Día 7: Corea – Un día visitando el centro de Busan



Cogí el KTX desde la estación de Singyeongju (Gyeongju) a Busan a las 10’00 de la mañana. Debería haber llegado a las 10’37, pero el tren llegó con muchísimo retraso. Cuando bajé del tren, había una empleada allí dando a los pasajeros un papel y llevándolos a la taquilla. Conmigo hizo lo mismo. En la taquilla, me pidieron el pasaporte y la tarjeta de crédito con la que había pagado el billete a través de la página de Korail y me dijeron que me devolverían un tanto por ciento de la compra por el retraso. Y así fue. Cuando volví a España, me habían hecho el ingreso.

Desde la estación de tren de Busan, anduve todo recto hacia mi hotel. Lo había escogido tan sólo por su localización, por estar cerquísima de la estación y del metro. Resultó ser un Love Hotel anticuado.

Después de descansar un poco, me dispuse a recorrer el centro de Busan a pie. Caminando todo recto en sentido contrario, volví a la estación y seguí andando hasta el Gukje Market, un mercado que comenzó siendo un grupo de puestos organizado por los refugiados que llegaron a Busan tras la Guerra de Corea y hoy es uno de los más grandes del país.  Los pasillos interiores que estaban dedicados a carne, pescados y mariscos, eran demasiado para mí. Una mezcla de olores y un calor… que me hicieron salir fuera pronto.





Pero también hay otros pasillos llenos de puestos y tiendas de ropa y souvenirs, comida preparada, pescados, electrónica… Y los precios son baratos.


Al final acabé comprándome el éxito de ese verano en Corea: el mini ventilador que llevaba todo el mundo colgado del cuello, para sobrellevar un poquito mejor el calor. La señora mayor que me lo vendió se esforzó como pudo por enseñarme su funcionamiento y cómo se cargaba a través de un USB, que venía incluido (como me hizo ver muy orgullosa).


La zona que rodea al mercado está llena de vida a todas horas. Hay multitud de centros comerciales, restaurantes y tiendas. Incluida la de los famosos Kakao Friends, que están arrasando en Corea. Son como la versión coreana del Line japonés. No pude evitarlo y me pasé por allí a ver este mundo tan Kawaii. Había mucho fan haciéndose fotos, saludando a los muñecos… Una locura.






Para llegar a la Torre de Busán, tuve que subir por unas escaleras mecánicas hasta a Yeongdusan ParkComo hacía tantísimo calor, paseé por debajo de los árboles recorriendo un gran techo del parque y sentándome de vez en cuando a descansar en sus bancos.


Finalmente, volví al inicio y subí las escaleras que me llevaron a la entrada de la Torre de Busan. Con sus 120 metros de altura, su cima se construyó inspirándose en una de las pagodas del famoso templo Bulguksa, de Gyeongju. Delante de ella descansa la estatua del Almirante Yi Sun-SI, la Campana de los Ciudadanos, un reloj floral y el busto de uno de los activistas pro-independencia, Baeksan An Hee-je. 


De vuelta al centro, di vueltas viendo locales muy originales, como este tienda para gatos, que también tenía una zona de cafetería.


Paseando, llegué a un restaurante atraída por el olor que salía por su puerta. Se llamaba Kimpira y tenía platos tan deliciosos, como esta pizza con patatas fritas, o este extraño toppoki: 


Mi primera parte del día ya estaba echada. El resto de la tarde, lo pasaría en el Igidae Park, que atravesaría para llegar al impresionante Oryukdo Skaywalk





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