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Día 5 – Mi último día en Siem Reap

Papeleras hechas de neumáticos. Aquí se recicla todo. 
Mi último día en Siem Reap lo pasé disfrutando de la lluvia.  :( Un temporal, me aguó el día, pero bien.

Así que aproveché para darme un masaje relajante en el hotel, que resultó ser una paliza. Al día siguiente estaba llena de moratones. Eso sí, relajada. Bueno, toda una experiencia.

Aprovechando que paró un poco de llover a media tarde, me di una vuelta por los mercados para hacer las últimas compras. A esos precios, ¡me lo quería comprar todo!

Después, me perdí por las callejuelas mientras buscaba algunos Wats que me había dejado en el tintero. 


Y, para acabar, cene en el famoso Temple Club mientras disfrutaba de un grandioso espectáculo de Apsara.


Justo antes de llegar al hotel, otro chaparrón. Pues no quedaba otra que descansar, volver a hacer las maletas y dejarlo todo preparado para mi próxima parada: Laos



Día 4 – Visitando Angkor


Por la mañana, muy tempranito, ya tenía en la puerta del hotel a mi conductor, Saroh, para llevarme a los templos. Y es que más tarde, es imposible por todos los turistas que se agolpan en los recintos. Pero, tampoco podemos ir al amanecer, ni al atardecer, porque estamos en las mismas…


Ir a Angkor es bastante fácil: tan sólo hay que seguir la carretera de la avenida en la que están los Jardines de la Independencia y el Museo de Angkor. Todo recto, durante unos 5 km.

De los tres tipos de entradas que existen, yo opté por la de un día. Ni tenía mucho tiempo, ni tampoco quería dedicarlo todo a los templos. Y, es que, después de la impresión y el entusiasmo inicial… luego ya me parecían muy repetitivos. Pero eso ya, depende de cada uno.

Sarah me llevó a las taquillas. Allí me hicieron una foto y me dieron impresas las entradas. En ellas aparecen nuestros datos para que no se puedas falsificar.


A continuación, acordé con mi conductor que iba a hacer el recorrido corto, viendo lo imprescindible. Y es que hay tres complejos que no nos podemos perder: Angkor Wat, Bayón y Ta Prom. Este circuito tiene un recorrido de unos 17 km.

Angkor cuenta con el edificio religioso más grande del mundo: Angkor Wat. Es Patrimonio de la Humanidad y el orgullo de Camboya. Gracias a él, la zona se está revitalizando y están consiguiendo ganar algo de dinero que invertir en el país. En su reconstrucción y mantenimiento están participando otros países, como China o Corea.

Su construcción comenzó en el 802, con el rey Jayavarman II, quien unificó los reinos que habitaban en Camboya e inició una época que llevaría al florecimiento del imperio jemer. Desgraciadamente, su declive comenzó en el siglo XIV y, en el XV, quedó olvidada hasta que un explorador francés la descubriera en 1860. Allí tan sólo quedaba un monasterio con monjes y esclavos.

1. Angkor Wat: Es la estampa más bella de toda Camboya. Te pone los pelos de punta. Se realizó a principios del siglo XII y representa el universo según el hinduismo. En su centro se halla el Monte Meru: la torre central de Angkor Wat. Todo ello rodea por un foso, que simula el mar. 


2. Angkor Thom: Se construyó junto al rio Siem Reap a finales del XII. Constituye la ciudad fortificada del complejo, que llegó a albergar a más de un millón de personas. Está lleno de templos, entradas, esculturas… Las puertas piramidales de 28 metros de altura muestran las cuatro caras de Avalokiteshvara, que protege la ciudad mirando a los cuatro puntos cardinales.  Uno se puede perder fácilmente entre tanta jungla. 






Los lugares más representativos en Angkor Thom son:

- El Bayon: mundialmente famoso por Tom Raider. Se halla en el centro de la ciudad y es todo un misterio. Contiene más de 200 caras con una enigmática sonrisa, que adornan 37 torres.

En frente de la entrada hay una zona de restaurantes callejeros, con unas condiciones un poco… malas. Delante de ellos se agolpan las decenas de tuk tuk aparcados, con los conductores descansando mientras esperan a sus turistas. También hay un sitio donde contratar un paseo en elefante. No lo recomiendo para nada. Los animales están en unas condiciones pésimas y son muy maltratados.


- El Baphuon: dedicado a Shiva y simulando una montaña.


- Phimeanakas: es el más antiguo del complejo. Fue construido en el siglo X.



- La terraza de los elefantes: constituye un paseo de 350 metros por donde desfilaban las tropas reales.


En cada esquina de la ciudad fortificada vemos un pequeño templo Prasat Chrung, en el que la gente sigue dejando sus ofrendas, y pequeñas pagodas, como la de Preah Ngok:



3. Ta Phrom: Otro de los imprescindibles. La naturaleza ha echado raíces en el templo. Construcción y vegetación se unen resultando en una belleza sin igual. Piedras inmensas se ha ido cayendo y depositando en el suelo, entre los árboles, y siendo el único remanente de las pasadas bibliotecas, salones de bailes, templetes… que llenaban el templo.


4. Ta Keo: justo antes de irnos visitamos este inacabado templo dedicado a Shiva. Su construcción se abandonó de repente por razones desconocidas.



De vuelta a Siem Reap, con la llovizna, aproveché para comer algo en Pub Street y darme una vuelta por el centro. 


De postre, una parada en el único centro comercial de Siem Reap, Lucky Mall, para comprar un coco de gelatina.



Día 3 - Siem Reap: The Cambodian Circus, Phare


Después de los templos de Angkor, sin duda, esto es lo que más me gustó de mi vista a Siem Reap. Por la noche me quedé un buen rato mirando al cielo para ver cómo los murciélagos gigantes de la fruta hacían su peregrinación desde los grandes árboles de los Jardines de la Independencia hasta Angkor. Un espectáculo asombroso.

Asombrada por tanto bicho, continué mi camino por la carretera de Angkor. La acera se acaba, hay que continuar por el arcén de una carretera con mucho tráfico, hasta que llegamos al Museo de Angkor. Allí pregunté a los guardas y me indicaron el camino, había que girar a la izquierda y continuar hasta el final de la calle.

Si hubiera ido en tuk tuk, quizás no me hubiéramos llevado esa primera impresión. Y es que, de noche, con una calle muy poco iluminada y vacía, lloviznando… (un panorama) y, encima, todo lleno de descampados y chabolas. Os juro que casi me di media vuelta cuando vila parte trasera del solar del circo.

Menos mal que no lo hice. Continué andando hacia la izquierda, otra vez, y ya vi la entrada muy iluminada. Lo dicho, en tuk tuk, una vez más, hubiera formado parte de ese gran espejismo para turistas que han construido en Siem Reap.

Qué es el Circo Phare 

La tradición circense en Camboya es tan antigua como sus templos, y es que así lo demuestran los relieves realizados en el siglo VI, que enseñan cómo artistas del circo amenizaban todo tipo de ceremonias y festivales.

En 1960 el rey Norodom Sihanouk fomentó una gran revitalización del circo camboyano, que quedó brutalmente aniquilada en 1975 cuando las tropas jemeres rojos con Pol Pot arrasaron el país y abolieron cualquier tipo expresión cultural y creativa, asesinando a todos los artistas que quedaban en el país.

Con la ocupación vietnamita y los jemeres rojos escondiéndose selva adentro, ocho jóvenes camboyanos, que habían conseguido estar en un campo de refugiados en la frontera con Tailandia, decidieron ayudar a reconstruir la gran tradición escénica en el país.

Su gran idea fue crear el Phare Ponleu Selpak ( El Faro de las Artes) y crearon una escuela de artes visuales e interpretativas. Este espectáculo solidario comenzó su andadura en 1994, en Battambang, una de las zonas más deprimidas de Camboya. Su objetivo primordial fue el de ayudar a niños excluidos socialmente, pobres, abandonados, huérfanos…  

Desde entonces, más de 1.400 estudiantes han pasado por la escuela del circo, que se encuentra en una zona rural cercana a la frontera con Tailandia (una de las más peligrosas del mundo por la gran corrupción policial que asola esos lugares). Los apartaban de las calles, de los problemas familiares y del tráfico de drogas dándoles gratis comida, educación y una formación ocupacional.

Más adelante, los creadores (que aún sufrían de estrés postraumático por haber sobrevivido a la masacre de los jemeres), decidieron poner una gran carpa en Siem Reap y empezar a realizar espectáculos protagonizados por algunos de sus estudiantes. Un éxito total.



El dinero recaudado se destina a financiar su escuela y agrandarla, ofreciéndoles un futuro a sus alumnos.

Mi visita al Circo Phare

Phare no es un circo normal, tiene un aire alternativo que encanta. Sus cantes y bailes suenan al Circo del Sol, pero con un presupuesto muchísimamente inferior. Aunque sus artistas son excepcionales.

Su carpa era lo más iluminado de la calle. No había pérdida porque la entrada estaba ya llena de tuk tuk, y eso que había ido con una hora de antelación. Nada más entrar me recibieron sus empleados, con una sonrisa y una amabilidad enorme. Como había comprado la entrada por Internet, me ahorré la primera cola y pasé directamente al segundo jardín. Allí había un montón de paneles que contaban la historia de este circo.


Después de leerlos, pasé a una tienda de recuerdos y a la zona del restaurante. Allí me dieron gratis una bolsa de palomitas y, los que habían comprado el pack de cena + espectáculo, ya estaban allí sentados. Los precios no eran muy elevados.

Justo a la entrada de la carpa, ya había cola. Las entradas normales no tienen numeración, por lo que el primero que llega tiene el mejor sitio. Las entradas VIP sí que tienen asientos numerados, y son los de mejor visibilidad.

Por eso hay que ir pronto y es que algunos sitios no permiten ver bien el espectáculo o las pantallas que traducen lo que hablan los actores.

La obra estaba llena de acrobacias, contorsionismo, bailes, música, mimo, comedia… y un montón de risas. No hace falta saber camboyano. Los actores hablan muy poco y todo está traducido al francés y al inglés en las pantallas. Pero, no es imprescindible para entenderlo y disfrutar.


El teatro es pequeñito y hay un montón de ventiladores bajo la carpa. Yo llegué a tener frío, y es que fuera seguía lloviendo y ya estábamos todos mojados cuando entramos. Lo único bueno de tanto ventilador a tope era que no había mosquitos.

Durante más de una hora disfrutamos como enanos. Otra de las cosas que hace que Phare sea distinto es que está lleno de motivos camboyanos: la música, los bailes, los temas… Todo ofrece un acercamiento a la cultura e historia del país. En mi caso, pude disfrutar de una obra que hablaba de cómo una de las creadoras de este circo había sobrevivido al drama de los jemeres rojos, su familia había sido asesinada pero ella había encontrado refugio en una familia que la había adoptado. Este drama estaba contado de manera tierna y, sorprendentemente, lleno de comedia.



Al final del espectáculo, los actores se quedaron en el escenario para quienes quisieran hacerse fotos con ellos o charlar un poco. Hablaban inglés bastante bien. También pusieron unas cestas donde podías echar donaciones. La gente estaba tan encantada que las cestas se llenaron en unos pocos minutos.

Así que… una vez vistos los templos, no abuséis de Pub Street, que cerveza y pubs hay en todas partes, y disfrutar de este espectáculo único y solidario.

Consejos:
  • Llegad muy temprano para coger un buen sitio, si no habéis comprado las entradas VIP.
  • Comprad la entrada por internet, porque llenan casi todas las noches.
  • Llevad un paraguas porque hasta que entréis vais a estar a la intemperie, en el jardín que da entrada a la carpa.
  • Llevad una chaqueta fina por si os toca sentaros junto a uno de los enormes ventiladores y os chafa la noche pensando todo el rato en el frío que estáis pasando.
  • Comprad algo en el restaurante o en la tienda de recuerdos para contribuir con esta causa.

   PHARE, THE CAMBODIAN CIRCUS   

Comaille Road,
detrás del Angkor National Museum – delante del Angkor Century Hotel
Siem Reap, Camboya
ticketing@pharecambodiancircus.org
+855 (0) 15 499 480 & +855 (0) 92 225 320



Día 3 - Visitando Siem Reap


Después de asombrarme con lo bien que estaba el hotel, a pesar de la entrada, me di un paseo visitando los lugares más famosos de la ciudad. Es una ciudad pequeña, de unos 125.000 habitantes, que es muy asequible para visitarla andando. No obstante, si os cansáis, podéis subiros a los cientos de tuk tuk o motos que os atosigarán por el camino. Cuestan 1$ por la ciudad y 2$ si es de noche.

Si no nos salimos de la zona turística, Siem Reap es una delicia para el viajero. Parece que está estructurada pensando únicamente en los turistas: hoteles de lujo (lujísimo), restaurantes occidentales por doquier, tiendas para todos los bolsillos, suntuosos spas… Aunque esto no nos da una imagen verdadera de cómo es la ciudad.



Tan sólo apartándonos un poquito del territorio marcado, nos encontraremos con aceras a medio hacer, caminos de tierra, basura y más basura, chabolas… merece la pena salir un poco de ese espejismo que nos han querido poner para darnos cuenta de que en este país el salario medio ronda los 50$ al mes.

La verdad es que se han hecho verdaderos esfuerzos por combatir la pobreza en la ciudad y ya no hay niños pidiendo por la calle y por Angkor son muy raros de ver. Se está impulsando la inscripción de los menores en escuelas elementales y de formación profesional. El turismo se ve como el futuro y la gran mayoría de la gente en Siem Reap sabe hablar inglés (no escribirlo, ni leerlo).

Mi primer día en Camboya lo disfruté recorriendo la ciudad y viendo el gran circo camboyano.

El alma del centro es la famosa PUB STREET, allí hay un montón de restaurantes y bares con alma occidental, que también incluyen unos pocos platos jeremeres y clases de cocina tradicional. El reclamo, sin duda: la cerveza a 1$ y la Happy Hour. Es parte más de este espejismo.





Después crucé el cochambroso río por uno de sus bonitos puentes para encontrarme con una gran sorpresa: ¡Mi añorado Yoshinoya! Estaba en Kings Road, un centro comercial sólo de restaurantes, pequeñito y acogedor. Está en frente del río y no estaba muy lleno. Así que acabé comiendo allí para recordar mis tiempos por Japón y para aprovechar su wifi.



Después de comer en Yoshinoya, crucé otra vez el río para llegar a una avenida con unas farolas preciosas, bancos junto al río y estatuas. 






Allí visite el Wat más famoso de Siem Reap: WAT PREAH PROM RATH. Un complejo de 1915, gratuito, algo raro y naïve, y sin mucha gente.









Saliendo del templo, continuamos por la avenida del canal hasta los JARDINES DE LA INDEPENDENCIA Y LA RESIDENCIA REAL. La residencia no tiene mucho interés, es un bonito edificio, pero no está abierto al público y casi pasa desapercibida. Una gran casa colonial en la que solía vivir el anterior rey de Camboya durante sus visitas a la ciudad. Pese a no ser tan impresionante como un palacio, sí que es importante para los camboyanos. En esta casa se reunieron el Rey Sihanouk con el General Lon Nol para planear la Cruzada Real por la Indepencia de Francia, en los años cincuenta.




En frente, hay unos jardines abiertos al público y gratuitos. Un lugar privilegiado donde descansar un rato. Delante de los jardines se alza el famoso HOTEL CENTRAL (The Raffles Hotel), construido en 1929, fue el primer hotel de lujo de Camboya. Cuenta con una fabulosa piscina de 35m (la más grande de la ciudad). En él se han alojado personalidades de la talla de Charles de Gaulle o Michelle Obama. Por la noche es más famoso aún por las actuaciones de bailes Apsara que realizan a 12$ más o menos.

En un lateral de los jardines, encontramos el TEMPLO PHOMCHECK PHOMCHOM, un templo vecinal, no muy turístico. En él había un montón de músicos tocando, monjes y visitantes haciendo donaciones y rezando.





Lo más impactante de los jardines, de todos modos, es la gran concentración de murciélagos de la fruta que duermen en las ramas de sus impresionantes árboles. Al anochecer, estos murciélagos gigantes salen de los árboles para dirigirse hacia Angkor. Son tantos que estuve mirando al cielo durante 20 minutos, os lo juro, y ya porque me aburrí, porque la migración era impresionante. Al principio no sabía lo que era, pero parecían murciélagos gigantes. Y, asombrosamente, así fue.


Tras quedarme impactada con estos gigantes nocturnos, continué mi paseo por la misma avenida, que es la que lleva a Angkor. Pasado el hotel, se acaba la acera y hay que andar otro rato por el arcén hasta llegar al MUSEO DE ANGKOR



Dada la hora que era y el precio excesivo de la entrada, obvié la visita. Preguntando a los guardias, llegué, por fin, a mi ansiado destino: el circo Phare. Un imprescindible espectáculo de 5 estrellas con el que acabé nuestra primera noche en Siem Reap. 

Día 3 – Camboya: Opinión sobre el Boutique Cambo Hotel de Siem Riep


Como mi vuelo salía muy temprano, no pudimos disfrutar un día más del lujoso desayuno del Rex Hotel. Pero la noche de antes les pedí un packed lunch y me lo tuvieron ya preparado cuando hice el check out, y gratis.

Del hotel me fui andando a la estación de autobuses, en frente del Mercado de Ben Thanh, y cogí el mismo autobús que para venir del aeropuerto. En unos 40 minutos ya estaba allí.

Mi vuelo lo reservé con dos semanas de antelación a través de Travelgenio.com. La compañía con la que viajé fue Cambodia Angkor Air y costó 172€  en clase turista. Tan sólo duró 1h 20’ y me dieron a bordo una botella de agua pequeña. El avión parecía de juguete. Me impresionó porque todavía no había visto los aviones de Lao Airlines

Al llegar al aeropuerto fui muy bien recibida por los empleados de control de pasaportes, no tanto por los de tramitación de visados, que parecía que les pesaba la vida. Me clavaron más de la cuenta por no tener dólares y tener que pagar en euros. La tía me miró y se puso a pensar un rato. Sin mirar nada dijo: pues entonces tienes que pagar 30€, así, a ojo. De 20$ pasó a  30€ en un momento.

Cambié en el mismo aeropuerto 280 euros y me dieron 285$. Al parecer no me cobraron comisión, aunque dijeron que sí. 

A la salida del aeropuerto me estaba esperando mi tuk tuk, que había reservado con el hotel (me salió gratis). Un chico muy joven, que se llamaba Sarath, y que era simpatiquísimo. En su moto recorrimos los 8 kilómetros que separaban el aeropuerto del hotel.

Opinión del Boutique Cambo Hotel

El hotel lo reservé a través de Hoteles.com, la marca blanca de Expedia. Un poquito alejado del barullo de Pub Street, pero no muy lejos del centro. En unos 15 minutos ya estaba en la calle principal.

El acceso no tiene nada que ver con el hotel. En la gran avenida, girando a la derecha y encontrándome con una calle destartalada, sin aceras, con basura… un poema la cara que se me quedó. En la puerta, bajo un montón de árboles, descansaban en sus tuk tuk, cuatro conductores como Sarath.





No os dejéis impresionar por la calle (en cuanto nos alejamos del centro, esto es lo normal), el hotel está genial. Limpio, moderno y no le faltan atenciones.

Nada más llegar, la recepcionista me recibió con un vaso labrado, muy bonito, lleno de zumo de naranja fresquito (que vino muy bien con el calor pegajoso que hacía) y una toallita helada. Me sentó allí mientras ella se encargaba de los papeles. 


En la entrada hay un jardín muy cuidado, hasta con plataneras pequeñitas, y varias camas balinesas para pasar una agradable tarde (si no os llueve, como a nosotros). La piscina es pequeñita, pero está muy limpia y no hay muchos mosquitos.








Al lado de la recepción está el comedor. Los precios son más caros que en el centro, pero no mucho. En él también se sirve el desayuno. Hay café, té, leche, zumo y tostadas sin limitación. A parte, las camareras vienen con un menú del que puedes elegir dos platos: pancakes, cereales, yogures, pan con mantequilla… no es muy extenso, pero hace el apaño.

También hay un servicio de masajes por 8$ una hora. Se avisa en recepción de cuándo lo queremos y dos chicas vienen a tu habitación, o a las camas balinesas del jardín, para darte una paliza, que te deja nueva, pero sigue siendo una paliza. Y, que conste, que no pedí el típico masaje camboyano en el que se suben y están de pie sobre tu espalda. Aun así, al día siguiente estaba llena de moratones.

La habitación estaba limpia y la cama era gigante. No me fié mucho de los mosquitos y logré colgar mi mosquitera del Decathlon y dormir a gustito. Además, la habitación tenía tele con canales en inglés, aire acondicionado, dos botellas de agua gratis al día, kettle, tazas y sobrecitos de café y té.




El baño estaba también bien, aunque cuando cayó el temporal tuvimos algunos problemas con el agua, pero lo arreglaron pronto.




El hotel cuenta con un servicio gratuito al día para ir a Pub Street, lo cual está genial. Y un conductor para hacer el recorrido corto de Angkor nos costó 15$.

Si vais con poco presupuesto, este hotel está genial y el wifi me funcionó muy bien. La atención y los servicios asombran por ser tan barato.

Precios que pagué:
  • Habitación doble superior: 18’69€ la noche (una ganga, que incluye desayuno y un tuk tuk diario gratis al centro).
  • Conductor de tuk tuk para hacer el recorrido corto de Angkor: 15$
  • Servicio de lavandería 1’6 kg por 3,20$
  • Masaje de una hora: 8$ por persona.
  • Tuk tuk de vuelta al aeropuerto: 5$.
  • Pagar con la tarjeta de crédito: lleva un recargo del 3%.





 BOUTIQUE CAMBO HOTEL 

100 Meters North of National Road No. 6, 
Salakanseng Village, Svay Dang Kum, Siem Reap.
855, Camboya Teléfono: +85512215708