Folk Festival Japón 2014 – Madrid (Impresiones)

El día 9 tuve la suerte de poder asistir a este evento en el Teatro La Zarzuela. El acto benéfico reunió a un montón de artistas japoneses para conmemorar los 400 años de amistad hispano-japonesa en el año dual España Japón. Las entradas para los dos días de actuaciones se vendieron al poco de ponerse a la venta y todo lo recaudado afirman que irá a beneficio de los afectados por el tsunami de Tohoku y por el terremoto de Lorca, ambos ocurridos en 2011.

El acto en sí era una buena idea pero la organización la verdad es que fue un desastre.


Desde las 17’30 hasta las 19’30 tenían organizadas una serie de actividades para las que no había ni hueco, ni material, ni nada. Al entrar nadie nos habló de que era necesario apuntarse a estas actividades previamente, tan sólo nos dieron el programa del teatro. Veías a gente despistada, sin saber qué hacer, haciendo colas por las escaleras del teatro, y preguntando, “Pero esta cola, ¿para qué es?”.


Al acabar la primera de las colas en las que nos pusimos, pudimos llegar, por fin, a una degustación de productos gastronómicos: un vasito de sake, algo de sushi, wasabi, caldo dashi; en el folleto se anunciaba que habría un apartado de repostería, pero ni lo vimos.

La cola seguía, al final de ella llegamos al primer taller: la ceremonia del té Sekishu Ryu Jikouin. Y el primer enfado: “¿no os habéis apuntado antes? Pues ya no hay sitio.” Antes, dónde, si nadie nos ha dicho nada. Y hemos llegado a las 17’00, cuando el acto empezaba a las 17’30. La gente estaba súper cabreada.


Continuamos la cola, hasta llegar al segundo taller: ceremonia del té de Okinawa. Tenemos suerte y nos apuntan para el turno de las 19’00. Nos vamos contentos, algo es algo.

Seguimos la cola, y en ella nos enteramos por el resto de la gente que TODOS los talleres están completos. Así que… ¿para qué hacer cola?

Bueno, vamos a ver las exposiciones. A hacer cola otra vez. En una habitación súper reducida había una exposición de cuadros realizados con latas recicladas, otra de mini-kimonos y muñecas Ichimatsu y varias de artesanía.



En esa misma habitación había dos actividades en las que participar era tanto como ir a la guerra. No había nadie para vigilar las colas, así que todo era un desbarajuste total en el que la gente no paraba de meterse por los laterales a empujones para colarse y ponerse a hacer tatamis o para poder practicar algo de caligrafía. Más que a Japón, todo aquello me recordaba a mis días en China… :(


Después de matarnos pudimos hacer algo de caligrafía, pero de tatamis nada de nada, ya no quedaban materiales: Eran las 18:00. ¿Qué hacemos hasta las 19’00, que es cuando tenemos el turno para el taller? Pues seguir cabreándonos: se nos informa de que ya no queda té por lo que, aunque estemos apuntados al taller no podemos hacerlo porque se ha acabado el té. Yo creo que no es muy difícil calcular cuánto té van a necesitar si ya saben las entradas que han vendido y la gente está toda organizada en grupos a los que previamente les habéis hecho apuntarse. Pero lo que no se puede hacer es ir metiendo a gente de extranjis porque te lo piden de favor, para entrar de pie y así superar el aforo que ellos mismos habían limitado en cada grupo. (Yo misma vi cómo colaban a unos japoneses).


Bueno, ya no tenemos ni taller, ni materiales, ni nada. ¿Qué hacemos hasta las 19’30 que empiezan las actuaciones en la sala del teatro? Pues continuar cabreándonos. De repente, vemos como a las 18’45 más o menos en las puertas del teatro se empieza a arremolinar gente. Bajamos y vemos cómo se van sentando ya, buscamos el sitio que escogimos cuando compramos las entradas (hace más de un mes) y… ¡oh, sorpresa!  “Siéntate dónde puedas porque la numeración no se va a seguir.” ¿Cómo que no se va a seguir? ¿Si en la web me apareció el plano del teatro y escogí yo misma dónde quería sentarme? Pues no, no se sigue. Entonces, normal que la gente estuviera matándose por coger un buen sitio. Y sí, digo matándose porque presencié una pelea entre una familia de ingleses y una pareja española armándola por los asientos… un desastre.

Bueno, desde un sitio desde el que no se veía bien, al menos pudimos ver algunos bailes tradicionales de Japón, sobre todo de Okinawa, canciones e instrumentos tan típicos como el tambor Taiko o la guitarra de tres cuerdas Shamisen.

Al menos me voy con la ilusión de que se haya recaudado bastante dinero para apoyar esta causa, pero con la desilusión de un acto mal organizado. Esto, allí, no pasa. Os lo aseguro. 


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