Día 6 –Luang Prabang: madrugando para ver el Tak Bat

EL TAK BAT – LA PROCESIÓN DE LAS ÁNIMAS

Nos levantamos muy temprano para acudir a ver lo más representativo de Luang Prabang, lo que sale en todas las fotos y en todos los documentales: la Procesión de las Ánimas.

Todos los días, entre las 5’30 y las 6’00 de la mañana, cientos de monjes budistas salen en procesión para pedir comida que la gente da en forma de ofrendas. Todos van descalzos, rapados, en silencio y vestidos de naranja. Se levantan a las 4’00 para rezar y meditar.

La gente se empieza a poner en fila también para observarlos y rezar. Esta es una manera de contribuir a su karma, creen que les dará felicidad y una vida apacible. Las mujeres se arrodillan, los hombres pueden estar de pie. Hay gente por mitad de la carretera que alquila el sitio donde te puedes poner a rezar tú también si quieres participar. Les pagas, te sientas de rodillas y te dan una cesta con bolas de arroz glutinoso que luego les puedes dar a los monjes para que las metan en sus bolsas.


Lo que recogen los monjes constituye su comida diaria y lo que sobra se lo dan a los más necesitados. A simple vista parece una tradición centenaria preciosa, tranquila y en silencio. Muy mística. Pero, desgraciadamente no. El turismo ha hecho mella y está convirtiendo esto en una feria. Hay más turistas que locales dándole comida de todo tipo a los monjes. La gente se para en todos sitios a hacerles fotos, incluso delante de ellos (no hay que olvidar que hasta es un agravio mirarles a los ojos…), las vendedoras de arroz van a gritos intentando alquilar los sitios para que te arrodilles, alquilando paraguas…


Y, lo que más me impresionó: de arroz nada. La mayoría del arroz se lo dan a las señoras que se ponen en las esquinas de las aceras con unas cestas muy grandes y ellos se queda con… ¡chucherías! Sí, la gente les da chocolatinas, gusanitos, patatas fritas… Los más jovencitos (no dejan de ser niños), tiran el arroz y guardan con ansia el chocolate, aplastándolo en sus bolsas para que quepa más. Una pena. Si ésta es su comida diaria…¡les va a dar colesterol y les va a subir el azúcar!


Me encontré entre encantada de estar donde estaba, delante de una tradición tan centenaria y mística, y decepcionada por el comportamiento de los turistas y de los monjes. Un sentimiento muy agridulce.


Cuando vimos gran parte de la procesión nos dimos una vuelta por el pueblo y regresamos a desayunar al “maravilloso” cutre-hotel. Después del incidente con el desayuno, nos dirigimos a la agencia de viajes para iniciar nuestro camino hacia las Pak Ou Caves.

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