La Torta Real de Motril

Este finde he ido a Motril con una idea fija: comprar la famosa torta real, el dulce más emblemático de esta localidad. 

Su vega, sus cultivos tropicales y de caña de azúcar dan lugar a un microclima excepcional con temperaturas anuales en torno a 20ºC, con más de 320 días de sol al año.
 
El dato más antiguo del que se tiene constancia es el que se publica en el periódico granadino “El eco de la libertad” en diciembre de 1854, aunque existen conjeturas sobre que su denominación de realeza sucediera por intervención de Francisco Javier de Burgos, en su etapa de Secretario de Estado de Fomento o Ministro de Hacienda hacia 1840. Otras historias apunta a que su abolengo reside tras ser servida al rey Alfonso XII. Mati Videras señala que la razón de que falte mucha documentación está en los bombardeos que ocurrieron en Motril durante la Guerra Civil, al destruir la casa donde estaba entonces la pastelería.      
 (El Ideal, 09-01-11)

La pastelería se encuentra en pleno centro del pueblo, en la C/Nueva, 54. Una vez allí, no sólo compré las tortas. Tuve la tentación de llevármelo todo. Tenía una pinta… Así que compré algunos dulces y varios pastelitos y bombones. Excepcionales. Los bombones tenían un regusto picantillo que nunca había probado antes en un dulce. Muy original. Repetiré.

La torta también se puede comprar por Internet, en www.videras.es, es muy jugosa y está hecha con una masa de azúcar, almendras, claras de huevo y merengue.

Paseé por el Santuario de la Virgen de la Cabeza y el sacristán me mostró muy orgulloso el camarín de la virgen, de estilo barroco, y los tesoros. Construido sobre las ruinas de una alcazaba musulmana, se levanta sobre el Cerro de la Virgen. Tiene una sola nave y una cúpula semiesférica. La estatua de la Virgen data del siglo XV. La leyenda cuenta que en su viaje, unos marineros portugueses llevaban la imagen de la Virgen en su barco. Tras sobrevivir a una gran tormenta le prometieron construirse una iglesia donde consiguieran llegar sin naufragar. Y este lugar resultó ser Motril. Como dato curioso, parece ser que en la antigua alcazaba estuvo viviendo la madre del último rey moro, Boabdil. 

Debajo del cerro, se encuentra el Parque de los Pueblos de América. Es bastante bonito, con un gran estanque con patos y árboles de la zona. Impresionan los grandes chirimoyos que recorren el parque.



Adentrándome en el casco antiguo, visité el museo de la ciudad. Como siempre digo, los museos modernos han perdido mucho de su esencia y han dejado paso a los audiovisuales. Que no es que esté mal, pero normalmente se abusa de ellos. A mí me resultó un tanto aburrido porque estaba lleno de vídeos. El museo está en un edificio restaurado del siglo XVII. En la entrada te dan la bienvenida varias proyecciones de antiguos personajes históricos de la ciudad hablando un poco sobre ésta. En una sala podemos ver en imágenes el proceso de restauración del edificio y en la otra, un ordenador con el mapa de Motril sobre el que puedes ver sus monumentos más emblemáticos a lo largo de la historia.

En la primera planta hay información sobre su historia más antigua, desde la prehistoria hasta las primeras producciones de azúcar.  En la segunda, podemos encontrar innovaciones en los cultivos, la crisis en la producción azucarera, la Guerra Civil y objetos de principios y mediados del s.XX, como antiguas cajas de Cola Cao, juguetes, teléfonos…  Pero, como digo, todo muy audiovisual. Era pequeño pero se me hizo muy largo. No lo recomiendo mucho.



Para terminar visité la Iglesia de la Encarnación. El monumento más antiguo de la ciudad. Fue construida a modo de fortaleza para que los habitantes de refugiaran de cualquier enemigo. En la Guerra Civil se convirtió en una dependencia militar, pero la nave de crucero quedó destruida tras la explosión de un polvorín, la cubierta desapareció y en el suelo se creó un cráter con una profundidad de seis metros. Tras la guerra, se utilizaron las piedras y ladrillos de las ruinas para reconstruirla respetando su antigua estructura.  

Antes de volver a casa, visité el puerto de Motril, que está a menos de 10 minutos en coche. Es un puerto comercial, deportivo y pesquero. Como desde aquí hay varios ferrys que conectan la ciudad con Melilla y Alhucemas, todos los carteles y chiringuitos que vimos estaban orientados a este público también, con multitud de carteles en árabe por todas partes. El paseo en sí no me gustó mucho, estaba todo sucísimo. Parecía que no habían barrido las calles en semanas. 

Así que me quedo con lo mejor del viaje: su clima, la amabilidad de la gente, el tapeo y… los dulces. Al fin y al cabo éstos eran el objetivo de mi visita.



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