Día 7 – Subiendo al Sydney Bridge


La mejor manera de disfrutar del Puente de Sydney es subiéndose a él. Para obtener una buena foto del puente, la podemos hacer desde el puerto, desde un barco en la bahía o desde el Pylon Lookout. Si lo atravesamos andando, en coche o en tren, no veremos nada. Y lo del Lookout tampoco os lo aconsejo, muy caro para lo que es. Nosotros nos decidimos a contratar el Bridge Climb Sydney. Una experiencia genial.

 Vista del puente desde el puerto

Vista del puente desde la Ópera

Para hacernos con una buena fecha y un buen horario, reservamos dos meses antes (y ya había fechas enteras cogidas). Al puente llegamos media hora antes, andando desde la estación de tren. Una vez en él, hicimos el check in y estuvimos esperando mirando su tienda de recuerdos hasta que nos llamaran.


Puntuales, nos llamaron a todos los que íbamos en la misma visita. Un grupo muy reducido. Nos llevaron a unos vestuarios y nos dieron el uniforme: gorra o gorro de lana (porque hacía frío), un mono de obrero, arneses, pañuelos, incluso gomas para recogernos el pelo. Y es que no se permite llevar nada suelto (pendientes, pulseras, pinzas del pelo…), tan sólo las gafas y sujetas con una cinta a la gorra. También nos hicieron una prueba de alcoholemia, por si acaso :o

Después de ponernos nuestro uniforme, nos dieron una clase práctica sobre cómo se usaban los arneses y tuvimos que hacer un pequeño recorrido subiendo y bajando unas escaleras de prueba. Después, nos dieron unas radios por las que íbamos a poder comunicarnos con el guía.

Una vez terminada la clase práctica empezamos a subir al puente en fila india. El guía iba dando explicaciones puntuales y se fue parando en muchos puntos para hacernos fotos. Las cámaras de fotos no están permitidas. El guía va haciéndolas y, si quieres alguna, las pagas aparte. En el precio de la entrada tan sólo entra una de regalo en la que sale todo el grupo con el que habéis subido. En total se recorren 1.332 escalones. Pero se va a un ritmo lento, es muy accesible.

Hay dos recorridos distintos en función del vértigo que tengáis. El más sencillo se hace por el arco de en medio y el más largo se hace por el arco exterior. Os recomiendo éste porque no se siente nada de vértigo, ya que los arneses y las barandillas dan mucha seguridad. Lo mejor: cuando pasan los trenes por debajo y… ¡tiembla todo!

Cuando nos bajamos nos regalaron la gorra que llevábamos puesta y nos llevaron a la sala de fotos a que nos dieran nuestro recuerdo junto con un certificado por haberlo conseguido. Una tontería, pero que hace ilusión.


- Duración total de la actividad: 2’30 h – 3 horas.

- Precio del ascenso al puente por el arco exterior: 288$ por persona (aunque puede variar en función del día). http://www.bridgeclimb.com/

- El precio incluye: subida guiada al puente, entrada al Pylon Lookout, una gorra, una foto de grupo, un diploma.

- Fotos: no se pueden subir cámaras. El guía va haciendo las fotos y se compran al bajar. Os aconsejo que las compréis de antemano en su página web porque os van a salir mucho más baratas que una vez allí. En su web venden:

                         2 fotos por 35$.
                         10 fotos en un USB o impresas por 59’95$
                         1 foto con marco por 34’95$
                         1 póster por 89’95$.


Subiendo al Pylon Lookout (Sydney)

Después del puente fuimos a ver este mirador para poder hacer fotos desde allí. Os aviso: porque venía incluida en la entrada del puente. Si no, no merece la pena pagar 13$ por subir una torre de 200 escalones.

Vista del puente desde el Pylon Lookout

A lo largo de sus tres pisos hay algunas exposiciones:

- Piso 1: aquí está la taquilla y una exhibición de objetos relacionados con la construcción del puente, como la cámara de fotos que se usó para plasmar todo el proceso.
- Piso 2: en este piso hay una maqueta que representa el día en el que las dos piezas del arco se unieron y la tienda de souvenirs. También hay dos balcones desde los que empezar a hacer fotos.
- Piso 3: la tercera planta la ocupa el mirador.


El resto del día lo pasamos visitando la ciudad, con frío y lloviznando. Y acabamos (cómo no) por la noche en Chinatown. 


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