Día 11 – Crucero por la Bahía de Halong (Continuación)

DÍA 2: 

Por la mañana temprano nos llamaron para que fuéramos a desayunar. Otra vez llenos de comida. En este barco nos iba a salir la comida por las orejas. Estaba todo tan rico…


Después de dejar recogidos nuestros camarotes para que estuvieran las maletas preparadas para cuando volviéramos, nos llevaron a visitan la cueva de Sung Sot. La Bahía de Halong está llena de cuevas y ésta es la más famosa porque está en el centro de la zona declarada Patrimonio de la Humanidad.



Su nombre significa Cueva de las sorpresas y se encuentra en Bo Hon Island. Se accede a ella a través de unos cientos de escalones de piedra, y es que está a unos 30 metros sobre el nivel del mar. Es una de las más grandes de la bahía y se divide en dos secciones. La primera se parece a un gran teatro lleno de estalactitas. A través de unos estrechos pasillos se llega a la segunda cámara, a la que sí llega la luz natural filtrándose por un gran agujero. La parte más profunda es el Jardín Real, que cuenta con un estanque en su interior.

Una vez fuera, hay tiendas de recuerdos a precios abusivos y, abajo, están los pescadores vendiendo sus productos con balanzas tradicionales.


 

Después de estar una hora más o menos visitando la zona, el bote vino a recogernos para volver al barco. Allí nos esperaban los cocineros para hacer un taller de rollitos vietnamitas. Fue bastante divertido y muy fácil. Y nos pudimos comer de aperitivo nuestras creaciones.
















A pesar de ser las 10’30 de la mañana, la tripulación insistió en que era la hora del almuerzo, porque el planning decía que el viaje incluía el almuerzo y no tenían tiempo para ponerlo a otra hora, ya que debíamos volver a tierra. Así que, a pesar de haber desayunado a las 8’00 y habernos comido los rollitos de aperitivo, hicimos hueco para unos platos más y la pena era que estaba todo buenísimo, pero íbamos a reventar.


Cuando llegamos al puerto, hicieron cuentas en el mostrador para ver cuánto se había gastado la gente en la bebida. Se podía pagar en Dong y en dólares. Cuando pagamos todos, nos montamos en el bote y nos dejaron en el mismo restaurante del día anterior. Allí estuvimos un rato aprovechando el wifi hasta que vino nuestro conductor para llevarnos de vuelta al hotel.


Por la noche, dimos una vuelta por el Barrio Viejo de Hanoi, disfrutando, o más bien sobreviviendo a sus calles. 

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