Día 12 – Dando vueltas por Hanoi

Después de haber aprovechado la mañana para visitar la Prisión de Hoa Lo, el Templo de la Literatura y la Ciudadela Imperial, se nos había echado ya la hora encima. Subimos corriendo la avenida que lleva desde la ciudadela hasta el Mausoleo de Ho Chi Minh. Esta avenida está llena de edificios gubernamentales y, cuando pasábamos por la puerta de alguno, salían un montón de militares y funcionarios a mirarnos. Fue muy desagradable y es que los funcionarios de Vietnam no tienen una imagen muy buena. Las pocas veces que le hemos pedido ayuda a alguno, más que nada indicaciones para ir a algún sitio, nos han respondido siempre de muy mala gana. Al contrario que en China, que siempre ayudaban al turista porque el Gobierno les había dicho que los cuidara ya que eran una importante fuente de ingresos, aquí ya dejamos de preguntarles y recurrimos a la gente que nos encontrábamos por la calle.


Cuando llegamos al Mausoleo, éste ya estaba cerrado. No nos dio mucha pena porque nuestra intención no era entrar. No nos llamaba la atención ver al Tío Ho embalsamado en contra de su voluntad y todo lleno de guardias vestidos de blanco. Sin embargo, el complejo donde está el mausoleo sí que tiene cosas bonitas que visitar, pero estaba todo cerrado por ser la hora del almuerzo.


Caminando de vuelta, descansamos un poco en el Lago Hoan Kiem, que fue nuestro remanso de calma durante los días que pasamos en Hanoi. Cuando queríamos descansar de tanto barullo, nos íbamos a la orilla a sentarnos en un banco y nos entreteníamos viendo a la gente pasear tranquilamente, sin agobios, o viendo cómo hacían gimnasia los vietnamitas con unos aparatos viejos y oxidados.



Después de descansar un rato de tanta caminata, nos fuimos al Teatro de Marionetas de Agua, todo un espectáculo que no nos defraudó. En esta entrada tenéis más información sobre él. Hay que sacar la entrada mucho antes de la función, porque se llena, sobre todo de turistas.


Al terminar la función, de la que salimos encantados, fuimos directamente al hotel. Allí habíamos dejado nuestras maletas para que nos las guardaran en recepción hasta que fuéramos a buscarlas. Las cogimos, nos despedimos y nos fuimos andando hacia la estación de autobuses, que estaba a unos 20 minutos. A priori, esto es poco tiempo. Pero en Hanoi, con tantos obstáculos por la acera y por la carretera, se nos hizo todo un infierno ir andando con las maletas.


Nos esperaba nuestro siguiente destino: el tren que nos llevaría a Hue



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