Día 14 - Usando la entrada turística de Hoi An


Después de descansar de tanto coche en el hotel, me fui a descubrir Hoi An. Me habían dicho que era como Pingyao (en China), pero me decepcionó bastante. Es una ciudad totalmente turística y, aunque el paisaje con su río y sus casas tan bien conservadas sea precioso, lo poco salvaje que vi en Pyngyao en cuanto te alejabas un poquito del centro, o antes de que llegaran los autobuses de turistas, aquí no lo vi. Si no habéis visto esta ciudad medieval china antes, os impresionará Hoi An.

Lo primero que hice fue comer y tomarme un café en la calle del hotel, después compré las entradas para ver el centro en una taquilla que había justo cuando empezaba la zona peatonal.


Estas entradas sirven para ver tan sólo 5 de los 18 edificios que hay abiertos al público y el dinero recaudado se supone que va a parar al mantenimiento de los edificios. También podemos visitar el centro sin necesidad de comprar ninguna entrada, paseando.

Los sitios para visitar no me gustaron mucho, la verdad. Había montado tanto circo turístico que habían perdido su esencia antigua, llenándolo todo con mostradores para que compraras. Tan sólo los templos y el Puente Japonés llamaron mi atención.

Los museos son pequeños y las casas antiguas, aunque están muy bien conservadas, no se pueden visitar bien. No se disfruta. En la entrada te piden el ticket, te sientan en unas sillas y te hacen esperar hasta que viene una guía. La casa está atisbada de guías y grupos, no se puede casi ni andar y hacer una foto ya… ni os cuento. La guía nos enseña una habitación antigua, subimos la escalera, vemos el balcón y un salón, como podemos. En todas las estancias, los muebles y las fotografías antiguas conviven con los artículos de venta al turista, una pena que distorsiona todo. Cuando la guía termina su explicación de 5 minutos, nos insiste en que compremos algo para el mantenimiento. Los precios son mucho más caros que fuera.


Después de ver varias de estas tiendas encubiertas y gastar mis tickets a lo tonto, descubrí que lo mejor que tiene Hoi An no está ahí, sino en sus propias calles. Así que el resto del día me lo pasé curioseando por ellas una y otra vez. El centro es pequeño, se recorre pronto.


Compré un montón de recuerdos en las tiendas que hay junto al río y fui a una tienda japonesa (al final cada uno tira para lo suyo) para cargarme más de cosas. Ya la mochila casi no cerraba.

En el mercado, aproveché para comprar los filtros-cafetera tan graciosos en los que te sirven aquí el café. A un precio irrisorio. Así me acordaría de Vietnam cuando volviéramos a Madrid disfrutando de un café hecho a la manera tradicional.

Cuando el mercado cerró crucé el puente de los dragones para ver el mercado nocturno. Este está más orientado a los souvenirs y se regatea mucho.

En los alrededores del río no paraban de aparecer vendedores de todo tipo: barqueros, vendedores de farolillos para que echaras al agua, de recuerdos, de viajes en cyclo… era un poco agobiante. Y había muchíiiisimos turistas. Además, era un día muy importante allí, porque se estaban celebrando un montón de bodas.


Agobiada ya de tanta gente, salí del centro para inspeccionar los alrededores. Por allí podías encontrarlo todo mucho más barato, incluso el agua. Eché un vistazo a las sastrerías y vi cómo tomaban medidas a los clientes y cómo estaban cosiendo tan tarde en los talleres.

Aquí os dejo algunas de las fotos que hice de esta ciudad:


Entrada turística a Hoi An:
  • Precio: 120.000 VND
  • Sirve para tres días consecutivos.
  • Con ella puedes ver el interior de 5 edificios antiguos.
  • La Oficina de Turismo, tiene wifi gratis. 


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