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Opinión de La Glace – La pastelería más antigua de Copenhague



La confitería más antigua de Copenhague y de toda Dinamarca, es toda una tentación para los que pasen por delante de su escaparate. Se encuentra en el distrito de Kobenhavn, muy cerca de Stroget, la calle peatonal más larga de Europa. Por lo que, si vas al centro, no puedes dejar de entrar. Su precio es algo caro, pero merece la pena la visita.


Nicolaus Henningsen fundó la pastelería en este mismo local, en octubre de 1870 y, desde entonces y sin interrupción, lleva ya seis generaciones de maestros pasteleros que hacen unos los mejores dulces de la ciudad. De hecho, siempre ha sido uno de los lugares más frecuentados por la familia real danesa, aún hoy. Otro de sus visitantes famosos fue Hans Christian Andersen, quien iba tanto por allí, que hasta le dedicaron un pastel: el HC Andersen

Después de deleitarte con el escaparate, no te quedará nada más que caer en la tentación y entrar. Tiene una pequeña terracita en la puerta y varios salones dentro. La decoración es toda vintage, parece que cuando pasas, el tiempo se ha atrasado y has vuelto a una época pasada. Las paredes son de color rojizo, las camareras van con un uniforme verde (al menos cuando yo fui no vi a ningún camarero) y hasta los aseos merecen una visita para ver lo bien decorados que están.



Primero hay que dirigirse al mostrador, donde podrás ver más de cerca todos los pasteles que hay en sus vitrinas. Normalmente dicen que hay mucha cola, pero cuando yo fui no había casi nadie. Me acompañaron a una mesa y pedí unos pasteles y un chocolate.



Lo más famoso de La Glace es su chocolate caliente servido en una jarrita. La camarera viene a la mesa, te lo sirve y te deja la jarrita en la mesa para que te sirvas tú mismo el resto. Cada jarrita tiene para dos tazas. Aun así, me dijo que cuando quisiera servirme, que la llamara y que ella lo hacía. En un cuenquito aparte, viene crema batida para que te la vayas echando en lo alto del chocolate. Una delicia.




Otro de sus productos más famoso es la tarta Sportskage, creada en 1891 para el estreno de la obra de teatro Sports Man en el Folketeatret. Está hecha a base de turrón, crema batida, pasta choux caramelizada y macarons. Es la que aparece siempre en su carta y en sus folletos.

Carta y precios de la pastelería La Glace de Copenhague



   CONDITORIET LA GLACE   
Skoubogade 3-5. 1158 Copenhague
Teléfono: 33 14 46 46
www.laglace.com

Opinión del Invernadero de Salvador Bachiller




Salvador Bachiller empezó vendiendo botones con su padre y, más tarde, maletas. Ahora es uno de los diseñadores de complementos más importante de España y cuenta con tiendas repartidas por todo el país.

En Madrid algunas de sus tiendas esconden unos locales de ensueño para disfrutar de una buena velada. Una de ellas se encuentra en plena Gran Vía. La primera planta está dedicada a tienda. Al fondo están las escaleras para bajar al restaurante. Este espacio, antiguamente dedicado a la sección de calzado de la tienda, fue reformado completamente para albergar uno de los locales más solicitados de Madrid. Un jardín cubierto, lleno de plantas naturales, que cuenta con una pequeña zona de barra y un salón dividido en dos partes: una con forma de galería abierta y otra más íntima, con luz más tenue.


Los fines de semana y festivos, sobre todo, es normal que veas toda la escalera llena de gente. Sí, están esperando para entrar. A mí me costó tres intentos para poder ir por primera vez a la hora del café.

Justo después de comer hay más gente, porque tienen disponible un menú de merienda a precio más asequible. Si no pides este menú, recuerda que el consumo mínimo para entrar es de 9€. Al cual llegas de inmediato en cuanto veas los precios de la carta.

A mí lo que más me gustó fue la decoración. No es muy grande, pero gracias a los espejos y al uso del espacio que han hecho, parece mucho más amplio. El lugar es acogedor, todo lleno de plantas y con una iluminación que invita al descanso.


De los platos no puedo hablar, porque siempre he ido después de comer. Para merendar tienen una carta de cocktails y otra con cafés, batidos y dulces. Si llegas antes de las 18:00, tienen aún un menú, que sale más rentable.


Estos son los platos de pastas y de petit fours. Ambos están muy buenos, pero mi favorito es el último porque es más variado.


Cualquier tipo de bebida que pidas viene acompañado de algún platillo dulce para compartir, y las tazas traen una bolsita con un bombón y un mensaje motivador.



Otros puntos a su favor son sus servilletas de papel reciclado, sus pajitas de cartón, sus plantas naturales y su original vajilla vintage. Además, si te gusta algo de la decoración, basta con subir a la tienda y comprarlo.

En cuanto al personal… Bueno, he leído y escuchado quejas de todo tipo. Yo he tenido experiencias buenas y algunas no tan buenas. Lo cierto es que deberían estar un poco mejor formados en atención al público para estar en un local de estas características, en el que su punto fuerte es el estilo. En fin, es una opinión personal.



   EL INVERNADERO DE SALVADOR BACHILLER   
      Gran Vía, 65.  Madrid      
Teléfono: 915 40 17 29
www.gastrobaressb.com/#invernadero

19 sitios imprescindibles de Copenhague - Qué ver y qué hacer en Copenhague



Copenhague es una ciudad bastante asequible paseando y usando la red de transporte público. Su centro es pequeño y se puede ver bien en un par de días, por lo que te recomiendo que aproveches tu estancia en la ciudad para hacer visitas a lugares cercanos. Las entradas de los museos y sitios más famosos son bastante caras, tenlo en cuenta para tu visita.

Qué ver y qué hacer en Copenhague

1. Hacerte una foto con La Sirenita: el símbolo de Copenhague es una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad. La estatua la mandó construir a principios del siglo XX el dueño de la fábrica de Calsberg y su autor fue el escultor Eriksen. Muchos se decepcionan al verla porque es muy pequeña (mide algo más de un metro) y las colas para poder hacerte una foto con ella son desalentadoras.


2. Endulzarte en La Glace: la pastelería más antigua de toda Dinamarca hará las delicias de cualquiera que se acerque a su escaparate. Hans Christian Andersen la visitaba asiduamente, así como la familia real danesa. Su chocolate servido en jarra y acompañado de leche batida, no se puede dejar escapar.


3. Subir a la cúpula de la Iglesia de Mármol: este templo luterano barroco fue construido en la época de Frederik V (s. XVIII) para conmemorar los trescientos años del reinado de los Oldemburgo. Con sus 31 metros de diámetro, su cúpula es la más grande los países nórdicos. La entrada es gratuita.


4. Comer en el barrio cosmopolita de Nørreport: atravesando el largo Puente de la Reina, te encontrarás con un barrio lleno de tiendas y restaurantes multiculturales baratos. Si quieres comer algo más elaborado o el famoso Smorrebrød típico de la ciudad, no dudes en llegar al Mercado de Torvehallerne.


5. Visitar Rosenborg Slot y Amalienborg: estos dos palacios parecen sacados de un cuento danés. Rosenborg fue construido en el XVII y tienen unos amplios jardines justo delante de su entrada. Amalienborg es la residencia oficial de invierno de la familia real danesa y está formado por cuatro palacios distintos. Dos de ellos (el de Moltke y el de Levetzau) están abiertos al público. Sus precios no son nada baratos, pero existe una entrada conjunta con la que se obtiene algo de descuento.



Precio de la entrada a Rosenborg Slot: 105 DDK
Precio de la entrada a Amalienborg: 95 DDK
Precio de la entrada conjunta: 145 DKK

6. Ver el desfile de la Guardia Real: sólo cuando la reina está en el Palacio de Amalienborg, tiene lugar el desfile del cambio de la Guardia Real. Comienza a las 11’30 y recorren el camino entre el Palacio de Rosenborg y la Plaza de Amalienborg.


7. Pasear por Stroget: la calle peatonal más larga de Europa está llena de restaurantes y tiendas. A través de ella y de sus ramificaciones se une la Plaza del Ayuntamiento con la Plaza de Kongens Nytorv.


8. Comprar Legos: en una de las ramificaciones de la calle Stroget, verás la famosa Lego Store, con un mural gigante de Copenhague realizado con piezas de Lego. Comprar aquí es llevarte un buen souvenir danés a casa.


9. Curiosear por Christiania: el barrio antisistema de Copenhague dice que está al margen de cualquier tipo de gobierno exterior y que no depende de la Unión Europea. Sus territorios de engloban en la llamada Ciudad Libre de Chistiania. Está a media hora caminando desde el centro de Copenhague. Sus calles se han convertido en uno de los lugares más visitados de la ciudad.


10. Entrar al Tívoli: su apertura en 1843, lo hacen uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo. Cierra entre temporadas para preparar las atracciones para los nuevos visitantes. Tenlo en cuenta para planificar tu visita y mira antes en su web si está abierto en las fechas que quieres ir a visitarlo.


11. Aprender sobre la cerveza Calsberg: en 1847, J.C. Jacobsen elaboró la primera Calsberg y hoy es una de las más consumidas del mundo. Su antigua fábrica cuenta con un museo en su interior a través del cual se va mostrando su historia. ¿Sabías que su logotipo original era una esvástica? Aunque su elección poco tuvo que ver con los Nazis…


12. Ver las casitas del puerto de Nyhavn: el lugar más fotografiado de Copenhague y por cuyas casitas de colores es identificada la ciudad, es un ir y venir de turistas que pasean por sus tranquilas calles peatonales en donde vivió Hans Christian Andersen. Su mala reputación de antaño (pues era frecuentado por prostitutas y marineros) han dado paso a un gran canal lleno de restaurantes y cafeterías.


13. Abrazar a Hans Christian Andersen: en la plaza Rådhuspladsen puedes ver la estatua del gran escritor danés, justo al lado del ayuntamiento, Andersen sostiene un libro y un bastón mientras mira hacia la entrada del Tívoli.


14. Asistir a una sesión de chillout en una iglesia: Iglesia de Nuestra Señora (Vor Frue Kirke) pasa a llamarse la Iglesia de Natkirken por la noche y ofrece sesiones de chillout en sus llamadas God goes Deep sessions. En el altar colocan una mesa de mezclas y el suelo se llena de grandes cojines para que la gente se retrepe y disfrute de la música y de las luces rojizas que lo inundan todo. En su web puedes ver el horario de sus sesiones. La entrada es gratuita. http://www.natkirken.dk/


15. Andar por el Kastellet: la ciudadela de Copenhague es una de las mejores conservadas del norte de Europa. Su origen se remonta a 1626 para la defensa de la muralla de la ciudad. Hoy la zona se ha convertido en un gran parque público, aunque muchas de sus construcciones también tienen uso militar.


16. Dar una vuelta en bici: cientos y cientos de bicicletas recorren la ciudad cada día. Sus calles están perfectamente preparadas para los ciclistas y cuentan con un servicio público de alquiler bastante interesante (bybyklen.com). Conviértete en un local y haz lo que ellos.


17. Subir a la Torre de la Iglesia de San Salvador: 400 escalones son los que hace falta subir para llegar a la cima, 150 de ellos se hacen por su exterior. Esta torre barroca ofrece constituye uno de los mejores miradores de la ciudad. Precio de la entrada: 40 DDK.


18. Hacer una visita a un lugar cercano: existen multitud de empresas que hacen viajes de un día a lugares cercanos, como a la ciudad vikinga de Roskilde, y a los castillos de Frederiksborg y Kronborg. Es una buena manera de conocer otros sitios por poco dinero y en poco tiempo para que puedas disfrutar más de tu visita.


19. Cruzar el puente hasta llegar a Suecia: una de las salidas típicas desde Copenhague es cruzar el puente para llegar a Malmo. Desde la Estación Central de Copenhague tardarás 35 minutos en llegar a la ciudad sueca en tren atravesando el puente de Oresund, que cuenta con dos líneas de tren y cuatro carriles de carretera, siendo el puente combinado tren-carretera más largo de Europa.



Opinión del Salón de Té Al Yalab - Una de las mejores teterías de Madrid


Con más de 30 años abierto, esta tetería es uno de los referentes madrileños de la noche de cachimba. Situada cerca de la estación de metro de Delicias, su exterior austero no muestra prácticamente nada de la sorpresa que nos vamos a encontrar en cuanto entremos. La decoración, sin duda, es uno de sus puntos fuertes. Dentro, todo parece sacado de los cuentos de Las mil y una noches. En medio del local hay una fuente que, junto con la música y la iluminación tenue, ayuda a relajarnos sin que tengamos siquiera que esperar a sentarnos.


Una vez sentados, la carta del local es bastante amplia. Tienen una gran variedad de tés, cafés, dulces, cocktails y la estrella del salón: las shishas normales, con alcohol y de tamaño XL. El ambiente es único y los precios son bastante razonables. Además, si vais de domingo a jueves, os harán un descuentillo.



Os recomiendo reservar antes, suele estar siempre lleno y las mesas tienen poca rotación, porque la gente viene aquí a relajarse, no a ir con prisas, y las cachimbas aguantan bastante tiempo. La última vez  fui recién abierto y ya estaba el local con la mitad de los sitios cogidos. Así que, ¡tenedlo en cuenta!

Horarios:
▪ De domingo a jueves: de 19´00 a 02´00.
▪ Viernes y sábados: de 19´00 a 03´00.


   SALÓN DE TÉ AL YALAB   
C/ Cáceres, 52. Madrid
Teléfono: 91 474 30 69
www.salondetealyabal.com

Cómo hacer un auténtico café vietnamita



En el siglo XIX los franceses introdujeron el café en Vietnam y pronto se convirtió en uno de los mayores exportadores del mundo.

Ante la dificultad de encontrar leche fresca y fácil de almacenar, los vietnamitas adaptaron el típico café au lait a los recursos de su tierra. Para ello utilizaron leche condensada, mucho más fácil de almacenar en un clima tropical, y crearon su propia cafetera.

La cafetera vietnamita es individual: el phin. Consiste en un filtro metálico, una mini-cafetera por goteo hecha de metal que se coloca directamente sobre el vaso de vidrio. En los restaurantes y cafeterías vietnamitas, el café ya viene echado dentro de la cafetera y, al lado, colocan un termo con agua hirviendo para que el cliente se lo eche encima y se vaya filtrando.

En la ciudad de Hoi-An, por ejemplo, encontraréis este tipo de cafeteras por todos lados, como souvenir. 


Cómo se hace un café vietnamita

Cosas que vais a necesitar:

▪ 2 cucharadas de leche condensada

▪ 2 cucharadas de café molido fuerte y grueso

▪ 1 taza de agua hirviendo

▪ 1 vaso transparente de cristal para ver cómo se filtra el café

 1 cafetera vietnamita (si la tenéis)



Preparación:

1. Echar la leche condensada en el vaso de cristal.

2. Colocar la cafetera encima del vaso.

3. Echar el café molido en la cafetera.

4. Coloca encima el filtro metálico que tiene la cafetera, para que prense el café.

5. Llenar la cafetera con agua caliente.

6. Cerrar la cafetera con la tapa que trae.

7. Dejar que se vaya filtrando el café lentamente.

8. Cuando se haya filtrado, disfrutarlo.

Algunas cafeteras vietnamitas traen un filtro que se ajusta con un tornillo, para prensar mejor el café y ajustar la forma (rápida o lenta) del goteo. Otras no. Realmente si no lo trae, no pasa nada.

Si no tenéis una cafetera vietnamita, podéis prepararlo con un espresso normal. Aunque el sabor difiere un poco. Este tipo de cafeteras se pueden comprar en Amazon, por ejemplo.

Aquí os dejo un vídeo en el que se explican todos los pasos:




Día 6: Rusia - Moscú: Opinión del Café Pushkin


Uno de los lugares más elegantes para comer en Moscú es el famoso Café Pushkin. Cuando entras en él, parece que has viajado atrás en el tiempo. La decoración, la elegancia de su personal, la música, los colores… todo. Los camareros visten de época y sirven las mesas siguiendo las más estrictas normas de protocolo.

Un poco de historia

A pesar de mantener la esencia de un local del siglo XIX, su origen se remonta hace tan sólo unas décadas. El Café Pushkin abrió sus puertas en 1999 en lo que antiguamente era un palacete barroco. Todo empezó cuando se puso de moda en los años sesenta una canción del cantante francés Bécaud, Nathalie. En ella se mencionaba un tal Café Pouchkine, que impresionaba ampliamente al protagonista. Pero, realmente, ese café no existía. Era producto de su imaginación. Todo el que iba a Moscú en aquella época lo buscaba, quedándose decepcionado al encontrarse con la verdad.

La canción inspiró a un artista y restaurador con raíces franco-rusas y, en 1999, lo hizo realidad. Inauguró su mítico Café Pushkin en presencia del mismo Bécaud. Para ello eligió un local en Tversloy Boulevard, una calle que fue muy frecuentada por el escritor Alexander Pushkin y la alta sociedad de la época.



El edificio

A finales del siglo XVIII, un noble al servicio de Catalina la Grande se jubiló y se mudó a Moscú. Para construir su nueva residencia contrató a arquitectos italianos que diseñaran una mansión rusa llena de detalles barrocos.

A mediados del XIX, la casa pasó a manos de un aristócrata alemán como parte de la dote de su mujer. Sin embargo, debido a sus problemas financieros, tuvo que abrir una farmacia en la planta baja del edificio para ganar algo de dinero. De este modo, instaló la botica llena de medicinas y brebajes y, en la planta alta, colocó una biblioteca con libros especializados, que hoy contiene más de tres mil volúmenes.

En aquellos días, sus clientes podían tomarse algo allí mientras esperaban a que sus medicinas estuvieran preparas. Así comenzó su andadura un pequeño café-farmacia.

Hoy, el café tiene varios lugares bien diferenciados. En la planta baja, un señor nos saluda como si perteneciéramos a la realeza. Entramos y nos encontramos con la cafetería, donde se puede disfrutar de unos desayunos inmejorables.

1. La farmacia: en ella hay una gran colección de bustos de filósofos de la antigüedad, una máquina de escribir alemana digna de estar en cualquier museo, una de las primeras máquinas de coser y tazas de plata para servir chocolate caliente. Los domingos y los lunes por la noche, un cuarteto de cuerda ameniza la velada.

2. El salón de la chimenea: decorado con pinturas de Nike, la diosa de la victoria.

3. La librería: mi sitio favorito. Un salón totalmente barroco, lleno de grandes estanterías abarrotadas de libros, que llegan hasta el techo. Entre la amplia colección de antigüedades que expone, destacan telescopios, microscopios, astrolabios y relojes de péndulo. El centro de la sala lo ocupa un enorme globo terráqueo. Todas las noches (menos los domingos y los lunes), la comida viene amenizadas con música clásica en directo.

4. La terraza de verano: desde ella se pueden disfrutar las vistas de los árboles del Tverskoy Boulevard y las cúpulas de la Iglesia de la Natividad, en la que Pushkin contrajo matrimonio.

5. La pastelería: en 2006 abrió este local junto al café recreando una antigua pastelería francesa. Está unida al restaurante mediante un antiguo pasadizo. Su interior barroco está decorado con porcelana y sus pasteles son famosos en toda Rusia. Todos se hacen con productos traídos directamente de Francia.


La comida

La idea original fue crear una carta que representara platos de la cocina rusa y francesa de los años en los que Alexander Pushkin paseaba por el boulevard. El dueño contrató para ello al reputado chef Andrei Makhov, quien realizó una meticulosa investigación de recetas históricas y las adaptó a los paladares de nuestro siglo.

Los precios no son excesivamente caros para la importancia del sitio. Y merece darse un lujillo aquí si se viaja por Rusia. Su plato más famoso es el Strogonoff.




















Es necesario reservar con antelación si vais a comer en cualquiera de los salones (siempre están llenos), aunque para entrar a la pastelería o a la cafetería, no es necesario.

Para reservar, tenéis que decidir primeramente dónde queréis comer. En función del salón, el menú puede variar, así como las exigencias de vestimenta:

▪ En la cafetería y la pastelería, no se requiere ninguna vestimenta especial.
▪ En la farmacia y la terraza, es necesario vestir casual, pero formal.
▪ En la biblioteca, es necesario vestir de etiqueta. No se pueden llevar deportivas, los hombres deben llevar camisa o polo y todos deben vestir elegantemente. Al menos, eso me indicaron cuando hablé con ellos por teléfono.


Para mí fue una experiencia única. Mereció la pena la visita entera. Si podéis combinarla con una noche en el Bolshoi, la velada moscovita será mágica.


   CAFÉ PUSHKIN   
Tverskou Boulevard, 26A
125009   Moscú
+7 495 739-00-33
cafe-pushkin.ru