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Japón - Día 6: Hakone - Visitando el Castillo de Odawara


Cuando respiré, ya tranquila, en la estación de Odawara tuve algo de mejor tiempo. Este pueblo es más grande. Su calle peatonal comercial merece mucho la pena, sobre todo viéndola al atardecer. Y está llena de restaurantes de comida internacional. Allí visité la Tumba de Hojo, Ujimasa y Ujiteru y su castillo.



El castillo tiene cuatro pisos. Lo más extraño es que en la puerta del castillo hay una jaula con monos. No pega mucho, ni entendí su significado, pero allí estaba. Como ya anochecía, no pude entrar. Cerca está la tienda Uirou, que lleva más de 800 años abierta y es famosa por sus dulces.





Siguiendo toda la calle del castillo hasta el final, se encuentra la playa. Y me sorprendió bastante, porque estaba muy sucia. No se podía andar descalza por allí al estar toda llena de basura. Aun así, había alguna gente bañándose y con bengalas. Desde la playa volví a la estación y cogí el tren directo hacia Tokyo. Aún me quedaba un buen trecho hasta el hotel. 




Japón - Día 6: Hakone - Merendando en Moto-Hakone


Moto-Hakone es un pueblecito en la orilla del Ashi, muy pequeñito y pintoresco. Es un lugar de recreo y vacaciones aunque la neblina lo inundaba todo cuando llegué. Me paré en una cafetería bastante bonita a comer unos dulces del bosque típicos de la zona, acompañados por un té verde helado. La dueña, muy amable - aunque no nos entendimos nada.

Tras andar un poco por el pueblo fui a visitar el templo sintoísta Hakone-jinja Shrine. En plena naturaleza, rodeado de árboles altísimos, es muy fácil perderse por sus caminos. Para llegar a la zona principal hay que hartarse a subir una gran escalinata donde todo el mundo aprovecha para echarse fotos. La entrada viene anunciada por un gran torii, por lo que es fácil de ver, y luego debes seguir el camino de linternas.





De vuelta a la bruma, fui a la estación de autobuses para volver a Odawara. La estación estaba abarrotada y nadie se enteraba de nada. Tenías que ir preguntando conductor a conductor si su autobús iba a Odawara. Un caos. Por fin, di con el autobús correcto y allí nos metieron a todos los pasajeros cual hornacina. No había estado tan apretujada en mi vida. No cabía ni un alfiler y el trayecto no era corto. Tardamos más de media hora en llegar, por unas carreteras de montaña, llena de curvas, de tráfico y lloviendo. Y el conductor a toa hostia. Pasé miedo, la verdad.





Japón - Día 6: Hakone - Desde Togendai hasta Hakonemachi


Desde el teleférico bajad corriendo siguiendo a la gente. La mayoría se dirigen al lago para coger el Hakone Sighseeing Boat. Las salidas son cada 30-60 minutos y el trayecto dura media hora.

Aparecerá un barco que no pinta nada dentro de este paisaje armonioso. Un barco pirata que hace las delicias de los japoneses. Si te olvidas de la horterada del barco, el paisaje, sin duda, merece la pena. Y si has tenido suerte de pillar un día despejado, verás el Monte Fuji reflejado en el lago. Espero que tengas suerte.



La mayoría de los barcos se dirigen a Hakonemachi y Moto-Hakone. Yo me bajé en esta última, porque me interesaba más, dada la hora que era ya. No hay asientos reservados, pero con el Hakone Free Pass sólo puedes ir en segunda clase, a no ser que pagues un suplemento. Pero no merece la pena.

Ten cuidado. Los barcos operados por Izuhakone no entran con el pase. Espera al barco pirata.



Si te bajas en la primera parada podrás ver el Hakone Checkpoint: 9:00-16:30. Cuesta 400¥ con el Hakone Free Pass.
Está muy cerquita desde el muelle de Hakone-machi y la parada de autobús. Los autobuses de Hakone Tozan Bus operan entre Hakone-Yumoto Station y Hakone-machi (40 minutos, 930 yen, 4-5 buses por hora, cubierto por el Hakone Free Pass).

Hakone Sekisho Exhibition Hall: 9-17. 500¥

Japón - Día 6: Hakone - Los huevos cocidos de Owakudani


La primera parada del teleférico es Owakudani – El Valle del Infierno. Un cráter creado por la última erupción del Monte Hakone hace más de 3000 años. Se pueden ver aún la gran actividad volcánica que hay en la zona. Chimeneas sulfurosas, manantiales de agua caliente y ríos calientes se encuentran fácilmente al caminar por el aquí. El paisaje es mágico. El olor no.








Han montado todo un  complejo turístico alrededor de este sitio. Lo tradicional es comprar huevos hervidos en agua caliente natural. Son huevos negros que los han cocido en las aguas sulfurosas. Muy buena pinta no tienen y tampoco parecen muy saludables. Aun así, la gente los compra como rosquillas y hay cáscaras negras por todo el camino. La leyenda dice que cada huevo prolonga la vida durante siete años más, pero no es aconsejable comer muchos. Normal, están malísimos. Me comí uno por hacer la gracia, pero… puaj.



La visita dura poco.Consiste en subir las escaleritas mientras observas las erupciones y el agua hasta que ya no puedes soportar más el olor. No obstante, hay que reconocer que es precioso. En la parte cercana a la estación hay tiendas de recuerdos y puestos de comida que no son nada caros.



Desde allí, tendrás que volver a armarte de paciencia en la cola para coger de nuevo el teleférico. Hacia Togendai, en la segunda parada. En la cabina me encontré con un japonés mayor muy simpático que sólo sabía decir en español gracias, buenos días, jamón y Barcelona. Me reí mucho.


Japón - Día 6: Hakone - Los escarabajos gigantes de Gora Park


La estación de Gora parece de juguete. Es un pueblo de montaña precioso. Hay muchas cosas que visitar que entran gratis con el Hakone Free Pass o te hacen descuento. Yo decidí visitar Gora Park (9:00-17:00) que era gratis. Lleno de flora y fuentes, lo más llamativo es su centro de escarabajos gigantes, como los que aparecían en Samurai Champloo.




La entrada al recinto de los escarabajos se paga aparte pero, ¿quién se resiste si te lo van anunciando hasta la saciedad durante todo el recorrido? Dentro de la caseta puedes ver un montón de escarabajos enormes, puedes jugar a distintos juegos, tirar a una ruleta, intentar cogerlos con unas cuerdas, meterte entre unos arbolitos pequeñitos para cogerlos con la mano… Ahora, tienen muy mala leche, porque los arbolitos estaban llenos de niños bastante pequeños y a más de uno le hacían sangre con las pinzas. Aunque, ellos ni lloraban ni nada, ni se inmutaban. Con menos ya estoy yo llorando. Si eres capaz de cogerlos con las cuerdas te los puedes llevar.






También existen al otro extremo del parque varios talleres de artesanía, como uno de fabricación de vidrio. Todos ellos se pagan aparte.

Desde Gora volví a la estación para coger el Funicular hacia Shouzan: el Hakone Tozan Cablecar. Las salidas son cada 20 minutos y el trayecto dura tan sólo 10. Pero las colas son enormes. La gente se agolpa y te espachurran, tanto en la cola como en el funicular.




Conforme te bajes, empieza a hacer cola para el Hakone Ropeway. Está todo muy bien señalizado y casi todo el mundo va al mismo sitio, por lo que no hay pérdida. El teleférico sale cada 30 minutos, pero las colas también impresionan. Hasta ese momento no sabía lo que era la paciencia nipona, que culminaría con mi visita a DisneySea.



Merece la pena. Se pueden disfrutar de unas vistas que quitan el habla. Cuando hace buen tiempo, o sea, unos cuantos días al año (yo no tuve esa suerte) se puede ver el Monte Fuji a lo lejos y observar cómo se refleja en el Lago Ashi. De todos modos, si no está despejado las vistas del parque nacional también son espectaculares. 


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