Dos días en El Bierzo: recorriendo el Valle del Silencio


Ruta: Ponferrada - Valdefrancos - San Clemente de Valdueza - Monasterio de San Pedro de Montes - Peñalba de Santiago - Cueva de San Genadio.

Después de visitar Las Médulas, dedicamos el resto del día para disfrutar del Valle del Silencio, un sitio de belleza inigualable en lo más escondido del curso del río Oza. De verdad que os lo recomiendo. Fue toda una sorpresa y creo que debe estar entre las visitas imprescindibles de El Bierzo. Por suerte, aún no está masificado y puede seguir haciendo honor a su nombre.


Cómo se llega al Valle del Silencio:

El punto de partida de la mayoría de las rutas se inicia en Ponferrada. Siguiendo por la carretera hacia Puebla de Sanabria (LE-158/4) continuamos hasta que sale el desvío hacia San Esteban de Valdueza. Desde este nudo, se toma el ramal que caracolea hacia las alturas de Los Montes Aquilanos  y ya empezaremos a disfrutar de algunos de los pueblos del valle.

El primer pueblo que nos encontramos es Valdefrancos, con apenas treinta habitantes de edad muy avanzada. Unos pocos supervivientes que aún se aferran a esta vida rural. Valdefrancos no tiene mucho que ver: unas cuantas casas en torno a una iglesia del siglo XVIII y un puente de piedra que llama la atención a la derecha de la carretera. Es un punto de paso para los peregrinos del Camino de Santiago. No nos detenemos mucho en él y continuamos nuestro camino por el valle.

A partir de aquí la carretera empieza a hacerse más y más estrecha, las curvas se suceden, pero las vistas son impresionantes. A unos 5 minutos ya tenemos el siguiente pueblo: San Clemente de Valdueza. Un poco más grande, pero tampoco mucho, su población se acerca a los ochenta habitantes.

Tras pasar este enclave, tenemos dos posibilidades y depende mucho del tiempo del que dispongáis: podéis continuar directamente hacia Peñalba de Santiago o coger el desvío hacia Montes de Valdueza.

Si elegís este último camino, a unos 15 minutos divisaréis el Monasterio de San Pedro de Montes, un lugar perdido en el tiempo. Sus ruinas sobrecogen a cualquiera que se acerque. Sus orígenes nos llevan a un pasado remoto en el que San Fructuoso decidió reformar este retiro espiritual en el siglo VII. Su presencia habla de una comunidad mozárabe, puede que de procedencia cordobesa, que llegó a estos lugares con ánimo de olvidar los avatares de la Reconquista. El monasterio estuvo en funcionamiento hasta las desamortizaciones del XIX y un incendio posterior lo dejó en el estado ruinoso en el que lo encontramos hoy. Piedra y naturaleza se funden y nos estremecen.

Desde el Monasterio hasta el final de nuestro camino hay unos 20 minutos. No podemos apartar la vista de todo lo que nos rodea. Cuando menos lo esperamos, aparece una cascada, un riachuelo… vistas espectaculares y pocos curiosos que, como nosotros, se adentran en el valle.



Al final del recorrido encontraremos Peñalba de Santiago, un pueblo de postal, precioso y perdido entre la vegetación. La verdadera joya de nuestra ruta. Tejados de pizarra, chimeneas humeantes y una preciosa iglesia mozárabe. Parece olvidado del mundo.




Gracias al incipiente interés turístico de la zona, Peñalba de Santiago se ha querido adaptar un poco a los nuevos tiempos. Hoy dispone de un parking a la entrada del pueblo (dentro está prohibida la circulación), las casas se han ido reformando y algunas de ellas se han dedicado al turismo rural. También cuenta con un bar-restaurante que cierra los miércoles y los jueves.


Hay muchas rutas que parten desde aquí. La más sencilla es la que nos lleva a la Cueva de San Genadio. San Genadio fue una de las figuras más importantes del arte de repoblación y el más querido en el pueblo, pues fue él quien lo fundó. Además, se le conoce por su afición al ajedrez, pues en la iglesia parroquial dejó sus piezas de ajedrez en marfil, hoy las más antiguas de Europa.

Incluso le dio nombre al valle. La leyenda cuenta que harto de no poder meditar en su cueva por el ruido que hacía el río Oza al pasar por allí, de repente se levantó enfadado y gritó: “¡Silencio!”. Inmediatamente el río desapareció de delante de la cueva, siguiente su curso a través de aguas subterráneas, para aparecer más adelante montaña abajo y así dejar de molestar al Santo.


La cueva donde se retiraba a meditar cada noche está siempre abierta y en su interior descansa una imagen del santo en madera y un libro de visitas para rogarle al santo. Desde su muerte, se instauró la tradición de ir en romería para coger tierra de su suelo, pues se pensaba que tenía dotes curativos.

A pesar de toda esta veneración, San Genadio a día de hoy no es reconocido como Santo. Se quitó del santoral en la reforma de 1969 por no haber sido canonizado oficialmente. Sin embargo, cada vez más gente se adentra en el Valle del Silencio para visitar su cueva y dejar escritas sus plegarias.


Para llegar a la cueva hay que dejar el coche en el parking, entrar al pueblo y pasar por delante del bar. Después se sigue por cualquier calle cuesta abajo, no hay pérdida, es muy pequeño. Así dejamos atrás la calzada para continuar por un sendero. Está señalizado. El sendero es circular y podemos ir disfrutando de la rivera del Oza.




Nosotros no conseguimos llegar a la cueva porque empezó a llover con ganas y tuvimos que darnos la vuelta. Aun así, a excepción de la cueva, hicimos la ruta circular empezando por este sendero y volviendo por la parte alta del pueblo, atravesando el cementerio y una fuente. Desde allí, las vistas de los Aquilanos nevados eran sublimes. Y os puedo asegurar que el silencio imperó a lo largo de todo el recorrido.



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