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Día 8 – Opinión sobre el Lakhangthong Boutique Hotel de Luang Prabang


Cuando me bajé de la furgoneta que nos había traído del Centro de Conservación de Elefantes de Sayaboury, llegué al hotel Pangkham Lodge. Este hotel lo había reservado a través de Booking.es y me había costado 20€ por una noche con desayuno. El problema fue que cuando llegué estaba todo lleno.

El chico de recepción me dijo que no había ningún problema porque tenían otro hotel muy cerca de allí, que era más caro, pero que me hacía el upgrade gratis. Al momento vino un tuk tuk para coger mis cosas y llevarme al nuevo.

No estaba en la avenida principal, como el otro, pero sí que parecía mejor. Estaba situado a pocos minutos del monte Phou Si Se llamaba Lakhangthong Boutique Hotel. No era muy grande, tenía sólo 16 habitaciones, pero parecía muy acogedor. La recepcionista estaba jugando a un shooter en la Play a todo volumen. Lo dejó cuando me vio aparecer y me llevó a la habitación.

La habitación estaba en la segunda planta. Todo recubierto de madera, con una cama enorme, aire acondicionado, televisión, kettle y nevera. El cuarto de baño era también muy grande y contaba con secador. Estaba todo limpísimo.

Después de descansar un rato bajé a recepción para reservar el transporte al aeropuerto para el día siguiente y pagar la cuenta para ahorrar tiempo. La chica me dijo que no había problema, pero que si iba a pagar con la tarjeta de crédito que me tenía que cobrar un 3% de comisión. Le dije que sí y llamó a otro chico. El chico me dijo que le acompañara porque tenía que hacer el pago en otro sitio. Yo pensé que nos dirigíamos a otra estancia del mismo hotel pero… no.

Me llevó a la puerta, se montó en su moto y me señaló el asiento de atrás. Me quedé a cuadros. Así que no supe qué hacer. Ante la cara de insistencia del chico, acabé subiéndome. Ahí me tenéis de viaje en moto por Luang Prabang, con un laosiano que no conocía de nada y sin casco. Toda una experiencia. Nos bajamos en la puerta del hotel original, en el que habíamos estado al principio. Pagué allí y de vuelta a la moto para regresar al nuevo.

Una vez resuelto mi problema del pago, me di un paseo por el mercado nocturno para disfrutar de mi última noche en Luang Prabang, aprovechando las gangas de Food Street.


Al día siguiente, el desayuno lo hice en la planta de arriba, en el porche. Había varias opciones para elegir y, después de algunos problemas de comunicación con la camarera, al final conseguí que me trajera algo parecido a lo que había pedido. Al menos acertó en algo. 

El desayuno estuvo correcto, seguí probando el Banana Pancake, que ya se ha convertido en una tradición por estas tierras, porque cada uno lo hace de una manera y no acierta nadie a hacerlo bien.


   LAKHANGTHONG BOUTIQUE HOTEL   
Noradeth Road, Ban Thatluang,
Luang Prabang      06000, Laos
Teléfono:+856 71 213 193

Día 5 – Opinión sobre el Riverside Guesthouse Hotel de Luang Prabang

En esta foto aparece todo muy cuidado, nada que ver con la realidad. 
Hice la reserva mediante Booking.com por tan sólo 36€ por dos noches con desayuno. Aparentemente puede parecer una ganga, pero en Luang Prabang por ese precio hay alojamientos mejores. No es que buscara algo lujoso, pero lo que encontré fue un hotel cutre de narices.

Las fotos que aparecen en cualquier web de reservas yo no sé cuándo las hicieron, pero no se parecen en nada a este sucio lugar.

La furgoneta del aeropuerto, después de perderse dos veces, logró dar con la calle, toda llena de hoteles y restaurantes con muy buena pinta, junto al río, buenas vistas y tranquila, pero cerca del centro.

Riverside Guesthouse Hotel 

Todo bonito, hasta que llegué a mi hotel. La entrada ya estaba dejada. Subí las escaleras y me encontré a un chico tumbado en un sofá mientras comía unas hierbas, que me dijo que era lao food.

Me saludó con sueño, abriéndosele la boca y se fue hacia el mostrador de recepción. Tenía apuntado en un papel mi nombre, lo comprobó todo tardando una vida… y me dio la llave de la habitación.

Anduve por un pasillo debajo del porche, lloviendo a cántaros. Todo el pasillo lleno de trastos. Al final de éste había un lugar con todo tipo de cosas viejas: una lavadora, cuencos, ropa en perchas, una especie de tinajas… y unas telarañas que asustaban. Mi habitación era justo la que había al lado de ese lugar. Genial.

Intenté abrir, pero nada. Llamé al chico. Con toda la parsimonia del mundo comprobó la llave. Me dijo que no, que la nuestra era la habitación de al lado, porque yo había contratado una cama de matrimonio. Fui con la nueva llave a la nueva habitación: ¡estaba ocupada! Vuelvo a llamar al chico y…se quedó con cara de palo. Parecía que le iba a salir ya humo de la cabeza porque se quedó bloqueado. No sabía qué hacer. Al final me dijo que no tenía más habitaciones que la de al lado de la especie esa de tratero/basurero, pero que tenía dos camas y no una de matrimonio. Me abrió esa, por fin (ya estaba harta y me daba igual), y entré.

La habitación

Bueno… hacía tiempo que no estaba en un sitio tan cutre. Me recordaba a mis días por China. La habitación tenía dos camas enormes, con unas sábanas y una colcha llena de manchas. Yo no dormí a gusto porque me picaba todo y pensaba que había bichos pero, por suerte, me levanté sin picaduras.

Al verla en esta foto, no me puedo creer que ésta fuese nuestra cutre-habitación. Aquí parece preciosa.
No había posibilidad de colgar mi mosquitera de ningún sitio y mosquitos había a puñaos. Así que, a dormir bañadaen Goibi.

Los armarios parecían que estaban carcomidos. No saqué nada de mi maleta. También había una mesita y una silla vieja. Al menos el aire acondicionado funcionaba bien y había wifi. 

El baño

El baño era el cuarto de los horrores. Digno de cualquier videojuego de zombies. Medía la mitad de la habitación, enorme. Un espejo roto, un lavabo lleno de óxido y una papelera sucia. Al menos no olía a tuberías.

Separada por un medio tabique, estaba la ducha. Un mango con un sumidero en el suelo. Y ya está. Menos mal que me llevé mi propia toalla, porque si no, me seco al aire. Lo juro. Las toallas mejor ni tocarlas. Además, más tarde descubrí que su sitio de secado era…¡el cuarto trastero/basurero! Sí, colgando de otras perchas.

Al ver fotos así, no me creo ni que fuera el mismo hotel. O son de hace miles de años, o no lo entiendo. 

El desayuno

A la mañana siguiente fui a desayunar. Las mesas del desayuno (no sirven otra comida) se colocan en ese mismo pasillo, delante de las puertas de cada habitación. El chico me trajo una carta, pero resultó que no tenía casi de nada. Al final de 12 opciones, sólo había 3.

Después de ordenar los platos y esperar, apareció de nuevo. Otra noticia que se ve que se le había olvidado: el desayuno era a partir de las 7’30 y eran las 7’15. La chica que cocina no ha llegado aún. Bueno, decidí esperar a que llegase. Total, si ya había hecho el pedido.

El tío venía de vez en cuando y me rellenaba el café, pero nada de comida. Con los nervios que me entraban cada vez que lo veía aparecer con esa calma, que le pesaba la vida… y tanto café… es que me iba a dar ya hipertensión, como mínimo.

A las 7’45 apareció de nuevo el empanao (es que ya no sé ni cómo llamarlo). Me dijo que si la cocinera no venía en un rato (indefinido), se metía él en la cocina y me hacía él mismo el desayuno. Genial y ¿por qué no me lo haces tú mismo ya? Es que cada vez que me ponía a hablar con él, tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo. Una frustración...

Total, que acabé comiendo a las 8’00 porque al chico de la pachorra no le dio la gana de hacerme él la comida. La cocinera, que vino en moto, tenía un humor de perros. Era la misma que limpiaba y tenía una pinta… Mi esperado pancake de chocolate resultó ser una tortilla francesa con sirope de chocolate en el centro y sal. Mmm… buenísimo. Puaj.

El personal

El personal sólo consistía en ese chico y en la “agradable” cocinera-limpiadora. El chico parecía que sabía hablar inglés, pero no era así. Sabía frases básicas, pero algo más complejo, no. Lo peor de todo era que asentía con la cabeza como si se estuviera enterando de todo. Pero luego no hacía nada. Y hasta que pillé que no se enteraba de lo que hablaba, pensaba que me estaba tomando el pelo.

Al día siguiente hice una reserva de una excursión en una agencia de viajes. El que me atendió llamó por teléfono varias veces a nuestro hotel para acordar con él la hora a la que iba a ir a recogerme un tuk tuk para llevarme  a la estación de autobuses. Después de llamar varias veces, consiguió que se lo cogiera. Pero, al parecer, la comunicación fue imposible. El de la agencia nos dijo que no comprendía lo que le había dicho el chico. Pero, bueno, entonces ¿era problema de nuestro inglés o de su laosiano? Porque si ya no lo entendían ni los suyos... 

Lo mejor de todo fue su cara al día siguiente cuando le preguntamos que si ya había llegado mi tuk tuk. Me preguntó muy extrañado: 

- ¿Qué tuk tuk? 
- Joder, el que te explicó ayer el de la agencia por teléfono. Y el que te dije yo por la noche que hoy venía a recogerme.

Pues nada, como si hubiera hablado el día anterior con un alien. 

El pago

Como no esperaba que fuera de otra forma, al intentar pagar con tarjeta, ésta no funcionó. Por la noche le pregunté si se podía pagar con tarjeta y me dijo que sí. Claro, eso fue antes de descubrir que no se enteraba de lo que le estaba diciendo, pero hacía como si se enterase.

El datafono no funcionó. Me dijo que llevaba mucho tiempo estropeado. Así que a buscarme la vida con el efectivo.

Al final me dio pena y todo. Después de ser un desastre total nuestra estancia allí, vi cómo vivía. Su habitación consistía en ese sofá, al lado del mostrador. Ahí dormía. Con el frío de la noche y la humedad, porque la recepción siempre estaba abierta por el porche. En una mesita tenía una kettle y una tele. En recepción había un monitor antiguo de ordenador, pero no funcionaba bien. Así que no tenía mucho entretenimiento.

Pero, como casi todo el mundo en Laos, sobre todo los hombres, tenía esa cara de felicidad envidiable. 


  RIVERSIDE GUESTHOUSE  

Kingkitsarath, 06000 Luang Prabang

+85 620 911 386 86