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Nueva Zelanda: Día 6 – Qué ver en Wellington en un día


Qué ver en Wellington en un día

1. Civic Centre

Saliendo del Museo Te Papa, si seguimos andando junto al mar a la derecha, llegaremos al Civic Centre. Una gran plaza donde se encuentran varios  edificios importantes de la ciudad: la Biblioteca Municipal y el conjunto de madera neomaorí (Para Matchitt) de 1993, “Celestial llega a Aotearoa”.

El más reseñable  es el edificio de la City Gallery, instalada en la monumental antigua biblioteca de Wellington, construida en 1940 en estilo Art Deco. No tiene una colección propia, sino que realiza exposiciones temporales.

La verdad es que para nosotros fue un respiro para descansar del viento.
Horario: de 10’00 a 17’00
Precio: Gratis, salvo algunas exposiciones.
www.citygallery.org.nz

2.  The Parliament 

A unos 15 minutos siguiendo hacia la derecha del Centro Cívico, tenemos el Parlamento. Ofrece circuitos gratis para visitarlo, aunque yo no tuvimos tiempo. El edificio data de 1922 y no es muy llamativo. En cambio, junto a él, se encuentra el Beehive (La Colmena), de 1980, y símbolo arquitectónico de la ciudad. La verdad es que fue muy polémico su diseño y no pega ni con cola. El conjunto lo completa un edificio neogótico de 1899 donde está la Biblioteca Parlamentaria.


Enfrente están las sedes gubernamentales, el mayor edificio de madera del hemisferio sur, aunque parece de piedra.
  • Parliamentary tours: visita guiada gratuita
    • La visita dura 1h.
    • La salida se hace desde el Visitor Centre en la planta baja del Beehive.
    • Se debe llegar 15 minutos antes de la salida.
  • Horarios:

3. Cuba Street 

Aprovechando que se había calmado un poco el viento, volví para buscar la calle más famosa de Wellington: Cuba Street. Esta calle lleva el nombre de un barco de colones que llegó a Nueva Zelanda en 1840. Hoy es una calle peatonal llena de bullicio, restaurantes, tiendas de segunda mano, galerías de arte y fachadas antiguas. Tiene un aire alternativo y bohemio que me gustó mucho.






5. Botanic Gardens

Por la tarde, y con lluvia, cogí el coche para llegar al jardín botánico, otro icono de la ciudad. Allí también hay restricciones de aparcamiento. Tenedlo en cuenta a la hora de planificar vuestra visita.

Son 25 hectáreas de jardín donde podréis ver un montón de flora endémica, fuentes, esculturas, un estanque, y una cafetería.

El jardín se fundó en 1868 como parte de un programa para importar plantas y evaluar su potencial económico para la colonia de ingleses. En 1953 se abrió el Lady Norwood Rose Garden, que contiene más de 300 variedades de rosas. Debe su nombre a la mujer del primer alcalde de Wellington, Sir Charles Norwood, quien contribuyó significativamente al desarrollo de la ciudad.



Otro espacio que podemos ver es The Begonia House, que cuenta con una cafetería y una tienda de recuerdos y plantas. El edificio tiene un clima tropical donde se exponen un montón de plantas tropicales.


En el parque también se encuentra el Bolton Street Memorial Park. Durante 50 años, este cementerio histórico de la ciudad se dividió en tres cementerios separados (Anglicanos, judíos, y público en general). Se cerró en 1892, a excepción de los enterramientos en mausoleos privados. Entre 1968 y 1971 se cerró a todo el público y se exhumaron un montón de cadáveres para construir la autovía. Muchos de estos cuerpos ahora yacen detrás de la capilla del parque, que abre diariamente de 10’00 a 16’00.

Precio: gratuito


Cómo llegar a Botanic Gardens:

- Cable Car: Desde Cable Car Lane. Justo en la parada de Lambton Quay, sale cada 10 minutos.
- Autobús 3 Karori: se coge en Lambton Quay y para justo en la entrada del jardín.
- Andando: hay una ruta que va desde The Terrace, atraviesa Bolton Street Memorial Park, que está a 15 minutos de Lady Norwood Rose Garden y a 5 minutos más de la entrada principal.
- Coche: el único parking público está junto a Lady Norwood Rose Garden. La limitación es de 2 horas. Se accede a través de Centennial Entrance.

Otro sitio que podéis visitar en el jardín botánico es el Centro Astronómico, Carter Observatory. Tiene una muestra multimedia sobre la navegación polinesia, la cosmología maorí y los exploradores europeos.




Horario: 10’00 – 17’00
Precio: 18’50$




Nueva Zelanda: Día 6 – Qué ver en Wellington en un día - Wellington Cable Car


Una de las imágenes que siempre está presente cuando hablamos de Wellington es su famoso Cable Car. Un funicular que lleva operando desde 1902 y que se encuentra justo en la cima de Botanic Gardens. Mi última visita de este ventoso día me llevó a montarme en este icono de la capital de Nueva Zelanda.

El exitoso hombre de negocios Martin Kennedy consiguió convencer a la Upland Estate Company de incluir este funicular como parte del proyecto de construcción del barrio de Kelburn. Se empezó a realizar en 1899 supervisado por el arquitecto James Fulton y se abrió en 1902. El fin de semana de su apertura transportó un total de 4.000 pasajeros. Dos años más tarde, se añadieron más vagones para incrementar su capacidad a 62 pasajeros por viaje. En 1933, se dejó de usar vapor para ponerlo en marcha y se empezó a utilizar un sistema eléctrico. El sistema que se utiliza hoy se realizó en 1978.

Dónde coger el Wellington Cable Car 

El funicular tiene cuatro estaciones. Lo ideal es cogerlo en la base de la montaña o en su cima, para así disfrutar del trayecto completo.

Distancias hacia la estación de la base: Lambton Quay:
  • Desde el Museo de Wellington, Queens Wharf, East West Ferry: 5 minutos andando.
  • Desde la estación de tren, el Parlamento y el i-site: 10 minutos andando.
  • Desde Te Papa Museum y Old St Paul’s Church: 15 minutos andando.
  • Desde Cruise Ship Terminal y Aotea Quay: 25 minutos andando.

Estaciones:
  • Cable Car Lambton Quay. Situada en Cable Car Lane, en frente de Grey Street y al lado de un McDonald’s.
  • Clifton.
  • Talavera.
  • Salamanca (Universidad de Wellington)
  • Kelburn Lookout (cima de Botanic Gardens).

Kelburn Lookout se encuentra a 5 minutos del Carter Observatory. Desde aquí hay unas vistas impresionantes de toda la ciudad y del puerto de Tara.


Justo en frente de la terminal se encuentra el Cable Car Museum, un espacio dedicado a recorrer la historia del funicular. Cuenta con dos plantas. En la de arriba hay fotos, maquetas y dos vagones del original de 1902 y en la planta baja podemos ver el sistema que se utilizaba para que funcionara cuando se construyó.



El Museo es muy pequeño y con diez o quince minutos es suficiente para echarle un vistazo.

Horario
  • De lunes a viernes: de 7’00 a 22’00
  • Sábados: de 8’30 a 22’00
  • Domingos y festivos: de 9’00 a 21’00
  • Cerrado: Día de Navidad.
  • Frecuencia: salidas cada 10 minutos

Precio: 4$ Ida y vuelta. No tiréis el ticket, os lo pedirán a la salida. Los descuentos sólo son para estudiantes de Nueva Zelanda, o gente que esté estudiando en este país. El ISIC aquí no me valió para nada. 



DURACIÓN: unos 5 minutos en hacer el recorrido completo.



Otras entradas: 

Nueva Zelanda: Día 7 – Wellington - Visitando Weta Cave


Para los fans de El Señor de los Anillos y El Hobbit, la visita a Weta Cave está más que justificada. Por la mañana, bien temprano, me despedí del cutre camping para ir a los estudios de cine de Wellywood.


Está situado a 15 minutos del centro de Wellington en coche y lo bueno es que aparcar en la calle es gratis y sin límite de tiempo, algo que llevaba mucho sin ver en este país.

Weta Cave, la productora tan famosa de efectos especiales, no es sólo famosa por estas dos trilogías, sino que ha participado en muchas otras, como King Kong, Las aventuras de Tintín, Narnia, Hércules, Xena, El último samurái, Van Helsing, El Zorro, Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal, Avatar, Distrito 9…

La compañía comenzó en 1987 en un piso de Wellington, participando en programas de televisión neozelandeses. Coincidieron con Peter Jackson en varios proyectos y en 1994 se unieron con él y Jamie Selkirk para fundar Weta Cave como la productora de efectos especiales de Nueva Zelanda. El nombre lo cogieron de un famoso saltamontes gigante endémico de este país, y es el símbolo de su logotipo.

Nada más llegar a Miramar, ya se puede ver esta estatua para avisar de lo que viene.


El edificio en sí no llama mucho la atención y puede decepcionar al principio. Delante de la entrada hay varias figuras con las que podemos hacernos fotos.


Cómo es la visita gratuita a los estudios de Weta Cave

La visita a Weta Cave es gratuita. Dentro podemos ver una pequeña tienda con un montón de objetos de coleccionista de todas sus películas. Pero, por supuesto, El Señor de los Anillos y El Hobbit, son los amos del lugar. Algunas de ellas son figuras únicas que valen una verdadera fortuna. En una salita anexa hay un mini cine donde se proyecta un documental sobre el trabajo que realizan en la compañía y un resumen de las películas en las que han participado. Son un montón, pues no sólo se dedican a los efectos especiales, sino que también destacan en la creación y diseño de figuras, attrezzo, estatuas urbanas… todo cuidado al mínimo detalle.



El documental es único y sólo lo podéis ver en esta sala. No se ha proyectado en ningún lugar más. Dura unos 20 minutos y se proyecta ininterrumpidamente.




Cómo es la visita guiada a los estudios de Weta Cave

La visita guiada me costó 20$. No la había comprado con antelación porque no sabía si me iba a dar tiempo a hacerla completa o sólo podría ver la tienda.

Tuve suerte, pues compré las dos últimas entradas que quedaban ese día. Así que, si tenéis pensado ir, compradlas por internet para no hacer el viaje en balde.

La visita comienza en las salas de al lado de la tienda, siguiendo las pisadas del suelo. La realizan los propios trabajadores del taller y cuentan anécdotas muy interesantes sobre su trabajo. Dentro podemos ver un montón de figuras, armas, vestuario, maquetas… y, con suerte, a algunos artistas trabajando. Yo pude ver muy pocos (en marquetería y en diseño de miniaturas) porque la plantilla estaba participando en la Comic-Con de este año.



El chico que hizo de guía fue realmente simpático, con ese sarcasmo típico de los neozelandeses y que los hace adorables. Sus gracias irónicas y sus juegos de palabras estando tan serios me recordaban a Oscar Wilde y te hacen estar siempre muy atento a lo que dicen, no vaya a ser que no pilles el chiste y quedes mal.

Me llamó la atención que tuvieran como referencia el Alcázar de Segovia en un gran libro. Cuando llegamos a esa zona nos dijo que habían utilizado un castillo español como fuente de inspiración para algunas películas, el “Alcasar”, porque les encantaba.

La verdad es que la visita no decepciona, y más si os gusta el cine. Además, te dejan tocar algunas piezas e incluso materiales como los que se usan para hacer la piel artificial de las figuras para que parezcan reales o la malla que llevaba Aragon.

El recorrido es bastante pequeño pero merece la pena, y más con guías tan entusiastas como el nuestro. La visita duró unos 50 minutos y se me hizo muy corta. Lo malo es que no se pueden hacer fotos del interior.



Horario de Weta Cave
  • Todos los días, de 9’30 a 17’00.
  • Cerrado: 25 de diciembre, Boxing Day, 1 de enero, 25 de abril.


    Precio de la entrada a Weta Cave
    • A partir de octubre de 2014 la entrada cuesta 24$ adulto y niños 12$.


      Cómo reservar la visita a Weta Cave
      • En su web: www.wetaNZ.com/cave
      • En el propio taller.
      • En el i-site de Wellington, en Civic Square.

      Cómo llegar a Weta Cave
        • A 15 minutos en coche del centro de Wellington.
        • Autobús: Coged el número 2 en Central Wellington y bajaos en la esquina de Darlington con Caperdown Road.

        Weta Cave Workshop
        1 Weka Street. Miramar, Wellington



        Nueva Zelanda: Día 6 – Qué ver en Wellington en un día - El Museo Te Papa


        Mucho más pequeña que Auckland, la capital de Nueva Zelanda apenas tiene 326.000 habitantes y les encanta el café. Enormes tazas de cientos de variedades y cafeterías chic por todo el centro.

        El Museo Te Papa

        Mi primera parada fue el Museo Te Papa, considerado el mejor del país. Por ello su nombre significa “El cofre del tesoro”. Cuenta con seis plantas, dos cafeterías, dos tiendas de regalos y un bonito jardín junto al mar. Su apertura en 1988 fue bastante controvertida por la manera que tuvo de exponer los tesoros de Nueva Zelanda: de un modo interactivo y muy original para la época. Hoy resulta muy atractivo, llamativo y ameno. Sus exposiciones se dividen en varios apartados:

        Bush City: es una exposición viviente que lleva la exuberante naturaleza neozelandesa a la ciudad. Cruza un puente colgante, visita una cueva de luciérnagas o unas marismas, escala un río de lava seca o excava en busca de fósiles, al lado del mar.



        - Planta 1: Aquí está la entrada al museo, el guardarropa, un cajero automático, una tienda y una cafetería con sala de juegos. Destaca el ancla de De Surville, que  está en la pared de dentro de la entrada, y conecta los viajes que realizó por el Pacífico el explorador francés De Surville y los primeros contactos entre maoríes y europeos.


        - Planta 2: En la entrada hay mostrador con un montón de información turísticas y donde se pueden comprar los tickets para las visitas guiadas.

        Awesome Forces: Impresionante sección donde se puede ver cómo el paisaje del país se ha ido transformando por las placas tectónicas, los terremotos, los volcanes y el agua. Déjate mover en la casa sísmica, admira la erupciones en una pantalla grande y descubre la historia maorí sobre la creación con la película Papatuanuku.

        Mountains to Sea: Esta zona cuenta cosas interesantes sobre la flora y la fauna del país. Aquí podrás explorar los seis ecosistemas más importantes de Nueva Zelanda: la montaña, la selva, el agua dulce, la costa, el mar abierto y el océano profundo.  Lo mejor: un imponente calamar gigante y ver cómo vive en una película en 3D con tus gafas y todo.




        NatureSpace Discovery Centre: con juegos relacionados con la naturaleza y actividades infantiles y familiares.

        Te Papa Kids’ Store: tienda de regalos para niños.

        OurSpace: zona interactiva con un montón de cachivaches para tocar y aprender.



        - Planta 3: Se divide en dos zonas:

        Blood, Earth, Fire: revela la dramática transformación de Nueva Zelanda: de ser un entorno virgen a ser tierra cultivada. Con plantas y animales que existían antes de que llegasen los humanos. A través de los tesoros maoríes se pueden descubrir las propiedades afectivas de la madre tierra, el calendario lunar maorí y naturaleza en la película My Place.

        El cañón Endevour: sirve de conexión entre los viajes por el Pacífico del explorador británico James Cook y el primer contacto significativo entre maoríes y europeos.

        - Planta 4:

        Mana Whenua: llena de historias y tesoros maoríes, taonga.

        Rongomaraeroa: es la marae (lugar de reunión comunitario) contemporáneo de Te Papa, y fue tallada por los mejores tallistas maoríes.

        Signs of a Nation: cuenta la historia del Tratado de Waitangi, el documento fundacional de Nueva Zelanda.

        Passports: donde se celebra la diversidad cultural de país a través de las emocionantes vivencias de las personas que emigraron a este país.

        Tangata o le Moana: The story of Pacific people in New Zealand: revela la importancia de la influencia del Pacífico en este país. Se conoce cómo se relacionan Nueva Zelanda y sus vecinos del Pacífico.

        Golden days: es una increíble tienda de objetos usados que recobra vida durante una presentación interactiva de 12 minutos con los acontecimientos más destacados de los últimos 100 años de historia neozelandesa.

        Slice of Heaven: 20th Century Aotearoa: consiste en las historias, los habitantes y los eventos que transformaron el país en el siglo XX.



        - Planta 5: Esta planta experimenta la riqueza y la diversidad del legado artístico de Nueva Zelanda. Alberga la colección de arte nacional. En sus exposiciones temporales se exponen más de 300 impresionantes obras.
        - Planta 6: Dedicada a exposiciones temporales. Su azotea es impresionante. Desde ella hay increíbles vistas de la bahía de Wellington y de la ciudad.



        Si sólo tenéis tiempo para visitar un museo en la zona, sin duda, éste es el mejor.


        - Parking: debajo del museo hay un parking de pago bastante caro. Justo al lado hay una zona de aparcamiento gratuito durante dos horas. Hay muy poquitas plazas, pero puede servir para ver el museo, cambiar el coche de sitio o dar una vuelta y volver a aparcar allí para dar un paseo por el centro. Así lo tuvimos que hacer nosotros.
        - Precio: Gratis. Visitas guiadas de 1 hora en inglés = 14$
        - Horario: de 10’00 a 18’00. Los jueves abren hasta las 21:00
        - WIFI ilimitado y gratuito.
        Museum of New Zealand
        Te Papa Tongarewa
        Cable Street, Wellington.

        Nueva Zelanda: Día 5 – Opinión del Camping Aotea Lodge Porirua en Wellington


        Si volviera a Wellington, jamás escogería este camping de nuevo. Nada que ver con la página web, ni con sus propios folletos, ni con su publicidad. Es un engaño total. Mirando este folleto parece un sitio fenomenal, con piscina climatizada y todo, pero una vez allí os daréis cuenta del lugar en el que estáis.


        Llegué a Wellington de noche, con un frío terrible, lloviendo y, cómo no, con viento. Un viento tan fuerte que movía la caravana. Daba susto. Y es que Wellington presume de llamarse Windy Welly, una ciudad donde tienen más de 300 días al año con vientos que superan los 60km/h.

        Elegí este camping porque estaba apartado de Wellington, en una zona que se llama Porirua, a unos 20 minutos del centro de la ciudad. Un sitio que me pareció tranquilo y donde seguramente se estaría más resguardado de los vientos del puerto. Además, dentro de la oferta de la zona, me gustaron los folletos, las opiniones en internet y el precio. Opiniones falsas, pues hoy sé que, especialmente en Nueva Zelanda, se hacen muchas trampas en Tripadvisor y páginas semejantes, y son los propios dueños los que publican unas opiniones excelentes. Es muy importante ver cuántas opiniones distintas ha publicado un usuario, porque si hay muchas opiniones extraordinarias de gente que sólo ha publicado una o dos opiniones, ya tenemos indicios de que están falseadas. Mi primera opción fue un Camping Top 10, pero estaba todo completo ese fin de semana.

        Cuando llegué allí no había nadie en la recepción. El camping está situado en pendiente, sin nada alrededor, nada más que zonas residenciales, es imprescindible coger el coche para ir a cualquier sitio. Tuve que esperar bastante hasta que una chica se dignó a venir. La chica me cobró, se asomó a la ventana y me dijo dónde teníamos que dejar el coche... Literalmente, el supuesto camping era... ¡EL APARCAMIENTO DE UN HOTEL! Si, en serio. Habían puesto en el aparcamiento tomas de corriente y, para ellos, ya estaba el camping hecho. Y este es la magnífica sala de estar del camping:



        ¿Y QUÉ HAY DE LAS INSTALACIONES PARA LOS CAMPISTAS? No os preocupéis: los campistas utilizan las instalaciones del personal de servicio del hotel. Es decir, que la supuesta cocina a la que tenía acceso, era la lavandería del hotel, comía de mierda, donde los empleados se hacían el café en su descanso. Y el WC era su baño. Así que tenía que pasar por delante de ellos mientras trabajaban y molestaba estando en medio. Por cierto, la cocina tan excelente que anunciaban por todos lados, consistía en un microondas y un fregadero. Todo cubierto de telarañas, pues los empleados, todo hay que decirlo, parecían vivir entre mierda. 




        Lavadora reciclada convertida en una pila.


        Arañones por todas partes.

        El lavabo ruinoso, con manchas amarillas por todos lados. ¡A ver si había narices a ducharse allí!



        Lo peor de todo era la cara de los clientes del hotel cuando se asomaban por la ventana, o cuando iban a coger sus coches y me veían salir de la furgoneta para armar la cama con las almohadas y todo. Parecía una pobre que le íba a robar o algo. Había dos caravanas más, pero de las grandes, justo en el aparcamiento de arriba. Y éstas estaban más alejadas de los clientes, por lo que parecían no molestar tanto. 

        Manifesté mi malestar y mi extrañeza a la de recepción. Y la que se extrañó fue ella. No comprendía mis quejas. Me dijo que si no me gustaba mi plaza, que cuando se fuera otro coche la cambiara sin problema. 

        Se suponía que el wifi entraba gratis con la reserva, pero no fue así. Cuando fui a preguntar me dio una tabla con las tarifas. Al ver que estaba ya cagándome en to, y despotricando en español, me dijo que como hacía tan mala noche me lo regalaba por venir de tan lejos. Qué considerados. Seguro que lo que estaba temiendo era una hoja de reclamaciones, que es lo que se merecían. 

        Además estaba lo de la piscina. El recinto no está mal, pero no tienen vista ninguna. Resulta que la piscina van y la ponen en mitad del restaurante. Tal cual. Por lo que mientras te estás bañando tienes a toda la gente del hotel entretenida, toda arregladita, viéndote haciendo largos. Obviamente, no vi a nadie bañándose.  

        En fin, aquí pasé dos noches como pude antes de coger el ferry para cruzar el estrecho de Cook. Mientras me mecía el viento con sus enormes ráfagas. 

        Precio: 70$ por dos noches.