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Día 13: Corea – Visitando el Palacio de Hwaseong Haenggung y el recinto amurallado de Suwon


Mi último día en Corea lo dediqué a visitar la ciudad de Suwon. Esta es la capital de Gyeonggi-do y se encuentra a tan sólo 30 km al sur de Seúl, por lo que se puede ir en metro y en tren.

Durante los primeros ataques en la Guerra de Corea, la ciudad cayó en manos de Corea del Norte. Estuvo cambiando de bando durante cuatro veces, hasta que al final de la guerra, Corea del Sur recuperó su control hasta nuestros días.

Con una población de un millón de habitantes, buenas conexiones de transporte público y buena cocina, esta ciudad es bien conocida por su recinto amurallado, que guarda el gran palacio del rey. Construcción gracias a la cual, fue nombrada Patrimonio de la Humanidad.

Por la mañana temprano cogí la línea 1 de metro en dirección Sinchang hasta Suwon Station. Después de una hora, en la que sólo me pude sentar en el tramo final, el resto del trayecto estuvo todo abarrotado de gente, llegué a Suwon. Allí visité la oficina de turismo, que se encuentra a la salida de la estación, a mano izquierda, donde me dieron información de los autobuses que podía coger para ir al centro y varios planos.

La parada de autobuses está en frente de la oficina de turismo y los números 11, 13, 36 y 39 llegan hasta Paldamun Gate. hay cuatro puertas principales para entrar al recinto de la Fortaleza Hwaseong (Paldalmun, Janganmun, Hwaseomun, Changnyongmun). Esta es la más famosa porque es donde paran los autobuses que llevan a los turistas al complejo desde la estación de Suwon. Su nombre significa “la que abre caminos en todas las direcciones” y está reconocida como Tesoro Nacional Coreano.


Desde allí empecé a caminar viendo puestos de verdura y de fruta, mientras callejeaba hasta el Palacio de Hwaseong Haenggung. este inmenso palacio se construyó para servir de residencia al rey cuando éste visitaba la ciudad. Tiene la misma forma que el palacio del rey en Seúl. Durante la ocupación japonesa, todos los edificios, a excepción de Nangnamheon Hall, quedaron destruidos. 



Hoy podemos visitar la reconstrucción que se llevó a cabo en el 2003, así como asistir a los múltiples espectáculos gratuitos que hacen en su puerta:

🌟 Muye24-ki: de martes a sábado, a las 11’00: hay una representación de artes marciales tal y como está escrita en el Muye-Dobo-Tongji, un manual para soldados escrito durante el reinado de Jeongjo.

🌟 Ceremonias tradicionales: de abril a octubre, todos los sábados a las 14’00.

🌟 Ceremonia de la guardia real Jangyongyeong: de abril a octubre, todos los domingos a las 14’00.







Una vez acaban los espectáculos, los actores posan para hacerse fotos gratis con el público.


Después de visitar el palacio, caminé por detrás de éste hasta llegar a Suwon Hwasong, la fortaleza que se construyó en el siglo XVIII para mantener a los invasores lejos del palacio. Su perímetro mide 5’52 km y se puede recorrer en unas 2 h 30, yendo de una puerta a otra. Yo estuve andando un poco por ella, pero no completé el recorrido. 


Ya era la hora de comer y me fui directamente a donde me había recomendado la señora de la oficina de turismo: Chicken Street.  Sin embargo, la calle me resultoó sucia y fea, y los restaurantes parecían muy dejados. Al final acabé comiendo en Yeonpo Galbi, algo caro, pero con mejor pinta. Suwon es famosa por sus costillas de ternera marinadas, cocinadas en una buena barbacoa de carbón. Hay muchísimos restaurantes especializados.



La tarde la pasé visitando el estrafalario museo del inodoro: Mr Toilet's Museum.  


La manera más sencilla de subir a la cima de Hallasan - Jeju



Para ascender a Hallasan hay cuatro rutas distintas. Sin embargo, sólo dos de ellas llegan hasta la cima de la montaña.

1. Gwaneumsa Trail:

🌄 Distancia: 8’7 km (ida).

🌄 Duración: unas 9 – 10 horas.

🌄 Llega a la cima.

🌄 Parking: al norte de Hallasan, a un kilómetro del Templo Gwaneumsa.

2. Seongpanak Trail:

🌄 Distancia: 9’6 km (ida).

🌄 Duración: 9 horas.

🌄 Llega a la cima.

🌄 Parking: Seongpanak Carpark

🌄 Los autobuses 781, 781-1, 782, 782-1, 782-2 llegan al inicio de ruta.

3. Eorimok Trail:

Distancia: 4’7 km (ida).

Duración: 3 horas.

No lleva hasta la cima.

4. Yeongsil Trail:

Distancia: 3’7 km (ida)

Duración: 2 horas.

No lleva a la cima.

La manera más sencilla de subir a la cima de Hallasan

Aunque, a priori, te puedan asustar los 9’6 kilómetros que dura la ruta Seongpanak, es la más sencilla para llegar al punto más alto de Corea del Sur. El otro camino que lleva allí, Gwaneumsa, dice que es algo más pintoresco, pero es más estrecho, no hay transporte público que lleve allí y es más fácil que cuando llegues esté cerrado de improviso debido al tiempo.

Una vez en la entrada, que está justo delante del parking gratuito (al menos cuando yo fui), tienes que mirar muy bien el horario y si te da tiempo a hacer el camino. Puede ser que vayas justo de tiempo y no te dejen subir a la cima:

Horario del Seongpanak Trail

De noviembre a febrero:
★ Abre a las 6’00.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 12’00.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 12’00. Si no has llegado a este punto de la ruta a esa hora, te harán volver y no podrás seguir subiendo.

Mayo y agosto:
 Abre a las 5’00.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 13’00.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 13’00.

Marzo, abril, septiembre, octubre:
 Abre a las 5’30.
 Tienes que haber cruzado la entrada antes de las 12’30.
 Tienes que haber cruzado el Jindallaebat Checkpoint antes de las 12’30.


El sendero se divide en tres tramos: fácil al principio, normal en medio y difícil los últimos 2’3 km, en el que hay que salvar un desnivel muy grande en poca distancia.

De vez en cuando es posible ver mapas que dicen en qué kilómetro estás de la cuesta y cuánto te queda para llegar. Pueden ser muy alentadores y que te den ánimo para seguir subiendo, o todo lo contrario.


El camino comienza con desnivel pequeño por un ancho sendero rodeado de naturaleza, incluso hay alfombras en el suelo para que el leve ascenso sea más llevadero. Aunque eso es sólo al principio. Después de atravesar este tramo, viene uno lleno de pasarelas y escaleras de madera, que también es muy sencillo. 


Cuando hayas llegado a Sokbat, ya llevarás hechos los primeros 4’1 km. Allí hay una zona de descanso protegida de la lluvia y del sol, y unos aseos con fosa séptica. Los más sucios que he visto en este país.


El ascenso continúa por escaleras de madera y senderos, hasta que comienzan las escaleras de piedra. Allí empieza lo jodido. Tanto para subir, como para bajar. Las rocas se escurren con tanta humedad y mucha gente se tuerce el tobillo y se cae en este tramo. Hay que ir con mil ojos. Es el camino llamado “normal”.



Con esfuerzo llegarás a Jindallaebat. Aquí está el checkpoint en el que comprueban que vas a buen ritmo. Si no llegas a este punto en la hora marcada, te cerrarán la valla y tendrás que dar media vuelta. Aquí hay otra zona de descanso y la última oportunidad de ir al baño. Comienza el tramo duro.




Los últimos 2’3 kilómetros los harás por caminos llenos de rocas deslizantes hasta que llegues a las pasarelas. Desde allí el paisaje es increíble. Te dará ánimo para seguir subiendo.



Parece que las escaleras no acaban nunca, pero antes de que te des cuenta llegarás a la cima: el Lago Baeknok. Habrás conseguido subir a 1.950 metros de altura. Si tienes suerte, podrás disfrutar de las vistas del lago, pero lo normal es que esté inundado por la niebla.


Una vez arriba, no te olvides hacerte una foto con la roca. En la entrada del camino, junto al parking, hay una taquilla en la que puedes adquirir un certificado de tu hazaña para llevártelo de recuerdo a casa. Pero para eso, hay que demostrar que lo has hecho. Si no enseñas esta foto, no lo podrás comprar. Son muy estrictos.


En el Lago Baeknok no acaba la ruta, ésta sigue hasta unirse con el Gwanneumsa Trail. Si no quieres darte media vuelta y volver al parking, puedes seguir caminando cuesta abajo los 8’7 km que tiene este camino. Para hacer esto, tienes que haber empezado el descenso por él antes de las 14’30, pero puede que esté cerrado.


No obstante, si quieres y puedes continuar andando, ten en cuenta que en Gwanneumsa tendrías que coger un taxi de vuelta al parking de Seongpanak para coger tu coche o el autobús, coger un taxi hasta tu hotel o ir andando un kilómetro más hacia el parking y rezar porque pase algún autobús, porque por allí no son frecuentes.



Cosas a tener en cuenta para subir a Hallasan

🌄 Trae comida y bebida de sobra: no hay nada para comprar allí. Tan sólo hay una tienda, pero está a la entrada. Se supone que hay dos fuentes a lo largo de los 9 km, pero yo no las encontré.

🌄 Al haber tantísima humedad, se pierde mucha agua. No está de más que te eches bebidas tipo Aquarius para reponer las sales minerales e hidratarte.

🌄 Lleva calzado adecuado: el camino es de montaña, es rocoso y, además, se escurre.  Nada de chanclas.

🌄 Lleva crema solar.

🌄 En la cima, hace viento y fresquito en verano. Un chubasquero fino no te vendrá mal.

🌄 Ten en cuenta que el tiempo aquí es imprevisible. Puede cambiar de un momento a otro.




Día 11: Corea – Subiendo al Monte Hallasan (Jeju)



El día había amanecido muy nublado, así que tuve que cambiar de planes. Mi idea inicial era subir a la montaña más alta de Corea del Sur siguiendo el Gwaneumsa Trail, un sendero de 8’7 Km que llevaba a la cima. Se lo comenté a los dueños del hostal y me dijeron que podía estar cerrado. Que no me arriesgara y que subiera por el sendero del Seongpanak Trail, que casi siempre estaba abierto.

Les hice caso y subí por una carretera muy pintoresca hasta la base. Allí había un amplio parking gratuito, un conbini, unos aseos y las taquillas. Pero, sorprendentemente, la entrada era gratuita.

Me dispuse a iniciar el ascenso, pero en la entrada me avisaron de que, si no estaba en Jindallaebat Checkpoint antes de las 13’00 h, que no me iban a dejar subir a la cima y que me harían dar media vuelta. Miré mi reloj y empecé a caminar.

El paisaje era impresionante. No parecía estar en Jeju. Ya me había acostumbrado al sol, a las playas, a la arena… Nada de eso. Bosque muy frondoso y humedad a tope. No he sudado más en mi vida. Se suponía que a lo largo del sendero había dos fuentes, pero no las encontré. Y la gente a la que le preguntaba, tampoco. Menos mal que llevaba bastante agua.


El inicio fue bastante llevadero, un paseo. Pronto llegué a Sokbat, una zona de descanso con baño. Un ascazo. Los aseos estaban realmente sucios y olían fatal.

El resto del camino no fue tan llevadero. Algunos tramos tenían pasarelas y escaleras de madera, y otros estaban llenos de piedras escurridizas que te hacían los tobillos polvo.

A las 12’00 llegué a Jindallaebat, había conseguido estar en el checkpoint una hora antes de que lo cerraran. Perfecto. Me senté un poco en el área de descanso, pero no me atreví a ir al servicio. Total, con tanto sudar, no hacía ni falta.

Desde allí el camino se fue complicando cada vez más por culpa de las piedras mojadas, hasta que por fin llegué a las pasarelas que llegaban a la cima.


En la cima se encuentra el lago Baeknok, pero es muy difícil verlo porque casi siempre está cubierto por la niebla. En mi caso, también fue así.


Después de comer allí mismo, empecé mi descenso. Cuando llegué a la entrada, un señor me dijo que fuera a la taquilla señalándome una especie de diploma que había conseguido. Fui y me dijeron que, si había logrado ir hasta el pico, que podían venderme un certificado con mi nombre por 1.000W. Les dije que sí y me insistieron en que, si no les enseñaba una foto de mi hazaña para que pudieran comprobarlo, no me lo podían dar. Menos mal que tenía. Aquí tenéis más información sobre la manera más sencilla de subir a la cima del Hallasan.


Desde allí, volví al hotel. Me duché, descansé un poco y me fui al aeropuerto para devolver el coche. Mi vuelo salía por la mañana muy temprano y no estaba abierta la oficina.

Lo entregué y cogí el Airport Limousine Bus 600, que me llevó a Seogwipo en una hora y media. Llegué con tiempo suficiente para darme una vuelta por el pueblo, visitar su mercado, cenar y ver por última vez su puente iluminado.



Quedé con la dueña del hostal en que me reservaría un taxi para la mañana siguiente a las 5’00. En el aeropuerto cogería el avión que me llevaría a Fukuoka, en el país vecino.


Día 10: Corea – Visitando Seongsan Ilchulbong, el tubo de lava de Manjanggul y Seongeup Folk Village (Jeju)



Después de mi visita agridulce por la isla de Udo, me dirigí al cono volcánico de Seongsan Ilchulbong. Está a muy poca distancia de Seongsan Port y tiene un gran aparcamiento en su base.

Uno de los monumentos naturales más impresionantes de Jeju es este monte en forma de cono que está unido a la tierra formando una curiosa península. El ascenso no es fácil, pues hay que salvar sus 90 metros de altura en muy poco recorrido. Su origen es fruto de una enorme erupción volcánica ocurrida hace miles de años. Arriba no esperes encontrar el cráter de un volcán. Lo que hay es una gran extensión de tierra toda cubierta de hierba y desde las que hay unas bonitas vistas al mar. Precio: 2.000 W.


Tras la visita, me dirigí hacia el túnel de lava más visitado de la isla y uno de los más delgados del mundo: el de Manjanggul. Me fue muy difícil encontrar aparcamiento allí por la cantidad de turistas que había. En sus alrededores hay un restaurante y muchas zonas verdes para descansar.


Después de comprar la entrada y de bajar las escaleras, me adentré en un impresionante pasillo subterráneo de 1 km de largo. La cueva entera mide más de ocho.


Estalactitas, estalagmitas, la columna de lava más grande del mundo (7’6 m)… Es impresionante pasear por allí. En su interior vive una gran colonia de murciélagos (la más grande de Corea) y un tipo de araña endémica de Jeju.




Hacía frío, como para llevar una camiseta fina de manga larga y una humedad del 99’9%. Precio: 2.000 W.


Mi última parada del día fue el Seongeup Folk Village, un poblado tradicional que está rodeado por una gran muralla y que su interior muestra la arquitectura tradicional de sus antiguos habitantes. 



Casas hechas con roca volcánica y paja, templos, una escuela confucionista, antiguas oficinas gubernamentales, un enorme árbol de más de mil años (zelcoba), talleres de tintado…  La entrada es gratuita.





De vuelta al hotel, volví a cenar barbacoa 😋


Día 9: Corea – Mi primer día en la isla de Jeju



Después de la extraña noche que había pasado durmiendo en un Love Hotel en Busan  , cogí un avión de Jeju Air que había contratado a través de su página web y que me costó 96.400 Won. Conseguí una oferta para ir en Premium por el mismo precio, pero la diferencia tampoco fue tanta. Tan sólo que pude entrar antes al avión.

En una hora, llegué al Aeropuerto Internacional de Jeju . Allí tuve que esperar dando vueltas, hasta que fuera la hora de recogida del coche que había alquilado, porque era muy temprano.

El coche lo reservé a través de la web de AVIS y me salió por 196$, tres días y con seguro incluido. Conducir en Jeju es bastante seguro. Sólo es liosa la parte que está más cercana al aeropuerto y a Jeju City, el resto es muy tranquila. Aquí dejo información sobre qué tienes que hacer cuando alquiles un coche en Jeju. 

Después de practicar un poco con el GPS coreano, que no es igual que los nuestros, me fui directamente al hostal que había contratado. Había elegido la ciudad de Seogwipo para alojarme, en la parte sur de la isla, porque estaba cercana a muchos sitios turísticos, era barata y se escapaba del barullo de Jeju City y de los mamotréticos resorts de Jungmun Complex.

Bajando la calle del hotel llegué al puerto de Seogwipo. Desde el Puente de Chilsipnigyo se pueden ver un montón de peces voladores dando saltos.


En el aparcamiento del puerto había varias tiendas de comida y de souvenirs y estaban montando un escenario para hacer un espectáculo de música coreana por la noche. 


Justo al lado del parking, está la entrada de Cheonjiyeon. El ticket cuesta 2.000 W y, antes de entrar, hay un área de descanso preciosa, con un montón de sombras, un puesto de helados y snacks, máquinas expendedoras y baños.

Una vez dentro, el camino transcurre entre árboles, siguiendo el curso de un río y atravesando unos bonitos puentes.

Los famosos dolharubang, los abuelos de Jeju, custodian la entrada. Son las estatuas más famosas de la isla y representan a los dioses de la fertilidad y de la protección. Se solían poner a la entrada de los pueblos para proteger a la gente de los demonios. Están esculpidos en roca volcánica y su nombre significa abuelo de piedra en el dialecto de Jeju.


Siguiendo recto, pronto se llega a la famosa cascada de Cheonjiyeon. Su nombre significa La cascada que une el cielo con la tierra. El agua del río Sombancheon cae sobre una poza y continúa su camino hasta un estanque artificial. Aunque el agua siempre cae en un área en particular, dependiendo de la cantidad de lluvia reciente, el agua puede extenderse. En la parte inferior de la cascada se construyó este estanque artificial de 20 metros de profundidad. Dos pequeñas presas ayudan a mantener el agua a un nivel específico.


Saliendo del complejo de la cascada, de vuelta al parking, continué andando por unas escaleras que aparecieron justo al lado del edificio de los restaurantes, a mano izquierda.

Estas escaleras me llevaron a un pequeño templo y acababan en la carretera. Seguí andando por la acera cuesta arriba. El camino estaba lleno de miradores, pequeños parkings y hoteles escondidos en medio de la naturaleza. Los miradores estaban conectados a través de pequeños senderos que llevaban a playas, bajando la montaña, y a pequeñas cafeterías-chiringuito.


Desde la mayoría de ellos, había vistas preciosas de Oedolgae, una impresionante roca que se eleva 20 metros en medio del mar.


El calor y la humedad eran abrasadores. Durante mi camino de vuelta a Seogwipo, me paré en un conbini a refrescarme y a comer algo rápido. Unos noodles que sabían a risquetos y que me estaba aficionando a ellos:


Bajé de nuevo las escaleras y, en vez de desviarme, seguí recto hasta llegar andando a la otra cascada famosa del pueblo: la de Jeongban. Su forma es mundialmente famosa por ser la única cascada cuyo caudal cae directamente al mar. Después de bajar los escalones hasta el acantilado, puedes bañarte debajo de ella, o simplemente mojarte los pies para refrescarte en verano. Su precio es de 2.000 W.



La tarde la pasé durmiendo en el hostal, porque llevaba levantada desde las 4’30 de la mañana y estaba reventada.

Al anochecer fui en coche a Jungmun Resort. Dejé el coche donde pude, no había muchas opciones y paseé por el lugar sin mucho entusiasmo. Hoteles enormes y lujosos, museos extraños y restaurantes caros. Nada del otro mundo.


Me volví a Seogwipo, porque allí no tenía mucho que hacer. Quería buscar algún sitio allí para cenar y lo encontré pronto. La calle en la que acababa la de mi hotel estaba llena de restaurantes de barbacoas. La calle estaba abarrotada de gente y salía un olorcillo increíble de las terrazas. Allí acabé la noche, con una enorme barbacoa de cerdo negro (la gran especialidad de Jeju), que viene acompañada de un montón de platitos con salsas, ensaladas, arroz… Al mejor estilo coreano. Acabaría repitiendo.