Opinión sobre la visita a la Guinness Storehouse de Dublín



Aunque no te guste la cerveza, la visita a esta antigua fábrica es una parada obligada si vais a Dublín. Estuve pensando hasta el último momento si visitar la Guinness Storehouse o la Destilería de Whisky Jameson. Los dos museos costaban lo mismo y tenían la misma pega, no están en activo. No son una fábrica real lo que se visita, tan sólo un museo.

Por fuera parece una fábrica más, pero por dentro tiene un increíble aspecto futurista. El museo se ubica en la antigua nave de fermentación de 1908. Sus 7 plantas conforman una pinta gigante en la que cabrían 14’3 millones de pintas reales.

Os recomiendo comprar las entradas por internet porque ésta es una de las atracciones más visitadas de Dublín y las colas suelen ser enormes.


Con la entrada general tenéis derecho a un ticket que podréis canjear para entrar en la Academia Guinness, para beberos una Guinness o un refresco en cualquier bar de la 5ª planta o en el Gravity Bar de la última. 

En la planta baja hay una gran tienda en la que podréis comprar productos exclusivos de Guinness que sólo podréis encontrar aquí: desde bombones, hasta bolsas de patatas fritas con sabor Guinness.


Nada más entrar en la exposición, aparece la estrella del museo: el contrato de arrendamiento de la cervecería por 9.000 años, firmado por Arthur Guinness en 1759.


Siguiendo el recorrido, se va explicando a través de fotos, vídeos y paneles, los ingredientes usados en el proceso de elaboración de la cerveza: agua, cebada, lúpulo y levadura. La escenografía es sumamente llamativa, pues en el camino incluso veréis una gran cascada de agua.  


La zona dedicada al tostado del cereal consiste en una gran sala llena de pantallas gigantes, en la que te sientas en el suelo mientras tienes la sensación de que las llamas te están rodeando.



En la siguiente sección un vídeo del Maestro Tonelero Dick Flanagan muestra la fabricación de los barriles de madera y cómo éstos han ido evolucionando a lo largo de la historia.


Después de pasar por una cafetería, se sube a la segunda planta a través de unos grandes ascensores transparentes o de escaleras mecánicas. En la segunda planta se encuentran las salas de degustación, para quien quiera gastar su entrada aquí o contrate una entrada especial.


La tercera planta está dedicada al mundo de la publicidad. Estatuas, vídeos, fotos, anuncios... van dando muestra de cómo ha evolucionado la publicidad de Guinness desde sus comienzos hasta la actualidad. Incluso hay un fotomatón en el que entrar a echarte una foto publicitaria, que luego puedes mandarte a tu email para tener un recuerdo. 


En la cuarta planta se encuentra la parte más atractiva del museo: la Guinness Academy. Hay que hacer cola para poder entrar en la academia, presentando el ticket de la entrada. En su interior se van formando pequeños grupos a los que se les asigna un tutor, que os mostrará el secreto de cómo tirar una buena pinta de cerveza. Después de daros la clase explicativa, llega vuestro turno para poner en práctica lo aprendido. Una vez tirada la pinta, os darán un diploma de recuerdo, que acredita que lo habéis hecho bien. La pinta que habéis servido os la podéis tomar allí mismo pero, si os sabe a poco, podéis comprar más, tiradas ya por los camareros. 



La quinta planta está llena de restaurantes, bares y cafeterías. Y la última la conforma el famoso Gravity Bar, un bar panorámico con increíbles vistas a la ciudad. Realmente es un engorro, vayas a la hora que vayas va a estar lleno hasta los topes y se os va a hacer imposible ver nada, ni sentaros. Os aconsejo que gastéis vuestro ticket de bebida en otro sitio más tranquilo. 



Cosas que no me gustaron de la Guinness Storehouse de Dublín

- Las entradas son excesivamente caras y no cuestan siempre lo mismo. Los precios varían en función de la hora y la fecha a la que vayáis. Por ejemplo, mirad este calendario con la variación de precios:

- En el precio de la entrada sólo va incluida una experiencia o una bebida. Por ese precio deberían dar las dos cosas. 

- La tienda: Si ya habéis visitado el museo y queréis volver otro día, o incluso ese mismo día, para comprar algo exclusivo en la tienda, es imposible. No se puede entrar a la tienda sin haber pagado la entrada al museo, lo cual es absurdo, pues está en el hall de la entrada. 

- ¿Un museo o una discoteca? El edificio es tan futurista, que pierdes la esencia de la tradición. Para mí llegó un momento en el que ya no sabía si estaba en un museo, una exposición interactiva o una discoteca underground, con tanta luz roja proyectándose en las paredes de ladrillo. Me pareció increíble la cantidad de gente que iba súper arreglada, pasaba rápido por las zonas de exposición y se iba directamente a las zonas de los bares. No sé si es que ir allí a beber se ha puesto de moda en Dublín y en vez de pagar la entrada a una discoteca, pagan la entrada al museo para luego beber. 




- Dentro hay un gentío enorme. No sé la de visitantes que puede llegar a admitir, pero está ultrasaturado. Se hace imposible hacer una foto en condiciones, las colas para la academia son muy grandes y estar en el Gravity Bar es toda una hazaña. Hasta se hacen insufribles las colas para usar los ascensores. 


   GUINNESS STOREHOUSE DUBLIN   
St James's Gate, Ushers, Dublin 8, Irlanda






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