Día 12: Argentina – Cómo es la excursión a Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes (I)



En la agencia Viajes Lippi de Bariloche compré la excursión a la Isla Victoria y al Bosque de los Arrayanes, uno de los pocos que se podían hacer debido al temporal.

El autobús salía a las 8:30 desde la sede de la empresa Turisur, al lado del Centro Cívico. El camino de los 25 km hacia la península de Llao Llao lo hicimos aún de noche. Al llegar a Puerto Pañuelo tuvimos que hacer cola para pagar las tasas de embarque (90 AR$) y la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi (400AR$).


Con nuestra entrada en la mano, embarcamos en el Modesta Victoria, un barco antiguo totalmente remodelado. Ten en cuenta que, depende de la hora que elijas, te tendrás que montar en éste o en el Cau Cau, un catamarán moderno, sin tanto encanto.


El Modesta Victoria es un barco con historia. En él han viajado presidentes, príncipes y personalidades importantes de todo el mundo. Fue construido en 1937 en un astillero holandés por encargo especial de la Dirección de Parques Nacionales, durante la presidencia de Exequiel Bustillo. 




La embarcación tiene tres cubiertas de piso de teca, herrajes de bronce y tulipas de alabastro. También cuenta con una pequeña cafetería y los precios no eran muy caros. En él recorrimos el Lago Nahuel Huapi alrededor del cual se estructura el primer Parque Nacional del país.




La primera parada del día fue el Bosque de los Arrayanes. Éste se encuentra en la parte sur de la Península Quetrihué, la misma en la que está Villa Angostura (por eso, también se puede llegar al bosque desde este pueblo caminando) y cuyo nombre proviene del mapuche, lengua en la que significa “donde hay arrayanes”.

Desde el embarcadero sale un sendero de 600 metros a través del cual se pueden ver numerosas especies arbóreas como secuoyas, abedules, abetos, aromos, pinos… Aunque la estrella de todo es el arrayán, un árbol enorme de color canela. Este es el único lugar del mundo en el que los arrayanes han llegado a formar un bosque de unas mil hectáreas y han alcanzado el tamaño de grandes árboles, porque el arrayán suele ser como un arbusto en todas partes, menos aquí.





Al acabar el sendero está la casita de té. Una hermosa cabaña de madera que tiene aspecto de cuento entre tanto árbol. Antiguamente se decía que esta cabaña había inspirado a Walt Disney cuando produjo la película Bambi y durante muchos años se la conocía como la Casita de Bambi. Sin embargo, una querella de Disney (quien ni siquiera había visitado estas tierras) acabó con estas pretensiones.




No pude evitar tomarme un chocolate allí (120 AR$), junto a la chimenea, mientras esperaba la hora de montarme en el barco de nuevo.

➤ Día 12: Argentina – Cómo es la excursión a Isla Victoria y Bosque de los Arrayanes (II)

Cosas a tener en cuenta:

🌲 Dile a tu agencia en qué barco te quieres montar cuando contrates la excursión, para evitar sorpresas. En el Modesta Victoria o en el Cau Cau.

🌲 Para ahorrarte dinero, puedes llegar a Puerto Pañuelo por tu cuenta en el autobús 20 y con tu Tarjeta SUBE. Consulta sus horarios y no tendrás que pagar el traslado al hotel. Aunque tendrás que estar pendiente de los autobuses y puede que pierdas tiempo. www.mibus.com.ar/bariloche/

🌲 Precio de la entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi: 

🌲Llévate tu propia comida. En Puerto Pañuelo hay una tienda-restaurante cara y en Isla Victoria hay un restaurante aún más caro. Además, se llena y perderás tiempo de visitar la isla mientras esperar para comer.

Día 12: Argentina – Senderismo hacia el mirador del Cerro Llao Llao de Bariloche


Por la mañana cogí el autobús 20 para llegar al Hotel Llao Llao. Uno de los resorts más lujosos de Argentina, situado en una pequeña colina sobre la península Llao Llao, entre los lagos Nahuel Huapi y Moreno. Es una construcción de principios del siglo XX de estilo canadiense, realizada en madera, piedra y tejas normandas y que se considera Monumento Histórico Nacional. Se puede visitar por dentro poniéndote en contacto a través de su página web.


Villa Llao Llao fue fundada en 1937 a 25 km de San Carlos de Bariloche por Exequiel Bustillo, presidente de Parques nacionales y hermano del arquitecto Alejandro Bustillo, constructor del hotel Llao Llao, y hoy se encuentran unidas por una avenida costera que lleva el nombre del primer director de Parques Nacionales: Exequiel Bustillo.

Me bajé en la parada del hotel y caminé cuesta abajo hasta Puerto Pañuelo. Opté por ir por un camino que rodeaba un campo de golf y llegaba a la Capilla de San Eduardo, hecha por el arquitecto Alejandro Bustillo.




Prontó enlacé con la carretera y llegué a Puerto Pañuelo. Desde allí salen los barcos hacia isla Victoria, al Bosque de Arrayanes en la península de Quetrihue, y a Puerto Blest, lago Frías y Cascada los Cántaros.


Dejando el puerto a un lado, continué andando por la carretera hasta la Entrada al Parque Municipal Llao Llao. Allí, a mano izquierda, está el Cristo Verde y el puesto de información turística desde la que parten visitas guiadas al Sendero de los Arrayanes. La garita estaba cerrada, pero había un guardabosques por allí que me indicó donde estaba el inicio de la ruta al mirador del Cerro Llao Llao. Y fue muy claro: por ahí, no es.


Para iniciar este sendero hay que continuar por la misma carretera hasta que salga una señal de madera que indique el inicio de la ruta hacia Cerro Llao Llao y Villa Tacul.




Cuando llegué, ya pintaba mal. Al principio, sólo vi un poco de nieve y seguí caminando. Había algunos excursionistas más andando y eso me dio confianza. El sendero estaba señalizado e incluso indicaba el nombre las plantas que me encontraba.


Pero, al rato, todo cambió. El temporal que había arrasado Bariloche también había hecho mella en este monte. Para continuar mi camino tuve que saltar y trepar por troncos de árboles caídos, arrastrarme bajo ellos y escurrirme varias veces.


A veces el sendero se convertía en una verdadera laguna y era imposible saltar por ella. Gracias a varios excursionistas que nos juntamos por allí, hicimos un pequeño puentecito con palos e íbamos intentando cruzar sin mojarnos hasta las rodillas.


Otras veces, el camino se perdía en la nieve. No había nada señalizado y sólo nos hacía seguir el hecho de ver a otros excursionistas que venían ya de vuelta y que nos indicaban por dónde habían ido ellos.

Por fin llegamos a una bifurcación en la que se indicaba el ascenso al mirador. Una faena. Se escurría todo y el hielo no te dejaba andar bien. Pero ya que habíamos llegado hasta allí, nadie abandonó.


Nada más subir, el cartel no impresionaba mucho. No había nada que indicara dónde estábamos. Ni quitamiedos, ni indicaciones, ni nada. Tan sólo esto:


Allí, a la derecha, había una gran roca desde donde se podían observar unas vistas impresionantes. Había merecido la pena tanto esfuerzo.

Después de descansar un rato admirando el paisaje y comer, empecé a bajar la cuesta. Muchísimo más lento y difícil que la subida, con todo el hielo. Además, ya era consciente de lo alto que estaba eso…



En la bifurcación, seguí la señal que indicaba Villa Tacul. Mi idea era hacer el camino entero. Pero, tras unos cuarenta minutos andando sin encontrarme otra puñetera señal, me dio miedo perderme y que se me hiciera de noche en mitad de un bosque patagónico y sin cobertura.


Tardé un poco en encontrar el camino de vuelta. Ya no había nadie a quien preguntar. Cuando llegué a la parte del sendero que se había convertido en laguna, me alegré mucho, porque supe que iba por el buen camino.

Llegué de nuevo a la carretera y volví a Puerto Pañuelo para coger allí el autobús. Sin embargo, no había ninguna señal que indicara dónde paraba. Pregunté a un hombre que me encontré y me dijo que era en frente de la entrada al puerto. No había nada que lo indicara, pero media hora después, vino el bus.

Se me había hecho tardísimo. Lo que iba a ser en principio una ruta sencilla de unos 3’6 km hasta el mirador, se había convertido en un trekking duro en el que había echado medio día.

Mapas de las rutas por el Cerro Llao Llao




Día 11: Argentina – Visitando la estación de esquí de Cerro Catedral



Media mañana la había perdido en tener que cambiarme de mi alojamiento de Playa Bonita al de Bariloche, porque no había encontrado un sitio donde pudiera estar cinco noches seguidas, ya que estaba todo lleno por las Vacaciones de Invierno.

Cuando dejé mis cosas en el hostal, cogí el autobús número 55 para ir a Cerro Catedral, la estación de esquí más grande del hemisferio sur. Como me monté en una de las primeras paradas, aún había sitio para sentarse. Después se fue montando gente y acabaron todos espachurrados y de pie. Mucha gente se quedó sin poder subirse.

El Cerro Catedral está a 19 km de Bariloche y el trayecto dura unos 40-50 minutos. Tiene una altura de 2.388 m y en él hay 120 kilómetros de pistas distribuidas en una superficie de 600 hectáreas. Su creación se remonta a la década de 1930, cuando se llevó a cabo la primera competencia deportiva.  


A día de hoy cuenta con 34 medios de elevación (entre aerosillas, cabinas y medios de arrastre) que permiten el ascenso a 36.000 personas por hora. Imagínate cómo estaba de colas un fin de semana de las Vacaciones de Invierno. Así que estaba Bariloche vacío…


Como no soy mucho de esquiar (sólo he hecho una vez y no tuve muy buena experiencia), mi idea era montarme en un telesilla para llegar a los miradores desde los que contemplar los lagos Nahuel Huapi y Gutiérrez, los Andes y el Cerro Tronador. Hice una fila enorme y, cuando me quedan tan sólo dos delante, los cierran por viento fuerte. 😒


Así que me di una vuelta por allí para ver lo que había. Al lado de la estación hay una zona de casitas dedicadas a los alojamientos hoteleros (Villa Catedral), discotecas, pubs y un casino. Lo comercial empieza donde está el Club Andino Bariloche.


A partir de ahí hay bastante tiendas de esquí y restaurantes. A la derecha, unas escalerillas llevan a la Plaza Vicente A. Robles, desde las que hay unas bonitas vistas.



En el centro de todo hay un gran centro comercial en el que guarecerte un rato del frío, Shopping Las Terrazas. Es bastante caro si lo comparamos con los precios de Bariloche. Después de tomarme algo allí, me fui a visitar tiendas y a ver un campeonato de volley nieve, que ya había que tener gana de andar en pantalones cortos por allí…



El viento cada vez estaba siendo más fuerte y la gente se estaba empezando a arremolinar frente a la parada del autobús. No perdí tiempo y me puse en la cola. En los dos primeros que vinieron no pude entrar. Tuve que esperar hasta que pasó un tercer autobús para ir de pie y espachurrada para volver a Bariloche.

En Bariloche estaban celebrando la Fiesta Nacional de la Nieve y estaba todo lleno de puestos de comida, incluida la española, que estaba representada por un puesto del País Vasco.




Día 10: Argentina – Un día visitando San Carlos de Bariloche



Después de mi viaje a la Colonia Suiza, el resto del día lo pasé en Bariloche. El autobús me dejó en la Plaza de las Ciudades Hermanas y desde allí comencé mi paseo. Aunque es la ciudad más visitada de toda la Patagonia, no había mucha gente porque la mayoría de los turistas llenan Bariloche por la tarde, cuando vuelven de sus excursiones. En invierno el lugar ofrece gran cantidad de actividades de nieve y viene muchísima gente a esquiar.

El centro de Bariloche es muy pequeño y de casitas bajas. La vida gira en torno a las calles Mitre y Moreno. Cuanto más de alejes de ellas, menos gente verás.



San Carlos de Bariloche oficialmente tiene unos 130 años. Su nombre deriva de la palabra mapuche vuriloche, que significa gente de atrás de la montaña. El primer argentino que llegó a la región, no pudo ser otro: el gran Perito Moreno.

Su centro actual es el fruto de la década de 1930, cuando el gobierno federal decidió impulsar el desarrollo en esta parte de la Patagonia y se construyen el Centro Cívico, la iglesia catedral y el Hotel Llao Llao, cuyo camino fue el primero asfaltado de la región. Ten en cuenta que hasta los años setenta, la ciudad no contaba con una carretera asfaltada que la uniera a Buenos Aires.

En la misma plaza donde me había bajado del autobús había una Feria Artesanal donde compré algunos souvenirs. Si te gustan este tipo de mercadillos, en Bariloche hay varios que abren todos los días.


Desde allí, recorrí la calle Moreno y aproveché para comer algo argentino en el restaurante La Alpina. Siguiendo la calle hacia delante, me dirigí hacia un pasaje cerrado en el que se encontraba la Agencia de Viajes Lippi, que me había recomendado mis amigos de la Colonia Suiza, por ser una de las más baratas de la ciudad. Como se habían chafado mis planes de ir a Villa Angostura y a San Martín de los Andes por el temporal, pregunté por otras opciones y acabé reservando una excursión para Isla Victoria y el Bosque de los Arrayanes.

Mi siguiente destino fue la calle Mitre, el paraíso de los golosos. Bariloche es famosa internacionalmente por su chocolate. Y toda esta calle está llena de chocolaterías cuyos productos dan a probar a los turistas que pasan a sus tiendas, compres o no. Acabas lleno. Fue entrando en las más famosas y acababa comprando algo en cada una de ellas. Si pensáis hacer turismo de chocolates, no esperéis a que sea tarde. Después, cuando la gente viene de sus excursiones, las colas son enormes y tardas mucho en comprar.




Me paré en Del Turista. Hoy tiene muchos locales, pero el primero se inauguró en esta misma calle de Bariloche. La tienda es enorme y tiene también un área dedicada sólo a la cafetería. Sus empleados llevan puestos unos originales uniformes.



Tras comprar (y degustar) bombones en Rapa Nui, El Reino de los Chocolates, Mamuschka, Chocolates Torres y Frantom Chocolates, entré en la Galería del Sol, una galería comercial bastante bonita llena de tiendas de souvenirs.


La calle Mitre acaba en el Centro Cívico cuyo conjunto está declarado Monumento Histórico Nacional. Alrededor de la plaza se encuentran la biblioteca, la municipalidad, la sala de exposiciones de El Correo, la policía, el Museo Patagónico y la aduana. Presidiendo la plaza, inspirada en el medievo centroeuropeo, está la estatua de del General Julio Argentino Roca, artífice de la conquista del Desierto y dos veces presidente de Argentina.



La torre ubicada sobre el edificio de la Municipalidad tiene un gran reloj que, cuando da las 12’00 y las 18’00, saca cuatro figuras: un indígena, un misionero, un conquistador y un labrador.


Después de una visita al Museo Patagónico, inicié mi camino hacia la Costanera. Justo en frente del Centro Cívico, bajando las escaleras, está el cartel con el nombre de la ciudad.

La costanera va paralela a la Avenida 12 de Octubre y separa la ciudad de Bariloche del lago Nahuel Huapi, un lago de origen glaciar enorme (557 km²). A finales del siglo XIX surgió la leyenda de Nahuelito, un supuesto monstruo que habita el lago, parecido a Nessie, sobreviviente de la época de los dinosaurios.



Los vientos eran tan fuertes, que las olas que había me recordaban al mar. Allí había correteando unos perretes, con un gran San Bernardo en medio. Éste se convirtió en el icono de la ciudad a mediados del siglo XX, y hay gente que se dedica a hacerte fotos con ellos por unos dólares. Actualmente esto está en proceso de regulación por las autoridades de la ciudad para garantizar la seguridad de los perretes.



Costanera hacia adelante está el antiguo Puerto San Carlos, utilizado en 1895 para comercializar productos con Chile a través del Paso Pérez Rosales.



Pronto llegué al edificio que más sobresale de la ciudad: la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi. construida en 1946 es considerada Monumento Histórico Nacional. En su interior se pueden ver 45 vitrales con temas religiosos e históricos vinculados a la historia de la Patagonia. Las imágenes de este templo católico muestran las raíces indigenistas de la evangelización de la región. La entrada a la iglesia es gratuita.



Realizada en estilo gótico por el arquitecto Alejando Bustillo, su nombre recuerda a la virgen que acompañó al jesuita Mascardi en la primera misión evangelizadora por la zona, allá por el 1670.


La noche se me había echado encima. Así que volví al Centro Cívico, en el que estaban dando un concierto de Heavy Metal, cené algo en el Morfys y un dulce postre en Rapa Nui.