Día 11: Rusia - El duro camino hacia Khuzhir desde Irkutsk


A las 8 de la mañana habíamos quedado con nuestro conductor para que nos llevara a Khuzhir por 5000 rublos.  Puntual, como es común en Rusia, llegó Iván, un fornido joven rubio prototipo del típico ruso grande que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en porteros de discoteca.

El coche estaba impoluto. Iván nos llevó durante 4 horas y media por la carretera que va de Irkutsk al ferry a  más de 140 km/h. Al principio íbamos despacio porque había un tráfico inmenso, pero cuando salió el primer desvío, la carretera se volvió mucho peor y más solitaria. Entonces empezó a correr como si no hubiera mañana, no había nada que lo detuviera: ni baches, ni líneas continuas, ni vacas en mitad de la carretera...

Cuatro horas después de baches interminables, y con un dolor de cuello importante, llegamos al ferry. Allí paró, vio la cola de coches que había esperando para montarse... De repente, dijo que no nos llevaba, que él se daba media vuelta y que ya nos buscásemos la vida para cruzar. Nos quedamos pasmados. Pero, nuestro querido Iván se fue dejándonos allí tirados. La cola no era para tanto a esas horas de la mañana. Como mucho hubiéramos tenido que esperar unos veinte minutos. 





Desconcertados, cogimos nuestras mochilas y nos pusimos a la entrada del ferry. No hay que hacer cola si vas andando, tan sólo esperar a que llegue el barco, descargue y entrar. Es totalmente gratuito. El viaje dura unos cuantos minutos y el paisaje es inmejorable.



Cuando llegamos al otro lado, ya en Olkhon Island, toda la gente que venía con nosotros en el ferry se empezó a organizar y a montarse en sus coches y en minibuses y autobuses que los estaban esperando. Intentamos hablar con algunos y nos dijeron que lo tenían todo contratado y que no cabíamos en ningún sitio. Vamos, que sus "Ivanes" sí que habían cumplido y los llevaban directamente a su hotel, no como el nuestro que había salido corriendo.

Desolados, entramos en una de las tiendas que había allí. Compramos algo de comer y preguntamos a la dependienta cómo podíamos ir a Khuzhir. Nos dijo que había un autobús que venía de Irkutsk, pero que no tenía hora fija. Que esperáramos allí hasta que viéramos alguno. Pero nos advirtió que podría estar lleno y que a lo mejor no nos cogía. La cosa se iba poniendo cada vez más interesante. 

Al rato aparecieron dos minibuses y varios coches que estaban esperando para recoger a los viajeros que llegaban en el próximo ferry. Todos nos dijeron que no cabíamos, menos uno. Nos dijo que por 4000 rublos nos llevaba. Le dimos que sí y nos montamos. Cuando le fuimos a pagar nos dijo que habíamos entendido mal que eran 12000 rublos y se empezó a reír. Obviamente, nos bajamos. Que nos timasen tan descaradamente y, encima, riéndose... Buff. 


A las dos horas de estar allí esperando llegó, por fin, el minibús de Irkutsk. No había plaza, pero le dimos tanta pena al conductor que nos dejó que subiéramos apretujados. Yo me tuve que sentar abriéndome hueco entre el conductor y el copiloto. Haciendo maniobras para caber en el sitio, al lado de la palanca de cambios y compartiendo ese asiento con otro chico. Nos cobró 2000 rublos.


El viaje desde donde llega el ferry hasta Khuzhir duró una hora. La carretera se acabó y empezamos a conducir por caminos de grava muy deteriorados. El conductor tenía que hacer mucha fuerza para sujetar el volante y, a veces, se le iba y patinábamos. Una gracia.

Después de un susto tras otro desde que salimos de Irkutsk, habíamos conseguido llegar a Khuzir. El autobús nos dejó en la parada de en frente del supermercado. Y desde allí iniciamos nuestro camino por las polvorientas calles buscando nuestro hotel. El viaje por Olkhon había empezado mal, pero todavía nos quedaban más sorpresas que pasar.




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