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La manera más sencilla de subir a la cima de Hallasan - Jeju



Para ascender a Hallasan hay cuatro rutas distintas. Sin embargo, sólo dos de ellas llegan hasta la cima de la montaña.

1. Gwaneumsa Trail:

🌄 Distancia: 8’7 km (ida).

🌄 Duración: unas 9 – 10 horas.

🌄 Llega a la cima.

🌄 Parking: al norte de Hallasan, a un kilómetro del Templo Gwaneumsa.

2. Seongpanak Trail:

🌄 Distancia: 9’6 km (ida).

🌄 Duración: 9 horas.

🌄 Llega a la cima.

🌄 Parking: Seongpanak Carpark

🌄 Los autobuses 781, 781-1, 782, 782-1, 782-2 llegan al inicio de ruta.

3. Eorimok Trail:

Distancia: 4’7 km (ida).

Duración: 3 horas.

No lleva hasta la cima.

4. Yeongsil Trail:

Distancia: 3’7 km (ida)

Duración: 2 horas.

No lleva a la cima.

La manera más sencilla de subir a la cima de Hallasan

Aunque, a priori, te puedan asustar los 9’6 kilómetros que dura la ruta Seongpanak, es la más sencilla para llegar al punto más alto de Corea del Sur. El otro camino que lleva allí, Gwaneumsa, dice que es algo más pintoresco, pero es más estrecho, no hay transporte público que lleve allí y es más fácil que cuando llegues esté cerrado de improviso debido al tiempo.

Una vez en la entrada, que está justo delante del parking gratuito (al menos cuando yo fui), tienes que mirar muy bien el horario y si te da tiempo a hacer el camino. Puede ser que vayas justo de tiempo y no te dejen subir a la cima:

Horario del Seongpanak Trail

De noviembre a febrero:
★ Abre a las 6’00.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 12’00.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 12’00. Si no has llegado a este punto de la ruta a esa hora, te harán volver y no podrás seguir subiendo.

Mayo y agosto:
 Abre a las 5’00.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 13’00.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 13’00.

Marzo, abril, septiembre, octubre:
 Abre a las 5’30.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 12’30.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 12’30.


El sendero se divide en tres tramos: fácil al principio, normal en medio y difícil los últimos 2’3 km, en el que hay que salvar un desnivel muy grande en poca distancia.

De vez en cuando es posible ver mapas que dicen en qué kilómetro estás de la cuesta y cuánto te queda para llegar. Pueden ser muy alentadores y que te den ánimo para seguir subiendo, o todo lo contrario.


El camino comienza con desnivel pequeño por un ancho sendero rodeado de naturaleza, incluso hay alfombras en el suelo para que el leve ascenso sea más llevadero. Aunque eso es sólo al principio. Después de atravesar este tramo, viene uno lleno de pasarelas y escaleras de madera, que también es muy sencillo. 


Cuando hayas llegado a Sokbat, ya llevarás hechos los primeros 4’1 km. Allí hay una zona de descanso protegida de la lluvia y del sol, y unos aseos con fosa séptica. Los más sucios que he visto en este país.


El ascenso continúa por escaleras de madera y senderos, hasta que comienzan las escaleras de piedra. Allí empieza lo jodido. Tanto para subir, como para bajar. Las rocas se escurren con tanta humedad y mucha gente se tuerce el tobillo y se cae en este tramo. Hay que ir con mil ojos. Es el camino llamado “normal”.



Con esfuerzo llegarás a Jindallaebat. Aquí está el checkpoint en el que comprueban que vas a buen ritmo. Si no llegas a este punto en la hora marcada, te cerrarán la valla y tendrás que dar media vuelta. Aquí hay otra zona de descanso y la última oportunidad de ir al baño. Comienza el tramo duro.




Los últimos 2’3 kilómetros los harás por caminos llenos de rocas deslizantes hasta que llegues a las pasarelas. Desde allí el paisaje es increíble. Te dará ánimo para seguir subiendo.



Parece que las escaleras no acaban nunca, pero antes de que te des cuenta llegarás a la cima: el Lago Baeknok. Habrás conseguido subir a 1.950 metros de altura. Si tienes suerte, podrás disfrutar de las vistas del lago, pero lo normal es que esté inundado por la niebla.


Una vez arriba, no te olvides hacerte una foto con la roca. En la entrada del camino, junto al parking, hay una taquilla en la que puedes adquirir un certificado de tu hazaña para llevártelo de recuerdo a casa. Pero para eso, hay que demostrar que lo has hecho. Si no enseñas esta foto, no lo podrás comprar. Son muy estrictos.


En el Lago Baeknok no acaba la ruta, ésta sigue hasta unirse con el Gwanneumsa Trail. Si no quieres darte media vuelta y volver al parking, puedes seguir caminando cuesta abajo los 8’7 km que tiene este camino. Para hacer esto, tienes que haber empezado el descenso por él antes de las 14’30, pero puede que esté cerrado.


No obstante, si quieres y puedes continuar andando, ten en cuenta que en Gwanneumsa tendrías que coger un taxi de vuelta al parking de Seongpanak para coger tu coche o el autobús, coger un taxi hasta tu hotel o ir andando un kilómetro más hacia el parking y rezar porque pase algún autobús, porque por allí no son frecuentes.



Cosas a tener en cuenta para subir a Hallasan

🌄 Trae comida y bebida de sobra: no hay nada para comprar allí. Tan sólo hay una tienda, pero está a la entrada. Se supone que hay dos fuentes a lo largo de los 9 km, pero yo no las encontré.

🌄 Al haber tantísima humedad, se pierde mucha agua. No está de más que te eches bebidas tipo Aquarius para reponer las sales minerales e hidratarte.

🌄 Lleva calzado adecuado: el camino es de montaña, es rocoso y, además, se escurre.  Nada de chanclas.

🌄 Lleva crema solar.

🌄 En la cima, hace viento y fresquito en verano. Un chubasquero fino no te vendrá mal.

🌄 Ten en cuenta que el tiempo aquí es imprevisible. Puede cambiar de un momento a otro.




Lugares imprescindibles que ver en Udo Island, la Isla de la Isla



Udo es una islita a 3’5 km de la costa de Jeju, que se formó como resultado de una erupción volcánica en la era del Cenozoico. El nombre de Udo proviene de su forma, que dicen que se asemeja a la cabeza de un búbalo o una vaca acostada. También se la conoce como La isla de la isla, por se la isla más grande que tiene Jeju.

Durante la dinastía Joseon, los coreanos empezaron a visitar la isla para cuidar los caballos del rancho real que el gobierno construyó allí en 1697. Hasta 1842, no se permitió la entrada a la gente que no trabajaba en la isla. Año en el que el intelectual Kim Seok Rin se estableció en ella con su familia.


Hoy es una gran atracción turística y recibe miles de visitantes al año. La isla es pequeña. Tan sólo tiene 6 km² y se puede recorrer en coche, alquilando allí mismo una moto o cualquier otro vehículo eléctrico, comprando un ticket para el autobús turístico con viajes ilimitados o andando. El Udo Olle Trail recorre el islote a lo largo de 16’1 km. Escasean las sombras, así que ve preparado. Algunos de los sitios más famosos que se recorren son: 

1. Ju-Gan-Myeong-Weol: en esta cueva marina, todos los días, desde las 10’00 hasta las 11’00, el reflejo del sol crea la ilusión de una luna llena sobre el agua y su techo. Esto hace que tenga unas connotaciones muy místicas.

2. Dog-An-Gyeong-Gul: una leyenda local cuenta que aquí habitaba una enorme ballena. Se puede entrar a la cueva cuando está la marea baja.

3. Ji-Du-Cheong-Sa: un paisaje lleno de verde hierba que se funde con el azul del cielo y que se puede ver desde la cima del pico Udobong.


4. Cima del pico Udobong: durante su sencillo ascenso, obtendremos vistas impresionantes del mar y de Jeju. Es uno de los paisajes más bonitos de la isla. El camino también llega al faro y al observatorio.


5. Hu-Hae-Seok-Byeok: un gran acantilado de 20 metros altura que también forma parte del pico Udobong. 

6. Keomeole Beach: una playa de arena negra rodeada por rocosos acantilados. Es el lugar donde se alquilan motos de agua y botes para llegar a la cueva de Dog-An-Gyeong-Gul.


7. Biyangdo: una especie de isla pequeñita negra, con un faro amarillo y negro, que está conectada a Udo por medio de una estrecha carretera.

8. Hagosudong Beach: pequeña playa de arena entre rocas y acantilados. Es de poca profundidad y en ella hay restaurantes y sitios donde hacer barbacoas.   

9. Seo-Bin-Baek-Sa: excepcional playa de arena blanca junto a un mar azul esmeralda, que se encuentra en la costa oeste de la isla.


En todas las paradas del autobús, hay puestos en los que comprar el producto estrella de Udo: el helado de cacahuete.  Los cacahuetes se plantan allí mismo y hay toda una ruta diseñada para que pruebes todas las variedades de los helados de esta isla.



➤ Cómo llegar a la isla de Udo y cuánto nos cuesta

Día 11: Corea – Subiendo al Monte Hallasan (Jeju)



El día había amanecido muy nublado, así que tuve que cambiar de planes. Mi idea inicial era subir a la montaña más alta de Corea del Sur siguiendo el Gwaneumsa Trail, un sendero de 8’7 Km que llevaba a la cima. Se lo comenté a los dueños del hostal y me dijeron que podía estar cerrado. Que no me arriesgara y que subiera por el sendero del Seongpanak Trail, que casi siempre estaba abierto.

Les hice caso y subí por una carretera muy pintoresca hasta la base. Allí había un amplio parking gratuito, un conbini, unos aseos y las taquillas. Pero, sorprendentemente, la entrada era gratuita.

Me dispuse a iniciar el ascenso, pero en la entrada me avisaron de que, si no estaba en Jindallaebat Checkpoint antes de las 13’00 h, que no me iban a dejar subir a la cima y que me harían dar media vuelta. Miré mi reloj y empecé a caminar.

El paisaje era impresionante. No parecía estar en Jeju. Ya me había acostumbrado al sol, a las playas, a la arena… Nada de eso. Bosque muy frondoso y humedad a tope. No he sudado más en mi vida. Se suponía que a lo largo del sendero había dos fuentes, pero no las encontré. Y la gente a la que le preguntaba, tampoco. Menos mal que llevaba bastante agua.


El inicio fue bastante llevadero, un paseo. Pronto llegué a Sokbat, una zona de descanso con baño. Un ascazo. Los aseos estaban realmente sucios y olían fatal.

El resto del camino no fue tan llevadero. Algunos tramos tenían pasarelas y escaleras de madera, y otros estaban llenos de piedras escurridizas que te hacían los tobillos polvo.

A las 12’00 llegué a Jindallaebat, había conseguido estar en el checkpoint una hora antes de que lo cerraran. Perfecto. Me senté un poco en el área de descanso, pero no me atreví a ir al servicio. Total, con tanto sudar, no hacía ni falta.

Desde allí el camino se fue complicando cada vez más por culpa de las piedras mojadas, hasta que por fin llegué a las pasarelas que llegaban a la cima.


En la cima se encuentra el lago Baeknok, pero es muy difícil verlo porque casi siempre está cubierto por la niebla. En mi caso, también fue así.


Después de comer allí mismo, empecé mi descenso. Cuando llegué a la entrada, un señor me dijo que fuera a la taquilla señalándome una especie de diploma que había conseguido. Fui y me dijeron que, si había logrado ir hasta el pico, que podían venderme un certificado con mi nombre por 1.000W. Les dije que sí y me insistieron en que, si no les enseñaba una foto de mi hazaña para que pudieran comprobarlo, no me lo podían dar. Menos mal que tenía. Aquí tenéis más información sobre la manera más sencilla de subir a la cima del Hallasan.


Desde allí, volví al hotel. Me duché, descansé un poco y me fui al aeropuerto para devolver el coche. Mi vuelo salía por la mañana muy temprano y no estaba abierta la oficina.

Lo entregué y cogí el Airport Limousine Bus 600, que me llevó a Seogwipo en una hora y media. Llegué con tiempo suficiente para darme una vuelta por el pueblo, visitar su mercado, cenar y ver por última vez su puente iluminado.



Quedé con la dueña del hostal en que me reservaría un taxi para la mañana siguiente a las 5’00. En el aeropuerto cogería el avión que me llevaría a Fukuoka, en el país vecino.


Día 10: Corea – Visitando Seongsan Ilchulbong, el tubo de lava de Manjanggul y Seongeup Folk Village (Jeju)



Después de mi visita agridulce por la isla de Udo, me dirigí al cono volcánico de Seongsan Ilchulbong. Está a muy poca distancia de Seongsan Port y tiene un gran aparcamiento en su base.

Uno de los monumentos naturales más impresionantes de Jeju es este monte en forma de cono que está unido a la tierra formando una curiosa península. El ascenso no es fácil, pues hay que salvar sus 90 metros de altura en muy poco recorrido. Su origen es fruto de una enorme erupción volcánica ocurrida hace miles de años. Arriba no esperes encontrar el cráter de un volcán. Lo que hay es una gran extensión de tierra toda cubierta de hierba y desde las que hay unas bonitas vistas al mar. Precio: 2.000 W.


Tras la visita, me dirigí hacia el túnel de lava más visitado de la isla y uno de los más delgados del mundo: el de Manjanggul. Me fue muy difícil encontrar aparcamiento allí por la cantidad de turistas que había. En sus alrededores hay un restaurante y muchas zonas verdes para descansar.


Después de comprar la entrada y de bajar las escaleras, me adentré en un impresionante pasillo subterráneo de 1 km de largo. La cueva entera mide más de ocho.


Estalactitas, estalagmitas, la columna de lava más grande del mundo (7’6 m)… Es impresionante pasear por allí. En su interior vive una gran colonia de murciélagos (la más grande de Corea) y un tipo de araña endémica de Jeju.




Hacía frío, como para llevar una camiseta fina de manga larga y una humedad del 99’9%. Precio: 2.000 W.


Mi última parada del día fue el Seongeup Folk Village, un poblado tradicional que está rodeado por una gran muralla y que su interior muestra la arquitectura tradicional de sus antiguos habitantes. 



Casas hechas con roca volcánica y paja, templos, una escuela confucionista, antiguas oficinas gubernamentales, un enorme árbol de más de mil años (zelcoba), talleres de tintado…  La entrada es gratuita.





De vuelta al hotel, volví a cenar barbacoa 😋


Día 10: Corea – Recorriendo la isla de Udo, una visita agridulce



Por la mañana temprano desayuné en el hostal y me fui en coche hasta Seongsan Port, donde se encuentra la terminal en la que se coge el ferry para ir a la isla de Udo.

Delante de la terminal de ferries hay un aparcamiento cubierto y otro al aire libre. Hay que pagar de todos modos y se paga por el día entero, cuando salgas del parking. Creo que me costó unos 5.000W.

En la terminal hay una cafetería, una oficina de turismo y aseos. Para comprar los tickets es necesario presentar el pasaporte y unos papeles que se rellenan allí mismo. Con el ticket en la mano, me fui al puerto y me subí al barco, que ya estaba allí. Había llegado justo a la hora de salida.


Me sorprendió mucho que dentro no hubiera asientos. Había una sala con aire acondicionado, que estaba cubierta de tatamis para que la gente se quitara los zapatos y se sentara en el suelo. Fuera hacía mucho calor y si te apoyabas en las barandillas, se te pegaba la pintura y se manchaba todo lo que apoyaras allí.


En unos 15 minutos llegamos al Puerto de Cheonjin. Allí me bajé y me dispuse a recorrer la isla. Mi idea era hacer el Udo Olle, un camino que recorre la isla y que tiene dos vertientes: una de 16 km y otro de 11 km. Me fue imposible. Hacía demasiado calor, demasiada humedad y no había ni una puñetera sombra.

Tan sólo llegué a una primera playa en la que había gente haciendo snorkel y barbacoas. El azul del mar era precioso y descansé un poco allí, metiendo los pies en el agua. La playa era muy poco profunda y podías andar mucho sin apenas mojarte las rodillas.


Como no paraba de ver motos y triciclos eléctricos dando vueltas por allí, volví al puerto e intenté alquilar uno. También me fue imposible. Probé en todos los puestos y todos me decían lo mismo. Si en el Carnet Internacional de Conducir no pone el sello expresamente en el hueco de motos, no se te alquila. Aunque sean motos eléctricas y pequeñas. Nada.

Mi última esperanza era comprar el ticket para el autobús turístico (5.000 W). Este ticket sirve para todo el día y te puedes bajar y subir las veces que quieras. Hay varios autobuses que dan vueltas por la isla y van haciendo paradas en los puntos más turísticos. Allí te bajas, ves lo que tengas que ver y esperas en la parada a que llegue el próximo. Hay cuatro paradas desde la que puedes caminar para ver las atracciones turísticas más interesantes:

Udobong Peak
Geommeolle Beach and Dongangyeonggul Cave
Hagosudong Beach and
Seobinbaeksa Beach.

Al principio la idea me contentó. Pero luego, no. Al montarme al inicio de línea, todo fue normal. Mi primera parada la hice cerca de la base del pico más alto de la isla: Udobong. Cerca de la parada de autobús había un camino lleno de puestos de bebidas, helados y souvenirs. Y unos aseos. Acabé comprándome una botella de zumo de mandarina con forma de un abuelo de Jeju, un dolharubang. Me salió bastante cara la botellita, el equivalente a 3€. Pero mereció la pena. Estaba buenísima.

Más adelante el camino se transformaba en un sendero en el que había caballos y que se bifurcaba, uno iba al faro y otro iba al pico del Udobong. No había mucha distancia. Así que, comencé a subir. Pero estaba todo húmedo y embarrado, por lo que se escurría mucho. Eso sí, las vistas eran una pasada, con Jeju en frente.  





De vuelta a la parada, cogí el autobús y llegué a la zona de Geommeolle (Keomeole) Beach. Allí había muchísima gente. Unas escaleras llevaban hasta una playa de arena negra rodeada por rocosos acantilados. Es el lugar donde se alquilan motos de agua y botes para llegar a la Cueva de Dog-An-Gyeong-Gul, en la que vivía una enorme ballena, según una leyenda local. Se puede entrar a la cueva cuando está la marea baja.




En la parte de arriba hay heladerías en las que venden los famosos helados de cacahuete de Udo, fruto que se cultiva allí.

Aquí ya estaba harta de autobús. Los autobuses turísticos pasan cada media hora por cada parada. La gente se arremolinaba en torno a ella y se desesperaba porque no venían. Todos esperando debajo de un sol tórrido. Cuando el autobús llegaba, la gente se mataba por subir porque no quería quedarse sin hueco y tener que estar esperando bajo el sol durante otra media hora.


Pero allí no había orden ninguno. Las abuelas chinas empujaban por doquier (si estás acostumbrados a este tipo de turistas, me entenderás), daban codazos y gritos y acababan siempre las primeras y cogiendo sitio para todos los que iban con ellas. El autobús no dejaba de meter a gente de pie, hasta que ya no cabía nadie más. Apretando todo lo que podía. Niños sentados en el suelo, gente empujándote… Es que ni en las curvas, ni en los baches, tenías miedo de caerte. Ibas tan apretado, que era imposible. Sólo quería salir de allí.

El resto de las excursiones fueron así. Acabé del autobús turístico hasta las narices. Y recordé para futuros viajes que siempre que vaya a comprar el Permiso Internacional de Conducir , tengo que pedir que me pongan el puñetero sellito también en el hueco de los ciclomotores.

Me fui de Udo con un sabor agridulce y antes de tiempo, porque yo esperaba echar muchas más horas allí. Pero en ese plan, no. En el coche, me fui a lo que veía desde el pico de Udobong: el cono volcánico de Seongsan Ilchulbong.  


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