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Opinión del Salón de Té Al Yalab - Una de las mejores teterías de Madrid


Con más de 30 años abierto, esta tetería es uno de los referentes madrileños de la noche de cachimba. Situada cerca de la estación de metro de Delicias, su exterior austero no muestra prácticamente nada de la sorpresa que nos vamos a encontrar en cuanto entremos. La decoración, sin duda, es uno de sus puntos fuertes. Dentro, todo parece sacado de los cuentos de Las mil y una noches. En medio del local hay una fuente que, junto con la música y la iluminación tenue, ayuda a relajarnos sin que tengamos siquiera que esperar a sentarnos.


Una vez sentados, la carta del local es bastante amplia. Tienen una gran variedad de tés, cafés, dulces, cocktails y la estrella del salón: las shishas normales, con alcohol y de tamaño XL. El ambiente es único y los precios son bastante razonables. Además, si vais de domingo a jueves, os harán un descuentillo.



Os recomiendo reservar antes, suele estar siempre lleno y las mesas tienen poca rotación, porque la gente viene aquí a relajarse, no a ir con prisas, y las cachimbas aguantan bastante tiempo. La última vez  fui recién abierto y ya estaba el local con la mitad de los sitios cogidos. Así que, ¡tenedlo en cuenta!

Horarios:
▪ De domingo a jueves: de 19´00 a 02´00.
▪ Viernes y sábados: de 19´00 a 03´00.


   SALÓN DE TÉ AL YALAB   
C/ Cáceres, 52. Madrid
Teléfono: 91 474 30 69
www.salondetealyabal.com

Cómo hacer un auténtico café vietnamita



En el siglo XIX los franceses introdujeron el café en Vietnam y pronto se convirtió en uno de los mayores exportadores del mundo.

Ante la dificultad de encontrar leche fresca y fácil de almacenar, los vietnamitas adaptaron el típico café au lait a los recursos de su tierra. Para ello utilizaron leche condensada, mucho más fácil de almacenar en un clima tropical, y crearon su propia cafetera.

La cafetera vietnamita es individual: el phin. Consiste en un filtro metálico, una mini-cafetera por goteo hecha de metal que se coloca directamente sobre el vaso de vidrio. En los restaurantes y cafeterías vietnamitas, el café ya viene echado dentro de la cafetera y, al lado, colocan un termo con agua hirviendo para que el cliente se lo eche encima y se vaya filtrando.

En la ciudad de Hoi-An, por ejemplo, encontraréis este tipo de cafeteras por todos lados, como souvenir. 


Cómo se hace un café vietnamita

Cosas que vais a necesitar:

▪ 2 cucharadas de leche condensada

▪ 2 cucharadas de café molido fuerte y grueso

▪ 1 taza de agua hirviendo

▪ 1 vaso transparente de cristal para ver cómo se filtra el café

 1 cafetera vietnamita (si la tenéis)



Preparación:

1. Echar la leche condensada en el vaso de cristal.

2. Colocar la cafetera encima del vaso.

3. Echar el café molido en la cafetera.

4. Coloca encima el filtro metálico que tiene la cafetera, para que prense el café.

5. Llenar la cafetera con agua caliente.

6. Cerrar la cafetera con la tapa que trae.

7. Dejar que se vaya filtrando el café lentamente.

8. Cuando se haya filtrado, disfrutarlo.

Algunas cafeteras vietnamitas traen un filtro que se ajusta con un tornillo, para prensar mejor el café y ajustar la forma (rápida o lenta) del goteo. Otras no. Realmente si no lo trae, no pasa nada.

Si no tenéis una cafetera vietnamita, podéis prepararlo con un espresso normal. Aunque el sabor difiere un poco. Este tipo de cafeteras se pueden comprar en Amazon, por ejemplo.

Aquí os dejo un vídeo en el que se explican todos los pasos:




Día 6: Rusia - Moscú: Opinión del Café Pushkin


Uno de los lugares más elegantes para comer en Moscú es el famoso Café Pushkin. Cuando entras en él, parece que has viajado atrás en el tiempo. La decoración, la elegancia de su personal, la música, los colores… todo. Los camareros visten de época y sirven las mesas siguiendo las más estrictas normas de protocolo.

Un poco de historia

A pesar de mantener la esencia de un local del siglo XIX, su origen se remonta hace tan sólo unas décadas. El Café Pushkin abrió sus puertas en 1999 en lo que antiguamente era un palacete barroco. Todo empezó cuando se puso de moda en los años sesenta una canción del cantante francés Bécaud, Nathalie. En ella se mencionaba un tal Café Pouchkine, que impresionaba ampliamente al protagonista. Pero, realmente, ese café no existía. Era producto de su imaginación. Todo el que iba a Moscú en aquella época lo buscaba, quedándose decepcionado al encontrarse con la verdad.

La canción inspiró a un artista y restaurador con raíces franco-rusas y, en 1999, lo hizo realidad. Inauguró su mítico Café Pushkin en presencia del mismo Bécaud. Para ello eligió un local en Tversloy Boulevard, una calle que fue muy frecuentada por el escritor Alexander Pushkin y la alta sociedad de la época.



El edificio

A finales del siglo XVIII, un noble al servicio de Catalina la Grande se jubiló y se mudó a Moscú. Para construir su nueva residencia contrató a arquitectos italianos que diseñaran una mansión rusa llena de detalles barrocos.

A mediados del XIX, la casa pasó a manos de un aristócrata alemán como parte de la dote de su mujer. Sin embargo, debido a sus problemas financieros, tuvo que abrir una farmacia en la planta baja del edificio para ganar algo de dinero. De este modo, instaló la botica llena de medicinas y brebajes y, en la planta alta, colocó una biblioteca con libros especializados, que hoy contiene más de tres mil volúmenes.

En aquellos días, sus clientes podían tomarse algo allí mientras esperaban a que sus medicinas estuvieran preparas. Así comenzó su andadura un pequeño café-farmacia.

Hoy, el café tiene varios lugares bien diferenciados. En la planta baja, un señor nos saluda como si perteneciéramos a la realeza. Entramos y nos encontramos con la cafetería, donde se puede disfrutar de unos desayunos inmejorables.

1. La farmacia: en ella hay una gran colección de bustos de filósofos de la antigüedad, una máquina de escribir alemana digna de estar en cualquier museo, una de las primeras máquinas de coser y tazas de plata para servir chocolate caliente. Los domingos y los lunes por la noche, un cuarteto de cuerda ameniza la velada.

2. El salón de la chimenea: decorado con pinturas de Nike, la diosa de la victoria.

3. La librería: mi sitio favorito. Un salón totalmente barroco, lleno de grandes estanterías abarrotadas de libros, que llegan hasta el techo. Entre la amplia colección de antigüedades que expone, destacan telescopios, microscopios, astrolabios y relojes de péndulo. El centro de la sala lo ocupa un enorme globo terráqueo. Todas las noches (menos los domingos y los lunes), la comida viene amenizadas con música clásica en directo.

4. La terraza de verano: desde ella se pueden disfrutar las vistas de los árboles del Tverskoy Boulevard y las cúpulas de la Iglesia de la Natividad, en la que Pushkin contrajo matrimonio.

5. La pastelería: en 2006 abrió este local junto al café recreando una antigua pastelería francesa. Está unida al restaurante mediante un antiguo pasadizo. Su interior barroco está decorado con porcelana y sus pasteles son famosos en toda Rusia. Todos se hacen con productos traídos directamente de Francia.


La comida

La idea original fue crear una carta que representara platos de la cocina rusa y francesa de los años en los que Alexander Pushkin paseaba por el boulevard. El dueño contrató para ello al reputado chef Andrei Makhov, quien realizó una meticulosa investigación de recetas históricas y las adaptó a los paladares de nuestro siglo.

Los precios no son excesivamente caros para la importancia del sitio. Y merece darse un lujillo aquí si se viaja por Rusia. Su plato más famoso es el Strogonoff.




















Es necesario reservar con antelación si vais a comer en cualquiera de los salones (siempre están llenos), aunque para entrar a la pastelería o a la cafetería, no es necesario.

Para reservar, tenéis que decidir primeramente dónde queréis comer. En función del salón, el menú puede variar, así como las exigencias de vestimenta:

▪ En la cafetería y la pastelería, no se requiere ninguna vestimenta especial.
▪ En la farmacia y la terraza, es necesario vestir casual, pero formal.
▪ En la biblioteca, es necesario vestir de etiqueta. No se pueden llevar deportivas, los hombres deben llevar camisa o polo y todos deben vestir elegantemente. Al menos, eso me indicaron cuando hablé con ellos por teléfono.


Para mí fue una experiencia única. Mereció la pena la visita entera. Si podéis combinarla con una noche en el Bolshoi, la velada moscovita será mágica.


   CAFÉ PUSHKIN   
Tverskou Boulevard, 26A
125009   Moscú
+7 495 739-00-33
cafe-pushkin.ru


Opinión del Restaurante - Cafetería Nigiri, para tomarse algo rápido



No me canso de nunca de ir a este local a merendar cuando estoy paseando por Fuencarral. Lo descubrí el año pasado y se convirtió ya en uno de mis favoritos. Me encanta sentarme un ratito a disfrutar de unos buenos mochis mientras miro a la gente pasear a través de sus grandes cristaleras.

El interior se divide en dos espacios: uno para sentarse y otro self-service que se parece a los mostradores de comida rápida que hay en los conbini japoneses. En este apartado de tienda tienes mochis, helados, daifuku, sushi, makis, yakitoris, bebidas japonesas… Todo está en bandejas, más orientado para que te lo lleves a tu casa, pero también te lo puedes comer en sus mesas.



En el mostrador también puedes pedir comida caliente, como yakisoba, yakimesi, yakiudon, ramen, sopa de miso, gyozas… y puedes ver al cheff japonés mientras lo está haciendo a través del escaparate de fuera.



Lo que yo más he disfrutado es de su menú de merienda. Que sale bastante rentable entra un café o un té y un postre a elegir del mostrador: dorayakis, muffins o mochis; por 1’95. Aunque siempre acabo picando algo más.

Cerca del servicio hay unas estanterías llenas de mangas que podéis leer mientras coméis en horario de 12’00 a 19’00.


Sus ofertas de menús y su carta la podéis encontrar aquí.

Horario: de 12’00 a 00’00. Viernes y sábados: de 12’00 a 01’00.




  Restaurante - Cafetería Nigiri   
Local 1: c/ Princesa 1 – Madrid.  910 296 795
Local 2: c/ Fuencarral 91 – Madrid     911 282 737

Opinión del Cereal Hunters Madrid


Nunca se me hubiera ocurrido que un bar de cereales pudiera triunfar. Pero he aquí la sorpresa: Cereal Hunters lo ha hecho. Fui este fin de semana a las 10’00, porque ya iba avisada: las colas para desayunar pueden llegar a ser desesperantes. Tuve suerte y hasta pude encontrar una mesa libre. Pero, nada más sentarme y mirar hacia atrás… la fila ya salía del local.

El sitio es bastante mono. Recuerda a las películas ochenteras adolescentes y te hace sentir bastante nostálgico. Sobre todo, al ver fotos de Punky Brewster…



Hay muy pocas mesas, pero la rotación es bastante rápida. También el personal lo es. Ellos te van asesorando para que tengas un desayuno perfecto.

Primero eliges el tamaño de tu bol: pequeño, mediano o grande. Luego, eliges los cereales entre cientos de variedades. También puedes mezclar varios sabores y añadirle toppings de oreo, coco, miel, bolitas de chocolates, algodones…


Para terminar, seleccionas el tipo de leche que quieres entre muchísimos tipos (de cabra, oveja, almendra, soja…) y su color. Sea cual sea la variedad, le añaden el colorante y listo. Sabe igual, pero con un toque de color que le da un aspecto bastante chulo.


La verdad es que me encantó la experiencia. Por una vez, pude disfrutar de un desayuno original en fin de semana (súper azucarado). Ideal para acabar una noche de juerga y recuperar fuerzas si lo acompañas con café – que también tienen. Seguramente repetiré.

Id temprano, o a deshoras.

Horario:
  • De lunes a viernes: de 9’00 a 22’00
  • Fines de semana y festivos: de 10’00 a 22’00


   CEREAL HUNTERS CAFÉ - MADRID   
c/ Mejía Lequerica, 14. Teléfono: 910 71 35 80
c/ Alcalá, 90. Teléfono: 910 71 18 88


Probando los taiyakis de La Pecera


Primero se elige pez de chocolate o vainilla, luego se elige el helado soft que le queremos añadir (matcha, chocolate, caramelo, vainilla), y varios toppings (palomitas, pipas, ositos, coco, salsas…). Todo para hacer una obra de arte helada.

Bueno, después de todo un verano bombardeándome con este local, hasta en el programa del tiempo de Roberto Brasero, decidí ir antes de que acabara el verano. He escuchado opiniones para todos los gustos. Ahí va un resumen de ellas:

Negativo:

El local es más un puestecillo de helados. Esperas encontrarte con una heladería en la que poder sentarte tranquilamente a tomarte algo, pero no hay espacio. Casi no se puede abrir la puerta y siempre acabas dándote con una tele que tienen colocada a la altura de las rodillas (yo no sé cómo sigue aún viva).

Hace mucho calor en el local, a pesar de tener el aire acondicionado puesto. Se hace interminable el tiempo que estás esperando a que te atiendan.

La cola es extremadamente larga siempre que he pasado por la puerta. La atención es tan amable y la decoración exige tanta dedicación que… rápidos no son mucho.

El precio es algo caro. 4’50€ por comerte un helado. Eso sí, la foto sale mona.

Positivo:

Los helados están buenísimos. Intentan imitar a los taiyakis japoneses. Aquí consiste en masa de gofre con forma de pez que rellenan con helado y algunos toppings al gusto.

La atención es bastante buena. Las chicas que atienden son muy amables.

La decoración de los taiyakis es ideal. Se quedan bastante monos y da pena comérselos.


Conclusión: 

Si quieres una foto chula probando un helado original y bien decorado, éste es tu sitio. 


   HELADERÍA LA PECERA   
c/ Velarde, 2 - Madrid 
Teléfono: 918 26 74 45


Locales con historia: La Marquesita de El Pardo. Una cafetería con mucho encanto


Hace poco os hablé de lo que daba de sí una visita a El Pardo. Desde ver el magnífico palacio hasta descansar tranquilamente junto a los patos y los cisnes en las áreas recreativas que hay junto al río y, si tenemos suerte, ver de lejos algún ciervo.

Sin duda, la cafetería más famosa de todo El Pardo es La Marquesita. Después de tapear por el pueblo (El Pepenúltima, La Montaña, El Gamo…) a precios bastante asequibles y raciones copiosas, no hay mejor lugar para pasar la sobremesa. He ido varias veces y nunca me han decepcionado.

Un lugar con historia

El local se ubica en la plaza, frente al palacio, cerca de la antigua Casa de Postas, que era donde Goya se quedaba alojado durante la época en la que trabajó como retratista de El Pardo.  

El negocio data de 1926, aunque inicialmente fue un restaurante. Y de renombre, pues aprovechaban su cercanía para mandar desde allí las comidas que Franco daba en El Pardo todos los viernes, durante el Consejo de Ministros.

Pero lo que de verdad les hizo famosos no fueron sus menús, sino uno de sus postres: las famosas Marquesitas (1€), unos dulces cuadrados, pequeños, que están hechos con huevo, azúcar y almendras. Están muy buenos y es lo que más se pide en el local. Nada más te sientas, el camarero ya pregunta directamente: “¿Cuántas Marquesitas van a querer?”



Pero, para mi gusto, hay otras cosas mejores en esta cafetería. No sabes qué elegir por la buena pinta que tiene todo y lo bueno que está, sobre todo sus suflés.  El precio es algo caro, pero lo merece.

La única pega que tiene es que es un lugar muy pequeñito, con apenas unas mesas, pero decorado con un gusto acogedor. Hasta la música que ponen es de época y le pega muy bien al entorno.

Así que, ya sabéis. Si vais a El Pardo, haced  una paradita aquí para reponer fuerzas y me contáis.

Si queréis ver más fotos como éstaspodéis encontrarlas en mi tablero de Pinterest.

   LA MARQUESITA   
Avenida de la Guardia, 29
28048 El Pardo. Madrid
Teléfono: 913 761 799


10 cosas que ver y hacer en El Pardo


Con sus poco más de 3500 habitantes, El Pardo nos ofrece una oportunidad excepcional para una escapada tranquila, rodeados de naturaleza, sin tener que alejarnos mucho del barullo de la capital madrileña.

A tan sólo 20 minutos del centro de Madrid podemos disfrutar de animales salvajes, paisajes bonitos, palacios y gastronomía. Su encanto cautivó hasta al mismísimo Goya, quien vivió en la antigua Casa de Postas durante muchos años. Un planazo para una escapada de fin de semana.

¿Qué podemos hacer en El Pardo? 

1. Apuntarse a una visita guiada para recorrer El Palacio de El Pardo: Sin duda, es lo más reconocido de esta localidad. Construido en 1405 por Enrique III de Castilla, originalmente fue una Casa Real para descansar durante sus cacerías en la zona. Sobre casa, Enrique IV mandaría edificar su castillo, y Carlos I lo acabaría transformando en palacio.

Tras varias modificaciones, ha servido de residencia a diversas personalidades a lo largo de los años, como la Familia Imperial Austriaca durante su destierro o Francisco Franco. Hoy se sigue utilizando para actos oficiales y para alojar a los jefes de estado, diplomáticos y otras personalidades importantes, que visitan nuestro país.

Durante la visita, siempre guiada, el personal que trabaja para Patrimonio Real nos explica una muestra de las salas que tiene el palacio (200 estancias). El estado de conservación es exquisito, ya que está todo elegantemente restaurado. Está lleno de obras importantes, como varios tapices de Goya, lámparas de La Granja, lienzos de Ribera…


La visita comienza en el patio de Carlos I, que hoy se encuentra cubierto para celebrar en él banquetes y ceremonias. A continuación, subimos a la primera planta (el palacio tiene 4 niveles) y allí se pueden ver varias estancias decoradas en época de Carlos III, todas llenas de tapices de la Real Fábrica con motivos de Goya. Después se pasa a la zona de los invitados, el despacho, un comedor oficial y una de las salas donde se alojan los visitantes de Palacio (se ve desde una barrera, muy moderna, tipo pequeño chalet). La visita acaba con las estancias de Franco: su despacho, su horroroso dormitorio, un salón con sus trajes y condecoraciones, su televisión, y su cuarto de baño. Todas estas zonas estuvieron cerradas en 2010 por la Ley de Memoria Histórica. Por suerte, ya no. Y podemos ver esta parte de la que es, aunque no nos guste, nuestra historia. Antes de irnos, visitamos la Capilla Real con su lienzo de Ribera.



Son interesantes los datos curiosos y algunos chismes que cuenta el personal, como que para los banquetes y demás comidas que se realizan aquí, cuentan con los servicios de catering del Hotel Ritz de Madrid.

Es una pena que no se puedan visitar más salas, o ver otras secciones del palacio, como su pista de tenis. Aun así, podremos disfrutar del paseo durante una hora más o menos. Tampoco se pueden hacer fotos.  
http://www.patrimonionacional.es/real-sitio/palacios/6102

2. Adentrarse en La Casita del Príncipe: hay mucha gente que por despiste se queda sin verla. La misma entrada que adquirimos en el Palacio, nos sirve para visitar este bonito lugar (aunque no los avisen por ningún lado). A escasos metros, siguiendo las indicaciones de la carretera, accedemos a esta Casita. Se visita rápido, acompañada de una guía. Aunque por fuera no impresione mucho, por dentro es una delicia. Juan de Villanueva lo construyó en 1784 como pabellón de caza para Carlos IV y Mª Luisa de Parma (quien acabaría odiando este lugar gracias a la fatal convivencia con su suegro), inspirándose en las Casitas de Arriba y Debajo de El Escorial. El frío y la humedad se aprecian durante toda la visita.


Dentro hay nueve estancias: El vestíbulo principal está decorado a base de estucos. La Sala de Terciopelo está recubierta de sedas francesas de la época y rematada con un fresco de Maella que representa La protección de la Monarquía a las Bellas Artes. La Sala Pompeyana está decorada con sedas de color ocre con motivos pompeyanos, al igual que las sillas. La Sala de Sedas Lionesas muestra decoraciones con aves y ramas. El Comedor contiene un impresionante fresco de Bayeu y consolas con sus patas talladas con forma de cabeza de carnero. El Gabinete de Fábulas muestra una decoración inspirada en las fábulas de Esopo. Por último, se visita la Sala Amarilla, en la que Vicente López pintó un enorme fresco con motivos en tonos amarillos y ocres para que concordase con el tapizado de las paredes y sillas.

En frente del palacio, cruzando la carretera, están sus antiguos jardines neoclásicos.



3. Dar un paseo recorriendo el pueblo: formado principalmente por descendientes del personal al servicio del Palacio, trabajadores de Patrimonio Nacional y militares, hoy constituye el distrito de Fuencarral-El Pardo, el más extenso de Madrid y el de menos densidad de población. Durante nuestro paseo, podremos descubrir la Casa Infantes, el Convento de las Monjas, la Iglesia del Pardo, la Plaza llena de restaurantes…


4. Visitar la Sala Histórica de la Guardia Real: en este museo podemos hacer un recorrido histórico que comienza en la fundación de la Guardia Real en 1504 y llega hasta la actualidad. Está lleno de uniformes, fotos, armas, condecoraciones y vehículos históricos. Aquí está el único modelo que se conserva en el mundo del Mercedes Benz 540-G-4 W31, de tres ejes, fabricado en 1934 y que Hitler regaló a Franco. 


5. Subir al Cristo del Pardo: tras la empinada cuesta, que podemos hacer andando o en coche, subimos al Convento de los Padres Capuchinos. Construido en el siglo XVII hoy se encarga de la formación de más de doscientos seminaristas en sus dependencias. Dentro guarda el Cristo del Pardo, una escultura del siglo XVII realizada por Gregorio Fernández, que se encuentra en el interior de una urna costeada por Franco. Delante del edificio hay un amplio aparcamiento.


6. Dar en paseo por la Ribera del Manzanares hasta llegar al bosque del Monte del Pardo. Allí hay aparcamientos y una gran variedad de animales, como cisnes, jabalíes y ciervos. Especialmente importante es la berrea, durante los meses de octubre y noviembre. 



7. Solicitar una visita al CEHIPAR, el Canal de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo: fundado por la Armada Española en 1928, aquí se investigan los aspectos hidrodinámicos de la construcción naval militar, pesquera y deportiva. Cuenta con la piscina más larga de España en la que se prueban los cascos de los barcos.


8. Pasear por los jardines de Quinta de El Pardo: cedida a Felipe V por su Montero Mayor, el Duque de Arco, fue residencia de Manuel Azaña cuando se dio el Golpe de Estado de 1936. Hoy está en restauración y tan sólo podemos pasear por sus jardines aledaños.


9. Disfrutar de su gastronomía: en este lugar hay un montón de bares y restaurantes donde poder comer los platos típicos de la zona basados en la caza (carne de gamo, jabalí, conejo, perdiz…).


10. Tomarnos un dulce en un lugar con historia: La Marquesita es la pastelería más famosa de El Pardo. Cafés y excelentes dulces y bombones se sirven en este lugar desde 1926. El local se encuentra ubicado cerca de la Casa de las Postas, lugar en el que se alojaba Goya. 



Cómo llegar a El Pardo

Cómo llegar a El Pardo en metro
El Metro de Madrid no da servicio al barrio. Se consideran estaciones de acercamiento:
▪  Moncloa (líneas 3 y 6, barrio de Argüelles, distrito de Moncloa-Aravaca) a la que se llega directamente mediante el autobús 601.
▪  Peñagrande (línea 7, barrio de Peñagrande) a la que se llega directamente mediante el autobús 602.
▪  Barrio del Pilar (línea 9, barrio del Pilar) a la que se llega directamente mediante el autobús 602.
▪  Begoña (línea 10, barrio de La Paz) a la que se llega directamente mediante el autobús 602.

Cómo llegar a El Pardo en autobús
▪  El barrio sólo posee dos líneas de autobuses de la empresa Alacuber:
LíneaTerminales
601Moncloa - El Pardo - Mingorrubio
602Hospital La Paz - El Pardo - Mingorrubio

Si queréis ver más fotos como éstaspodéis encontrarlas en mi tablero de Pinterest.