China: Día 10 – Guilin: Bamboo Rafting – La gran pantomima


Tras haber mirado el día anterior varias agencias para negociar el precio de las excursiones, reservé una con CITS para hacer bambú rafting y disfrutar del paisaje natural de Guilin. No salió muy caro.

Había quedado en el hostal a las 10, pero eran las 10’30 y no venía nadie a buscarme. El recepcionista me hizo el favor de llamar a CITS para ver si habían tenido algún problema, lo solucionaron al instante y en poco tiempo estaba allí el autobús. Esta vez íbamos bastantes occidentales y la guía daba las explicaciones en chino y en inglés.

Durante todo el trayecto nos contaba lo que íbamos a hacer cuando llegáramos a la zona del río y que la excursión no era tan buena, porque íbamos a ir en una barca cuatro personas y no eran de bambú auténtico; pero que si contratábamos la de por la tarde (que nos hacían un precio especial) pues que podríamos disfrutar de un romántico paseo en parejas en una barca de bambú auténtico, podríamos ver la pesca con cormoranes y montarnos en búfalos de agua, water buffaloes. La estrategia era bastante buena, y casi todos picamos.


Cuando paró el autobús llegamos a un sitio chabolero, con un montón de chinos pidiendo. La guía insistió en que fuéramos a los aseos, pero ningún occidental se atrevió a entrar del olor tan nauseabundo que salía de ellos. Por todos lados escuchábamos hablar español y es que estábamos muchos…


Nos llevaron a la orilla del río y allí nos montaron en una barca. Tenía razón la guía: de bambú nada, de pwc cutres. El paisaje se lo están cargando con tanto turismo y con los motores de estas barcas. Nos recomendaron que no metiéramos los pies ni en esta zona, ni en Guilin, por la contaminación que tenía el agua. Una pena.



Tras más de una hora disfrutando del paisaje y del español (tuvimos la suerte de ir montados con unos malagueños) nos devolvieron al autobús. Y aquí nos separaron: quienes quisieran ir a Yangshuo en un bus y quienes hubieran pagado por la excursión de por la tarde, a otro, y se quedaban sin ver Yangshuo (de esto no nos había avisado nadie). Bueno, luego hablé con unos españoles que me dijeron cuánto les había decepcionado Yangshuo por lo turística y cara que se había puesto y que no merecía la pena; pero en su momento me cabreé bastante.

Siguiente oferta de la guía: si queréis comer, que sé que ya tenéis hambre por la hora, tened en cuenta que en la zona a la que vamos no hay ningún sitio para comer, pero yo os hago una oferta por tan sólo 10 yuanes. La tía se lo curraba, todo el autobús pagó.

Lo que no nos dijo era dónde era la comida. Nos metieron en otro poblado de chabolas auténticas, con más mierda imposible. Era la casa particular de una familia. Tuvimos que atravesar el salón, donde vendían bebidas y polos al lado de la cuna de un bebé y el parquecito de otro, y había niños semidesnudos rebozándose en la mierda del suelo. Después llegamos a la cocina, inimaginable la de mugre que podía haber, y nos sentaron en un patio que parecía un desván. Los occidentales nos mirábamos con unas caras… La comida era un plato de fideos de arroz hechos con la receta local (recordemos que el perro aquí es un manjar). No preguntamos qué llevaba. Nos comimos lo que pudimos porque estábamos desmayados y nos fuimos corriendo huyendo de las moscas. (Los fideos acabarían en el wáter del hotel, cuando llegué por la tarde, los poté todos del asco acumulado que llevaba).





Después de comer nos dieron un tour por las chabolas, que afirmaban que eran de un antiguo poblado de pescadores. Bueno, mierda a mansalva, y niñas meando y cagando en mitad de la calle. ¿No queríamos turismo rural? Pues toma.





Allí nos montaron en unas barcas de bambú auténtico, de dos en dos, con tu sombrilla y todo. Han montado un esperpento en mitad del río. Ni disfrutas del paisaje y la tranquilidad, ni nada. Y es que, en medio del río hay unas rampas a motor para que te tiren con la barquita y te hagan la fotito, como si fuera un parque temático, y luego tu barca se para (quieras o no) en la orilla donde hay televisiones para que las veas y te las impriman por 10 yuanes. Los motores de las rampas inundan todo de ruido, así que de tranquilidad, nada.






Tras las fotitos, la barca nos lleva a que veamos la pesca con cormoranes. Una engañifa total. En el pasado sería así, pero hoy consiste en un chino que le tira los peces al río a los pájaros para que se los traiga, así que ni pesca ni ná. Si los peces están muertos y son siempre los mismos…



Y, por último, nos llevan a ver los wáter buffaloes y nos dejan hacernos una foto con ellos. Más mansos, imposible.



Después de toda esta pantomima, nos devuelven al hotel.


Y tras potar los fideos, acabé dando una vuelta por el centro y viendo la marcha que había. Gente por todas partes, lucecitas, señoras mayores bailando con música a toda pastilla en la orilla del río… Bueno, no es lo que esperaba de Guilin, paraíso rural, pero, en fin…


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