Japón - Día 2: Odaiba


Odaiba significa Fortificación, esa era la función que tenía cuando el sogunato la creó en el siglo XIX. En los 90 se convirtió en el conglomerado de terreno ganado al mar que vemos hoy. Aquí se puede disfrutar del paisaje futurista que se creó en plena burbuja económica. Todos los edificios llaman la atención, pero, sin duda, el más llamativo es el famoso Fuji TV con su gran bola observatorio y la copia de la estatua de la Libertad. Odaiba es en sí una isla llena de oportunidades para consumir. Aunque sus playas también ofrecen la oportunidad de sentarse a tomar el sol, ya que están sucias para bañarse. Decenas de jóvenes tokiotas enseñaban musculitos ante los ojos de las japonesas embelesadas sentados en plásticos en vez de toallas de playa. ¿No se les pegará el culo al plástico con el calor húmedo de Tokyo en agosto? Por lo visto no, porque no sólo se hace en la playa, sino que también en los parques se tumban sobre plásticos. ¡!



Delante del edificio de la Fuji TV había una especie de feria, no sabía de qué. Pero un chico llevaba un cartel con cosas escritas que no entendí y me llevó a una cola. Le pregunté en inglés, pero no había manera. Al final, todo desesperao me puso en la cola gritando "Free, free". Bueno, pues si es free, vamos a verlo. 


Total, era para participar en un juego de bolas, tirabas bolas que estaban metidas en unas pistolas con forma de cántaro de leche y con colores de vaca, y tenías que darle a una diana. Yo perdí, todo el mundo me aplaudió con euforia (yo no sé si se estaban cachondeando de mí o les hacía ilusión que una occidental participara en eso - era la única de la cola) y me dieron un bote de zumo asqueroso. 

No sé ni de qué sabor era. De todos modos, si ganabas, la cosa no se arreglaba mucho: ¡Al ganador le daban 2 zumos asquerosos! No entendí el juego la verdad. 


Después fui  al centro comercial más famoso: el Venus Fort, en Palette Town. El más pijo de toda Odaiba, está decorado con estilo renacentista italiano, con un falso techo que ofrece falsos amaneceres y puestas de sol. Sus restaurantes están especializados sobre todo en comida italiana y, aunque son asequibles, son un poco caros.




Justo al lado encontré el Toyota Mega Web donde pude observar coches Toyota de todas las clases, hasta uno de Pokémon. Su museo gratuito te permite ver reliquias de todo tipo. Además, también ofrece otras actividades como juegos para niños que hacen de pequeños mecánicos.





Y terminé mi visita en la gran noria Daikanransha. De 115m, es una de las más grandes del mundo. La vuelta dura 16 minutos y por la noche está llena de luces de colores. El trayecto cuesta unos 900¥. http://www.daikanransha.com/


De vuelta a casa ya de noche, cogí tren. Esta línea Yurikamome no entra con el JR por lo que hay que pagar aparte. Como había una especie de festival cerca del Gundam, decidimos volver otro día, porque Odaiba engancha. Es el Tokyo que nos viene a la mente, con todos sus clichés futuristas, cuando pensamos en esta ciudad. 

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