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Qué ver en Plasencia en un día, pueblo de entrada al Valle del Jerte



Plasencia es la ciudad que da entrada al Valle del Jerte y donde comienzan (o acaban) las rutas para ver sus famosos cerezos en flor, aunque oficialmente no pertenezca a éste porque reza como ciudad independiente, no está adscrita a ninguna comarca.

Su fundación se remonta al siglo XII, dentro de las campañas de Alfonso VIII para la Reconquista, teniendo al oeste la frontera del reino de León y la de los musulmanes al sur. La frontera leonesa estaba marcada en esta zona por la Vía de la Plata, una importante calzada romana que hoy se usa como ruta de senderismo.

Actualmente, con poco más de 40.000 habitantes, es el segundo núcleo más poblado de la provincia de Cáceres y el cuarto de Extremadura.


Qué ver en Plasencia en un día

1. Las Murallas: Plasencia estaba rodeada por una gran muralla construida en el siglo XIII. Contaba con siete puertas y dos postigos. La principal es la puerta de Trujillo o de la Salud. De 71 torres que vigilaban el acceso al interior hoy sólo quedan 21, siendo la más importante la Torre Lucía, que alberga actualmente el Centro de Interpretación Medieval de la ciudad.


2. La Plaza Mayor: plaza porticada, centro del casco histórico de Plasencia. Presidida por el edificio del Ayuntamiento (s. XVI) y por el de la antigua cárcel (s. XVII), de ella nacen las principales calles del casco antiguo, que estaban conectadas con las puertas de las murallas. Está llena de bares y restaurantes.

3. El abuelo Mayorga: si miras arriba, en el edificio del Ayuntamiento, verás al personaje más famoso de Plasencia. El abuelo Mayorga es un autómata relojero que da las horas en la plaza. Existen testimonios que hablan de él desde el siglo XV, aunque la pieza actual pertenece a principios del XX.


4. Las dos catedrales: 

⬢ La Catedral Vieja: la Catedral de Santa María data de los siglos XIII-XIV y refleja la transición del románico al gótico. Lo que más llama la atención de ella es la Torre del Melón, cuyo nombre se debe a la bola que tiene en su parte superior.


La Catedral Nueva: en el siglo XVI la antigua catedral se quedó pequeña y construyeron esta ampliación con portadas platerescas. En su interior está la tumba de Ponce de León. Las dos catedrales están unidas por medio del claustro.


5. La Casa del Deán: justo en frente de la catedral, se levanta este palacio del siglo XVII, cuyo balcón corintio neoclásico llama la atención de todos los visitantes. Hoy es una sala de exposiciones.



6. El Palacio de los Monroy: se trata de la mansión más antigua de Plasencia (s. XIII). Se la conoce como la Casa de las Dos Torres por las dos torres que tenía antiguamente y en ella se hospedaron personajes como el rey Fernando o San Pedro de Alcántara. Una de sus torres se derribó por el mal estado que quedó tras el Terremoto de Lisboa (s. XVIII), que también se sintió en la ciudad.

7. La Casa de las Argollas: casa palaciega que debe su nombre al conjunto de argollas que muestra en su fachada y que simbolizan la especial jurisdicción que ésta tenía (derecho de asilo, derecho de portazgos…). En esta famosa casa se llevó a cabo la boda entre la reina Juana de Castilla, con Alfonso V de Portugal.

8. El Palacio del Marqués de Mirabel: la edificación civil más importante de Plasencia fue mandada construir en el XV por Álvaro de Zúñiga, Duque de Plasencia. el palacio está conectado con la iglesia y el convento de San Vicente Ferrer a través de un jardín colgante, y en su interior se encuentra el Museo de Caza.

9. La Capilla de las Claras: la Oficina de Turismo de Plasencia se encuentra ubicada en este antiguo convento del sigo XV.

10. El Parador Nacional: situado en el magnífico convento de Santo Domingo del siglo XV, sus estancias están construidas con paredes de piedra y techos abovedados. El antiguo convento fue construido por los condes de Plasencia como promesa para que mejorase la salud de uno de sus hijos. Para ello tuvieron que expropiar los terrenos de la antigua sinagoga mayor de Plasencia y parte de la aljama judía.

11. La Iglesia de San Nicolás: de elementos románicos y góticos.  Las capillas del interior de la iglesia fueron utilizadas como lugar de enterramientos de nobles de la villa, como la de D. Francisco de Loaisa o la del obispo de Coria Pedro de Carvajal Girón.

12. El Acueducto de Plasencia: su construcción se llevó a cabo en el siglo XVI para traer agua desde las sierras de El Torno y Cabezabellosa.

Dónde aparcar gratis en Plasencia

Plasencia por ahora se libra de la zona azul para aparcar. No obstante, su centro es difícil para transitar con el coche y para encontrar aparcamiento.

Lo mejor es alejarse un poquito del centro y buscar hueco por el Paseo de la Ribera, por la Avenida del Valle (Paseo Caño Soso), o por la Avenida Juan Carlos I (algo más alejada).


Otras visitas cercanas:

➤ Ruta de los cerezos del Valle del Jerte
➤ Senderismo: Cómo llegar a Los Pilones de la Garganta de los Infiernos




Cómo es la visita al Castillo de Barajas



Conocido como Castillo de Barajas, el Castillo de La Alameda es un monumento de Madrid poco visitado. Se sitúa en Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas, y está muy cerca del Parque del Capricho. De hecho, te aconsejo que complementes la visita con estos dos espacios.

Su construcción se remonta al siglo XV, en una aldea de repoblación fundada en el XIII: La Alameda. Bajo sus cimientos se sabe que originariamente la zona estuvo ocupada por un primitivo poblado del año 2000 a. C. Su privilegiada posición, sobre el arroyo de Rejas y dominando el paso de la ruta hacia el valle del Ebro, hizo que se reocupara varias veces a lo largo de la historia.


La familia Mendoza se hizo con el control de la aldea de La Alameda en el siglo XIV y fue la encargada de construir esta edificación para que sirviera como refugio para los partidarios de la Beltraneja tras la batalla de Toro.

En el sigo XVI pasó a manos del mayordomo de Felipe II, Francisco Zapata y Cisneros, quien fue nombrado primer conde de Barajar y señor de la Alameda. Fueron los Zapata los que llevaron a cabo su remodelación para convertirlo en un magnífico palacio renacentista. Su foso pasó a ser un bonito jardín. Ellos también fueron los que utilizaron esta residencia como cárcel para personajes nobles, como el III Duque de Alba, el temido gobernador de Flandes.



En 1697 un incendio acabó con el castillo. Sus restos son utilizados durante bastantes siglos por los habitantes de la aldea como material para sus casas, e incluso para la construcción de obras notables, como El Capricho o el panteón de los Fernán Núñez. Para más desgracia aún, durante la Guerra Civil, lo que aún quedaba sirvió como asentamiento de ametralladoras.



Afortunadamente, y tras varios años de trabajo, hoy se puede ver la restauración de gran parte del castillo, una de las pocas fortalezas militares que queda en Madrid.

El recinto estaba formado por un edificio y una barbacana. Tenía una Torre del Homenaje cuadrangular y otra más pequeña y circular. Además contaba con un foso que lo rodeaba y con la Casa del guarda, antigua Casa del Mayordomo (Gobernador). Sus muros estaban construidos con piedras irregulares de sílex trabadas con mortero de cal. Las estancias principales se encontraban en la Torre del Homenaje y las demás (las cocinas, la capilla, algunos salones…) se repartían en un edificio de dos plantas en torno al patio.


Su entrada es gratuita y la visita es rápida. Comienza en la taquilla, donde se proyecta un vídeo sobre la historia y la construcción del castillo y, a continuación, se pasa al recinto para pasear por su exterior a través de pasarelas con carteles explicativos. También es posible apuntarse a las visitas guiadas que ofrecen dos sábados al mes, a las 12’00. Para ello, basta con reservar antes por email o por teléfono. Su personal es súper simpático, por lo que te animo a que vayas y aprendas un poco más de la historia de Madrid.

➨ Sólo abre los sábados y los domingos.


   CASTILLO DE BARAJAS – CASTILLO DE LA ALAMEDA   
Calle Antonio Sancha , 1. Distrito Barajas. Madrid
Teléfono: 913 667 415
castilloalameda@madrid.es
www.madrid.es/castilloalameda

14 sitios imprescindibles de Dublín - Qué ver y qué hacer en Dublín



Dublín no es muy grande, su centro es muy asequible a pie y los lugares más representativos se pueden ver uno o dos días. Dejando a un lado sus monumentos y museos, lo mejor de Dublín es su gente, amable y acogedora como en pocas ciudades de Europa. Aquí os dejo una muestra de lo que podéis ver y hacer en esta capital:

1. Tomarse un café irlandés en Temple Bar: su nombre se debe a Sir William Temple, quien adquirió los terrenos en 1600. Hoy es uno de los barrios más llamativos de Dublín, los pubs están abiertos desde bien temprano y el ambiente cultural y fiestero se respira en cada callejuela. Las pintas y los cafés irlandeses (sin nata montada) son las estrellas de los pubs.


2. Conocer el Libro de Kells en el Trinity College: la universidad más antigua de Irlanda fue fundada en 1592 por Isabel I y en ella se graduaron personajes de la talla de Swift, Wilde o Becket. En su biblioteca hay casi tres millones de volúmenes. La sala principal cuenta con los 200.000 más antiguos, así como el arpa más antigua del país. Su joya es el Libro de Kells, que contiene los cuatro Evangelios escritos en latín en el siglo IX. Es la zona más visitada del complejo. www.tcd.ie


3. Visitar estructura más antigua de Dublín en la Christ Church Cathedral: los orígenes de la catedral se remontan al siglo XI, cuando el rey vikingo Sigtrygg Silkiskegg construyó allí un templo de madera. Hoy, tras muchas ampliaciones y remodelaciones, Christchurch conserva un estilo gótico sublime. En su interior se encuentra la capilla del obispo San Lorenzo O’Toole, y la cripta catedralicia más grande las Islas Británicas. Aunque es un templo protestante, el Vaticano lo reclama como catedral católica.


4. Conocer la Puerta del Capítulo en St Patrick’s Cathedral: la mayor iglesia de Irlanda se construyó en el siglo V junto al pozo en el que San Patricio bautizaba a los conversos. En su interior se encuentra uno de los coros más importantes de Irlanda, pues es la única catedral de las Islas Británicas en la que se realizan dos misas cantadas al día. Su coro se hizo famoso por participar en la primera presentación del Mesías de Handel. Además del coro, merece la pena ver La Puerta del Capítulo, en la que se hizo un agujero por el que estrecharon sus manos los condes de Ormond y Kildare para acabar con sus enfrentamientos.


5. Aprender a tirar una pinta en la Guinness Storehouse: en la antigua nave de fermentación de la fábrica de Guinness, se encuentra este museo donde se exhibe contrato de arrendamiento de la cervecería por 9.000 años, firmado por Arthur Guinness en 1759. A lo largo de sus siete plantas se puede ver de manera interactiva el proceso de realización de la cerveza. Con la entrada general tenéis derecho a un ticket que podréis canjear para entrar en la Academia Guinness, donde os enseñarán a tirar bien una pinta de cerveza.
Precio de la entrada a la Guinness Storehouse: variable, dependiendo del día y la hora. 



6. Recorrer O’Connel Street: la principal arteria de Dublín comienza en Parnell Street y termina en el puente O’connell. En ella se encuentra The Spire, un monumento de 120 metros, construido en el 2003 en el lugar en el que se encontraba el monumento al Almirante Nelson, destruido por el Ira. A lo largo de esta gran avenida también hay grandes monumentos históricos del siglo XIX, como el Hotel Gresham, los almacenes Clery’s o la Oficina Central de Correos.


7. Conocer a Molly Malone en Grafton Street: una calle peatonal llena de artistas callejeros y tiendas. Justo donde acaba la zona peatonal, en la intersección con la calle Nassau, está la estatua de Molly Mallone. En 1880, James Yorkston compuso la canción Cockles and Mussels (Berberechos y Mejillones), que cuenta la historia de una vendedora ambulante que murió de fiebre en plena calle. La leyenda negra dice que por la noche era prostituta, pero no hay ninguna evidencia de ello. La canción es todo un himno en los pubs y, en su memoria, queda esta estatua y una fiesta en su honor cada 13 de junio: el Molly Malone Day. La última vez que fui había sido trasladada por obras a Suffolk Street.



8. Descansar en alguno de sus parques: los tres parques más famosos son:
▪  St Stephen Green: en pleno centro de la ciudad, es uno de los más antiguos del país (s. XVII).
▪ Phoenix Park: con más de 700 hectáreas, es el parque urbano más grande de Europa. En él podéis ver ciervos paseando. La mejor manera de visitarlo es alquilando una bici en la entrada.
▪ Merrion Square Park: un remanso de naturaleza en medio de edificios tan importantes como el Senado, el Museo de Historia Natural o la Galería Nacional. Por él se solía pasear Oscar Wilde, y hoy podemos ver su estatua en uno de los extremos del parque.


9. Conocer el antiguo Castillo de Dublín: bastante austero por fuera, ha tenido un montón de funciones a lo largo de la historia: asentamiento vikingo, fortaleza militar, residencial real, sede del Tribunal de Justicia… Hoy sólo se realizan en él las recepciones estatales. 
Precio de la entrada al Castillo de Dublín: 7€ general, 10€ la visita guiada. 


10. Rodearse de gente elegante en el Powerscourt Centre: situado en una bonita casa georgiana de Grafton Street, en el siglo XVIII se convirtió en el lugar de fiestas más reputado de todo Dublín. Hoy está lleno de tiendas de lujo y restaurantes, e incluso cuenta con un pequeño teatro. http://www.powerscourtcentre.ie/



11. Comprar algo en los Mercados callejeros: los mercados están siempre llenos de vida y suelen funcionar hasta las 17:00. Hay un montón desperdigados por toda la ciudad, como el Moore Street Market, en el que se venden frutas, verduras y flores; el Temple Bar Food Market, con productos orgánicos; o el Designer Mart en la calle Cow’s Lane (también en Temple bar), dedicado a la ropa y a la decoración.



12. Asistir a un concierto de música tradicional irlandesa: la mayoría de los pubs de Temple Bar tienen música en directo. Pero si os gusta la música celta, también podéis asistir a uno en:
  • Merry Ploughboy Pub
  • The Brazen Head
  • The Irish House Party
  • Belvedere Irish Night en el Belvedere Hotel


13. Cruzar el Ha’Penny Bridge: el puente peatonal más famoso de Dublín recibe su nombre por su forma similar a una moneda de medio penique y por ser ese el peaje que se tenía que pagar por cruzarlo.


14. Hacer una visita a un lugar cercano: hay muchas empresas que se dedican a organizar visitas de un día a otros lugares de Irlanda. Las más famosas:

Los precios van entre 25 y 60€, y son más baratos en los mostradores de allí, que comprándolas en páginas españolas.


Otros lugares:

Dublín tiene mucho que explorar. Visitar la Cárcel de Kilmainham para aprender sobre la historia de los activistas irlandeses, pasarse por alguno de sus museos gratuitos (Museo Nacional de Arqueología, de Historia Natural, de Artes Decorativas…), aprender sobre el whiskey en la Antigua Destilería Jameson o sobre el hurling en Croke Park, son otros de los planes que podéis hacer si tenéis tiempo.







12 sitios imprescindibles que ver en Fuerteventura



A 97 km de la costa africana, Fuerteventura es la isla más antigua del archipiélago canario. Además, toda ella está registrada como Reserva de la Biosfera por la Unesco. Venir aquí sólo por el sol y la playa, sería un desperdicio. Fuerteventura está llena de paisajes paradisíacos, historia, naturaleza y lugares donde disfrutar de la calma y la tranquilidad de sus habitantes, de su gastronomía, de sus escenarios desérticos y de su viento.

Hay quienes sólo vienen a Fuerteventura para hacer una excursión de un día cogiendo el ferry desde Lanzarote. Para mí, lo mejor es alquilar un coche y dedicarle varios días a la isla. Tened en cuenta que en visitar el Islote de Lobos ya habréis echado más de medio día y otro medio si queréis ir al Faro de Jandía y a la Playa de Cofete.

Aquí os dejo los que son para mí lugares imprescindibles de Fuerteventura:

¿Qué ver en Fuerteventura?

1. La Península de Jandía: se encuentra en el extremo sur de la isla y de sus 200 km², 144 son Parque Natural. Morro Jable es el último centro turístico que vais a ver por allí. A partir de entonces, las carreteras no asfaltadas os llevarán a Puertito de la Cruz (donde dicen que se come el mejor caldo de pescado de Fuerteventura), el Faro de Jandía (en la punta más al sur de la isla) y a la espectacular Playa de Cofete con la misteriosa Casa Winter al fondo. La carretera es dura, pero venir a Fuerteventura y no verla es una pena. 


2. El Islote de Lobos: tan sólo mide 4’58 km², pero en sus tierras alberga más de 130 especies vegetales y varias especies de aves. Sus fondos marinos son área de reserva submarina de gran riqueza ecológica. Hasta ella os llevará un ferry desde Corralejo. Allí podréis recorrer sus senderos (¡no os olvidéis de traer calzado adecuado!), subir a su cima más alta (La Caldera), disfrutar del pescaíto frito y la paella en el único restaurante de la isla y bañaros en su Playa de La Caleta.


3. Las Dunas de Corralejo: desde la Isla de Lobos se observa, en la otra orilla, una gran extensión de arena blanca procedente de la pulverización de conchas (2600 hectáreas). Podréis ver las dunas paralelas a unas aguas de azul turquesa, que se mezclan con el azul del cielo lleno de kitesurfers y cometas.


4. La Playa del Cotillo: en los alrededores del pueblo marinero de El Cotillo, hay una serie de calas pequeñitas de arena blanca y aguas turquesas. La más famosa es la de La Concha, por su bajo oleaje. También os podéis acercar a las inmediaciones del Faro del Tostón, donde las aguas turquesas se funden con los reflejos rojizos de las algas.



5. Betancuria: Juan de Bethencourt fundó la primera capital de Fuerteventura en 1404. Es el municipio menos poblado de la isla, pero es la que cuenta con el mayor interés histórico artístico. En ella se encuentra la Iglesia de Santa María (s. XV) reconstruida tras el saqueo de los piratas, un museo arqueológico y varios restaurantes. El pueblo tiene un encanto particular, un oasis en mitad de la aridez majorera.


6. El cráter del volcán Calderón Hondo: Al norte de Lajares se encuentran una serie de volcanes formados hace más de 50.000 años que contribuyeron a aumentar la superficie de Fuerteventura, acercándola a Lanzarote, y creando el Islote de Lobos. El Volcán Calderón Hondo es uno de los que mejor se conservan y la vista de su cráter, de 70 metros de profundidad desde arriba… es impresionante.


7. Las cuevas de Ajuy: en el pequeño pueblo de Ajuy existe un sendero, que parte desde la playa, y a través del cual se puede llegar tras un corto paseo a dos cuevas gigantescas comunicadas entre sí. Por el camino, también podréis ver un antiguo horno de cal, dunas fósiles y un mirador que cuelga sobre el mar a más de 20 metros de altura.


8. La montaña sagrada de Tindaya: en lo alto de la montaña, los guanches grabaron cientos de dibujos de pies orientados hacia las cumbres de Tenerife y Gran Canaria, que usaban como un complejo reloj astronómico desde el que calcular los solsticios o los tránsitos de Venus, usando las cumbres de estas islas como puntos de referencia. Está prohibido escalarla y sólo se puede visitar concertando una cita (+34) 928 862 300.


9. El Faro de la Entallada: a 12 km de Gran Tarajal se encuentra este edificio peculiar, que data de 1953, y al que se accede por una cuesta de 6 km, sinuosa y muy estrecha. El camino puede asustar un poco, pero merece la pena. El Faro está en la cima de un acantilado de 200 metros de altura y es el punto geográfico de Canarias más cercano a África. 


10. El Observatorio Astronómico de Sicasumbre: la escasa contaminación lumínica de Fuerteventura y la calidad de su cielo nocturno, hacen que sea considerada Reserva Starlight. El Observatorio se encuentra en la carretera FV-605, entre los kilómetros 11 y 12. Allí hay un pequeño aparcamiento y un sedero con una escasa subida. La isla celebra la Noche Mundial de las Estrellas cada mes de abril haciendo talleres de observación solar, observaciones nocturnas y visitas guiadas.  


11. Las Playas de Costa Calma: aunque es uno de los grandes centros turísticos de Fuerteventura y está lleno de alemanes (hay sitios donde ni los menús los verás en español), aún quedan joyitas para disfrutar de una mañana haciendo kayak o snorquel en sus aguas turquesas.


12. Las ardillas morunas de Fuerteventura: llegaron a la isla en 1965, cuando un vecino de Gran Tarajal trajo una pareja de Sidi Ifni, antigua colonia española. Una se le escapó y la otra la liberó. Resultado: un millón de ejemplares en Canarias, de los que el 99% están en Fuerteventura. Están por todos lados y, por más que hay carteles avisando de que no se les dé de comer, muchos turistas hacen caso omiso. Son portadoras de enfermedades mediante amebas, bacterias contagiosas, de un virus hispano-africano transmisible al hombre y sensibles al tifus murino y a la leismaniasis cutánea. Una mordedura puede provocar nuestra muerte. Disfrutar de su vista, hacedles todas las fotos que queráis, pero NO LES DEIS DE COMER.



Qué ver en Fuerteventura en 4 días - Itinerario de Viaje IV



Día 4 – Costa Calma y La Península de Jandía

Mi primera parada para desayunar la hice en Gran Tarajal, la segunda ciudad más importante de Fuerteventura. No es muy turística, pero tiene una bonita playa de arena negra. No me pude ir sin comprar el famoso Clipper, en su versión polo.




A 10 kilómetros escasos, está el Faro de la Entallada. La carretera de acceso es todo un reto. Un camino estrechito de 6 kilómetros, por el que es difícil que pasen dos coches, lleva hasta lo alto de la montaña en la que se encuentra el faro sobre un acantilado de 200 metros de altura. Es el punto geográfico de Canarias que más cerca está de África, a unos 100 kilómetros.

El faro fue el último de los construidos en España en tener una casa para la familia del farero. Su función fue decisiva durante la contienda de Sidi Ifni, al servir de guía para los junkers.


Bajando con miedo por la misma carretera que me había llevado al faro, llegué a Costa Calma, un núcleo turístico importante en Fuerteventura. Además de hoteles, cuenta con una playa turística de dos kilómetros de arena blanca.

El mes anterior me había puesto en contacto con la empresa Watersports Fuerteventura y había contratado una excursión en kayak para hacer snorquel.

El acceso a la zona en la que había quedado con ellos me fue muy difícil de encontrar y ya, cansada, los llamé por teléfono y me tuvieron que ir guiando hasta el punto exacto, en una lugar fuera del municipio y cerca del hotel R2.
  

Durante casi tres horas estuve disfrutando del fondo del océano. En mi grupo sólo había cuatro personas y el monitor nos fue guiando para que pudiéramos llegar a zonas de una increíble belleza marina.


Después de pasar mucho frio, aún con el neopreno, me sequé y comí en un restaurante de la zona. Todo estaba lleno de alemanes, e incluso muchos menús sólo estaban en alemán. 

El café lo tomé en Morro Jable, una ciudad muy turística, con un gran paseo marítimo lleno de ardillas. 



Desde Morro Jable parten las excursiones organizadas para visitar la Playa de Cofete y el Faro de Punta de Jandía. También salen desde allí autobuses especiales que realizan este mismo recorrido, mucho más económico. Es una opción si no tenéis coche o si no os atrevéis a meterlo por allí.

La carretera que va hasta el faro se termina y comienza un camino sin asfaltar. Las compañías de alquiler no suelen cubrir los accidentes en estos sitios, así que debéis tener cuidado, sobre todo si el coche es bajo. 


Me dijeron que no asfaltaban la carretera porque es Parque Natural, pero no sé yo si hay regulación en cuanto al número de vehículos que pueden recorrerla cada día, pues eso parecía una feria.

Después de recorrer un poco este camino, llegué al Puertito donde dicen que se come el mejor caldo de pescado de Fuerteventura. A mí me pareció un sitio abandonado lleno de caravanas. 


Continué mi camino un poco más adelante para llegar hasta el Faro de JandíaEl faro comenzó a funcionar en 1864 y esto lo hace uno de los más antiguos de Canarias. En él se encuentran los restos de un antiguo de Centro de Interpretación que ya cerraron.


Volviendo por el mismo camino por el que había venido, llegué al cruce que divide el camino en la carretera que vuelve a Morro Jable y el camino que va a la Playa de Cofete, una de las más espectaculares del mundo. La decisión estaba clara, y más habiéndome quitado ya un poco el miedo a esta carretera.

Pero, el camino se fue poniendo mucho peor. Estaba lleno de piedras sueltas que hacían que el coche se escurriera, no había quitamiedos y se veía la hostia que te podías dar mirando hacia los acantilados, difícilmente cabían dos coches y todo repleto de curvas.


El camino mereció la pena y llegué a Cofete, unas cuantas casas donde aún viven unas veinte personas y en el que hay un único restaurante, a precios muy buenos para estar en un sitio tan inhóspito.


Históricamente, Cofete fue el primer asentamiento de la Península de Jandía. Se fundó a principios del siglo XIX y lo habitaron colonos dedicados a la agricultura y la ganadería. De esta época aún queda un antiguo cementerio justo al lado de la playa. Los cuerpos están enterrados en la playa, sin valla, bajo la arena, sujetos con gruesas piedras. El último enterramiento data de 1956.

La playa de Cofete se extiende a lo largo de 14 km. Su mayor atractivo es su impresionante estado virgen, beneficiado por la dificultad de acceso al lugar, que ha evitado la masificación de turistas. Además, bañarse aquí es bastante peligroso, por el fuerte oleaje que hay siempre.


Una vez aparcado el coche (cuidado con no quedarse encallado en la arena) se puede recorrer la playa hacia el sur y llegar hasta el Roque del Moro (2’7 km) o hacia el norte y visitar el Islote (5 km).

Desde la playa se puede ver otro de los grandes atractivos del lugar (más por el morbo, que por su interés arquitectónico): Villa Winter. Una villa llena de misterio, construida por el alemán Gustav Winter, a quien Franco regaló el terreno. Hay historias para todos los gustos: que si sirvió para la explotación minera de la zona, que se excavaron cuevas para esconder submarinos alemanes…  Incluso Vázquez-Figueroa dedicó una de sus novelas a este lugar.  Aquí podéis leer algunas de sus leyendas. 


Ver el atardecer en la Playa de Cofete es algo imprescindible cuando se visita Fuerteventura. Lo peor fue volver por la misma carretera por la que había venido. Pero mereció la pena para llevarme el último recuerdo de mi estancia en la isla.