Comiendo en La Capilla de la Bolsa (Opinión)

Había leído muchos comentarios por Internet alabando este restaurante por su encanto, más que por su comida. Y tenía curiosidad  por conocerlo de primera mano.

El edificio:

La localización del edificio es bastante buena. Está en pleno de centro de Madrid, muy cerquita de la Plaza Mayor, en el Barrio de las Letras. Por eso os recomiendo dar un paseo antes por la zona mientras hacéis tiempo para comer, porque lo merece.


El restaurante es enorme, tiene capacidad para 200 personas repartidas en tres plantas y seis salones (Capilla, Tentaciones, Abadesa, Obispo, Lucernario y Monseñor). Si tenéis suerte, el principal es el mejor. Como hay que reservar con mucha antelación, insistid cuando habléis con ellos para que os coloquen en una mesa que se encuentre en él.

Nada más entrar os daréis cuenta del porqué de la fama del restaurante. La elegancia rezuma por las paredes. El nombre no engaña: vais a comer en una auténtica capilla. Y es que, durante la Edad Media, en este lugar se encontraba la Ermita de Santa Cruz (dicen que era una iglesia templaria). Con los años, la ermita se abandonó y pasó a manos de la primera logia masónica de España. Durante el siglo XVIII el misterio rodea a este edificio. En los archivos de Madrid algunos de sus propietarios aparecen como Anónimos. Finalmente, pasó a ser la sede de la primera Bolsa de Madrid, de ahí su nombre actual.


La arquitectura se ha mantenido y hoy podemos ver la bóveda barroca original de la capilla, así como sus columnas. El suelo está realizado con madera africana, las paredes con ónix y están decoradas con frescos, murales y estucos. Dentro del salón principal, en la planta baja, están dispuestas las mesas. No es agobiante, están bastante separadas unas de otras.

Os recomiendo que vayáis a los servicios. Se encuentran en la planta de arriba y merece la pena darse el paseo, tan sólo para ver los pasillos y las escaleras de acceso. Toda una experiencia. Dentro del servicio de señoras, decorado con gusto, hay sets de cepillos de dientes, compresas y tampax (todo gratuito). Está todo pensado para que no nos arruine ningún imprevisto la comida.


En la parte alta hay un piano de cola Steinweg de estilo rococó, que amenizará la velada. El salón está muy iluminado. A mí no me gustó mucho que hubiera tantas lucecitas de colores. No creaba contrastes, sino que le quitaba un poco el encanto y lo hacía más vulgar.

La comida y el servicio:

Ya en la puerta nos espera su portero, todo vestido de blanco, imponente. Muy simpático, no paraba de sonreír. Incluso se ofreció a hacernos una foto para que tuviéramos un recuerdo de ese día.

En la entrada, nos recibieron para comprobar nuestra reserva (sin ella es casi imposible entrar) y enseñarnos el guardarropa. También nos dio un cuelgabolsos, que luego nos pudimos quedar también de recuerdo.

Entramos a la sala de la Capilla (tuvimos la suerte de que nos pusieran allí), y es mucho más imponente que en las fotos. Nos encantó el lugar. Rapidísimo vinieron a sentarnos y a traernos la carta.

Mientras venían nuestros platos, había una camarera que no paraba de dar vueltas para ver si queríamos pan (había de tres clases distintas) y agua. Probamos un minúsculo panecillo, mojado en aceite.  También se acercó un señor a traernos un aperitivo de salmorejo.

La verdad es que los comentarios tenían razón. La comida no es que estuviera muy sabrosa para el precio que tiene. Original sí, también abundante, pero no estaba muy “pallá”.  He comido mejor en otros sitios más baratos. Pero el ambiente lo merece.
Milhoja de manzana y foie a la parrilla
 con salsa de moscatel. 17,50 €
Burrata con miel de trufa y flor
de sal de vino tinto. 12,00 € 
Albóndigas en pepitoria en cazuela 
con pan de pita. 15,50 €
Solomillo de ibérico asado, confitura de naranja 
amarga, ajada de pimentón de la vera y puré de bellotas. 15,95 €
Samosas de chocolate con espejo de vainilla y canela 6,95 €

Lo que no nos gustó para nada fue la clavada final. Cuando nos trajeron la cuenta nos dimos cuenta de lo que costaba el panecillo del principio (del que no vimos el precio en ningún lado y pensamos que era el servicio de pan normal que hay en la mayoría de los restaurantes). Creíamos que nos lo iban a cobrar, sí, pero tanto… ¿en serio? ¿Por un bollito?

Nos sentó muy mal. Hubiera preferido que me subieran un poco el precio de cada plato y que el pan hubiera quedado como cortesía… pero ese detalle está muy feo para ser un restaurante de tanto postín.

Una pena. Manchó nuestra experiencia, con lo bien que estaba yendo.

Los amigos con los que he hablado que van con un Groupon, salen bastante contentos. Los demás, como nosotros, salen hablando de lo bonito del lugar y de su encanto, pero no de haber comido unos platos deliciosos. Y lo de la clavada del pan… mejor ni lo contamos.

HORARIO:
- Comidas: de 13’30 a 15’45
- Cenas: de 20’30 a 23’45
- Cerrado: los lunes todo el día y los martes a mediodía.



   LA CAPILLA DE LA BOLSA   
c/ Bolsa, 12 – Madrid
Teléfono: 915 21 86 23

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