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Parque Minero de La Unión


La visita dura unas dos horas y comienza con un audiovisual en la cabaña donde se venden las entradas, al lado del aparcamiento. Cuando acaba, te suben en tren por la carretera del 33 a la mina mientras te van dando explicaciones de todo el paisaje. La carretera del 33 era la típica ruta minera de la región, que la comunicaba con el mar.



La mina cuenta con más de 4000 m2 abiertos al público, a 80 m de profundidad. Se abrió en el 1869 y de ella se extraía pirita. La visita es larga y lo mejor es el lago interior de aguas rojizas. Te dicen que puedes probar el magnesio que recubre las paredes y los techos de la mina, esto es lo que hacían los mineros que trabajaban allí a oscuras y en condiciones infrahumanas. Está asqueroso. Amargo, amargo.



Al acabar la visita a la mina, el tren os lleva al restaurante y al mirador. Se puede seguir la visita por libre a la Mina Pablo y Virginia (se ve por fuera), el polvorín, el lavadero, el horno de tostación y el serpentín.

Si no, desde el mismo restaurante, os vuelven a bajar en tren hasta la entrada.


Sin duda, ¡merece la pena! Tiene aparcamiento de sobra y la entrada cuesta 11€ y 8’25€ para estudiantes. Hay que hacer reserva por email, porque las entradas son limitadas.




Visitando Jumilla, Calasparra y Caravaca


El último día que tenía para pasar en Murcia quería visitar Jumilla, la cueva del Puerto, Calasparra y Caravaca de la Cruz.

Empecé por Jumilla y su castillo. Desde la oficina de turismo sale un autobús que por 1€ te lleva al castillo y así te ahorras la subida, que no se puede hacer en coche. El autobús sale a las: 10:00, 11:00, 12:00 y 13:00.



Importante: Sólo se puede visitar el castillo los sábados, domingos y festivos.

Es una fortificación restaurada, pero bien hecha. No se nota tanto como otros castillos que hemos visto. Aunque sus orígenes son muy antiguos, en 1461 el marqués de Villena mandó construir esta fortaleza tal y como la vemos hoy: con tres pisos, sótano y terraza.
No me decepcionó.

Desde Jumilla me dirigí a Calasparra. La verdadera joya de la visita. Famoso por su arroz, el municipio en sí no tiene mucho que ver, pero a 6 km se encuentra el Santuario Virgen de la Esperanza.  En un cerro, rodeado de naturaleza y totalmente integrado en la montaña.

Según el folleto que me dieron:

Cuenta la leyenda que un pastor que guardaba su ganado en esas cuevas, excavadas sin duda por las aguas del río encontró la imagen de la Virgen "La Pequeñica", seguramente olvidada por algún caballero cristiano. El pastor comunicó su valioso hallazgo a las autoridades eclesiásticas y civiles de Calasparra que con los habitantes del pueblo vinieron alborozadas y quisieron llevarse la imagen para ser venerada por el pueblo. Dice la leyenda, que la Virgen se hizo tan pesada para su tamaño, que todos comprendieron que era aquí donde deseaba ser venerada. Decidieron, por tanto, acondicionarla. El por qué y cuándo se le adosó a la virgen de la Esperanza (la grande) la "pequeñica" (la aparecida) no se sabe con exactitud. Si conocemos que el año 1.786 ya se veneraban juntas y que en 1.840, fue nombrada la Virgen de la Esperanza Patrona de Calasparra.








Hay mucho aparcamiento gratuito en la entrada. Después del aparcamiento hay una zona ajardinada con muchos bancos y un arco de piedra con el nombre del lugar.

La ermita es preciosa, toda en piedra, no deja de ser una cueva. En un apartado anexo hay una tienda de recuerdos y se puede subir al camarín y a la sala de ofrendas, con multitud de ellas.

Después de comer me fui a ver el Cañón de los Almadenes, por hacer hora, ya que tenía la visita a la cueva del Puerto reservada para las 5.



Y allí me llevé la segunda desilusión del viaje. Llegué al aparcamiento de la cueva y no había nadie. Subí una pendiente de la hostia y seguía sin haber nadie. Todo desierto, la cafetería: desmantelada, una pena.  A las 5’15 vi aparecer una camioneta. Bajé toda la cuesta y le dije al conductor que tenía la visita reservada a la cueva con empresa que lo lleva: Qalat aventura. Yo había mandado un email para reservar fecha y hora y me respondieron confirmándomelo.

El tío me dijo que la cueva no se abría en esos días. Se negó a abrir, y ni se bajó de la furgoneta. Todo el rato con el wasap liao y ni levantaba la cabeza del móvil. 

Al llegar a casa les mandé un email a la empresa quejándome, y me respondieron que la reserva claro que estaba confirmada, que no entendían lo que había pasado pero que ya le habían echado la bronca al guía. Pues vaya seriedad de empresa: os lo digo en serio, no la recomiendo para nada. No la contrataría en la vida.

Por culpa de haber tenido que esperar tanto con el asco de cueva, llegué a Caravaca a las tantas. Ya no estaba abierto nada, así que lo tuve que ver todo por fuera. El consuelo fue que estaban en la fiesta de Moros y Cristianos y había buen ambiente:









Visitando Mazarrón y Bolnuevo


Muy cerca de Águilas, fui por la tarde a visitar estos dos pueblos. Anduve por el paseo de Mazarrón viendo una feria de muestras y entré en el Centro de Interpretación del Barco Fenicio, gratis.

Es una habitación con una maqueta del barco y paneles explicativos, no os esperéis más.
El barco fenicio fue descubierto en 1988 y pertenecen al s.VII a.C. Hoy está expuesto en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. En 1998 encontraron otro más completo, en muy buen estado de conservación, pero no se ha extraído.

A 5km más o menos, está Bolnuevo, una pedanía de 1000 habitantes famosa por sus erosiones. Se les llama Las Gredas y son setas rocosas de varios metros de altura, preciosas. El coche se puede dejar delante de las mismas, hay aparcamiento de sobra. 





Visitando Águilas



Qué ver en Águilas

De Águilas visité su paseo marítimo, su casino y su castillo. Me dio el aspecto de un pueblo también venido a menos, muchos negocios cerrados, poca gente… triste, en general.

La subida al castillo se hace atravesando el casco antiguo, con unas casas muy bonitas, pero calles sucias. La entrada cuesta 2€ y gratis para los estudiantes.  Dentro está lleno de maquetas y audiovisuales.





Lo que más me llevo de recuerdo del pueblo es lo bien y barato que se come allí. Aquí tenéis los horarios y precios de todo lo que se puede visitar:



Un día en Murcia


El pasado Puente de Diciembre hice una visita improvisada a Murcia.Tenía muchas ganas de ver la catedral, que todo el mundo decía que era tan bonita. Y vaya si merece la pena.

Aparqué junto al río Segura, del que disfrutamos hasta desviarnos para ver la Catedral, del siglo XIV, que mezcla los estilos gótico, sobre todo, renacentista y barroco. Su campanario es el más alto de España después de la Giralda. El interior es espectacular y en la capilla mayor está el sepulcro con el corazón y las entrañas de Alfonso X el Sabio. Lo que más me impresionó fue la Capilla de los Vélez, de estilo gótico-flamígero, que mandó construir don Juan Chacón, que está tan de moda por la serie de Isabel.

La visita guiada se divide en una sección de arte y arqueología andalusí, con restos del antiguo palacio, y otra, en el piso de arriba, dedicada a arte sacro, donde destaca un Cristo de Salzillo. Las vistas desde este piso son realmente buenas, ya que se disfruta de la alberca del palacio.


  

Aunque Murcia es enorme, la 7ª ciudad más poblada de España, el casco antiguo es muy manejable y se puede visitar todo en poco tiempo. La plaza de Bellugar es impresionante, allí podéis ver barecillos y terrazas, el Palacio Episcopal y la Oficina de turismo. 

Sin duda, las calles más famosas de la ciudad son la Platería y la Trapería, justo detrás de la Catedral. Paseamos por estas calles viendo la fachada de su imponente Casino, de 1847, hoy visitable por 5€.

Justo en esta calle disfrutamos de unos dulces de piñones deliciosos, aunque algo caros, en la pastelería más antigua de Murcia: Confitería Viena. Llevan haciendo dulces desde 1845. Un pequeño local  antiguo, pero muy conservado.


Siguiendo calle abajo, y tras varios intentos porque estaban dando misa y nos equivocamos de entrada veces (¡para matarnos…!) pudimos visitar el Monasterio de Santa Clara.  La visita es gratuita y merece mucho la pena. Fue fundado aprovechando las ruinas del palacio islámico del siglo XIII en el que habitaron los últimos reyes musulmanes murcianos. 

Después de ver un mercadillo navideño y de productos típicos, me dirigí al Museo arqueológico, gratuito, bastante grande y con una visita amena. Tras decidir que ya no había tiempo para ver más de Salzillo, decidimos volver a casita a descansar, que ya era bastante de noche.