Qué ver en Santo Toribio de Liébana

A tan sólo 5 minutos de uno de los pueblos más bonitos de España, Potes, se encuentra el imponente Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Cuenta la leyenda que su fundación se remonta al siglo VI, cuando Toribio, obispo de Astorga, se retiró en estos valles para pasar los últimos días de su vida.

Su fama le vino dada en el siglo VIII, cuando se trasladaron a este lugar los restos del obispo Toribio de Astorga, quien trajo a la península el trozo de la cruz de Jesús más grande que se conoce (la reliquia del Lignum Crucis), proveniente del brazo izquierdo que Santa Elena, la madre del emperador Constantino, dejó en Jerusalén.

Posteriormente volvió a crecer su fama por el monje Beato de Liébana, quien en la segunda mitad del siglo VIII escribió sus Comentarios al Apocalipsis de San Juan. El libro se hizo muy célebre durante la Edad Media y proliferaron las copias, conocidas como “beatos”. Aunque el original no se conserva, sí que han llegado hasta nuestros días, 27 de estas copias, de las cuales 24 conservan miniaturas.

A los pies del monasterio hay un amplio aparcamiento del que parten unas escalerillas que llevan al complejo.

Una vez arriba podrás ver dos puertas que dan acceso al monasterio. La primera de ellas es la más pequeña y la más famosa. Se trata de la Puerta del Perdón y permanece abierta durante el Año Jubilar, cuando el 16 de abril cae en domingo. Cuando éste se termina, la puerta se tapia hasta que dé comienzo el próximo Año Jubilar, cuando es abierta de nuevo a martillazos. Su nombre proviene del perdón que se otorga a los peregrinos que culminan el Camino Lebaniego y en ella aparecen las imágenes de los doce apóstoles bajo una gran cruz.

La segunda puerta es la principal, mas grande. A través de ella se accede al templo el resto de los años.

La visita al interior es gratuita y en ella se ve la iglesia, la capilla del Lignum Crucis y el claustro. Horarios del Monasterio de Santo Toribio de Liébana.  

El templo actual se levantó en 1256 en un estilo gótico incipiente. Se trata de una iglesia compuesta por tres naves y cabecera formada por tres ábsides poligonales y un crucero que no sobresale en planta cuyo claustro se le añadió en 1669. El interior es bastante austero, destacando la decoración de los capiteles del ábside mayor en los que aparecen figuras de cabezas humanas y de animales, el toro y el oso, que se dice ayudaron a Santo Toribio a erigir el templo.

Sin duda, lo que más merece la pena de la visita es la Capilla del Lignum Crucis, de estilo barroco, mandada construir en el XVIII por el Inquisidor y posteriormente Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Francisco Gómez de Otero y Cossío, cuya estatua aparece junto al altar. La reliquia se guarda en una arqueta de plata en el presbiterio, en un templete barroco.

Desde la plaza la visita continúa accediendo al claustro, de estilo herreriano y sobrio. El centro está ocupado por una fuente en la que la gente suele tirar monedas para que se cumplan sus deseos. Debido a la pandemia, puede que esté cerrado.

De vuelta a la plaza, puedes hacer el Sendero de las ermitas. Alrededor del monasterio, se encuentra un conjunto de ermitas cuya localización coincide con el deslinde de propiedades realizado con la Desamortización de 1836, por lo que es posible que señalaran el límite de las propiedades del templo. Todas son prerrománicas, de construcciones sencillas y con una decoración simple.


La más cercana es la Ermita de Santa Catalina, a la que se accede por un corto sendero. En ella hay varios paneles explicativos de la zona y proporciona un precioso mirador hacia los Picos de Europa.

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