra ubicada en este antiguo convento del sigo XV.

10. El Parador Nacional: situado en el magnífico convento de Santo Domingo del siglo XV, sus estancias están construidas con paredes de piedra y techos abovedados. El antiguo convento fue construido por los condes de Plasencia como promesa para que mejorase la salud de uno de sus hijos. Para ello tuvieron que expropiar los terrenos de la antigua sinagoga mayor de Plasencia y parte de la aljama judía.

11. La Iglesia de San Nicolás: de elementos románicos y góticos.  Las capillas del interior de la iglesia fueron utilizadas como lugar de enterramientos de nobles de la villa, como la de D. Francisco de Loaisa o la del obispo de Coria Pedro de Carvajal Girón.

12. El Acueducto de Plasencia: su construcción se llevó a cabo en el siglo XVI para traer agua desde las sierras de El Torno y Cabezabellosa.

Dónde aparcar gratis en Plasencia

Plasencia por ahora se libra de la zona azul para aparcar. No obstante, su centro es difícil para transitar con el coche y para encontrar aparcamiento.

Lo mejor es alejarse un poquito del centro y buscar hueco por el Paseo de la Ribera, por la Avenida del Valle (Paseo Caño Soso), o por la Avenida Juan Carlos I (algo más alejada).


Otras visitas cercanas:

➤ Ruta de los cerezos del Valle del Jerte
➤ Senderismo: Cómo llegar a Los Pilones de la Garganta de los Infiernos




Cómo es la visita al Castillo de Barajas



Conocido como Castillo de Barajas, el Castillo de La Alameda es un monumento de Madrid poco visitado. Se sitúa en Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas, y está muy cerca del Parque del Capricho. De hecho, te aconsejo que complementes la visita con estos dos espacios.

Su construcción se remonta al siglo XV, en una aldea de repoblación fundada en el XIII: La Alameda. Bajo sus cimientos se sabe que originariamente la zona estuvo ocupada por un primitivo poblado del año 2000 a. C. Su privilegiada posición, sobre el arroyo de Rejas y dominando el paso de la ruta hacia el valle del Ebro, hizo que se reocupara varias veces a lo largo de la historia.


La familia Mendoza se hizo con el control de la aldea de La Alameda en el siglo XIV y fue la encargada de construir esta edificación para que sirviera como refugio para los partidarios de la Beltraneja tras la batalla de Toro.

En el sigo XVI pasó a manos del mayordomo de Felipe II, Francisco Zapata y Cisneros, quien fue nombrado primer conde de Barajar y señor de la Alameda. Fueron los Zapata los que llevaron a cabo su remodelación para convertirlo en un magnífico palacio renacentista. Su foso pasó a ser un bonito jardín. Ellos también fueron los que utilizaron esta residencia como cárcel para personajes nobles, como el III Duque de Alba, el temido gobernador de Flandes.



En 1697 un incendio acabó con el castillo. Sus restos son utilizados durante bastantes siglos por los habitantes de la aldea como material para sus casas, e incluso para la construcción de obras notables, como El Capricho o el panteón de los Fernán Núñez. Para más desgracia aún, durante la Guerra Civil, lo que aún quedaba sirvió como asentamiento de ametralladoras.



Afortunadamente, y tras varios años de trabajo, hoy se puede ver la restauración de gran parte del castillo, una de las pocas fortalezas militares que queda en Madrid.

El recinto estaba formado por un edificio y una barbacana. Tenía una Torre del Homenaje cuadrangular y otra más pequeña y circular. Además contaba con un foso que lo rodeaba y con la Casa del guarda, antigua Casa del Mayordomo (Gobernador). Sus muros estaban construidos con piedras irregulares de sílex trabadas con mortero de cal. Las estancias principales se encontraban en la Torre del Homenaje y las demás (las cocinas, la capilla, algunos salones…) se repartían en un edificio de dos plantas en torno al patio.


Su entrada es gratuita y la visita es rápida. Comienza en la taquilla, donde se proyecta un vídeo sobre la historia y la construcción del castillo y, a continuación, se pasa al recinto para pasear por su exterior a través de pasarelas con carteles explicativos. También es posible apuntarse a las visitas guiadas que ofrecen dos sábados al mes, a las 12’00. Para ello, basta con reservar antes por email o por teléfono. Su personal es súper simpático, por lo que te animo a que vayas y aprendas un poco más de la historia de Madrid.

➨ Sólo abre los sábados y los domingos.


   CASTILLO DE BARAJAS – CASTILLO DE LA ALAMEDA   
Calle Antonio Sancha , 1. Distrito Barajas. Madrid
Teléfono: 913 667 415
castilloalameda@madrid.es
www.madrid.es/castilloalameda

14 sitios imprescindibles de Dublín - Qué ver y qué hacer en Dublín



Dublín no es muy grande, su centro es muy asequible a pie y los lugares más representativos se pueden ver uno o dos días. Dejando a un lado sus monumentos y museos, lo mejor de Dublín es su gente, amable y acogedora como en pocas ciudades de Europa. Aquí os dejo una muestra de lo que podéis ver y hacer en esta capital:

1. Tomarse un café irlandés en Temple Bar: su nombre se debe a Sir William Temple, quien adquirió los terrenos en 1600. Hoy es uno de los barrios más llamativos de Dublín, los pubs están abiertos desde bien temprano y el ambiente cultural y fiestero se respira en cada callejuela. Las pintas y los cafés irlandeses (sin nata montada) son las estrellas de los pubs.


2. Conocer el Libro de Kells en el Trinity College: la universidad más antigua de Irlanda fue fundada en 1592 por Isabel I y en ella se graduaron personajes de la talla de Swift, Wilde o Becket. En su biblioteca hay casi tres millones de volúmenes. La sala principal cuenta con los 200.000 más antiguos, así como el arpa más antigua del país. Su joya es el Libro de Kells, que contiene los cuatro Evangelios escritos en latín en el siglo IX. Es la zona más visitada del complejo. www.tcd.ie


3. Visitar estructura más antigua de Dublín en la Christ Church Cathedral: los orígenes de la catedral se remontan al siglo XI, cuando el rey vikingo Sigtrygg Silkiskegg construyó allí un templo de madera. Hoy, tras muchas ampliaciones y remodelaciones, Christchurch conserva un estilo gótico sublime. En su interior se encuentra la capilla del obispo San Lorenzo O’Toole, y la cripta catedralicia más grande las Islas Británicas. Aunque es un templo protestante, el Vaticano lo reclama como catedral católica.


4. Conocer la Puerta del Capítulo en St Patrick’s Cathedral: la mayor iglesia de Irlanda se construyó en el siglo V junto al pozo en el que San Patricio bautizaba a los conversos. En su interior se encuentra uno de los coros más importantes de Irlanda, pues es la única catedral de las Islas Británicas en la que se realizan dos misas cantadas al día. Su coro se hizo famoso por participar en la primera presentación del Mesías de Handel. Además del coro, merece la pena ver La Puerta del Capítulo, en la que se hizo un agujero por el que estrecharon sus manos los condes de Ormond y Kildare para acabar con sus enfrentamientos.


5. Aprender a tirar una pinta en la Guinness Storehouse: en la antigua nave de fermentación de la fábrica de Guinness, se encuentra este museo donde se exhibe contrato de arrendamiento de la cervecería por 9.000 años, firmado por Arthur Guinness en 1759. A lo largo de sus siete plantas se puede ver de manera interactiva el proceso de realización de la cerveza. Con la entrada general tenéis derecho a un ticket que podréis canjear para entrar en la Academia Guinness, donde os enseñarán a tirar bien una pinta de cerveza.
Precio de la entrada a la Guinness Storehouse: variable, dependiendo del día y la hora. 



6. Recorrer O’Connel Street: la principal arteria de Dublín comienza en Parnell Street y termina en el puente O’connell. En ella se encuentra The Spire, un monumento de 120 metros, construido en el 2003 en el lugar en el que se encontraba el monumento al Almirante Nelson, destruido por el Ira. A lo largo de esta gran avenida también hay grandes monumentos históricos del siglo XIX, como el Hotel Gresham, los almacenes Clery’s o la Oficina Central de Correos.


7. Conocer a Molly Malone en Grafton Street: una calle peatonal llena de artistas callejeros y tiendas. Justo donde acaba la zona peatonal, en la intersección con la calle Nassau, está la estatua de Molly Mallone. En 1880, James Yorkston compuso la canción Cockles and Mussels (Berberechos y Mejillones), que cuenta la historia de una vendedora ambulante que murió de fiebre en plena calle. La leyenda negra dice que por la noche era prostituta, pero no hay ninguna evidencia de ello. La canción es todo un himno en los pubs y, en su memoria, queda esta estatua y una fiesta en su honor cada 13 de junio: el Molly Malone Day. La última vez que fui había sido trasladada por obras a Suffolk Street.



8. Descansar en alguno de sus parques: los tres parques más famosos son:
▪  St Stephen Green: en pleno centro de la ciudad, es uno de los más antiguos del país (s. XVII).
▪ Phoenix Park: con más de 700 hectáreas, es el parque urbano más grande de Europa. En él podéis ver ciervos paseando. La mejor manera de visitarlo es alquilando una bici en la entrada.
▪ Merrion Square Park: un remanso de naturaleza en medio de edificios tan importantes como el Senado, el Museo de Historia Natural o la Galería Nacional. Por él se solía pasear Oscar Wilde, y hoy podemos ver su estatua en uno de los extremos del parque.


9. Conocer el antiguo Castillo de Dublín: bastante austero por fuera, ha tenido un montón de funciones a lo largo de la historia: asentamiento vikingo, fortaleza militar, residencial real, sede del Tribunal de Justicia… Hoy sólo se realizan en él las recepciones estatales. 
Precio de la entrada al Castillo de Dublín: 7€ general, 10€ la visita guiada. 


10. Rodearse de gente elegante en el Powerscourt Centre: situado en una bonita casa georgiana de Grafton Street, en el siglo XVIII se convirtió en el lugar de fiestas más reputado de todo Dublín. Hoy está lleno de tiendas de lujo y restaurantes, e incluso cuenta con un pequeño teatro. http://www.powerscourtcentre.ie/



11. Comprar algo en los Mercados callejeros: los mercados están siempre llenos de vida y suelen funcionar hasta las 17:00. Hay un montón desperdigados por toda la ciudad, como el Moore Street Market, en el que se venden frutas, verduras y flores; el Temple Bar Food Market, con productos orgánicos; o el Designer Mart en la calle Cow’s Lane (también en Temple bar), dedicado a la ropa y a la decoración.



12. Asistir a un concierto de música tradicional irlandesa: la mayoría de los pubs de Temple Bar tienen música en directo. Pero si os gusta la música celta, también podéis asistir a uno en:
  • Merry Ploughboy Pub
  • The Brazen Head
  • The Irish House Party
  • Belvedere Irish Night en el Belvedere Hotel


13. Cruzar el Ha’Penny Bridge: el puente peatonal más famoso de Dublín recibe su nombre por su forma similar a una moneda de medio penique y por ser ese el peaje que se tenía que pagar por cruzarlo.


14. Hacer una visita a un lugar cercano: hay muchas empresas que se dedican a organizar visitas de un día a otros lugares de Irlanda. Las más famosas:

Los precios van entre 25 y 60€, y son más baratos en los mostradores de allí, que comprándolas en páginas españolas.


Otros lugares:

Dublín tiene mucho que explorar. Visitar la Cárcel de Kilmainham para aprender sobre la historia de los activistas irlandeses, pasarse por alguno de sus museos gratuitos (Museo Nacional de Arqueología, de Historia Natural, de Artes Decorativas…), aprender sobre el whiskey en la Antigua Destilería Jameson o sobre el hurling en Croke Park, son otros de los planes que podéis hacer si tenéis tiempo.