Día 6 – Visitando Luang Prabang

Volvimos de las Cuevas de Pak Ou para la hora de comer. Fue un error no llevarnos nada, porque allí no hubo nada para comprar y teníamos mucha hambre.

Tourist Street está llena de negocios. Un montón de restaurantes para todos los bolsillos. Desde suntuosos restaurantes coloniales, hasta la pizzerías más baratitas. Lógicamente, allí acabamos nosotros. Bebiendo una beer lao, como manda la tradición.


Nos llamó la atención que, estando esto tan perdido y tan lejos, nos encontráramos con un negocio catalán. Bueno, parece que esta tierra atrae a los españoles, porque en el Centro de conservación de elefantes también coincidimos algunos, incluso la bióloga de allí es española. Pero, lo cierto es que no se ven muchos turistas españoles por Luang Prabang. Hay mucho francés, sobre todo, y algún que otro alemán.




La tarde la dedicamos a disfrutar de los múltiples Wat que hay por toda la ciudad y los alrededores. Algunos son de pago, pero baratos, y otros son gratuitos.

Entre Wat y Wat, buscamos la dichosa agencia de viajes Sakura, que es la que dice la Lonely Planet que gestiona el transporte privado para ir al Centro Nacional de Conservación de Elefantes. Pero, como la mayoría de los viajeros, no la encontramos. Así que, al final, acabamos reservado en una de ellas los billetes para ir en autobús hasta Sayabouli, toda una experiencia. Mereció la pena por conocer más de cerca a los locales.


Por la noche hicimos unas compras en el mercado nocturno, paseamos por Street Food (salimos ahumados y oliendo a barbacoa) y comiéndonos un pastel laosiano en un puesto callejero.



Los nervios estaban a flor de piel. Si todo salía bien, al día siguiente estaríamos subidos en un elefante. 

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