Nueva Zelanda: Día 10 – Visitando el Lake Matheson y el Fox Glacier


LAKE MATHESON

El mejor lago que he visto en toda Nueva Zelanda. Lástima que no tuviera más tiempo para quedarme allí a disfrutarlo más.

Desde el hotel de Franz Josef, nos fuimos directamente a ver este Lago Espejo, que está a 10 minutos del pueblo y a 6 km de Fox. El lago Matheson es también llamado Mirror Lake porque en él se reflejan perfectamente el Monte Cook (el más grande del país, con sus 3.724m) y el Monte Tasman. Es el lago más fotografiado de Nueva Zelanda.


Esta preciosidad se formó gracias a las glaciaciones, hace unos 14.000 años. El reflejo tan perfecto se consigue gracias al color marrón oscuro de sus aguas debido a la materia orgánica que se filtra a través del suelo del bosque que lo rodea.

En el aparcamiento hay una cafetería. El camino hacia el lago está justo detrás y está muy bien señalado. Primero se va por una zona habilitada para sillas de ruedas que atraviesa el magnífico bosque lleno de pinos y especies autóctonas. Así se llega a Jetty Viewpoint, donde hay un puente desde donde se pueden hacer maravillosas fotos del lago y de sus reflejos.




Es al amanecer y al atardecer cuando se obtienen las mejores vistas. Se tardan unos 30 minutos en llegar a Jetty Viewpoint y 1h30’ en hacer el circuito del lago. 


FOX GLACIER

El Franz Josef y el Fox están separados por tan sólo 23km. Éste tiene una longitud de 13’5 km y un desnivel de casi 3.000m. Su nombre se debe a la visita del primer turista en 1872, el primer ministro Sir William Fox. El pueblo está a escasos  minutos del aparcamiento y tiene 300 habitantes, pero poco que ofrecer al turista, tan sólo resort de montaña y un camping.

Nuestra siguiente parada sería para ver el Glaciar Fox. Desde el aparcamiento hasta el inicio del glaciar hay 50 minutos. El camino empieza llano, aunque con muchas piedras, para luego empezar el ascenso. El tramo es mucho más largo que el de Franz Josef y estaba mucho más visitado. De hecho, mucha gente abandonaba las cuestas empinadas y no llegaba al final.








Por el camino se atraviesan arroyos y cascadas. Algunos sitios son peligrosos y hay carteles de prohibido pararse, pero cuando la pendiente no acaba… es casi inevitable.

Hay que llegar arriba. Nosotros tuvimos la suerte de ir en un día claro y las vallas estaban bastante cercanas al glaciar, por lo que las vistas fueron increíbles. De un azul precioso, el glaciar nos deja boquiabiertos.





Y vuelta camino abajo hacia el coche, porque nos esperaba un largo camino hacia Te Anau. Una de las jornadas más largas de conducción del viaje, atravesando el Estrecho de Haast. 

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