China: Día 12 – Kunming: Llegada al hotel: Fairyland Hotel(Guo Fang Road)

Nuestro vuelo hacia Kunming lo cogimos a las 15’30 y a las 16’50 ya estábamos allí. La reserva la hicimos con la web de Travelgenio por 260.66 € volando con China Southern.

En el aeropuerto intentamos encontrar información turística, pero nadie hablaba inglés. También intentamos comprar un mapa de la ciudad, pero nos fue imposible. Bueno, lo compramos gracias al diccionario, pero cuando lo abrimos, pfff… estaba en chino. Ni papa.
Hartos de dar vueltas y de no encontrar ni indicaciones ni nada, decidimos coger un taxi. Un chino nos paró ofreciéndonos uno, regateamos y lo cogimos a buen precio, incluyendo los peajes de la autopista. Tuvimos que acompañarlo al parking del aeropuerto, allí llamó por teléfono a una china, que fue la que nos llevó. Pero que no era taxista ni nada, era un coche normal. El chino se montó en el coche y a la entrada de Kunming se bajó y nos dijo que ella nos iba a dejar en el hotel. Ya íbamos mosqueados perdidos porque llevábamos 1 hora y media en el coche y los atascos no se acababan. Dudábamos de que nos llevara a buen puerto, pero lo hizo. Bueno, más o menos.


Nuestro hotel era el Fairyland Hotel(Guo Fang Road), lo habíamos reservado por Booking.es por 189 yuanes con desayuno (aunque al imprimir la reserva resultó que el desayuno sólo estaba pagado para uno de los huéspedes).

(云上四季连锁酒店昆明国防路店))
Dirección No. 6, West Wacang
Road
Kunming, 650032
China
瓦仓西路6
昆明, 650032

La mujer nos dejó en la avenida principal y nos dijo que nuestro hotel estaba en la bocacalle, que estaba muy cerca. No nos fiábamos nada pero, no hubo más remedio que coger nuestras maletas. Cuando llegamos al hotel que nos indicó, resulta que nuestra reserva no estaba hecha allí. No nos enterábamos de nada, así que el recepcionista desesperado ya, nos dijo que lo siguiéramos. Salimos del hotel, cruzamos la calle y giramos a la izquierda, y allí estaba el verdadero hotel. Se ve que tienen dos edificios muy cercanos, pero que pertenecen al mismo.

Lo mejor para no perder la referencia de dónde estáis, es bucar el Yunnan Museum, desde ahí está muy cerquita.



Cuando la nueva recepcionista nos vio aparecer puso una cara de susto… Tampoco sabía inglés. Y nosotros que queríamos reservar con ellos una excursión a Shi Lin. Pues nada, por medio del traductor online de la recepción nos fuimos comunicando y tuvimos la suerte de encontrar a un chino haciendo el check out, que había estudiado en USA y nos sirvió de intérprete.

Nosotros queríamos reservar una excursión organizada, pero la china se empeñaba en que fuera privada, sólo para nosotros. Nosotros le decíamos a nuestro interprete que no, que si no nos salía muy caro y que no queríamos nada privado y la tía que no paraba de poner pegas: que si las explicaciones iban a ser en chino y no nos íbamos a enterar, que si era mejor que fuera para nosotros solos… bueno, al final dijo la verdad: no quería porque pensaba que nuestra presencia iba a incomodar a los chinos que fueran en la visita. ¡Oh!

Le dijimos que de incomodar nada. Y es que en esta ciudad (y en otras) había bastante gente que parecía racista con los occidentales y no se querían ni sentar al lado de uno (y mucho menos con pelirrojos…)

Al final la convencimos y quedamos a las 8 en recepción. La habitación estaba muy bien. Muy amplia y limpia. Era todo un lujo, sobre todo el cuarto de baño. Lo único, que la habitación tiene internet por módem, nada de wifi. Menos mal que en Hong Kong nos habíamos comprado un adaptador para así poder tener wifi en nuestros móviles y así ir reservando los hoteles…

Por la noche nos dimos un paseo por la ciudad. Nos dio el aspecto de una ciudad rica, nueva.  Aquí probamos la novedad del MacDonald's: la Black and White. 


Yo la llamo la ciudad de la Navidad, porque las avenidas estaban llenas de luces, los árboles, los monumentos, todo. Muy tranquila y moderna. Pero no están acostumbrados a los turistas extranjeros y no están preparados para ellos. Ha sido la única ciudad de China en la que fuera del hostal internacional, no he encontrado a nadie que hablara nada de inglés. Comunicarse era imposible porque ni te hacían caso. Cuando preguntábamos, la gente se asustaba por no saber respondernos y, de hecho, ni nos respondía. Corrían para alejarse de nosotros. Incluso los taxistas, cuando nos veían, no nos hacían ni caso. ¡Qué situación! A veces fue muy desesperante.





Como dijo la recepcionista, les incomodaríamos… 

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