Día 5 – Visitando Canberra, la capital de Australia


Después de maravillosos paisajes desde Albury, que parecían sacados de La Comarca de El Señor de los Anillos. Por fin llegamos a Canberra. Nuestra idea era descansar un poco y patearnos la ciudad viendo todo lo que pudiéramos de ella. Pero, lo siento. Me pareció aburridísima. Quería visitar la capital de Australia, pero os puedo decir que en nuestro viaje a mí me pareció totalmente prescindible.

El camping que elegimos parecía estar muy cerca del centro de la ciudad, pero no fue así. Estaba lejísimos y el transporte público no llegaba allí. Así que, a caminar. Andamos durante 1h 30’ hasta el Parlamento. Para ello tuvimos que atravesar todo el bosque del monte donde estaba el camping, pasar por una zona de chalets de lujo y dejar atrás las afueras de Canberra, con pintas ya no muy fiables. No es que fuera un camino agradable. Tenía la sensación de que estaba todo abandonado. Como en una peli de zombies. Podía pasar media hora hasta que veíamos a alguien aparecer de algún piso. Ni siquiera pasaban coches.



Nuestra primera parada importante fue el famoso Lago Burley Griffin. Las vistas eran maravillosas, una sensación de calma increíble y aquí, por lo menos, ya había gente. No mucha, pero algo es algo.




Después de pasear un rato por la orilla del lago, empezamos a dirigirnos hacia el Parlamento. El problema fue que el camino estaba en obras y acabamos perdiéndonos. Tardamos muchísimo más de lo esperado en llegar y ya estaba todo cerrado. Así que disfrutamos un poco del paseo de vuelta, viendo los edificios por fuera.





El camino de regreso al camping fue muchísimo peor. Menos mal que nos habíamos llevado la linterna porque, una vez dejada atrás la zona de los suburbios, ya casi no había nada de luz. Llegamos a estar totalmente a oscuras varias veces y sin un alma. Cuando por fin vi las luces del camping, me pareció que había llegado al cielo.


Mi visión de Canberra: me pareció una ciudad fantasma. 


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